
Como sucedió la mañana después de que “Conmoción y Pavor” marcara el inicio de la guerra en Irak, muchos celebran la incursión militar estadounidense en Venezuela y la captura de su presidente, Nicolás Maduro. El abrumador poder militar estadounidense, y posiblemente algunos funcionarios venezolanos sobornados, garantizaron que la operación fuera rápida y drástica.
Nos dijeron que ésto no era una guerra. Era solo una operación quirúrgica para derrocar a un dictador criminal, y restaurar la democracia en el país. Las compañías petroleras estadounidenses pronto se enriquecerían aún más explotando las vastas reservas de petróleo del país. ¡Esta vez será diferente!
Si todo ésto les suena familiar, es porque es la misma narrativa utilizada cada vez que Estados Unidos ha lanzado una operación para un “cambio de régimen” en este siglo.
La guerra de Irak sería pan comido, juraron. Los escépticos fueron ridiculizados. La demolición orquestada de la estatua de Saddam Hussein en Bagdad marcó el triunfo de esa breve operación militar estadounidense.
Se nos prometió que la “liberación” de Irak sería la primera ficha de dominó de la inminente revolución en todo Oriente Medio. Apenas unas semanas después de la operación, el entonces presidente George W. Bush aterrizó en un portaaviones con una enorme pancarta de “Misión Cumplida”.
Entonces todo se vino abajo. Estados Unidos no podía “gobernar” Irak. Sólo podía usar la fuerza brutal ‒tortura incluida‒ para dar la impresión de que pronto superaríamos la crisis. La victoria estaba al alcance de la mano. Bastaba con enviar más tropas y gastar un poco más de dinero.
Pero nada de eso funcionó. Nada de eso funcionó.
Al final, Estados Unidos invirtió billones de dólares en la fallida operación de “construcción nacional” en Irak, y más de un millón de personas murieron, incluyendo miles de soldados estadounidenses.
Y aquí vamos de nuevo.
A pesar de haber sido elegido con promesas de “no nuevas guerras” y “no construcción nacional”, el presidente Trump usó la fuerza militar contra Venezuela, secuestró al presidente del país, y declaró “nosotros” gobernaremos el país a partir de ahora.
Tras la operación en Venezuela, el presidente Trump dio su propia vuelta olímpica de “Misión cumplida” en una conferencia de prensa en la que declaró que las compañías petroleras estadounidenses regresarían a Venezuela bajo la protección de Estados Unidos y que, por el momento, Venezuela sería nuestra. “Las compañías petroleras van a gastar dinero … nos van a reembolsar”, dijo.
Pero aún hay más.
La incursión y el secuestro por parte del presidente Trump en Venezuela, ocurrieron justo cuando el primer ministro israelí, Netanyahu, salía de os EE.UU. Según informes de prensa, Netanyahu se encontraba en la ciudad para persuadir al presidente Trump de que enviara al ejército estadounidense nuevamente a Irán. Funcionarios israelíes han declarado abiertamente que la operación estadounidense en Venezuela es el preludio de la próxima ronda de “cambio de régimen” de Estados Unidos en Irán.
El belicista senador estadounidense Lindsey Graham ha recurrido a los noticieros de televisión para instar al presidente Trump a continuar su viaje a Cuba y luego a Irán. El presidente Trump pareció estar de acuerdo, afirmando: “Tenemos que hacerlo de nuevo. Podemos hacerlo de nuevo también. Nadie puede detenernos”.
Venezuela fue sólo otra operación neoconservadora. Primero viene la propaganda que demoniza al país extranjero y a sus líderes. Luego vienen las amenazas de guerra. Es lanzada la operación, y los “objetivos” son rápidamente alcanzados. O eso dicen. Pero luego, todo se desmorona. Nos empobrecemos, a medida que los intereses especiales se enriquecen. Y aquellos a quienes decimos liberar, sufren más que bajo el régimen anterior.
¿Aprenderemos alguna vez?
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko








