Inutilidad de la reforma DOGE

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    Cuando el presidente Donald Trump anunció la creación del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), liderado por Elon Musk y Vivek Ramaswamy, fue anunciado como un punto de inflexión. El objetivo era ambicioso: recortar entre U$S 1 y U$S 2 billones en el gasto federal para 2026, eliminando el despilfarro, racionalizando las agencias, y restaurando la cordura fiscal en Washington.

    Pero para quienes conocen la dinámica burocrática, estaba claro desde el principio que DOGE fracasaría, no porque sus líderes carecieran de voluntad o inteligencia, sino porque intentaba reformar un sistema que, por su propia naturaleza, se resiste a las reformas.

    La Ley de Hierro de la Burocracia, acuñada por el politólogo Jerry Pournelle, explica por qué iniciativas como DOGE están condenadas al fracaso desde su mismo inicio. Las burocracias no existen para cumplir su misión declarada: las burocracias existen para perpetuarse a sí mismas. Y cuando las burocracias se ven amenazadas, lucharán con uñas y dientes para sobrevivir, utilizando todas las herramientas a su disposición, incluyendo maniobras legales, resistencia política e ineficiencia estratégica.

    La Ley de Hierro de la Burocracia, de Pournelle, establece:

    En cualquier organización burocrática, habrá dos tipos de personas: (1) Quienes se dedican a los objetivos de la organización, y (2) Quienes se dedican a la organización misma. Con el tiempo, el segundo grupo siempre tomará el control, y la misión de la organización pasará a un segundo plano frente a su propia expansión y supervivencia.

    Esta ley se aplica a toda burocracia, ya sea una agencia gubernamental, un departamento de cumplimiento corporativo, o una institución internacional.

    En esencia, las burocracias evolucionan para protegerse a sí mismas y crecer, porque quienes ascienden al poder dentro de las mismas son quienes priorizan la seguridad laboral, los aumentos presupuestarios y la expansión regulatoria, no quienes realmente desean lograr el propósito declarado de la organización.

    Éste es el por qué:

    • Las agencias gubernamentales nunca eliminan sus propios puestos de trabajo, incluso si su misión ha sido completada.
    • Los organismos reguladores siempre encuentran nuevos problemas que resolver, incluso si deben redefinir los existentes o crear nuevos.
    • Los recortes de gastos siempre son realizados de manera que generan indignación pública, garantizando así que los presupuestos futuros permanezcan intactos.

    Cuando fue creado DOGE para reducir el gasto federal, amenazó directamente al ecosistema burocrático. No sólo buscaba reducir el despilfarro, sino que ponía en peligro la supervivencia misma de agencias, departamentos y burócratas cuya existencia dependía de presupuestos en constante expansión.

    Por lo tanto, la respuesta de la burocracia fue rápida y predecible.

    La estrategia de DOGE era simple: auditar y eliminar contratos innecesarios, racionalizar las agencias federales y reducir los puestos redundantes, y reducir el alcance de la extralimitación regulatoria.

    En teoría, era obvio. En la práctica, la burocracia se movilizó en su contra de inmediato. Las agencias retrasaron las reformas de DOGE, garantizando que los recortes de gastos generaran el máximo inconveniente público, en lugar de verdadera eficiencia. Los servicios esenciales se vieron afectados primero, lo que generó una reacción negativa. Los jueces federales bloquearon las órdenes ejecutivas destinadas a reducir la plantilla federal y anular contratos. Los legisladores ‒principalmente demócratas, pero también republicanos‒ se resistieron a recortes más profundos, por temor a perder sus redes de clientelismo político o a perturbar las economías de sus estados de origen. La prensa calificó los esfuerzos de DOGE como “imprudentes”, y presentó cada recorte de gastos como un ataque directo a las funciones gubernamentales esenciales.

    Ésta fue la clásica estrategia burocrática de supervivencia en acción: demorar, litigar y asegurar que cualquier esfuerzo de recorte de gastos sea lo más doloroso y controvertido posible.

    Si bien la Ley de Hierro de la Burocracia explica por qué las burocracias siempre se expanden, la Teoría de la Elección Pública [Public Choice] explica por qué los políticos y burócratas tienen todos los incentivos para mantener el statu quo. La Teoría de la Elección Pública, desarrollada por James Buchanan y Gordon Tullock, argumenta que:

    1. Los políticos actúan en su propio interés, al igual que los actores del mercado.
    2. Los funcionarios gubernamentales y burócratas responden a los incentivos, buscando mayores presupuestos, seguridad laboral y mayor autoridad.
    3. Los votantes son racionalmente ignorantes, lo que significa que no prestan mucha atención a los intrincados detalles del gasto público.

    Ésto explica por qué los políticos rara vez eliminan programas, incluso cuando son ineficientes. Recortar el gasto significa enfadar a un electorado pequeño pero activo, mientras que los beneficios se distribuyen demasiado como para ser políticamente útiles. Las agencias reguladoras siempre se expanden, porque más regulaciones significan más fondos y seguridad laboral para los burócratas a cargo. Las reducciones presupuestarias están estructuradas para fracasar, lo que garantiza que cualquier intento de reducir el tamaño del estado conduzca a perturbaciones visibles que intimiden al público y lo lleven a restablecer el financiamiento.

     

     

    DOGE nunca tuvo ninguna oportunidad, porque los burócratas y políticos que intentaba las reformas eran los mismos que controlaban el proceso.

    El fracaso de DOGE es sólo el último capítulo de una larga historia de intentos fallidos de reforma gubernamental. La Comisión Keep (1905, Roosevelt) buscó optimizar las operaciones federales, pero fue ignorada por el Congreso. La Comisión Grace (1982, Reagan) identificó U$S 424.000 millones en despilfarro, pero prácticamente ninguna de sus recomendaciones fue implementada. La Revisión Nacional del Desempeño (1993, Clinton/Gore) prometió eficiencia, pero dejó intactas las estructuras burocráticas.

    En cada caso, los esfuerzos de reforma fueron saboteados por las mismas instituciones que se pretendía reformar. La burocracia es un organismo autorreplicante: puede verse limitada temporalmente, pero siempre encontrará la manera de recuperarse y expandirse.

    La Ley de Hierro de la Burocracia, combinada con los incentivos de la Elección Pública, garantiza que el gobierno nunca se reduzca voluntariamente. Sólo se expande, se afianza y se resiste a todos los esfuerzos de reforma.

    DOGE fue un experimento audaz, pero estaba condenado al fracaso desde el principio. La burocracia federal moderna está demasiado arraigada legalmente, políticamente protegida, e institucionalmente egoísta como para permitir reducciones significativas.

    A menos que sean implementados cambios fundamentales ‒como cláusulas de caducidad para programas, topes automáticos de gasto, o un cambio en los incentivos para los votantes‒, la burocracia seguirá siendo permanente, creciente e inmune a las reformas.

    Por ahora, la batalla entre los reformistas del gobierno y los burócratas atrincherados continúa. Pero la historia nos demuestra que la burocracia casi siempre gana.

    El gobierno no se reduce a sí mismo. Hay que obligarlo a reducirse. Y hasta ahora, ningún gobierno ha encontrado la manera de hacerlo.

     

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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