Israel es un estado genocida y de apartheid, cuya existencia se basa en una estrategia de violencia y abusos constantes en Oriente Medio. Mientras ese estado siga existiendo en su forma actual, la paz jamás será alcanzable.

Ya está Israel saboteando agresivamente el alto el fuego de dos semanas acordado por la administración Trump con Irán, masacrando a un gran número de civiles en Líbano, país que está explícitamente fuera de los límites de cualquier ataque según las condiciones del alto el fuego pactadas por Teherán.
Israel y Estados Unidos intentan afirmar que Líbano no forma parte del acuerdo de alto el fuego, pero Pakistán, país designado por Estados Unidos para mediar en el acuerdo, lo niega. The New York Times informa que la Casa Blanca participó en la comunicación pública de Pakistán, que incluía explícitamente a Líbano en las condiciones del alto el fuego, antes de cambiar de postura tras el ataque israelí.
Irán ha respondido a estas violaciones interrumpiendo nuevamente el tráfico a través del estrecho de Ormuz.
Ésto sirve como un recordatorio más de que el mundo puede tener paz, o puede tener a Israel, pero no puede pretender tener ambas cosas simultáneamente. Israel es un estado genocida y de apartheid, cuya existencia se basa en una estrategia de violencia y abusos incesantes en Oriente Medio. Mientras ese estado siga existiendo en su forma actual, la paz jamás será alcanzable.
Si un vecino suyo se peleara constantemente con sus demás vecinos, justificándose en que son racistas, Ud. podría creerle durante una semana. Después de un año, Ud. albergaría serias dudas. Después de ese tiempo, Ud. caería en la cuenta de que posiblemente sea un sociópata. Israel lleva ochenta años haciendo eso mismo.
Los demócratas en la Cámara de Representantes y el Senado están finalmente impulsando una Ley de Poderes de Guerra para impedir que el presidente de Estados Unidos declare la guerra a Irán, y diría que más vale tarde que nunca, pero a estas alturas creo que eso ya ni sería cierto.
Ciertos demócratas critican duramente al presidente Trump, pero no por sus horribles atrocidades masivas en Irán, sino por la pérdida del Estrecho de Ormuz y por no haber logrado objetivos como el desarme completo del programa de misiles convencionales de Irán.
Como ya he mencionado, es evidente que la razón por la que el partido demócrata no se opuso a la beligerancia de Trump contra Irán, fue porque también la apoyaban.
La plataforma oficial del partido demócrata para 2024 acusó a Trump de “ineptitud y debilidad” por no haber declarado la guerra a Irán durante su primer mandato. Kamala Harris calificó a Irán como el principal enemigo de Estados Unidos. En el debate de 2024, Harris criticó duramente a Trump por ser demasiado indulgente con los enemigos de Estados Unidos, y anunció que siempre le daría a Israel la capacidad de defenderse, en particular en lo que respecta a Irán y cualquier amenaza que Irán y sus aliados representen para Israel.
He visto a mucha gente argumentando que la depravación de Trump en Irán demuestra que todos deberían apoyar a los demócratas, pero es evidente que el partido demócrata no es más que la fachada suavizada de la misma perversa estructura de poder.
Wyatt Reed, de The Grayzone, publicó un artículo sobre un extraño reportaje de la BBC que citaba a un iraní anónimo que supuestamente les había dicho que apoyaba que Estados Unidos e Israel “atacaran la infraestructura energética, usaran una bomba atómica o arrasaran Irán”. Tras la indignación pública, la cita fue eliminada y reemplazada por palabras completamente diferentes, inicialmente sin ninguna nota del editor.
Reed documenta que la reportera de la BBC responsable del reportaje, Ghoncheh Habibiazad, es una monárquica iraní radicada en Londres, con un extenso historial de incitación a la guerra de cambio de régimen contra su país, incluso con la operación de propaganda del gobierno estadounidense Radio Free Europe/Radio Liberty.
El mes pasado, The Times publicó un artículo titulado Algunos iraníes dicen que hay algo peor que las bombas: que no haya bombas. Las potencias occidentales siempre promueven agresivamente esta afirmación, evidentemente falsa, de que la gente de los países objetivo de sus imperios quiere que les arrojen bombas sobre sus cabezas y sobre su patrimonio, de forma muy similar a como los defensores de la esclavitud argumentaban que los africanos eran más felices como esclavos, porque Dios les había dado esa naturaleza de servir.
Ya lo he dicho antes, y lo repito: es imposible sentir suficiente desprecio por la cómplice y perversa prensa occidental de la corriente dominante.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko








