Los CDC reescriben discretamente su guía sobre vacunas y autismo

    0

    Por primera vez en una generación, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU. han reescrito su postura oficial sobre vacunas y autismo.

    Este cambio podría transformar uno de los debates más políticamente cargados y emocionalmente tensos de la medicina moderna.

    En una actualización de su sitio web publicada el 19 de Noviembre de 2025, la agencia sostiene que la afirmación ‒mantenida durante mucho tiempo‒ de que “las vacunas no causan autismo” “no está basada en la evidencia”, ya que los estudios científicos “no han descartado la posibilidad de que las vacunas infantiles causen autismo”.

    La página también reconoce que “las autoridades sanitarias han ignorado los estudios que respaldan una relación”.

    Es difícil exagerar la importancia de estas afirmaciones. Durante casi dos décadas, habrían sido impensables para una agencia federal de salud pública.

    El momento es igualmente impactante.

    El cambio llega en un momento en que el panorama político y científico en torno de la seguridad de las vacunas está experimentando un cambio significativo dentro de la administración Trump-Kennedy.

    Durante meses, los críticos han acusado al Secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., y a varios de los funcionarios designados por la administración, de mantener opiniones poco convencionales sobre la seguridad de las vacunas.

    La redacción revisada de los CDC acerca a la agencia al argumento tradicional de Kennedy de que las agencias federales han ignorado evidencia crucial.

    Los CDC explican este cambio citando la Ley de Calidad de Datos, que exige que las comunicaciones federales reflejen con precisión la evidencia.

    Dado que los estudios no han descartado la posibilidad de que las vacunas infantiles puedan contribuir al autismo, la agencia admite que su declaración categórica ‒la que data de hace tiempo‒ no estaba científicamente justificada.

    La actualización establece claramente que persiste la incertidumbre científica, en particular en lo que respecta a las vacunas administradas durante el primer año de vida.

    Incertidumbre científica finalmente reconocida

    La información en el sitio web establece una clara distinción entre el calendario de vacunación infantil ‒que incluye DTaP, HepB, Hib, IPV, PCV y otras‒ y la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubeola (MMR).

    En el caso de la vacuna triple vírica (MMR), los CDC siguen citando evidencia observacional que no muestra “ninguna asociación … con los trastornos del espectro autista”, y describen esta conclusión como respaldada por “evidencia de alto nivel”.

    Sin embargo, la agencia también reconoce que estos estudios presentaban “serias limitaciones metodológicas”, y que todos son análisis epidemiológicos retrospectivos, el tipo de análisis que no permite establecer causa y efecto ni identificar subgrupos que podrían ser más vulnerables.

    El reconocimiento de las limitaciones es inusualmente franco para una agencia federal que analiza las vacunas y el autismo.

    En el caso del calendario de vacunación infantil, el cambio es aún más drástico.

    Los CDC citan una serie de revisiones autorizadas, incluidas las evaluaciones del Instituto de Medicina de 1991 y 2012, y la revisión de la Agencia para la Investigación y la Calidad de la Atención Médica en 2021 ‒todas las cuales concluyen que la evidencia era “inadecuada para aceptar o rechazar” una relación causal entre las vacunas en la primera infancia y el autismo.

    En otras palabras, la cuestión científica fundamental sigue sin der resuelta.

    Dinamita política

    El contexto político hace que este cambio sea aún más trascendental. El senador Bill Cassidy (republicano por Louisiana), presidente del Comité de Salud del Senado, ha sido uno de los críticos más acérrimos de las opiniones de Kennedy sobre las vacunas.

    Cassidy ha insistido repetidamente en que la ciencia sobre el autismo y la vacunación ha sido resuelta hace años. Ahora, los CDC afirman que la afirmación de que ”las vacunas no causan autismo” no cumple con los standards de evidencia.

    Sorprendentemente, los CDC afirman que la frase principal permanece en la página sólo “debido a un acuerdo con el presidente del Comité de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado de EE.UU.”.

    La insinuación de que la redacción es un compromiso político, no científico, sin duda generará escrutinio en el Capitolio.

    El abogado Aaron Siri, quien ha dedicado durante años a litigar contra agencias federales para lograr una mayor transparencia en la seguridad de las vacunas, afirmó que la actualización marca un cambio largamente esperado hacia la honestidad por parte de los CDC.

    “Es un excelente paso en la dirección correcta para que los CDC comiencen a decir la verdad al público sobre sus errores y tergiversaciones pasadas”, declaró Siri.

    “Decir la verdad y disculparse por sus tergiversaciones pasadas es la única manera en que los CDC pueden reconstruir la confianza pública”, añadió.

    Cómo la saga Wakefield influyó en el debate

    Durante años, cualquier intento por revisar el asunto de las vacunas y el autismo, se ha visto influenciado por las consecuencias de la “saga Wakefield”.

    El artículo retractado de The Lancet de 1998 se convirtió en un atajo para la desinformación, permitiendo a las agencias de salud pública desestimar todas las preocupaciones posteriores como si fueran simplemente una continuación de esa controversia.

    El episodio se convirtió en una especie de barrera cultural.

    Invocar el caso Wakefield fue una manera fácil de cerrar la investigación, incluso cuando los padres describieron patrones que no tenían nada que ver con la vacuna triple vírica, y sí con el calendario de vacunación infantil, que se intensificaba cada vez más.

    La admisión de los CDC de que la evidencia sobre las vacunas infantiles es “inadecuada para aceptar o rechazar” una relación causal, y que algunos estudios “que respaldaban dicha relación fueron pasados ​​por alto”, rompe la arraigada costumbre de ignorar preguntas legítimas al referirse a un escándalo de décadas de antigüedad.

    Una amplia recalibración

    El cambio de los CDC también coincide con una recalibración más amplia en curso entre las agencias federales de salud de EE.UU.

    La administración Trump ordenó nuevas revisiones de los NIH sobre la ciencia de la seguridad de las vacunas, restableció el Grupo de Trabajo sobre Vacunas Infantiles Más Seguras, y renovó el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP) de los CDC.

    El patrón es inconfundible: las agencias que antes trataban ciertos asuntos como “ciencia establecida”, ahora los han reabierto, y su impacto repercutirá posiblemente en todo el mundo.

    Los CDC ahora admiten que la ciencia no ha descartado posibles vínculos con las vacunas administradas en la infancia.

    El sitio web también señala que “aproximadamente uno de cada dos padres encuestados de niños con autismo” cree que la vacunación influyó, a menudo señalando las vacunas administradas en los primeros meses de vida o alrededor del primer año.

    Hasta ahora, a estos padres se les decía con frecuencia que sus preocupaciones eran infundadas. La nueva redacción de la agencia cambia fundamentalmente esta dinámica.

    Cambiando la conversación

    Al menos en EE.UU., las agencias de salud pública ya no podrán responder a las preocupaciones de los padres simplemente negándolas categóricamente sin proporcionar ninguna justificación.

    Además, los investigadores que estudian mecanismos plausibles ‒como los adyuvantes de aluminio, la neuroinflamación, las vulnerabilidades mitocondriales y la activación inmunitaria‒, se encontrarán en un entorno que reconoce formalmente estos problemas como científicamente legítimos. Es posible que sea necesario revisar las prácticas de consentimiento informado a medida que se reconoce formalmente la incertidumbre.

    Y los legisladores que insistieron en que la ciencia estaba decidida, ahora se enfrentarán con preguntas incómodas sobre por qué las agencias federales se basaron en mensajes definitivos que no cumplían con los standards de evidencia.

    Para ser claros, la actualización de los CDC NO afirma que las vacunas causen autismo. Lo que sí afirma ‒con una claridad que la agencia ha evitado durante años‒ es que la evidencia disponible no ha establecido que no lo hagan, al menos en el caso de las vacunas administradas en la infancia.

    Esta distinción puede parecer sutil, pero representa un cambio profundo en la forma en que se enmarca la conversación y, sin duda, afectará las experiencias personales de las familias que crían niños con autismo.

    Por primera vez, el asunto de las vacunas y el autismo ya no es considerado tabú. Se ha replanteado ‒por iniciativa de los propios CDC‒ como una pregunta de investigación que requiere una investigación adecuada.

    Este cambio podría ser uno de los avances más importantes en salud pública de la década, y sugiere que algo significativo está sucediendo entre bastidores en las agencias federales que antes parecían inmutables.

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

    LEAVE A REPLY

    Please enter your comment!
    Please enter your name here