La utopía de las ratas

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    ¿Qué pasaría si todos nuestros deseos materiales se cumplieran?

    Durante las décadas de 1950 y 1970, el etólogo John Bumpass Calhoun realizó una serie de experimentos para estudiar los efectos de la superpoblación en el comportamiento social. El más famoso de estos experimentos fue conocido como “Universo 25”. En éste, Calhoun creó un entorno cerrado y cuidadosamente controlado con ratas, diseñado para funcionar como una auténtica “utopía”. En este entorno, no había depredadores, ni enfermedades, ni escasez de recursos. ¿Comida y agua? Nunca faltaban. ¿Temperatura? Ideal y estable. ¿Espacio para nidos y refugios? Abundante. En otras palabras, todas las necesidades materiales básicas de estos roedores estaban plenamente satisfechas. El único factor verdaderamente limitante era el llamado “espacio social”, la red de interacciones entre individuos.

    El Universo 25 comenzó con sólo cuatro parejas de ratas, todas sanas. Durante los primeros meses, su comportamiento fue considerado normal: los animales exploraron el entorno, establecieron territorios y comenzaron a reproducirse. A medida que la población crecía, la tasa de natalidad aumentó rápidamente. El número de individuos se duplicó a intervalos cada vez más cortos. Sin embargo, con el aumento de la densidad poblacional comenzaron a surgir profundos cambios de comportamiento. La jerarquía social se desorganizó. La agresividad aumentó. Los comportamientos considerados patológicos se hicieron frecuentes. Muchas hembras comenzaron a abandonar o a atacar a sus crías. Muchos machos se mostraron incapaces de defender su territorio o establecer relaciones sociales estables. La sociedad pareció colapsar.

    Ocurrió un fenómeno particularmente sorprendente: la aparición de un grupo apodado “las hermosas”. Estas ratas tenían una apariencia física perfecta, pero exhibían un aislamiento social total: no competían por el espacio, no se apareaban, y no mostraban interés en las interacciones colectivas. Con el tiempo, la reproducción prácticamente cesó en toda la colonia, incluso con recursos aún abundantes. La fase final fue un declive poblacional irreversible. La sociedad colapsó por completo y, finalmente, se extinguió. La utopía, al final, parecía haber sido una distopía. Para Calhoun, el experimento demostró que una población puede colapsar no por falta de recursos materiales, sino por la desintegración de sus vínculos sociales y conductuales, proceso que él denominó “muerte conductual”.

    Otra conclusión a la que muchos llegaron a partir de este experimento es que la superpoblación conduce inevitablemente a la desintegración social. Vimos que, con el aumento de la densidad de población, aparecieron comportamientos patológicos: mayor agresividad, abandono de crías, canibalismo, aislamiento social y pérdida de conductas reproductivas normales. Según algunos, ésto evidencia que las sociedades densamente pobladas tienden al caos, independientemente de la abundancia material. Esta interpretación cobró fuerza en los debates sobre el crecimiento de la población humana, especialmente en el contexto de las décadas de 1960 y 1970, cuando el temor a una explosión demográfica era alto. Otra conclusión a la que muchos llegaron es que el colapso social fue consecuencia de la “libertad excesiva” de las ratas.

    Pero desde una perspectiva libertaria, ¿cómo podemos interpretar este experimento? Bien, desde este punto de vista, una primera precaución esencial es rechazar la interpretación simplista de que el experimento demostraría la “inevitabilidad” del colapso social con una alta densidad de población. El Universo 25 no era una sociedad libre. Al contrario, era un sistema artificialmente planificado, totalmente centralizado y sin posibilidad de escape. Las ratas no podían migrar, innovar, crear nuevas reglas espontáneas, ni reorganizar el espacio según sus necesidades. El orden se imponía de arriba a abajo, sin mecanismos de adaptación descentralizada. Por lo tanto, el colapso observado puede ser interpretado no como consecuencia de un “exceso de libertad”, como muchos hacen, sino precisamente como la consecuencia de su ausencia.

    Otro punto central a analizar es la noción de “abundancia garantizada”. En el Universo 25, los recursos (comida, agua y refugio) fueron automáticamente proporcionados, independientemente del comportamiento individual. Desde una perspectiva libertaria, ésto elimina el papel de los incentivos y la responsabilidad individual. En las sociedades humanas, la cooperación social surge precisamente de la necesidad de intercambio, producción y especialización. En el experimento, no había necesidad de cooperar para sobrevivir, ni existían recompensas claras por comportamientos productivos o socialmente útiles. El resultado fue la erosión progresiva de los roles sociales en la colonia, algo que los libertarios suelen asociar con sistemas donde las recompensas se desvinculan del mérito o la contribución. Los incentivos se distorsionan por completo.

    El fenómeno de la “muerte conductual” también puede ser reinterpretardo como una crisis de significado, y no sólo de densidad poblacional. Veamos. En una sociedad libertaria, la variedad de proyectos de vida, asociaciones voluntarias y normas emergentes, permite a los individuos encontrar nichos sociales distintos. Sin embargo, en el Universo 25 todas las ratas estaban atrapadas en un único modelo de organización espacial y social. Cuando este modelo se saturó, no hubo alternativas. Desde una perspectiva libertaria, ésto refuerza la importancia de las instituciones voluntarias, la competencia entre formas de organización, y la libertad de experimentar con diferentes estructuras sociales. En otras palabras, el orden debe ser espontáneo, de abajo a arriba, y no impuesto de arriba a abajo.

    La figura de las ratas “hermosas” es especialmente reveladora desde una perspectiva libertaria. Estos individuos fueron producto de un entorno en el que el costo del desapego social fue prácticamente nulo. Ésto es algo contra lo que los libertarios siempre advierten. En sociedades altamente intervencionistas, existe un riesgo muy alto de que las personas se vuelvan dependientes, apáticas o socialmente retraídas cuando sus necesidades básicas están garantizadas sin reciprocidad. Una especie de estado de bienestar. El aislamiento de estas ratas “hermosas” puede ser visto como un extremo de este proceso: individuos que sobreviven biológicamente, pero que se desvinculan completamente de la vida social, productiva y reproductiva. Al no haber relación entre acción y consecuencia, no hubo incentivos para que interactuaran entre sí.

    Además, el entorno no permitió la diferenciación territorial. Aunque existía espacio, no existió propiedad real: ninguna rata podía controlar, defender ni adaptar un área. Sin propiedad, no hay responsabilidad. Los comportamientos se degeneran. La agresión observada en el experimento puede ser vista como una caótica lucha de poder, en un sistema en el que han sido borradas las señales naturales de mérito. Otro punto fundamental es la ausencia de libertad de escape. Las ratas no tuvieron dónde escapar. En una sociedad libre, los individuos pueden abandonar entornos disfuncionales, migrar, crear nuevas comunidades, o experimentar con diferentes estructuras sociales. Sin embargo, todos allí estuvieron sujetos a la misma estructura defectuosa, como en un estado altamente centralizado, de la que no hay escapatoria.

    El experimento “Universo 25” no demuestra el fracaso de la libertad, sino el fracaso de un utopismo planificado. Muestra que la comodidad material impuesta, sin libertad real, sin diversidad de estructuras y sin incentivos orgánicos, conduce a la decadencia. Ésta es una crítica indirecta a la idea de que una autoridad central puede diseñar un entorno perfecto, y así “resolver” los problemas sociales. La complejidad del comportamiento surge de las interacciones libres, no de la planificación. La prosperidad no depende únicamente de la abundancia material. Implica libertad, responsabilidad, propiedad, diversidad institucional y la posibilidad de adaptación. En resumen, las sociedades no pueden ser consideradas como proyectos de ingeniería. Cuando lo son, incluso los entornos más confortables pueden producir los resultados más deshumanizantes.

     

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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