
A juzgar por las encuestas de opinión, el público estadounidense está cada vez más desencantado con el extraño comportamiento del presidente Donald J. Trump, y con el séquito de payasos que lo rodea y lo alienta. La semana pasada, Trump se reunió con el ministro de Asuntos Exteriores de Dinamarca y su homólogo de la asamblea legislativa de Groenlandia. La reunión no resolvió la cuestión de la “inaceptable” exigencia de Trump de que Estados Unidos posea Groenlandia ‒comprándola si es necesario‒, para mantener su seguridad nacional ante una posible invasión de buques rusos y chinos los que ‒erróneamente afirma Trump‒ ya están infectando las aguas árticas. Para respaldar su postura, ahora Trump ha anunciado que está considerando imponer aranceles a todos los países que no estén de acuerdo con su postura sobre Groenlandia, lo que equivaldría a un suicidio internacional por parte de Washington.
Varios países europeos ya han enviado tropas a Groenlandia para asegurarse de que Trump comprenda que el territorio ocupado por Dinamarca es un asunto de la OTAN, y varios congresistas estadounidenses ‒en su mayoría demócratas‒ se encuentran ahora en Europa, dejando claro que, una vez más, Trump ha perdido la cabeza. Legisladores demócratas y republicanos también han presentado legislación para impedir que Trump se apodere de Groenlandia por la fuerza, aunque una legislación similar, destinada a bloquear cualquier acción militar futura contra Venezuela, fracasó la semana pasada. Irónicamente, Groenlandia ya alberga “Pituffik”, base de la OTAN con personal estadounidense. Si Trump recurre a la fuerza para apoderarse de Groenlandia, significaría el fin de la OTAN para empezar, y consolidaría la visión global de que Estados Unidos está completamente fuera de control, siguiendo el ejemplo de su “aliado más cercano y mejor amigo”, Israel.
La reciente invasión de Venezuela para secuestrar al presidente del país, que cobró la vida de más de 100 venezolanos y cubanos, fue la culminación de una serie de asesinatos, en su mayoría de pescadores venezolanos que no cometían ningún delito demostrable en aguas internacionales, y la incautación de petroleros con bandera venezolana ‒e incluso rusa‒ en el Caribe y el océano Atlántico. Las ilegales acciones inevitablemente condujeron a la farsa que fue desarrollada en Caracas, cuando los valientes guerreros de la Fuerza Delta de Trump capturaron a Nicolás Maduro y a su muje, y los llevaron a juicio en el sur de Manhattan, tribunal preferido por el gobierno federal debido a sus resultados de condena garantizados. El juez que preside es un judío ortodoxo de 92 años, lo que sin duda ayuda. Siempre que pueda mantenerse despierto durante el proceso, ya que Maduro ha sido descrito por los sospechosos habituales como enemigo de Israel y partidario tanto de Hamas como de Hezbollah, considerados grupos terroristas por el estado judío y Estados Unidos ‒además de amigo de Irán. Es Irán quien supuestamente está armando a Venezuela con drones y misiles capaces de atacar a Estados Unidos, lo que constituye otra “amenaza” conveniente para encubrir la operación de robo de petróleo y otros recursos nacionales del país.
El asalto militar al palacio presidencial en Caracas no derrocó al régimen en Venezuela ‒por si esa hubiese sido la intención‒, y la vicepresidente Delcy Rodríguez asumió rápidamente el gobierno existente. Sin embargo y como era de esperar, Donald Trump se autoproclamó presidente de Venezuela, y declaró que Estados Unidos la “dirigiría” mientras sea reconstruida bajo la firme mano del Tío Sam. Como primera tarea, el “ejecutivo” claramente se centra en el desarrollo y la venta del petróleo venezolano, aunque fue un poco impactante cuando el primer tramo de ganancias de la empresa consistió en U$S 500 millones, convenientemente depositados en una cuenta “offshore” en Qatar. Se afirma que el dinero está ahí para bloquear cualquier intento de los acreedores de reclamarlo, de modo que pueda comenzar a ser entregado a Venezuela una vez que la reconstrucción esté en marcha. Eso es lo que ‒como mínimo‒ podríamos llamar una tapadera. Cabe preguntarse quién controlaría y tendría acceso a la cuenta, pero ésto no fue aclarado, y podría haber cierta confusión, dado que Trump “dirige” el país y se autoproclama su presidente.
Trump también recibió un regalo bastante inesperado, derivado del secuestro de Maduro. El Jueves pasado se reunió en la Casa Blanca con la líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, quien recientemente recibió el Premio Nobel de la Paz, el que Trump codiciaba abiertamente para sí mismo, a pesar de las guerras que ha iniciado y mantenido durante el último año. Convenientemente, Machado trajo consigo su medalla del Premio de la Paz, la que entregó al presidente agradeciéndole su maravillosa labor por la paz mundial. Recibió a cambio una bolsa de regalo de la Casa Blanca con la marca Trump. Trump aceptó el regalo y le dio las gracias, a pesar de que el Comité del Premio Nobel declara que el premio es intransferible. Se podría pensar que un funcionario público decente y cortés habría devuelto el premio. Pero Trump, ese genio guiado por la moral y la profundidad de su pensamiento, no lo hizo, por lo que el premio permanecerá en la Casa Blanca hasta que el hombre de Orange se lo lleve a casa, a Mar-a-Lago.
Trump también se vio envuelto en un revuelo considerable la semana pasada por su guerra contra Irán, la que supuestamente iniciaría tras una reunión de gabinete el Miércoles. En cambio, fue cancelada o, para ser más precisos, pospuesta. Trump fue informado por su gabinete, presumiblemente el secretario de Guerra Pete Hegseth, el jefe del Departamento de Estado, el asesor de Seguridad Nacional Marco Rubio, y el vicepresidente J. D. Vance, de que Estados Unidos aún no está listo para atacar a Irán, país que ha estado preparándose durante meses para tal eventualidad. Con ésto, supuestamente quieren decir que la concentración de fuerzas estadounidenses en la región no es suficiente como para asegurar un ataque devastador que supere las defensas persas, y provoque un cambio de régimen en Teherán. Algunos informes israelíes sugieren que Trump también recibió una llamada telefónica de su propio supervisor, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien le informó que el ejército israelí aún no está listo para defenderse de la presunta devastadora respuesta de Irán ante cualquier ataque conjunto de Estados Unidos y el estado judío.
Hace un par de semanas, Trump justificó su intención de atacar a Irán para “proteger” a los manifestantes iraníes, a pesar de que inicialmente estos eran mayoritariamente pacíficos, y estaban principalmente preocupados por el colapso de la economía del país, causado en gran medida por las sanciones impuestas por Estados Unidos. Las manifestaciones se tornaron violentas cuando infiltrados armados bajo el control del Mossad israelí y la inteligencia estadounidense, que llevan muchos años operando en Irán a través de minorías étnicas y grupos radicales como los Mojahedin e-Khalq (MEK), se unieron para causar disturbios. Se cree que la inteligencia iraní descifró los códigos que utilizaban los infiltrados para comunicarse y, por lo tanto, logró identificar y neutralizar a esos supuestos “manifestantes”, lo que ha restaurado en gran medida el control del gobierno, y las manifestaciones actuales parecen apoyar al régimen.
A pesar de ello, claramente Estados Unidos e Israel siguen intentando llevar a cabo un cambio de régimen por la fuerza en Irán, una vez que consideren que tienen la ventaja militar. Estados Unidos ya está aumentando sus activos militares en Oriente Medio, incluyendo el portaaviones USS Abraham Lincoln y algunos buques de guerra de su grupo de ataque, los que se dirigen a Oriente Medio desde el Mar de China Meridional, tramo de aproximadamente una semana. Estados Unidos también enviará más bombarderos a Oriente Medio, además de cazas y aviones de reabastecimiento, así como defensas antiaéreas adicionales. Sin embargo, la guerra siempre es una empresa arriesgada. Y, por si sirve de algo, aunque Washington parece desconocer las implicancias, el verdadero peligro en este caso podría provenir de la política israelí de la “Opción Sansón” de usar sus armas nucleares “secretas” si se encuentra en una situación en la que realmente se vea amenazada por un atacante. O, en este caso, por un país que se defiende. ¿Alguien recuerda la Tercera Guerra Mundial? ¡Gracias, Mr. Trump!
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko








