Únase al ejército de EE.UU.: mate y muera por Israel

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    Una vez más, los militares estadounidenses se ven envueltos en una guerra injusta al servicio de una potencia extranjera.

    La decisión del presidente Trump de unirse con Israel en el lanzamiento de una guerra para derrocar al régimen iraní, ya ha costado hasta el momento la vida de al menos 13 militares estadounidenses. Más de 200 han resultado heridos, docenas de éstos con la suficiente gravedad como para requerir su evacuación a hospitales militares en Europa y Estados Unidos. Entre ellos se encuentran personas que han sufrido traumatismos craneoencefálicos, quemaduras y heridas de metralla. Uno de ellos se enfrentaba a la posible amputación de un brazo o una pierna.

    Si bien estos militares y sus familias son víctimas de la justa represalia de Irán por un ataque sorpresa perpetrado en medio de negociaciones en curso, también son víctimas de la traición perpetrada por su presidente y el Estado Mayor Conjunto, quienes los involucraron en una guerra de agresión inconstitucional, disfrazada con mentiras e iniciada para promover la agenda de un gobierno extranjero, mientras socavan la seguridad de su propio país.

    Por supuesto, las bajas estadounidenses representan una ínfima parte del total de víctimas. Al librar esta injusta guerra, los estadounidenses han infligido colectivamente mucha más muerte y mutilación que la que han sufrido, aliándose con sus homólogos israelíes para asesinar a más de 3.000 iraníes, incluyendo a más de 150 niñas ‒en su mayoría de entre 7 y 12 años de edad‒, cuya escuela fue destruida por misiles crucero Tomahawk al comienzo mismo de la guerra.

    Aunque debería haber sido evidente, la Operación Furia Épica debería dejar claro que ‒más allá de las buenas intenciones de los militares‒ el combate librado bajo la bandera estadounidense rara vez tiene que ver con la seguridad de Estados Unidos. Además ‒y lo digo como ex miembro de la Reserva del Ejército y ex oficial del Ejército Regular‒, cualquiera que piense en iniciar o prolongar una carrera militar, debería comprender que su gobierno podría enviarlo a la muerte, a sufrir mutilaciones o daños psicológicos, y a masacrar a inocentes extranjeros, siempre y cuando ésto ayude a quienes ostentan el poder a mantener buenas relaciones con los extremistas que gobiernan Israel y con sus poderosos colaboradores dentro de Estados Unidos.

    Una nueva guerra de cambio de régimen basada en premisas falsas

    Según el derecho internacional, una guerra de agresión es considerada un supremo crimen de guerra. La Operación Furia Épica es precisamente eso. Al igual que muchas de las guerras estadounidenses anteriores, ésta fue lanzada en base a premisas falsas. Contrariamente a la narrativa estadounidense-israelí …

    Irán no estaba desarrollando un arma nuclear. En 2007, la comunidad de inteligencia estadounidense determinó que en 2003 Irán había detenido cualquier esfuerzo para desarrollar un arma nuclear. Desde entonces, la comunidad de inteligencia ha revalidado periódicamente esa conclusión, la más reciente en Marzo de 2025. Desmintiendo la afirmación de Trump de que Estados Unidos tenía sólo dos semanas para impedir que Irán tuviera un arma nuclear, la Directora Nacional de Inteligencia, Tulsi Gabbard, testificó esta semana que Irán no había efectuado “ningún esfuerzo” para reconstruir su capacidad de enriquecimiento de uranio después de ser devastada por los bombardeos estadounidenses del verano pasado.

    Cabe señalar que, en 2005, el Líder Supremo, el Ayatollah Ali Khamenei, emitió una fatwa ‒interpretación formal de la ley islámica‒ en la que afirmaba que “la producción, el almacenamiento y el uso de armas nucleares están prohibidos por el islam, y que la República Islámica de Irán jamás adquirirá estas armas”. En el inicio de su última ofensiva contra Irán, Estados Unidos e Israel colaboraron en su asesinato.

    Irán no se apartó del acuerdo nuclear de 2015 hasta que Trump lo hizo. Cuando Trump retiró a Estados Unidos del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), Irán cumplía plenamente con sus términos. Entre otras cosas, el JCPOA exigía a Irán eliminar sus reservas de uranio enriquecido medio, reducir sus reservas de uranio poco enriquecido en 98%, limitar el enriquecimiento futuro a 3,67%, aceptar supervisión externa aún mayor que la que ya estaba implementando, y dejar inutilizable su reactor de agua pesada rellenándolo con hormigón. Tras la retirada de Estados Unidos del JCPOA por parte de Trump en 2018, y el restablecimiento de las sanciones, Irán esperó un año, pero luego comenzó a incumplir sus propios compromisos, utilizando el enriquecimiento de uranio como palanca para presionar por un nuevo acuerdo y el alivio de las asfixiantes sanciones. Irán afirma que el JCPOA le permitía suspender sus compromisos tras la retirada de Trump, citando la cláusula relativa a las “violaciones sustanciales” y el “incumplimiento significativo”.

    Irán es miembro del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), y ha cooperado durante mucho tiempo con las inspecciones y el monitoreo internacionales exigidos por el TNP. Por otro lado, Israel se ha negado a adherirse al TNP y posee unas 200 ojivas nucleares, situación que convierte cada dólar de ayuda estadounidense a Israel en ilegal, según la legislación estadounidense.

    Irán no era el socio problemático en las negociaciones. Cuando los historiadores escriban sobre los acontecimientos previos a este último desastre de cambio de régimen estadounidense, sin duda destacarán que Trump designó a Steve Witkoff y Jared Kushner para representar a Estados Unidos en sus negociaciones con Irán. Si bien muchos se burlan, con razón, de su falta de credenciales, es mucho más importante reconocer sus estrechos vínculos con el gobierno israelí y su primer ministro Benjamin Netanyahu, quien lleva décadas intentando involucrar a Estados Unidos en una guerra con Irán.

    Como escribe Branko Marcetic en un excelente artículo sobre las negociaciones en Responsible Statecraft:

    Witkoff es conocido por ser un firme defensor de Israel. Considera a la gran donante pro-israelí Miriam Adelson como una “querida amiga”, y lleva consigo un buscapersonas personalizado que le regalaron Netanyahu y altos funcionarios del Mossad, en alusión a una operación en la que Israel detonó remotamente miles de buscapersonas que supuestamente pertenecían a funcionarios de Hezbollah …

    Mientras tanto, Kushner ha estado inmerso en la comunidad pro-israelí toda su vida. De niño, Netanyahu era amigo de la familia, y el futuro primer ministro israelí a veces le pedía prestada su habitación durante sus visitas. Según se informa, Kushner consultó con funcionarios de Netanyahu para redactar el discurso de Trump de 2016 ante el Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí (AIPAC), y es amigo de figuras pro-israelíes de línea dura, además de haber donado dinero para la construcción de asentamientos ilegales en Cisjordania.

    Además de sus evidentes conflictos de intereses, Witkoff y Kushner se negaron a llevar expertos nucleares a sus reuniones con los iraníes lo que, según es informado, dejó a estos últimos perplejos sobre cómo se podría avanzar en la negociación sobre un tema tan técnico.

    Irán presentó una nueva oferta menos de 48 horas antes del ataque. En la última reunión previa al bombardeo, Irán ofreció concesiones que incluían la dilución de su uranio enriquecido a 60%, una pausa de varios años en el enriquecimiento, un límite máximo de 20% para el enriquecimiento posterior y mayor supervisión de la OIEA. Según fuentes, el asesor de seguridad nacional del Reino Unido, Jonathan Powell, quien asistió a esa reunión, se mostró sorprendido por la solidez de la oferta iraní, y la consideró un motivo para ser optimista respecto de la posibilidad de alcanzar un acuerdo.

    Tras descubrir que Witkoff estaba tergiversando gravemente la postura de Irán ‒cuando no mintiendo directamente al respecto‒, el ministro de Asuntos Exteriores de Omán, que había estado mediando en las conversaciones, viajó urgentemente a Washington para comunicar a la administración y a quien quisiera escuchar, que Irán había hecho concesiones sustanciales, algunas de las cuales superaban las disposiciones del JCPOA. Su misión fracasó. Posteriormente, un diplomático del Golfo declaró sin rodeos a The Guardian: “Considerábamos a Witkoff y Kushner como agentes israelíes que arrastraron a un presidente a una guerra de la que quería salir”.

    El programa de misiles balísticos de Irán no fue diseñado para la ofensiva. En un ejemplo de cambio de reglas del juego que resultaría ridículo si el contexto no fuera tan trágico, la administración Trump reabrió las negociaciones nucleares con una nueva exigencia: que Irán entregara sus misiles balísticos convencionales.

    La Casa Blanca afirmó que Irán estaba construyendo un “escudo convencional” que le permitiría ejercer una futura “extorsión nuclear”, pero cualquiera que haya estado atento pudo ver que esta exigencia surgió de la guerra de los 12 días del verano pasado, cuando Irán utilizó eficazmente misiles balísticos de última generación para responder a la agresión israelí.

    Este uso concuerda con la descripción que la inteligencia estadounidense hace de la postura militar iraní como principalmente defensiva. Como escribió la Agencia de Inteligencia de la Defensa de EE.UU. en un informe de 2019: “La estrategia militar convencional de Irán se basa principalmente en la disuasión y la capacidad de tomar represalias contra un atacante … Si la disuasión falla, Irán buscaría demostrar fuerza y ​​determinación, e imponer un alto costo a su adversario Es improbable que esta estrategia cambie considerablemente en el corto plazo.

    La exigencia del desarme convencional de Irán, y la exigencia de que el país, científicamente avanzado, pusiera fin a cualquier enriquecimiento nuclear, tenían algo en común: ambas fueron efectuadas a sabiendas de que serían rechazadas. Así describió Joe Kent ‒ex director del Centro Nacional Antiterrorista, quien renunció esta semana en protesta por la guerra‒ la exigencia de enriquecimiento en su extensa entrevista con Scott Horton posterior a su renuncia:

    Francamente, no creo que a los israelíes les importara mucho el enriquecimiento nuclear … Lo que creo que les importa es el cambio de régimen. Querían acelerar la guerra lo máximo posible, así que idearon el argumento de que el enriquecimiento cero era el punto de partida, sabiendo que eso era inaceptable para los iraníes.

    Irán no ha estado en guerra con Estados Unidos por 47 años. Al contrario, las hostilidades han sido mayoritariamente originadas en Washington, y cualquier análisis exhaustivo de la historia debería remontarse al menos 73 años atrás, a 1953. Fue entonces cuando Estados Unidos y el Reino Unido orquestaron el derrocamiento del primer ministro iraní, elegido democráticamente, y la instauración del Shah. El balance también debería incluir el apoyo estadounidense a la guerra de ocho años de Irak contra Irán en la década de 1980, lo que incluyó el suministro de información de inteligencia sobre objetivos de artillería a Irak, a sabiendas de que esos objetivos serían atacados con armas químicas. A ésto se suman décadas de bloqueos económicos que, reflejando la moral de Al Qaeda, infligen sufrimiento intencionalmente a la población civil, con el objetivo de forzar un cambio político. El verano pasado, sin provocación alguna Estados Unidos bombardeó el supuesto programa de armas nucleares de Irán. El alto el fuego que puso fin a la llamada “guerra de los 12 días” resultó ser una mera pausa estratégica antes de que Israel y Estados Unidos iniciaran su guerra total el 28 de Febrero.

    Un argumento central en la narrativa de la “guerra de 47 años” culpa falsamente a Irán de la muerte de “miles” de estadounidenses en Irak, supuestamente por dirigir a milicias chiítas para atacar a estadounidenses, y equiparlas con dispositivos explosivos improvisados ​​(IED). En una breve presentación en su blog Substack, el ex oficial de la Infantería de Marina Matthew Hoh, quien dirigió los esfuerzos contra los IED ​​en Irak, desmanteló esa narrativa tan arraigada. Sus puntos clave:

    • La gran mayoría de los militares estadounidenses muertos en Irak fallecieron a manos de grupos de resistencia sunníes. Irán brindó cierto apoyo a las milicias chiítas, pero Hoh denuncia la hipocresía de los funcionarios estadounidenses al afirmar que sólo Irán tiene las manos manchadas de sangre, sin culpar de la misma manera a las monarquías del Golfo, alineadas con Estados Unidos, las que respaldaron a las milicias sunníes en Irak.
    • Los estadounidenses eran una fuerza de ocupación en un país que las fuerzas estadounidenses habían devastado y que estaba sumido en una guerra civil, lo que significa que tanto las milicias chiítas como las sunníes tenían sus propios motivos para utilizar la violencia contra ellos. Hoh señala que la narrativa, ya de hace décadas, de que los iraquíes mataban a soldados y marines estadounidenses por órdenes de Irán, “no sólo ayudó a justificar una guerra anhelada con Irán, sino que también reforzó la ficción de la ocupación estadounidense como benévola y liberadora”.
    • La acusación de que Irán mató a estadounidenses con IED está centrada en la afirmación de que Irán proporcionó a las milicias chiítas un tipo especial de IED, llamado proyectil perforante de formación explosiva (EFP). “Cualquiera con conocimientos básicos sobre explosivos, y un taller mecánico decente, puede fabricar un EFP, afirma Hoh. Dada la abundancia de explosivos y otros materiales en el Irak devastado por la guerra, Hoh señala que “las fuerzas chiítas pudieron producir EFP en masa en Irak. El contrabando de EFP desde Irán era innecesario”.

    Irán no es el “principal patrocinador mundial del terrorismo”. Si ese título fuese otorgado por méritos, entre los principales candidatos estarían Arabia Saudita, Estados Unidos e Israel. El gobierno estadounidense aplica selectivamente la etiqueta de “estado patrocinador” para difamar a países y, lo que es más importante, como base para imponer sanciones económicas. Como hemos visto en el caso de Cuba y otros, los secretarios de Estado estadounidenses tienen plena discreción para aplicar la etiqueta de “estado patrocinador del terrorismo” y retirarla, sin el debido proceso y sin la carga de la prueba.

    “La lista de organizaciones terroristas de Estados Unidos es, a estas alturas, ridícula, porque eliminamos grupos arbitrariamente según nos gusten o no políticamente, y no porque hayan participado o sigan participando en actos terroristas”, declaró Trita Parsi, cofundador del Instituto Quincy para la Gobernanza Responsable, en una reciente aparición en el programa Judging Freedom. “Los sudaneses salieron de la lista de terroristas del Departamento de Estado simplemente por aceptar normalizar sus relaciones con Israel, sin más”.

    Es cierto que Irán ha patrocinado a varios grupos en Oriente Medio que buscan contrarrestar la hegemonía estadounidense e israelí en la región. En ocasiones, algunos de estos grupos, como Hamas, han utilizado la violencia contra civiles para lograr fines políticos, lo cual es la definición misma de terrorismo.

    Sin embargo, la condena de Estados Unidos e Israel al apoyo iraní a estos grupos es profundamente hipócrita, considerando que Estados Unidos e Israel también han respaldado a fuerzas que han perpetrado actos terroristas. De hecho, si el patrocinio de Hamas es perjudicial para Irán, también lo es para Israel y Netanyahu, quienes durante mucho tiempo fomentaron el ascenso de Hamas incluso después de que fuese calificada como organización terrorista.

    Luego está la campaña de cambio de régimen en Siria, en la que Estados Unidos y sus aliados del Golfo fortalecieron a terroristas que decapitaban a sus tropas, mientras que Israel recompuso a miembros de Al Qaeda y los envió de vuelta al combate. Cabe recordar que Hezbollah, respaldado por Irán, y las milicias chiítas, fueron fundamentales para derrotar al ISIS, la monstruosa organización terrorista surgida de la campaña de cambio de régimen en Siria llevada a cabo por Israel.

    La destrucción de Oriente Medio para el “gran Israel”

    La guerra contra Irán no se trata de armas nucleares, misiles balísticos ni terrorismo de estado. Es la continuación del programa israelí de larga data para lograr el dominio total sobre Oriente Medio mediante la repetida destrucción de los estados y territorios circundantes. Así lo describe John Mearsheimer, de la Universidad de Chicago:

    Los israelíes quieren asegurarse de que sus vecinos sean débiles, lo que significa dividirlos, si es posible, y mantenerlos divididos … Quieren que Siria sea un estado fragmentado. Quieren que Líbano sea un estado fragmentado. ¿Qué pretenden con Irán? … Lo que los israelíes quieren es desmembrar Irán. Quieren que se parezca a Siria.

    Para muchos en Israel, esta estrategia no se trata simplemente de salvaguardar la versión actual de Israel. Más bien, es un medio para alcanzar el sueño expansionista del “gran Israel”. Si bien las interpretaciones varían, esta visión suele ir mucho más allá que la anexión de Cisjordania y Gaza, incluyendo también la toma de territorio egipcio al este del Nilo, junto con la totalidad o parte de lo que hoy son Líbano, Jordania, Arabia Saudita e Irak.

    Fueron vistos soldados de las FDI en Gaza luciendo parches representando al “gran Israel”.

    El gobierno estadounidense ha apoyado y fomentado esta despiadada estrategia de diversas maneras, desde el armamento para Israel, hasta la realización de operaciones encubiertas para instigar disturbios y equipar a grupos militantes, pasando por el uso directo de la fuerza militar estadounidense. El costo humano ha sido incalculable. Sólo en las guerras de cambio de régimen contra Irak y Siria, han muerto más de medio millón de personas, y se cree que muchas más fallecieron por causas secundarias, como enfermedades.

    Lamentablemente, parece que ahora le toca a Irán sufrir las consecuencias de la búsqueda de la supremacía israelí. Irán ha sido la obsesión de Netanyahu: tras el lanzamiento de la Operación Furia Épica, Netanyahu declaró con entusiasmo que la colaboración de Trump significa que Israel finalmente está haciendo lo que Netanyahu ha “anhelado hacer durante 40 años”.

    Para subrayar la naturaleza despiadada y maliciosamente deshonesta de la campaña para derrocar al régimen iraní, cabe destacar que Israel y Estados Unidos presentaron su ataque sorpresa contra Irán como una empresa virtuosa, destinada a liberar al pueblo iraní del régimen teocrático. El día en que Israel y Estados Unidos lanzaron esta nueva guerra contra Irán, Netanyahu instó a los iraníes a levantarse: “No se queden de brazos cruzados; muy pronto llegará el momento en que deberán salir a las calles para terminar el trabajo y derrocar al régimen totalitario”.

    Sin embargo, al mismo tiempo que Netanyahu hacía un llamado a la insurrección iraní, altos funcionarios israelíes les decían en privado a diplomáticos estadounidenses que “el pueblo sería masacrado” si continuaban con esas exhortaciones. Por supuesto, cualquier masacre de este tipo serviría a los intereses israelíes, ya que podría ser utilizada para justificar acciones más enérgicas de cambio de régimen, incluyendo lo que posiblemente sea el mayor deseo de Netanyahu: la invasión terrestre estadounidense.

    Asesinato de inocentes, catástrofe global

    Es difícil de imaginar, pero podría haber algo aún peor que comprometerse con la defensa de Estados Unidos, sólo para morir o resultar mutilado en una campaña para promover la agenda de un gobierno extranjero que es mucho más un parásito que un aliado: matar, herir y empobrecer a personas inocentes para ese mismo gobierno.

    Hasta el 19 de Marzo, más de 3.000 iraníes habían muerto en ataques estadounidenses e israelíes, según HRANA, organización de derechos humanos centrada en Irán. De ese total, 1.394 eran civiles, incluidas las decenas de estudiantes que murieron el primer día; 639 muertos no han sido aún clasificados como militares o civiles.

    Ha habido más de 1.100 bajas militares iraníes. Entre los militares iraníes fallecidos se encuentran 87 marineros cuyo barco, ligeramente armado, fue hundido por un torpedo estadounidense frente a las costas de Sri Lanka. El barco no sólo se encontraba lejos de la zona de guerra, sino que, según se informó, estaba ligeramente armado, ya que regresaba de un ejercicio multinacional, en gran medida ceremonial, organizado por India con el fin de fomentar la cooperación marítima internacional.

    Dado que murieron como víctimas de una guerra de agresión injusta, estos y otros miembros fallecidos del ejército iraní fueron igualmente víctimas inocentes de la guerra de Estados Unidos por Israel. Cabe señalar, además que, a diferencia de todos los estadounidenses que siembran la muerte desde el aire, la tierra o el mar, la mayoría de los iraníes uniformados son conscriptos, no voluntarios.

    Dicho ésto, hay motivos para empatizar con los militares estadounidenses voluntarios, a quienes ahora se ha sido ordenado participar en esta guerra. Antes de su alistamiento o nombramiento como oficiales, la mayoría carece de la preparación necesaria para discernir la verdadera naturaleza del servicio militar estadounidense, más allá de la fachada patriótica. En cierto modo, son víctimas de un gran engaño. Millones de sus conciudadanos son cómplices inconscientes de ese fraude, en la medida en que contribuyen a perpetuar la falsa creencia de que el servicio militar es inherentemente virtuoso e invariablemente beneficia al pueblo estadounidense.

    Con los marines avanzando hacia el Golfo Pérsico, la 82ª División Aerotransportada preparándose, y Netanyahu refiriéndose crípticamente a la necesidad de un “componente terrestre”, el número de estadounidenses muertos, heridos, mutilados y con trastorno de stress postraumático podría dispararse. Dada la naturaleza injusta de esta guerra, muchos seguramente enfrentarán una vida lidiando con un tipo de herida menos conocida: el daño moral, que es el sufrimiento psicológico y emocional que surge de haber presenciado, participado o no haber podido impedir, actos que atentan contra las propias convicciones morales.

    Es importante destacar que el sufrimiento derivado de esta guerra de agresión no se limita a Estados Unidos, Israel, Irán y los estados del Golfo que albergan bases estadounidenses. Personas de todo el mundo ya están lidiando con la creciente escasez y el aumento del precio del petróleo y del gas. Los países asiáticos son particularmente vulnerables, y ya están tomando medidas como el racionamiento de combustible, la reducción de la jornada laboral, el fomento del teletrabajo, y el cierre de hoteles afectados por la fuerte disminución del tráfico aéreo; todo ésto después de menos de tres semanas del cierre del Estrecho de Ormuz a la mayor parte del tráfico.

    Esta caja de Pandora de males tiene consecuencias mucho más graves. Por ejemplo, el suministro mundial de medicamentos está cada vez más en peligro. “Casi la mitad de los medicamentos genéricos de Estados Unidos provienen de India, la que depende del Estrecho de Ormuz para la llegada de insumos clave en la fabricación de sus medicamentos”, explica CNBC. El Golfo también suministra cerca de la mitad de la urea mundial ‒componente de los fertilizantes agrícolas‒, y el precio que los agricultores estadounidenses de maíz pagan por el fertilizante ha aumentado más de 70%. Ésto presagia un aumento en los precios de los alimentos en todo el mundo, con la desnutrición y el hambre como riesgo real en algunas regiones.

    Es evidente que, si la guerra continúa y el Estrecho de Ormuz permanece cerrado, sin duda provocará una catástrofe sanitaria mundial, una devastadora depresión económica, un aumento de la delincuencia y disturbios sociales. La reputación de Estados Unidos se verá profunda e irreparablemente dañada en un mundo unido en indignación por la decisión ilegal de un presidente estadounidense de lanzar esta guerra insensata en favor de Israel. Es probable que los ciudadanos estadounidenses sufran actos terroristas inspirados por esta última atrocidad cometida contra un país musulmán.

    Y todo habrá comenzado con armas disparadas por militares estadounidenses …

    … militares que juraron defender la Constitución, pero recibieron órdenes inconstitucionales de librar una guerra sin autorización del Congreso.

    … militares que se unieron al ejército para defender a Estados Unidos, pero se convirtieron en peones de un país extranjero que dilapida la riqueza estadounidense, agota su arsenal, socava su seguridad y prestigio, ejerce alarmante influencia sobre sus instituciones, e incita al terrorismo contra los estadounidenses en su propio país.

    … militares que ahora deberían reconocer una cruda realidad: que son meros engranajes de una maquinaria que inflige repetidamente muerte, mutilación, enfermedad y miseria a innumerables inocentes al servicio del estado de Israel, un estado deshonesto y expansionista.

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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