
Hace muchos años, un descentralista y anarcocapitalista en ciernes sugirió a un par de contratistas especialistas en áreas del Pentágono, altamente remunerados que, en lugar de lo que hacíamos en el Cuerno de África, podríamos ganar credibilidad reconociendo a Somalilandia, que en aquel entonces era un país pacífico, con libre comercio y un raro ejemplo de gobierno orgánico, que no estaba en guerra ni la buscaba.
La sincera sugerencia fue recibida con al menos una sorpresa y dos miradas vacías. Posteriormente, no cambié de opinión, y en las tres décadas transcurridas desde entonces, Somalilandia ha perdurado. En 2003 escribí en LRC:
El milagro para los países jóvenes y emergentes es un autogobierno impulsado por la cultura, sin interferencias militares externas ni manipulación de grandes potencias ni alianzas enredadas. Es algo así como lo que los padres fundadores imaginaron para este país.
Nacida en un campo de batalla de la Guerra Fría, lo que hoy es Somalilandia sufrió un genocidio perpetrado por el gobierno respaldado por Estados Unidos en el Mogadiscio de Said Barre, del que surgió la independencia. 35 años después, la capacidad genocida estadounidense parece haberse intensificado, como lo ilustra la reducción masiva de la población de Ucrania en la guerra de cuatro años, y la literal aniquilación de Gaza en dos años.
Los libertarios de todo el mundo estaban, y deberían seguir estando, interesados en la experiencia de Somalilandia hasta la fecha. Ahora, de repente, Somalilandia ha cobrado importancia.
El gobierno israelí de Netanyahu ‒sordo y calculador‒ ha reconocido oficialmente una República Musulmana independiente con una Constitución, un sistema bancario dual que satisface las necesidades y preferencias del modelo occidental y del modelo islámico, y ha abrazado públicamente la autodeterminación y la libertad económica desde su independencia. Israel y Estados Unidos han estado buscando un país débil, no alineado y no militarizado, al que trasladar por la fuerza y de forma permanente a los gazatíes sobrevivientes. El candidato Trump afirmó que reconocería Somalilandia, presumiblemente para mejorar estratégicamente la flota estadounidense y su presencia aérea en el Cuerno de África y, como siempre, para apoyar mejor a nuestro mejor aliado con un nuevo lugar desde el que espiar y bombardear a los vecinos de Israel.
Un reconocimiento estadounidense de Somalilandia ‒en 1991 u hoy‒ sería fácilmente justificable basándose en la dignidad, una historia compartida de independencia, y la arraigada propaganda estadounidense sobre su papel en la difusión de la paz, la democracia y la autodeterminación por todo el mundo. Pero Washington carece de dignidad, de memoria, y nunca ha creído en su propia propaganda. Sólo existe una jerarquía de aliados e intereses que pueden ser amenazados, consolados, manipulados, castigados o recompensados. Dondequiera que se le encuentre, incluso mínimamente poderoso, el estado demuestra ser nada más que un instrumento totalmente monopolizado y grotescamente manipulado por sociópatas de baja imaginación.
Así pues, Netanyahu y la entidad de ocupación han asumido un riesgo, y como hemos visto, todos los estados liderados por sociópatas de baja imaginación se están desesperando cada vez más. Será interesante observar cómo se desarrolla el drama en este caso. La profunda desesperación en nuestras castas gobernantes, en Estados Unidos, en Europa y en Israel, es evidente: en sus políticas, en su gestión fiscal, en sus guerras y en la conducción de sus guerras, en su histeria.
Mis observaciones de 2003 incluyeron:
Marc Grossman, subsecretario de Estado de los EE.UU. para Asuntos Políticos, declaró recientemente que, de las medidas adoptadas por el nuevo liderazgo en Irak, espera que reconocer a Israel “sea una de las primeras cosas que hagan”. La salivación neoconservadora de Grossman sobre el nuevo estado de Irak y su verdadero propósito en la región, es vergonzosamente obvia. ¡Abajo, muchacho!
Pero les compraría a los neoconservadores una bolsa grande de golosinas premium si, tras reconocer a Israel, el nuevo gobierno iraquí reconociera a Somalilandia, el único y verdadero modelo regional de una democracia autoconstruida, de libre mercado y amante de la paz.
El mundo reconoció un estado palestino justo cuando los patos cojos Trump y Netanyahu estaban a punto de eliminarlo por completo. El reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel, posiblemente seguido por los EE.UU., es la decisión correcta, tomada por razones muy equivocadas y potencialmente peligrosas. El “reconocimiento” diplomático ‒ya sea por represalia o promocional‒ de estados de facto, es el principio básico de la política de las grandes potencias, y Estados Unidos lleva tiempo en ésto. Tanto durante la Guerra Fría como después, toda su política ha estado basada en elecciones, golpes de estado, revoluciones de colores y guerras inventadas, todo con el objetivo de crear “democracias” y expandir el imperio.
El petróleo también es un factor, y Estados Unidos y Taiwán (que reconoció a Somalilandia en 2020) se beneficiarán con su potencial petrolero, al igual que Israel. Por lo tanto, cada día parece revelarse que las intenciones del estado profundo estadounidense, propias del siglo XX, persisten inalteradas. Como nos recuerda Brian Berletic, la estrategia de seguridad no ha cambiado en absoluto.
Los estados y las fronteras no son un don divino, y nunca lo fueron. Aunque a los políticos les interese la cartografía, la gente sólo anhela paz, libertad y prosperidad básica. No es una buena noticia para Somalilandia que monstruos imperialistas desconectados de la realidad estén otorgando “reconocimiento” ahora, sólo porque los genocidas de ambas capitales ven en ello una nueva herramienta, un nuevo instrumento para sostener y extender las peligrosas políticas estadounidenses e israelíes.
Curiosamente, los demás estados de la región que se oponen rotundamente a la maniobra de Israel, en este caso también lo hacen únicamente por el estatismo, no por el respeto ni por los valores compartidos de libertad y autodeterminación. La República de Somalilandia es vista, y será vista por sus nuevos “amigos”, así como por sus enemigos, como un cordero que va al matadero. Al igual que con Somalia, hace décadas aliada de EE.UU. bajo el gobierno de Barre, y Etiopía, aliada de EE.UU. hoy, en lugar de un toque de Midas, la “amistad” entre los gobiernos de EE.UU. e Israel pervertirá la paz y la prosperidad ganadas con tanto esfuerzo por la pequeña Somalilandia, en socialismo asistencialista, militarismo, servilismo político-económico y, si la historia se repite, incluso en genocidio.
No es una situación ideal, pero es grato ver a Somalilandia en las noticias. Durante mucho tiempo he albergado la esperanza de que su modelo republicano y su éxito en la descentralización de la Somalia poscolonial, así como su énfasis en la paz como valor nacional, puedan informar e incluso guiar el futuro de EE.UU., a medida que rechazamos nuestro propio gobierno federal hostil, y nos convertimos en descentralizados, liberados y pacíficos. Que Somalilandia perdure por mucho tiempo y viva en paz eterna. ¡Samo ku waar!
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko








