¿El fin de los Juegos Olímpicos?

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    A todo el mundo parece gustarle los Juegos Olímpicos. Cada dos años la gente se une a los atletas de su país y los anima incluso en los deportes más inusuales a los que normalmente no prestamos mucha atención. Sin embargo, este año parece que a todo el mundo le gustan los Juegos Olímpicos excepto a los franceses, ya que 44% de los parisinos cree que organizar los Juegos Olímpicos es una mala idea. Puede que no sorprenda demasiado, después de todo; los franceses rara vez se han caracterizado por quedarse callados cuando no les gusta lo que hace su gobierno.

    Parece haber un patrón en el que los ciudadanos de la ciudad anfitriona de los Juegos suelen no ser sus mayores fanáticos; 83% de los japoneses tampoco quería los Juegos en Tokio cuando faltaba menos de un mes. Las ciudades se exceden constantemente del presupuesto cuando se trata de organizarlos, y los pagadores de impuestos son los que pagan la factura. Si a la gente no le gustan y las ciudades anfitrionas luchan por mantenerlos dentro del presupuesto, ¿estamos viendo el principio del fin de los Juegos Olímpicos? Se podría pensar que sí, pero posiblemente no será así mientras el Comité Olímpico Internacional (COI) logre evitarlo.

    A muchos de nosotros nos encantan los deportes y disfrutamos viendo a los mejores atletas del mundo hacer lo suyo para llevar la gloria a sus naciones. Sin embargo, albergar los Juegos Olímpicos requiere años de preparación y millones de dólares de los pagadores de impuestos. Antes los países se peleaban para decidir quién sería el anfitrión, pero últimamente hemos visto cada vez más gente descontenta. Los Ángeles recibió los Juegos de verano de 2028 sin ninguna competencia, y parece que los juegos de invierno de 2030 y 2034 se los llevarán Francia y Salt Lake City, de nuevo sin otros oferentes.

    Durante mucho tiempo albergar los Juegos Olímpicos fue considerado un privilegio y una gran manera de mostrar la ciudad al mundo. Según muchos políticos, ésto hizo que el enorme gasto público valiera la pena, alegando también que representaba un impulso para la economía en términos de turismo y exposición. Muchos otros afirmaron que la infraestructura sería beneficiosa para la población durante los años venideros después de la celebración de los Juegos.

    Uno de los ejemplos más recientes fueron los Juegos Olímpicos de Río 2016 los que, aunque el alcalde afirmó que serían un gran impulso económico, terminaron costando más de U$S 13.000 millones, y superando el presupuesto en más de 51%, sin mencionar el enorme costo en vidas humanas. Pyeongchang afirmó que generaría alrededor de U$S 40.000 millones con sus Juegos Olímpicos de invierno, pero se excedió del presupuesto en alrededor de U$S 4.000 millones.

    Entonces, si parece que ni los ciudadanos ni las ciudades se benefician con albergar los juegos, ¿por qué todavía tenemos grandes ciudades como Los Ángeles, Milán y Brisbane comprometidas a albergar las próximas ediciones? La elección pública puede darnos una respuesta simple: porque los incentivos económicos siguen ahí.

    Puede que se pregunte, pero ¿cómo? ¿No acaba de decir que era demasiado costoso albergar los Juegos Olímpicos? Lo es, pero también es lucrativo tanto para los políticos como para los grupos de interés involucrados, especialmente el jugador más importante en este juego: el COI.

    Para empezar, el COI gana mucho dinero con los juegos. Aunque afirma ser una organización sin fines de lucro, ganó más de U$S 7.600 millones en las dos últimas ediciones de los Juegos Olímpicos (PyeongChang 2018 y Tokio 2021). Al menos cuando presentan la idea, los políticos también parecen estar animados por el alto apoyo público a las candidaturas. 65% de los ciudadanos de Tokio, 78% de los de Río, y 82% de los de Londres, apoyaron sus candidaturas para los juegos de verano de 2020, 2016 y 2012, respectivamente. No es hasta que los juegos están a la vuelta de la esquina que los ciudadanos se enfadan cuando empiezan a notar el alto precio que en realidad están pagando por albergar los Juegos Olímpicos.

    Parece que este es otro caso de intereses privados que presionan para que se distribuyan los costos entre todos los pagadores de impuestos para beneficio de unos pocos. Vemos ésto constantemente cuando se trata de los grandes propietarios de equipos de la NFL, los que amenazan con abandonar las ciudades a menos que los pagadores de impuestos aporten millones de dólares a cambio de un nuevo estadio. ¿Cómo está sucediendo ésto en los Juegos? Los políticos afirman con frecuencia que prepararse para albergarlos impulsará la actividad económica, pero los pagadores de impuestos son los que terminan pagando por ello. Por ejemplo, Los Ángeles recibió recientemente U$S 900 millones en fondos federales para mejorar el tráfico público antes de los Juegos. Ese dinero federal que va a Los Ángeles significa que los estadounidenses de todo el país subsidiarán los Juegos de 2028. Eric Garcetti, ex alcalde de Los Ángeles, prometió que sería realista esperar un beneficio de U$S 1.000 millones de los Juegos, aunque ninguna ciudad ha permanecido por debajo del presupuesto desde los años ‘80.

    Pero todo debería estar bien porque hay otras formas de financiar los Juegos Olímpicos, y el dinero real está en los derechos de transmisión, ¿no? Es por eso que Oklahoma y Texas acudieron a la SEC justo a tiempo para cobrar ese acuerdo de U$S 3.000 millones con ESPN. Ese podría ser el caso, pero la ciudad anfitriona de los Juegos Olímpicos no obtiene todos estos ingresos, sino el Comité Olímpico Internacional. El COI afirma que ésto es clave para “financiar y hacer crecer la popularidad de los Juegos Olímpicos”. Ésto ya limita la competencia, porque el COI creó los Servicios de Radiodifusión Olímpica en 2001, para “garantizar los altos standards de cobertura de los Juegos Olímpicos”. Aun así, las empresas de radiodifusión pujan por quién emite la cobertura en cada región. En Estados Unidos, NBC pagó más de U$S 7.000 millones para tener los derechos de transmisión de los Juegos Olímpicos desde 2021 hasta 2032.

    Bien, entonces, ¿qué pasa con los patrocinadores? Grandes empresas como Airbnb, Coca-Cola, Samsung y Visa son algunos de los nombres bien reconocibles que veremos en las sedes de los Juegos Olímpicos de este año. Sabiendo que más de 3.000 millones de personas en todo el mundo ven los Juegos Olímpicos cada año, los patrocinadores deben estar dispuestos a pagar mucho dinero para que sus marcas sean expuestas a tanta gente. Pero es el COI el que termina embolsándose la mayor parte de ese dinero, alrededor de U$S 3.000 millones.

    Parece claro que el ganador de los Juegos Olímpicos no es un país, sino el COI, y los políticos y empresas que obtienen financiamiento para sus propios proyectos. De modo que, aunque parezca que en el futuro habrá menos ciudades dispuestas a acogerlos, es probable que el COI siga encontrando lugares donde celebrar los Juegos. Quizá sean menos las ciudades que puedan correr el riesgo de incurrir en estos costos, porque no han encontrado la forma de capitalizar los beneficios concentrados, pero las más grandes parecen haber desmantelado el código de rentabilidad para el COI, los políticos y las empresas que les son afines. Los políticos y los que buscan el lucro seguirán persiguiendo el dinero, normalmente a expensas de los pagadores de impuestos.

     

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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