
En un reciente artículo para Die Weltwoche, Phillip Gut analiza el “triunfo de la motosierra”, citando elogios específicos hacia Javier Milei en The Washington Post.
“La rápida transición de casi un siglo de socialismo, al capitalismo de libre mercado, sigue demostrando la superioridad de éste último”, afirma Gut. Sin embargo, el gobierno de Milei, quien asumió el cargo en Diciembre de 2023, es en realidad tan socialista como los de sus predecesores. ¿A qué capitalismo de libre mercado se refiere Gut? De hecho, más allá de algunos tibios pasos hacia la desregulación ‒los que en absoluto desafían los intereses más preciados de las clases empresariales más vinculadas con el poder‒, el mileísmo es más de lo mismo, incluso para los standards del estatismo argentino: altos impuestos, emisión de dinero, endeudamiento, etc. Ciertamente, no hay ninguna mejora clara.
(Fuentes: tradingeconomics.com; ceicdata.com)

Como hemos visto, si bien se han producido diversas reducciones de impuestos de forma esporádica durante el mandato de Milei, los impuestos más relevantes han sido mantenidos prácticamente sin cambios. Es más: Milei logró incluso que el Congreso aprobara a mediados de 2024 la reinstauración de un tramo impositivo sobre la renta para casi un millón de asalariados, en un país de 44 millones de habitantes. Aún peor es el caso de la deuda ya que, tanto la deuda pública bruta como la deuda externa, han aumentado significativamente durante la administración de Milei.

Gut señala que la tasa de pobreza cayó de 53% a 28% en dos años, pero ‒además de estar basado en cifras recopiladas por funcionarios gubernamentales‒ ésto es completamente inverosímil, si se considera que Milei fracasó estrepitosamente en atraer inversión real, que muchas empresas cerraron, y que varios sectores productivos sufrieron graves consecuencias. El gobierno de Milei priorizó la estabilidad financiera de unos pocos, a expensas de la gran mayoría que sigue padeciendo el estancamiento económico. De hecho, en cierto modo, cualquier reducción de la pobreza debería ser atribuida más a la redistribución del ingreso, ya que las prestaciones sociales fueron incrementadas 50% durante el mandato de Milei, en comparación con su predecesor peronista. Y, contrariamente a lo que argumenta Gut, el desempleo en Argentina tiene mucho más que ver con la crisis económica, que con la leve reducción del número de empleados del sector público.
Por otro lado, Gut exagera la importancia del superavit presupuestario para la economía argentina. En realidad, el superavit fue logrado no sólo con recortes presupuestarios, sino también con aumentos de impuestos, los que son intrínsecamente perjudiciales para la economía. Además, el superavit no impidió que Milei imprimiera dinero a niveles históricos; es decir, que inflara coercitivamente ‒cuadruplicando la base monetaria en menos de dos años. Ésto refuta por completo la narrativa heroica de la lucha de Milei contra la inflación. Y aunque las cifras oficiales del IPC mostraron un descenso general significativo durante su primer año y medio de mandato (si bien han mostrado una ligera tendencia al alza en el último año), ésto no puede ser considerado en absoluto un logro importante, especialmente si es tenida en cuenta la política monetaria de Milei en su conjunto.

Como mínimo, los libertarios austriacos pueden agradecer que Gut describa a Milei como economista y discípulo de Milton Friedman y Adam Smith, lo que deja aún más claro lo lejos que se encuentra Milei de economistas austriacos legendarios como Murray N. Rothbard y Ludwig von Mises. Además, como cualquier economista convencional, Gut se refiere al crecimiento del PBI de Argentina en 2025. Aquí reconoce parcialmente la recesión de 2024, que no fue breve, como él afirma, ni ha abandonado realmente a Argentina en muchos años. Y sin embargo, independientemente de cualquier correlación posible, el PBI es inútil para cualquier análisis económico, en el que la última palabra la tienen el análisis de las políticas implementadas y las cifras más concretas y sencillas, como la base monetaria y otras anteriormente indicadas.
Hacia el final, Gut afirma que Milei tendrá que afrontar las consecuencias de la guerra con Irán, que está disparando los precios a nivel mundial. Claro, ¿cómo no iba a hacerlo, si el propio Milei apoya la guerra de sus aliados imperialistas e injerencistas?
Para colmo, en algunos aspectos, la libertad de los argentinos se ha visto, de hecho, severamente restringida, como lo demuestran los avances del estado policial sionista de Milei. Sin embargo, le ahorraremos a Gut un análisis más detallado de la política de seguridad de Milei y de su pésima política exterior.
Artículos sensacionalistas sobre Milei como el de Gut aparecen con frecuencia en todas partes y, lamentablemente, incluso reconocidos economistas austriacos han contribuido a esta tendencia.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko








