Parsis vs judíos: una solución libertaria al problema judío

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    ¿Privatización total, o abrazo fatal y genocidio?

    Introducción

    La promoción de los intereses propios y colectivos es natural para todos los animales y seres humanos. El libertarismo permite la promoción del interés propio mediante la propiedad privada (autopropiedad, asentamiento y contrato), lo que posibilita la interacción voluntaria (donación o intercambio). En otras palabras, los individuos deben vivir en paz, respetando el principio de no agresión. Ésto no significa que deban vivir aislados. Por el contrario, las personas son libres de formar grupos voluntarios. En la práctica, estos grupos suelen basarse en la psicología evolutiva, por la que las personas forman grupos según su similitud genética, como las familias nucleares y extensas, las tribus y las naciones.

    Nacionalismo libertario

    El nacionalismo puede basarse en la no agresión, siempre que sea fundado sobre redes comunitarias voluntarias de propiedad privada. Estas redes pueden ser basadas en el etnocentrismo, que protege el patrimonio etnocultural de los pueblos mediante controles migratorios. Hans-Hermann Hoppe explica:

    En un escenario de orden natural, cabe esperar amplio comercio e intensa actividad de viajes interregionales. Sin embargo, debido a la discriminación natural contra los extranjeros de otras culturas en el ámbito de la vivienda y los bienes raíces, la migración real, es decir, el reasentamiento permanente, será escasa.

    Y la poca migración que se produzca será de individuos que estén más o menos completamente asimilados a su nueva comunidad y a su etnocultura. (Hans-Hermann Hoppe. Natural Order, the State, and the Immigration Problem. Journal of Libertarian Studies. Volumen 16, n.º 1. Invierno de 2002).

    El problema judío

    Los judíos constituyen un grupo singular, forjado en el entorno altamente competitivo de Oriente Medio, que inculcó un etnocentrismo dual extremo: positivo (autopercepción como nobles, incluso sobrehumanos) y negativo (consideración de los forasteros como inferiores, incluso infrahumanos). Esta dinámica explica por qué, tras milenios, siguen siendo la única nación de la diáspora que no se ha asimilado, sostenida por un etnocentrismo genético y cultural amplificado por los mitos del “pacto con Dios”, el “pueblo elegido” y la “tierra prometida”.

    En Génesis, Dios le promete toda la tierra a Abram (en aquel entonces):

    “En aquel día hizo el Señor un pacto con Abram diciendo: A tu simiente daré esta tierra desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates; los Cineos, y los Ceneceos, y los Cedmoneos, y los Hetheos, y los Pherezeos, y los Raphaitas, y los Amorrheos, y los Cananeos, y los Gergeseos, y los Jebuseos”. (Génesis 15:18-21)

    En 1 Samuel 15, y repetidamente en Deuteronomio, encontramos exhortaciones al genocidio:

    “Cuando el Señor tu Dios te introduzca en la tierra que vas a entrar y ocupar, y expulse delante de ti a muchas naciones: los hititas, los gergeseos, los amorrheos, los cananeos, los pherezeos, los heveos y los jebuseos, siete naciones más poderosas y numerosas que tú; y cuando el Señor tu Dios te las entregue y las derrotes, entonces deberás destruirlas por completo. No harás pacto con ellas ni les mostrarás misericordia. (Deuteronomio 7.1–2; cf. 2.34, 3.6, 7.16, 9.3; Josué 8.26, 10.20, 10.28, 11.21–22; 1 Samuel 15.1–21) (Tim Gorringe. El uso de las Escrituras por parte de Israel para justificar el genocidio).

    Ésto sumió a Israel en un ciclo de agresión que se intensificó en tres etapas: la conquista genocida original de Canaán/Palestina por los israelitas, el cautiverio babilónico y, especialmente, la conquista romana y la expulsión de los judíos de Palestina hace 2000 años. En cierto modo, la nación judía y su estrategia evolutiva fueron concebidas dentro de un ciclo de agresión que continúa hasta nuestros días.

    Soluciones al problema judío

    La expulsión de los judíos por los romanos complicó aún más la situación, ya que los grupos de la diáspora siempre se ven con sólo cuatro opciones:

    1. Asimilación

    Esta opción ha estado siempre disponible para los judíos, puesto que tradicionalmente la mayoría de las naciones han aceptado inmigrantes, si están dispuestos a ser productivos y asimilarse a largo plazo. En algunos casos, ésto sucedió. Por ejemplo, los judíos se asimilaron gradualmente en China. La asimilación en Estados Unidos habría sido aún más fácil, ya que a los judíos se les ha permitido crear barrios y comunidades judías que han tenido tiempo para asimilarse gradualmente.

    1. Nueva patria

    Los judíos también tienen otra opción: crear su propio país en tierras que no sean previamente propiedad de nadie. Ésto habría sido especialmente fácil en Estados Unidos, Australia y Argentina, con su vasta Nueva Frontera. Incluso a finales del siglo XIX, la creación de una nueva patria habría sido realista en Estados Unidos, como lo demostraron los mormones.

    La creación de una nueva patria es precisamente lo que propusieron los judíos territorialistas. El judío libertario Murray Newton Rothbard explica:

    Tras la Revolución Francesa, los judíos de Europa Occidental se emanciparon de la vida en el ghetto y se enfrentaron con la disyuntiva de elegir su futuro. Un grupo, heredero de la Ilustración, optó por abandonar la estrecha y parroquial cultura del ghetto, para asimilarse a la cultura y el entorno del mundo occidental. Si bien el asimilacionismo era claramente la opción racional en Estados Unidos y Europa Occidental, este camino no era fácilmente viable en Europa del Este, donde aún persistían las restricciones del ghetto …

    El movimiento territorialista, desesperado por el futuro de los judíos en Europa del Este, abogó por preservar la identidad judía yiddish mediante la creación de colonias y comunidades judías (no estados) en diversas zonas despobladas y vírgenes del mundo.

    Dadas las condiciones de la comunidad judía europea a finales del siglo XIX y principios del XX, todos estos movimientos tenían una base racional. El único movimiento judío que carecía de sentido era el sionismo, movimiento que comenzó fusionado con el territorialismo judío. Pero mientras que los territorialistas querían simplemente preservar la identidad judío-yiddish en una tierra propia recién creada, el sionismo empezó a insistir en una tierra judía exclusivamente en Palestina. (Murray N. Rothbard. La culpa de la guerra en Oriente Medio).

    Lamentablemente, el movimiento territorialista fue derrotado por el sionismo, que exigía la conquista y ocupación de Palestina como patria para los judíos. Pero aún no es demasiado tarde. Con su gran poder, los judíos todavía podrían crear fácilmente un nuevo Israel en Estados Unidos, e invitar a todos los judíos de Palestina y Europa a su nueva patria.

    1. Cooperación caritativa

    Es posible evitar la asimilación creando relaciones de cooperación muy positivas con la población local. Ésto requiere abstenerse de la explotación de impuestos, los monopolios bancarios y comerciales, y las actitudes negativas hacia la población local, y en su lugar crear redes económicas y caritativas muy beneficiosas, especialmente con la gente común. Esta opción de cooperación positiva se ha hecho famosa gracias a los parsis zoroastrianos.

    Los barcos zoroastrianos comenzaron a llegar a Sanjan y fueron recibidos por Jadi Rana, un gobernante hindú nativo de Gujarat, estado de donde procede el primer ministro de la India, Narendra Modi. Rana ofreció a los inmigrantes un vaso lleno de leche para demostrar que no había lugar para ellos. Los zoroastrianos respondieron añadiendo una cucharada de azúcar a la leche, demostrando su intención de integrarse y endulzar sutilmente el vaso de leche figurado, sin llenarlo hasta el borde. (Arunansh B. Goswami. Judíos y parsis: Dolor, lucha y éxito. Times of Israel).

    Cuando los europeos comenzaron a comerciar en la India, inicialmente confundieron a los parsis con judíos, pero pronto descubrieron su error.

    En 1689, el capellán anglicano John Ovington informó que en Surat la familia [parsi adinerada] “ayudaba a los pobres y estaba dispuesta a proveer el sustento y el bienestar de quienes lo necesitaban. Su generosidad universal, ya sea empleando a quienes estaban dispuestos y capacitados para trabajar, o brindando caridad oportuna y abundante a los enfermos y desamparados, no dejaba a nadie desamparado ni permitía que hubiera un mendigo en toda su tribu”.

    Los parsis nunca se quejaron del elevado nivel de etnocentrismo indio ni desarrollaron el concepto de “antiparsismo”. Jamás acusaron a los indios de ser intolerantes con los parsis.

    1. Alianza con los estados

    El asimilacionismo, la creación de una nueva patria y la cooperación pacífica no requieren agresión. Son soluciones naturales y pacíficas. Sin embargo, la élite judía optó por la vía opuesta al intentar forzar a las poblaciones de acogida a aceptar la inmigración judía y servir a sus intereses. Lo logró mediante una alianza con el estado y su élite gobernante. Eligieron esta opción agresiva por tres razones: primero, la élite judía estaba compuesta en parte por rabinos talmúdicos, de cultura supremacista. Segundo, al generar un conflicto entre judíos y gentiles, la élite judía pudo controlar a los judíos comunes, primero en miniestados judíos totalitarios y ghettos, y luego psicológicamente en las sociedades occidentales. Tercero, la élite judía obtuvo grandes beneficios a costa de la seguridad de los judíos comunes.

    Tradicionalmente, la élite judía se ha aliado con el estado prestando a los gobernantes servicios de explotación, actuando como intermediarios entre éstos y la población de acogida. Tradicionalmente, la élite judía entraba en un país y pagaba al gobernante por el derecho a recaudar impuestos, peajes y aranceles (la captación de impuestos), y a participar en prácticas monopólicas (banca y negocios). Eran los judíos quienes pagaban a los gobernantes por el privilegio estatal de la banca monopólica, primero con tasas de interés usurarias y explotadoras, y luego creando dinero de la nada con el sistema de reserva fraccionaria [inflación secundaria].

    Muchas de estas prácticas monopólicas siguen vigentes entre la élite judía. Es la élite judía la que domina la academia y los medios de comunicación, protegiendo en gran medida el núcleo del poder de la élite gobernante: la maquinaria monetaria, es decir, el sistema de reserva fraccionaria gestionado por la Reserva Federal, y el sistema imperialista del petrodólar. Gran parte de la historia occidental está marcada por los intentos judíos de apoyar a los estados a cambio de monopolios y carteles en constante expansión.

    4.1. El abrazo fatal

    El historiador judío Benjamin Ginsberg denomina a esta alianza tradicional de la élite judía con el estado “el abrazo fatal”, ya que, si bien enriquece a la élite judía, a menudo ha provocado ataques contra los judíos comunes por parte de la población local agraviada. Los gobernantes también utilizaron en ocasiones a los judíos como chivos expiatorios, rompieron la alianza y confiscaron sus propiedades. A lo largo de la historia, los judíos han sido expulsados ​​ cientos de veces de diversas localidades y estados, mientras que los judíos comunes han sufrido confiscaciones y persecuciones.

    4.2. Cultura de la crítica

    Para contrarrestar la tendencia de los estados a traicionar la alianza y volverse contra los judíos, la élite judía comenzó a emplear la estrategia “divide y vencerás”. Lo hicieron internamente mediante la cultura de la crítica, por la que la élite judía intenta transformar la cultura y la sociedad de la población anfitriona hacia una perspectiva más filosemítica, enfrentando a los diferentes grupos de la nación entre sí. Por ejemplo, en Europa y América, muchos judíos han liderado una coalición de mujeres y minorías contra los hombres blancos dominantes. Esta cultura de la crítica también incluye versiones del libertarismo dominadas por judíos que debilitan el etnocentrismo, especialmente de los hombres blancos jóvenes.

    4.3. El gran juego

    Con el abrazo fatal, la élite judía estaba mejor preparada para enfrentar a los estados entre sí en un gran juego geopolítico. De esta manera, la élite judía pudo obtener ayuda imperialista, primero del Imperio Otomano, y luego del Imperio Británico, para invadir Palestina. A principios de la década de 1880, antes del inicio de la inmigración masiva a Palestina, la población incluía sólo 3-4% de judíos; pero en 1948, los judíos se habían apoderado de la mayor parte del territorio y habían creado su propio estado judío mediante políticas genocidas. Peor aún, la élite judía ha utilizado a Israel como cuartel general para intensificar aún más la cultura de la crítica en Occidente, hasta el punto de la guerra civil, y el gran juego, hasta el punto de la guerra nuclear. Rothbard señala la singular naturaleza artificial del estado de Israel, que está literalmente basado en la invasión agresiva, la beligerancia y la ingeniería social estatista.

    El hecho de que Palestina no fuera tierra virgen, sino que ya estuviera ocupada por campesinos árabes, no significó nada para los ideólogos del sionismo. Además, lejos de desear preservar la cultura yiddish de los ghettos, los sionistas querían sepultarla y sustituirla por una nueva cultura y una nueva lengua basadas en una expansión secular artificial del hebreo religioso antiguo. (Murray N. Rothbard. La culpa de guerra en Oriente Medio).

    Rothbard destaca la naturaleza singularmente perniciosa del estado de Israel:

    Los libertarios se oponen a todo estado. Pero el estado de Israel es singularmente pernicioso, porque toda su existencia está basada en la expropiación masiva de propiedades y la expulsión de la tierra. (Murray Rothbard. La masacre).

    El abrazo fatal había creado el peor de los escenarios posibles, en el que la élite judía, por un lado, rechazaba la asimilación en Occidente y, por otro, promovía la conquista de Palestina en Oriente Medio. Ésto condujo al genocidio cultural estatal en Occidente, al genocidio físico en Palestina, y a la amenaza de una guerra mundial.

    4.4. Falsa conciencia

    El abrazo fatal, la cultura de la crítica y el gran juego han hecho que la élite judía sea tan poderosa que ha logrado crear una falsa conciencia en Occidente. Este control narrativo es la razón por la que los judíos pueden afirmar que difunden “armonía”, “diversidad” y “tolerancia”. Se presentan como “luz para las naciones”, salvando al mundo mediante la difusión de la paz y los valores democráticos. Esta descarada audacia ha generado una enorme disonancia cognitiva y una doble moral en Occidente.

    En esencia, Occidente ha sido lobotomizado mediante el adoctrinamiento estatal y la censura. Sin embargo, con la crisis migratoria occidental y el genocidio de Gaza, la doble moral se ha vuelto aún más evidente, especialmente con la prevalencia de la doble ciudadanía estadounidense-israelí, incluso entre funcionarios gubernamentales. Ésto puede permitir evadir la responsabilidad penal huyendo a Israel. La doble ciudadanía y el derecho al retorno también pueden fomentar la pedofilia entre los judíos, como ha sido visto en el caso Epstein y otros escándalos de pedofilia.

    Esta doble moral y cultura agresiva judía no son señales de una nación malvada, sino consecuencia natural de su alianza con el estado y las consiguientes estrategias de divide y vencerás. Los blancos se comportarían de manera similar si vivieran en China negándose a asimilarse, y vieran Xinjiang (originalmente poblada por tocarios blancos) como su tierra prometida. Partiendo de las premisas agresivas y estatistas de la élite judía, más de 2000 años de historia judía y occidental se han desarrollado casi automáticamente.

    Afortunadamente, aún queda una solución completamente no agresiva y libertaria.

    1. Privatización

    Posiblemente sea poco realista esperar que los judíos se asimilen o imiten la humildad y la caridad parsi, pero afortunadamente ésto no es necesario con el libertarismo. Construir una relación positiva entre judíos y gentiles ahora sólo requeriría dos cosas: acabar con la Reserva Federal y permitir comunidades de pacto libertarias. Acabar con la Reserva Federal desmantelaría el sistema bancario de reserva fraccionaria y el dólar fiduciario, eliminando así la “máquina de hacer dinero” de la élite, lo que a su vez desintegraría la economía de carteles dominada por judíos, el imperialismo y el propio gobierno centralizado. Permitir que las comunidades de pacto tengan plenos derechos de discriminación fomentaría la competencia entre ellas, similar a la competencia entre centros comerciales. Ésto conduciría rápidamente no sólo a comunidades muy prósperas, sino también a una mayor privatización y, finalmente, a una sociedad plenamente libertaria.

    Una relación positiva con la población local sería posible incluso en Palestina. Lo único que se necesita es la privatización total de la infraestructura. Ésto crearía un mosaico de comunidades judías y palestinas de pacto, separadas por altas vallas y muros, pero conectadas por calles, carreteras, autopistas, puentes y túneles privados. En efecto, judíos y palestinos vivirían uno al lado del otro, pero seguirían estando físicamente separados, mientras realizaran intercambios mutuamente beneficiosos en línea y en mercados controlados.

    El famoso libertario judío Walter Block señaló con perspicacia que la privatización de la infraestructura parece más complicada que lo que realmente es.

    Considero que éste es el problema de las “cosas largas y delgadas”. Es un problema muy complejo. A la lista proporcionada por quien pregunta (“gas, electricidad o agua”), yo añadiría lo siguiente: alcantarillado, cables telefónicos … y carreteras y calles. Incluso incluiría servicios como el correo y la recolección de residuos; aunque no sean servicios extensos y complejos, representan una parte significativa de este desafío a la eficacia de la libre empresa.

    ¿Se imaginan seis empresas de distribución de gas, cada una con sus propias tuberías; una docena de servicios de recolección de residuos, cada uno con una doceava parte de todos los clientes; o diez líneas telefónicas independientes, por no hablar de un poste para cada proveedor? Este escenario resulta desconcertante y convence a la gente de que el sistema de libre empresa puede funcionar bien en muchos sectores, pero no en este caso. Sin embargo, si el problema es analizado de antemano, antes de que sean construidos los edificios que van a ser abastecidos, el problema prácticamente desaparece.

    A estas alturas debería ser evidente que la “mano invisible” de Adam Smith llevará a las constructoras a participar precisamente en este tipo de condominios o acuerdos colectivos … Si las viviendas, como locales comerciales, fueran vendidas como parte de este paquete, en el que toda la infraestructura sería instalada de antemano, el promotor podría obtener un precio mucho mayor. (Walter Block. Long, Thin Things. The marker versus the state on roads, powerlines, and more).

    La privatización total de carreteras, calles, autopistas, puentes, túneles, estaciones de autobuses, ferrocarriles, metros, aeropuertos, espacio aéreo, mar, ríos, puertos y servidumbres, entre otros, facilitaría a las agencias de seguridad privadas la limitación, si no la prevención total, de todos los actos de terrorismo y otras agresiones por ambas partes. La privatización total también resolvería el problema de las reparaciones, ya que la mitad del paquete accionario de las nuevas empresas podrían ser entregado a los palestinos. El libre comercio y las inversiones extranjeras aumentarían considerablemente el valor de estas acciones, generando posiblemente millones de dólares para cada familia palestina. Ésto haría que el terrorismo resultara muy poco rentable, ya que convertiría rápidamente a los nuevos millonarios en pobres. Por lo tanto, los incentivos adecuados garantizarían finalmente la paz, la cooperación y la prosperidad en Palestina, mientras que tanto judíos como palestinos conservarían sus propios países nacionalistas.

    Irónicamente, Walter Block aplicaría la privatización total en todas partes excepto en Palestina, la que considera pertenece exclusivamente a los judíos, apoyando así la expulsión y el genocidio de los palestinos.

    Conclusión

    El libertarismo se basa en la no agresión, mientras que las acciones de la élite judía se fundamentan en dos conceptos supremacistas: el “pueblo elegido” y la “tierra prometida”. El primero es utilizado para justificar la agresiva no asimilación en la diáspora, y el segundo para justificar el dominio agresivo sobre Palestina. En ambos casos, existe una actitud supremacista y una alianza agresiva entre la élite judía y diversos estados contra las poblaciones de acogida ‒la propia población sobre la que gobierna el mismo estado.

    Mientras que Estados Unidos fue concebido en la libertad, Israel fue concebido en la agresión. Sin embargo, existen varias soluciones libertarias: el asimilacionismo, el territorialismo y la cooperación, incluso en Palestina, mediante la privatización total de la infraestructura. Con la adopción del libertarismo, la paz y la prosperidad son aún posibles. Paradójicamente, las preocupaciones de seguridad podrían incluso facilitar la adopción de la forma más pura de libertarismo y la privatización total en “tierra santa”.

     

     

     

    Traducción Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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