La guerra más estúpida (y potencialmente más peligrosa) desde 1945

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    La descarada hipocresía del ataque de Donald Trump, sí; sin provocación ni sentido, contra Irán, pasará sin duda a la historia.

    Tras años de ruidosa campaña contra las Guerras Eternas, y 12 meses en el Despacho Oval dedicados a la búsqueda de un Premio Nobel de la Paz, Donald Trump no sólo ha iniciado una nueva guerra completamente innecesaria y muy candente, sino que lo hizo esencialmente poniendo la vasta maquinaria bélica estadounidense a disposición de Benjamin Netanyahu.

    Y no, esta mañana no nos pusimos nuestro sombrero de papel de aluminio. El pequeño Marco Rubio despejó todas las dudas cuando, de forma absolutamente explícita, afirmó recientemente que las tropas estadounidenses en Oriente Medio están en “peligro inminente”, porque Donald Trump dio luz verde a Netanyahu para que asesine al Ayatollah y decapite a los líderes iraníes. Así que Washington tuvo que proteger preventivamente a las fuerzas estadounidenses en peligro, uniéndose al ataque de Netanyahu.

    Si eso no constituye alquilar la maquinaria de guerra estadounidense al genocida demente que supuestamente es su “aliado”, no sabemos cómo llamarlo. Después de todo, a Donald Trump sólo le bastaba con decirle “¡ni hablar!” a Netanyahu, y el actual horror en Oriente Medio jamás habría iniciado.

    En cualquier caso, el hecho es que no hay ni una sola razón plausible basada en la Seguridad Nacional de Estados Unidos para atacar a Irán. Así que lo que tenemos aquí es la traición absoluta a todo lo que Trump ha dicho sobre la guerra y la paz, y la conducción de la política exterior estadounidense.

    Una vez más, lamentablemente, Bibi Netanyahu ha engañado a su pequeño cerebro, a su escaso conocimiento de la historia de la región y a su gigantesco ego para que lleve a cabo la intervención militar extranjera más absurda de Washington en el último medio siglo. Y eso incluye mucha competencia descabellada.

    Trump en campaña: “Por fin estamos poniendo a Estados Unidos primero. Nuestra política de guerra, cambio de régimen y construcción nacional está siendo reemplazada por la búsqueda de los intereses estadounidenses… El trabajo de nuestras fuerzas armadas es proteger nuestra seguridad, no ser los policías del mundo”.

    Ahora bien, si esto fuera solo un ejemplo típico de la hipocresía política habitual en Washington, el ataque de Trump a Irán podría desestimarse como más de lo mismo de siempre. Incluso se podría decir que la gente común de Estados Unidos no debería sorprenderse de que el lobo voraz que reeligieron a sabiendas no fuera vegetariano después de todo.

    De hecho, bien podrían concluir ‒como nosotros‒ que Donald Trump ha demostrado ser el fraude más engañoso de la historia política estadounidense. Pero ni siquiera eso sería la historia completa, ni la parte más importante.

    Desafortunadamente, hay fuerzas mucho más insidiosas en juego en este terrible giro de los acontecimientos, que la simple hipocresía política y las mentiras de campaña. Lo que realmente tenemos aquí es una vasta maquinaria de guerra, una falsa narrativa neoconservadora de política exterior, y una infraestructura imperial tan profundamente arraigada en la trama misma del proceso de gobierno estadounidense, que los resultados de las elecciones se han vuelto esencialmente irrelevantes. O como observó astutamente nuestro amigo Tom Woods: las elecciones no importan mucho, porque siempre elegimos a John McCain.

    Y parece que la situación empeora con el tiempo. De hecho, aquí está el cuadro de resultados de las últimas 10 intervenciones militares estadounidenses, y el número de las mismas adoptadas por cada uno de los cuatro presidentes de Estados Unidos en lo que va del siglo XXI.

    Donald Trump gana sin duda alguna, porque le encanta la gloria y la atención de estar sentado en la Sala de Situaciones, grabando películas en tiempo real en las pantallas gigantes, comandando los bombarderos, misiles, drones y toda la armada estadounidense. Es tan obvio, que no sorprende que Netanyahu le haya ganado la partida a Donald Trump, y ahora lo tenga literalmente atado:

    • George W. Bush Jr.: 5/10.
    • Joe Biden y el bolígrafo automático: 5/10.
    • Barack Obama: 7/10.
    • Donald Trump: 10/10.

    El mapa del imperio global de Washington que se muestra a continuación es total y completamente irracional en el mundo de 2026. Pero su propia existencia y toda la maquinaria e intereses que la sustentan explican por qué incluso un fanfarrón del “no más guerras” como Donald Trump terminó lanzando, a instancias de Netanyahu, la guerra más estúpida y potencialmente más peligrosa desde 1945.

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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