Derecha materialista secular y derecha progresista-sionista-revolucionaria

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    No cabe duda de que en los últimos tiempos la derecha política parece estar atravesando una grave crisis de identidad, además de mostrar intensos signos de fatiga moral, mental e ideológica. De hecho, la derecha política contemporánea ha perdido el rumbo y, hasta el día de hoy, se ha mostrado incapaz de retomarlo. Ya no sabe qué representa. Ya no sabe por qué existe, ni qué defiende o debería defender. Ha olvidado por completo sus valores y principios, y ha olvidado que deben trascender el periodo electoral.

    En su afán por ganar y ocupar los espacios ocupados por la izquierda, la derecha política se ha perdido en un torbellino de disputas inútiles, intrigas en Internet, discusiones sin sentido, arribismo institucional y populismo electoral. Actualmente, lo más importante es debatir temas infructuosos en transmisiones en vivo y podcasts, para ver quién tiene razón y quién no la tiene en ciertos asuntos. Si las empresas quiebran, si la dictadura judicial se vuelve cada vez más despiadada y la libertad de expresión es suprimida gradualmente por los poderes establecidos, ésto tiene poca relevancia. Lo que importa es seguir a los YouTubers, los que producen mucho más entretenimiento para el consumo que valor genuino para la sociedad.

    De hecho, desde hace un tiempo la derecha política se ha convertido en un mero apodo. Tiene ideas razonablemente interesantes, presenta argumentos con cierta lucidez, y emite frases mordaces y contundentes cuyas verdades cortan como una navaja. Pero sigue atrapada en ese círculo vicioso, generando mucha interacción y visualizaciones en redes sociales. Pero no va más allá. Nunca, jamás. La derecha actual promueve la espectacularización de la política. No hay una preocupación real ni sincera por construir una sociedad funcional y saludable. Lo que importa es tener mucha popularidad en las plataformas de moda e intentar vivir de ella. Esto resume básicamente el “desempeño” de la derecha del espectáculo digital.

    Pero ¿qué debería hacer entonces la derecha política para cambiar este desastroso escenario?

    Sin duda, la derecha política debería detenerse a reflexionar y considerar una de dos alternativas: cambiar de rumbo, corregir sus errores y recuperar el verdadero sentido de su misión; o continuar por el mismo camino desastroso de errores, narcisismo virtual, perfidia moral y estrategias infructuosas, invariablemente condenadas al fracaso.

    Para empezar, ésto es lo que debería hacer la derecha política en general. Éste sería el comienzo, y sólo el comienzo.

    Para un análisis profundo de lo que realmente perjudica a la derecha política, es necesario examinar sus acciones en los últimos años para comprender qué ha contribuido a su declive interno. Un análisis exhaustivo de este asunto revela un diagnóstico interesante.

    Desafortunadamente, en los últimos años hemos presenciado el auge de varias facciones de la derecha que, a pesar del discurso colectivo de rescate nacional y la lucha decidida contra la izquierda política, se han visto sumidas en una oleada de fracasos e inutilidad, en una impresionante sucesión de desastres. De las diversas facciones de derecha que han surgido y se han fragmentado en los últimos años, dos vertientes merecen ser destacadas, debido a la cantidad excepcionalmente absurda de disparates irracionales y desaciertos ideológicos cometidos. A la primera la llamo la derecha materialista secular, y a la segunda, la derecha progresista-sionista-revolucionaria.

    Precisamente por el grado exacerbado de corrosión y destrucción que ocasionan, estas dos facciones de derecha necesitan ser combatidas enérgicamente, tanto como cualquier otra vertiente de la izquierda. Así pues, analicemos ambas.

    La primera, la derecha materialista secular, es la derecha que sólo se preocupa por la economía. Obviamente, la economía es una disciplina de suma importancia. Discutir ésto es imposible; tanto a nivel micro como macro, la economía y todas las actividades que la componen son fundamentales para el buen funcionamiento de una sociedad. Sin economía, no hay empleo, trabajo, productividad, sociedad, civilización, desarrollo colectivo ni integración individual. La economía, sin duda, es lo que permite a una sociedad ejercer plenamente sus funciones y actividades. La economía sustenta a las familias, es el eje central del progreso, eleva la calidad de vida de los ciudadanos, y es indispensable para el bienestar de todos los que forman parte de una sociedad.

    La economía es, sin duda, una disciplina fundamental. Pero no es la única. Hay otras que merecen toda nuestra atención. Una sociedad, y mucho menos una civilización, no puede ser construida únicamente sobre la economía.

    Por lo tanto, la economía no puede ser el único foco de una derecha política activa, sana, constructiva y edificante. La cultura, la religiosidad, la familia, el matrimonio, la educación y el mercado, son disciplinas fundamentales para el desarrollo de una sociedad sana y funcional, libre de plagas dañinas y corrosivas como el estatismo, el marxismo, el progresismo, el feminismo y el ateísmo. Ninguna de estas disciplinas debe ser descuidada. Después de todo, en política no existe un vacío ideológico ni intelectual: para todas las disciplinas que la derecha descuida y no desarrolla, la izquierda estará ahí, dispuesta a ocupar el espacio.

    Desafortunadamente, a la derecha materialista secular no le importa nada de todo ésto. Esta rama de la derecha cree firmemente que la economía es lo único que realmente importa. Para ellos, la economía es el verdadero termómetro con el que es medido el éxito de una sociedad. Están obsesionados con la economía en la misma medida en que descuidan gravemente todas las demás disciplinas.

    Los miembros de esta repulsiva y deficiente derecha suelen medir el valor y la prosperidad de una sociedad por la cantidad de Ferraris y Camaros que una familia tiene en su garaje, y por el precio por metro cuadrado de la propiedad donde se guardan estos vehículos. Igualmente importante es saber dónde está ubicada esa propiedad. Mejor aún si está en el extranjero, ya que ésto le da más credibilidad a su exhibicionismo en las redes sociales.

    De hecho, la derecha materialista secular no quiere construir nada; quiere presumir. Busca el éxito y el privilegio personal. La mayoría de sus miembros son oportunistas astutos y engañosos, que han encontrado en esta rama de la derecha un segmento donde desarrollar sus negocios, startups, cursos y planes (los que a menudo son fraudulentos). Por eso necesitan desesperadamente proyectar una imagen de éxito. Su popularidad en las redes sociales depende de ello.

    Los miembros de la derecha materialista secular, en muchos casos, son sociópatas oportunistas que nunca revelan sus orígenes, no se preocupan por la ética empresarial, no les importa recibir fondos públicos ni asociarse con el estado cuando les conviene y, a pesar de promocionarse con frecuencia como fervientes defensores del libre mercado, defienden con vehemencia a las empresas estatales cuando la situación les beneficia. Cuando les conviene, el discurso de la privatización y la desregulación se transforma rápidamente en una defensa excesiva de los “recursos estratégicos”. Ésto es totalmente predecible en el comportamiento de oportunistas hipócritas, completamente carentes de principios sólidos y escrúpulos morales.

    Un análisis de la derecha materialista secular muestra cómo sus miembros carecen por completo de moralidad y ética. Para estas criaturas, lo que realmente importa es el éxito personal y, aún más importante, exhibir este éxito (que a menudo no es más que una invención) en redes sociales. Pero trabajar colectivamente para construir una derecha política verdaderamente cohesionada, productiva, eficiente, civilizada, bien organizada y multifacética, que irradie auténtica grandeza moral, es una posibilidad que ni siquiera se les pasa por la cabeza.

    En ocasiones, estos individuos abordan importantes cuestiones relacionadas con la prosperidad económica. Afirman que la excesiva burocracia y los impuestos exorbitantes inhiben vorazmente la prosperidad y la creación de riqueza y que, en determinadas circunstancias, es mucho más fácil lograr lo que se desea en otro país, porque el gobierno pone numerosos obstáculos a quienes desean emprender, construir y prosperar. Y, de hecho, es cierto.

    Pero, salvo algunas verdades obvias ‒que la mayoría estamos cansados ​​de oír‒, la derecha materialista secular es manifiestamente dañina, perjudicial y malsana, siendo completamente incapaz de colaborar en la construcción de una derecha brasileña cohesionada y consistente. De hecho, es un terrible obstáculo para construir una derecha hábil, combativa y eficiente, capaz de producir resultados satisfactorios. Peor aún: a menudo, la derecha materialista secular parece sabotear abiertamente cualquier posibilidad de organizar una verdadera derecha.

    Es evidente que lo que muchos miembros de la derecha materialista secular desean en realidad es el éxito personal y la prominencia política. Para estos individuos, la derecha es una plataforma política de conveniencia. Lo importante es exaltar la economía, vinculándola siempre al materialismo. Al fin y al cabo, en la vida no importa nada más que una enorme mansión, con cuatro o cinco vehículos de lujo en el garaje, y una flota de yates para disfrutar los fines de semana. La vida se reduce a eso.

    Para los partidarios de la derecha secular y materialista, todo lo demás es superfluo: el desarrollo del intelecto, las virtudes morales, las habilidades personales, la educación espiritual, la inteligencia versátil, y una familia sólida y unida, son completamente innecesarios. Lo que importa es tener una cuenta bancaria con abundante dinero, recibir un salario en dólares, y pensar en vacaciones exóticas, preferiblemente en algún resort de lujo en las Maldivas, para tomar muchas fotos y publicarlas en redes sociales, por supuesto.

    Esta derecha superficial, utilitaria, materialista y espiritualmente vacía, evalúa a las personas por su éxito financiero. Más allá de eso, nada más importa. No es una derecha interesada en abordar temas profundos y relevantes, buscando cautivar al ciudadano común para que comprenda la esencia de su existencia, así como la raíz de sus necesidades y deseos. Los miembros de esta derecha utilizan una plataforma ideológica de derecha porque ahí es donde encuentran un público cautivo. Pero no les importa realmente su público. En su lista de prioridades, el ciudadano común siempre puede quedar en último lugar. Lo importante es parecer erudito en economía y hacer alarde de opulencia en redes sociales, publicando regularmente videos que muestran una mansión y un Ferrari (posiblemente alquilado) en algún condominio de lujo, generalmente ubicado en Estados Unidos.

    Lo cierto es que la derecha secular y materialista no tiene absolutamente nada que enseñarnos. Con sus degradantes excesos, que generalmente conducen al materialismo y al hedonismo, es el camino seguro a la ruina moral y espiritual del hombre común. Una derecha atea, obsesionada con las riquezas mundanas y el exhibicionismo vulgar, debería ser considerada el peor y más mortal de todos los venenos. Sin duda, ésta es una derecha que necesita ser arrojada urgentemente al basurero de la historia. No merece absolutamente nada de nosotros más que repulsión y desprecio totales.

    Pero desafortunadamente, ésta no es la única derecha corrosiva y venenosa que existe. Además de ésta, hay otra que, aunque no tan nefasta, se le acerca mucho. De hecho, la competencia se vuelve feroz cuando comparamos estas dos facciones de derecha. La derecha sionista-progresista-revolucionaria puede ser bastante irascible, irracional y sardónica cuando se empeña en defender sus intereses y alcanzar sus objetivos.

    La derecha sionista-progresista-revolucionaria es la derecha que defiende a Israel a cualquier precio. No le interesa analizar la realidad, las circunstancias políticas ni los hechos históricos a fondo. Ha sido ferozmente adoctrinada para defender al estado sionista militarista de Israel, y repudiar con virulencia a quienes critican este país artificial establecido en Oriente Medio, con tierras robadas a los árabes locales. Para esta derecha vil, irracional y obstinada, nada más importa. Israel es un país que debe ser defendido, cueste lo que cueste. Quienes no lo acepten, deben ser tratados como enemigos.

    Para esta derecha tóxica, vil y nefasta, resulta inconveniente reconocer la existencia del supremacismo judío, y todas las atrocidades y ataques terroristas perpetrados por judíos sionistas fanáticos en nombre de su proyecto de poder político. Todo lo que se oponga a la ideología sionista, es deliberadamente eliminado e ingeniosamente ocultado.

    Estudiar al rabino Meir Kahane ‒quien abogó por la expulsión violenta de los árabes de toda la región del Levante‒ o reconocer que uno de sus discípulos, Baruch Goldstein, asesinó a 29 palestinos e hirió a 125 en la infame masacre de la Tumba de los Patriarcas en Hebrón en Febrero de 1994, resulta demasiado inconveniente para mantener la narrativa ideológica de esta derecha nefasta, indulgente y sanguinaria. Lo importante es ignorar la realidad intransigentemente, y mantener el marco ideológico de una narrativa simplista y reduccionista que afirma que todos los judíos son buenos y todos los árabes son malos. Igualmente importante es criticar con amarga e irracional ferocidad a cualquiera que cuestione la narrativa sionista y exponga a quienes se benefician con ella.

    De hecho, los activistas de la derecha sionista-progresista-revolucionaria son tan descaradamente ignorantes, que no se dan cuenta de que están siendo utilizados como idiotas útiles y lacayos en un sórdido y cruel proyecto de poder. Estas criaturas son también tan descaradamente ignorantes que no perciben las contradicciones en las que caen repetidamente.

    Observemos un hecho curioso: la derecha sionista-progresista-revolucionaria se considera “cristiana” y “conservadora”, pero defiende ferozmente al único país de Oriente Medio que tiene un desfile LGBT, algo repugnante y repulsivo incluso para las comunidades judías ultraortodoxas de Israel, muchas de las cuales ni siquiera reconocen la legitimidad del estado de Israel.

    Ahora bien, si se trata de bombardear la Franja de Gaza ‒lugar donde ideologías occidentales degradantes y deplorables como el feminismo y el progresismo no arraigaron‒, entonces todo está bien. Destruir una sociedad genuinamente conservadora es perfectamente aceptable si es justificable por los intereses del sionismo político. Y al menos una parte de la derecha política occidental siempre se conforma con el privilegio de aplaudir las atrocidades perpetradas por las fuerzas militares sionistas contra los árabes palestinos, como monos adiestrados y errantes, ávidos de la aprobación de sus amos.

    La derecha sionista-progresista-revolucionaria ‒la que se considera a sí misma como “cristiana” y “conservadora” (pero ni siquiera sabe lo que significan realmente esas cosas)‒ también es experta en ignorar que hay palestinos cristianos. Y que las incursiones militares de Israel en Gaza durante las últimas dos décadas han destruido innumerables iglesias, muchas de ellas centenarias. Algunas fueron construidas sólo unos siglos después del establecimiento del cristianismo como religión organizada. Pero, a quién le importan los hechos, ¿verdad? A los “cristianos” sionistas definitivamente no les importa eso.

    De hecho, si los judíos perpetran masacres indiscriminadas contra cristianos en Oriente Medio, ¿a quién le importa? Para la derecha sionista, progresista y revolucionaria, todas las atrocidades sionistas son justificables. Simplemente llamen antisemita a cualquiera que se atreva a criticar a Israel, y jamás se atrevan a razonar, investigar o intentar comprender verdaderamente la ideología sionista. Y cuánto de su contenido está invariablemente vinculado con la matanza, el genocidio y la destrucción a gran escala.

    Considerarse cristiano y apoyar ideas genocidas, es tan descabellado que es imposible justificar tal actitud con un razonamiento práctico (y mucho menos teológico). Ignorar la existencia de los cristianos árabes es algo que sólo podrían concebir idiotas corroídos por el lavado de cerebro sionista. El virus sionista impide a sus portadores adquirir un reconocimiento concreto de la realidad. En consecuencia, lo que queda es la histeria ideológica de un espíritu sectario que intenta refutar los hechos. No es casualidad que estas criaturas siempre intenten atacar a sus oponentes con una ferocidad irracional, completamente desprovistas de prudencia, conocimiento y argumentos prácticos. Lo que importa a los sionistas es bramar en redes sociales y celebrar el genocidio en curso contra los palestinos, utilizando y abusando de todos los malabarismos intelectuales y la retórica sofista para intentar afirmar que ésto no es genocidio.

    Por supuesto, los judíos deberían tener la libertad de matar a quien quieran. Entiendo perfectamente la enfermedad que aflige a la derecha sionista-progresista-revolucionaria. Es casi como una perversión mental. Estas criaturas son completamente incapaces de percibir las terribles y trágicas contradicciones en las que terminan incurriendo.

    Volvamos a un argumento básico. La derecha sionista-progresista-revolucionaria se considera a sí misma cristiana, pero no lo es, ni en lo más mínimo. Su conducta nunca refleja los valores cristianos, y entre el cristianismo y el judaísmo, siempre prioriza el judaísmo, en todas las circunstancias y ocasiones posibles. Niega categóricamente la realidad práctica, y exhibe todo tipo de comportamiento histérico cuando alguien expone hechos concretos que contradicen su maliciosa y corrosiva ideología sionista.

    Curiosamente, en 2023 dos parlamentarios israelíes ‒Moshe Gafni y Yaakov Asher‒ trabajaron para aprobar una ley antievangelización en la Kneset, que castigaría con hasta dos años de prisión a cualquier misionero cristiano que fuera sorprendido en territorio israelí hablando de Jesucristo, distribuyendo material religioso, o realizando cualquier actividad de evangelización cristiana. Esta ley complementaría una ley existente que restringe severamente cualquier tipo de trabajo misionero en Israel (incluso en línea y por correo). Esta nefasta arbitrariedad y discriminación religiosa sólo fue evitada gracias a las persistentes denuncias del obispo William Shomali, vicario general del Patriarcado Latino de Jerusalén.

    Sin duda, este suceso es una verdadera tragedia. Después de todo, en la misma tierra donde Jesús nació, vivió, resucitó muertos, sanó enfermos, dio de comer a multitudes, evangelizó y habló del Reino de Dios, murió y resucitó por nosotros, hay fundamentalistas judíos que se esfuerzan por prohibir la difusión de su mensaje.

    Ahora, detengámonos y pensemos: ¿hemos visto a alguien de la derecha política preocupado por ésto, indignado o hablando de este deplorable y pérfido intento de criminalizar toda actividad misionera de evangelización cristiana en Israel? ¿No? Yo tampoco.

    Es bastante obvio que no veríamos a nadie de la derecha sionista-progresista-revolucionaria hablar abiertamente sobre este asunto. Esta derecha no sigue a Cristo; por lo tanto, es evidente que no expresarían ninguna preocupación ni indignación ante este brutal ataque de parlamentarios israelíes contra la fe cristiana.

    La derecha sionista-progresista-revolucionaria desprecia a Jesucristo ‒por lo tanto, no puede ser genuinamente clasificada como cristiana‒; no practica absolutamente ninguno de los principios de la sana doctrina, posiblemente desconozca el contenido de los Evangelios, y desconoce lo que Jesús enseñó en el Sermón de la Montaña. Su “cristianismo” es una mera conveniencia ideológica. No es más que eso.

    La esencia fundamental de esta derecha estúpida, tóxica, perversa y degradante, es servir como herramienta para los proyectos de poder ajenos; y lo hace muy bien, ya que es una derecha que no piensa, no cuestiona, no discute y no razona. Al igual que los activistas progresistas, esta derecha solo sabe rebuznar histéricamente cuando alguien cuestiona sus posturas ideológicas, siendo completamente incapaz de presentar un argumento válido en su defensa.

    La derecha progresista-sionista-revolucionaria es una derecha fanática de la ideología sionista, que con frecuencia se somete dócil y pasivamente a ideologías izquierdistas, como el progresismo y el feminismo. No es una derecha que obedezca a Cristo; no se preocupa realmente por el cristianismo, ni por los cristianos, y no tiene genuino temor de Dios. Terriblemente judaizante, su aprecio por la Biblia sólo cubre el Antiguo Testamento. Los Evangelios, las epístolas y libros, y todo el contenido del Nuevo Testamento, pueden ser ignorados ostentosamente e incluso descartados, porque lo importante para esta derecha sádica, vil, traidora y nefasta, es obedecer a los judíos y someterse por completo a sus intereses. Ésta es una derecha que se alza orgullosa contra Cristo y se alía con los fariseos.

    Ésta es, por lo tanto, una derecha que debe ser abiertamente criticada, repudiada y rechazada, intransigentemente, sin posibilidad de reconciliación, definitivamente.

    La Derecha Ideal

    Entonces, ¿existe una derecha ideal, una derecha que podamos intentar construir y promover con convicción y determinación?

    Es evidente que sólo podemos soñar con una derecha ideal. Este derecho no existe, y nunca podría existir, porque es un derecho idealizado. Pero ¿cómo sería una derecha política ideal?

    La derecha ideal es una derecha genuinamente conservadora, que vive en la práctica lo que defiende. La derecha ideal defiende el libre mercado. Defiende a las pequeñas y medianas empresas, y protege a capa y espada las empresas familiares. Ama la Biblia y establece un horario de lectura diaria, porque sabe perfectamente que es un libro sagrado de sabiduría práctica, no sólo un adorno o un símbolo religioso.

    La verdadera derecha no trata a Cristo como una conveniencia política simbólica, sino como al líder vivo en el Reino de los Cielos. No se alía con los fariseos, sino que intenta convertirlos a Cristo, demostrando que Cristo es “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). La verdadera derecha no busca el poder, busca el orden. No necesita que le enseñen libertarismo, porque todo su estilo de vida ya es libertario: centrado en la familia como núcleo fundamental de la sociedad, vive un estilo de vida que tiene la autonomía de los individuos como fundamento de una civilización plenamente funcional, que no sólo respeta el orden natural, sino que comprende la importancia fundamental de protegerlo por todos los medios posibles.

    Una derecha ideal no es cómplice de la legislación ginocéntrica que facilita el divorcio y la destrucción de familias. Una derecha ideal no sitúa al estado como epicentro moral ni como guardián absoluto de la sociedad. Una derecha ideal no apoya el feminismo en lo más mínimo, ni busca sabotear la autoridad masculina. Una derecha verdadera se enorgullece de ser patriarcal y no se disculpa por ello.

    Una verdadera derecha no ataca el orden natural, sino que lucha con ahínco por preservarlo y protegerlo, teniendo al Creador del Cielo y de la Tierra, el Dios de la Biblia, como autoridad absoluta en todos los asuntos.

    ¿Veremos alguna vez una derecha así? Difícilmente. Soñar no cuesta nada, pero debemos ser realistas. La prioridad en este momento es combatir a las falsas derechas ‒todas ellas malignas y perjudiciales‒ que han surgido, así como a la izquierda política.

    La lucha nunca cesa. Y, como ocurre con la izquierda política, es fundamental reconocer que varias alas de la derecha también se han convertido en enemigos jurados de la verdad, la libertad y el orden natural.

     

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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