El 7 de Octubre marca para siempre la gran revelación “¡Te vemos, Israel; te detestamos, te rechazamos!”

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    Lo que Israel ha perpetrado –y continúa perpetrando– en Gaza, no surgió ex nihilo a raíz del 7 de Octubre. El genocidio no es una contrarrespuesta coyuntural a una agresión. Es, en cierto modo, una revelación de su verdadera naturaleza.

    Dicho de otro modo: no existen antecedentes legítimos para el genocidio. El genocidio no es un “crimen de guerra” al que puedan ser aplicadas defensas legales atenuantes o exculpatorias.

    El genocidio es un crimen indefendible por sí mismo –“el más negro de todos los crímenes”–, para el que no existen circunstancias atenuantes ni defensas legales.

    El etnocidio, el despoblamiento, el domicidio y el asesinato masivo cotidiano jamás podrán ser justificados ni exculpados mediante argumentos jurídicos, éticos o históricos.

    Así que ahórrense los argumentos sobre el 7 de Octubre de 2023; nadie quiere escucharlos. Del mismo modo que no existen atenuantes legales ni morales para el genocidio, tampoco hay defensas históricas para este “más negro de todos los crímenes”: el genocidio.

    Afirmar que se actúa con justicia, legitimidad o coherencia al perpetrar algo que no puede ser justo ni legítimo, es encarnar una contradicción y una incoherencia de lo más grotescas.

    Como mínimo, Israel merece –y aún no lo ha recibido– el rechazo unánime y el aislamiento reservados para aquellas entidades cuya existencia es una estafa y un fraude contra todos nosotros.

    La realidad es la verdad, tanto del pasado como del presente. La realidad del genocidio da lugar a verdades irrefutables. De los hechos de este genocidio del siglo XXI han surgido ciertas verdades inmemoriales e irrefutables que trascienden al tiempo. Verdades sobre Israel.

    A través de Gaza, el mundo ha conocido el proceder de Israel con los palestinos, con sus tierras y con sus hogares; incluso los actos que los terroristas israelíes perpetran habitualmente contra los objetos más íntimos y cotidianos que conforman un hogar.

    A través de Gaza, hemos conocido el modo de actuar de Israel en todo el Levante y más allá. Desarraigan a la gente y salan la tierra para siempre. Arrancan de cuajo comunidades ancestrales y sus olivares. Por pura diversión. Deforman de por vida a los bebés y los rostros infantiles de los niños.

    La realidad sobre el terreno es la de un genocidio en curso, un exterminio diario. En conjunto, “durante tres años ha muerto un niño en Gaza cada 71 minutos”. Esta campaña de exterminio no afecta sólo a los niños –el único segmento de la sociedad palestina que los conservadores estadounidenses se sienten cómodos defendiendo–, sino también a adultos, jóvenes y mayores: adultos admirables y valiosos. Las vidas de los adultos importan.

    Dejando a un lado la Hasbara y la narrativa mítica oficial, basta con observar Gaza y a los gazatíes –sin necesidad de grandes conocimientos históricos– para llegar a la verdad sobre Israel.

    Gracias a los palestinos de Gaza –los vivos, los mártires, y aquéllos que aún resisten–, la verdad sobre Israel trasciende ya la historia.

    Para llegar a esa verdad sobre Israel, no hace falta saber mucho sobre la génesis del llamado “conflicto” entre israelíes y palestinos en la Palestina histórica. Me atrevería a decir que apenas es necesario conocer nada de esa historia para comprender la verdad sobre la realidad vivida por los palestinos. Uno es lo que hace.

    Conocemos al Israel real a través de las acciones de israelíes reales en Gaza. Sabemos cómo opera Israel y cómo piensa la mayoría de su población. Estas certezas han surgido del genocidio de Gaza, que ha mostrado al mundo –con cruel nitidez– cómo actúa Israel y, por extensión, qué es Israel.

    Desde Octubre de 2023, el mundo conoce con detalle lo que ese Israel intocable –tanto el estado como la sociedad civil– ha hecho y sigue haciendo en la Franja, en Cisjordania y en el sur del Líbano.

    Pero ¿qué han logrado los gazatíes, tanto los vivos como los mártires? Muchísimo. En cierto modo, Palestina y los palestinos han ganado.

    Gaza ha dejado al descubierto a Israel como la fuerza moral y militarmente corrupta que es. El genocidio de Gaza ha invalidado, lisa y llanamente, a Israel, y ha validado la causa palestina.

    Cuando uno se encuentra atrapado entre las espirales de una boa constrictora … Es un consuelo menor saber –como los palestinos siempre han sabido– que, si bien permanecen cautivos en apariencia están, no obstante, verdaderamente liberados de la propaganda política antiliberal que atenaza a Occidente.

    Así pues, también deben saber que han mostrado el camino a las personas de bien de todo el mundo. De una vez por todas, el genocidio de Israel retransmitido por televisión ha corroborado la realidad vivida por los palestinos: los motivos de su indignación y su derecho a la resistencia y a la reparación.

    Durante décadas, los palestinos nos han dicho que han sido víctimas de asesinos y ladrones. Nos han contado que los matan y les roban de forma sistemática. Su realidad vivida ha quedado confirmada de manera irrefutable y universal.

    “Es complicado”, insisten en replicar los partidarios de Israel. “Infórmate antes de abrir la boca”. Lo cierto es todo lo contrario. Es absurdamente sencillo. A un ser humano moral y consciente no le hace falta saber gran cosa sobre la historia de la región para llegar a esta conclusión.

    Israel ha tenido el descaro de escenificar su genocidio contra los palestinos de Gaza ante un auditorio abarrotado: el mundo entero. Lo más indignante de todo es que, en el transcurso de este genocidio tan público, Israel ha incurrido en la madre de todas las contradicciones performativas: negar el genocidio mientras lo perpetra abiertamente, reivindicando de hecho un derecho innato a perpetrarlo.

    Piénselo: negar una acción genocida en curso –retransmitida en directo y en horario de máxima audiencia–, al mismo tiempo que es perpetrada, y luego acosar y dañar a cualquiera que se atreva a señalarlo: se trata de una contradicción performativa de una categoría única, sin parangón.

    Atrapado en el prolongado acto del genocidio, el culpable –Israel– ha seguido reclamando con arrogancia, y obteniendo, el derecho a continuar asesinando y estafando sin ser considerado ni tratado como asesino y estafador.

    En esencia, Israel existe entre las naciones como una aberración privilegiada, protegida y bien financiada, que perpetra una maldad indescriptible, contando con la bendición y la absolución universales.

    Insisto en esta realidad tan indignante, porque me afecta profundamente: al mismo tiempo que Israel y sus serviles admiradores occidentales han asesinado y estafado, han ordenado al mundo negar el genocidio de Israel, negar luego el engaño de Israel sobre dicho genocidio y, finalmente, justificar ambas cosas bajo pena de ser defenestrados, cancelados, desterrados, arrestados o algo peor.

    Pero todo ha sido en vano. La acción humana es la clave innegable de la realidad creada por el hombre. Israel y Estados Unidos han actuado; se han revelado a sí mismos. Han quedado al descubierto.

    “Así como se puede identificar un árbol por sus frutos, también se puede identificar a las personas por sus acciones”, como nos enseñó Jesús. Como nos advierte en Mateo 7:20: “Así que por sus frutos los conoceréis”. A excepción de las élites políticas gobernantes de corazón endurecido, la matanza masiva perpetrada por Israel en Gaza, ha conmovido los corazones de la gente común en todo el mundo. Surgió una conciencia colectiva en torno de Palestina. Se movilizaron mentes humanas –no inteligencias artificiales– que expresaron: “Te vemos, Israel. Te detestamos. Te rechazamos”.

    Ésto es lo que el 7 de Octubre marcará y simbolizará para siempre: el triunfo de los palestinos sobre la realidad alternativa que Israel y nuestras élites gobernantes han difundido masivamente por todo el mundo.

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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