El testimonio de Fauci sobre el covid-19 ante el Congreso fue condenatorio, y surgen más preguntas

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    El Dr. Anthony Fauci se reunió la semana pasada con el Subcomité Selecto de la Cámara sobre la Pandemia de Coronavirus. Durante una sesión de 14 horas, el ex director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas fue interrogado por legisladores sobre diversos temas, incluidos los orígenes del covid-19, la vacunación forzada, la obligación de usar mascarilla, y la pérdida de aprendizaje de los estudiantes debido a los cierres de escuelas.

    Aunque la entrevista fue llevada a cabo a puertas cerradas, los medios y los legisladores informaron sobre partes del testimonio de Fauci, ofreciendo varias revelaciones, incluido el hecho de que Fauci dijo que “no estaba convencido” de que los escolares hayan realmente experimentado pérdida de aprendizaje durante la pandemia.

    Una gran cantidad de evidencia contradice la creencia de Fauci, incluida una investigación citada por la revista Harvard, que muestra “una disminución significativa” en los últimos tres años en lectura, matemáticas e historia, parte de lo que el consejo editorial de The New York Times describió recientemente como “la disrupción más dañina en la historia de la educación estadounidense”.

    Pero dejemos de lado por ahora la pérdida de aprendizaje y las negaciones de Fauci. Sus confesiones son lo suficientemente condenatorias.

    Tomemos como ejemplo el “distanciamiento social”, la idea por la que las personas tenían que estar a dos metros de distancia entre sí en público, ritual en el que prácticamente todos participamos en un momento u otro, para comer algo en nuestro restaurante local. Fauci admitió ante los legisladores que la política era básicamente una farsa, algo que “simplemente apareció”, careciendo de base científica.

    O tomemos las consecuencias no deseadas de las políticas coercitivas de vacunas que defendió Fauci, y que los gobiernos iniciaron a nivel federal, estatal y local. Fauci, quien en privado dijo a los funcionarios que “está demostrado que cuando se le pones las cosas difíciles a las personas en sus vidas, pierden sus mierd*** ideológicas y se vacunan”, admitió que las políticas coercitivas de vacunas que él defendía probablemente aumentaron las dudas sobre las vacunas. (La evidencia sugiere que posiblemente tenga razón).

    Y luego, la hipótesis de que el covid-19 surgió de un laboratorio del Instituto de Virología de Wuhan, en el que el gobierno de los Estados Unidos financiaba peligrosas investigaciones sobre “ganancia de función”. Inicialmente, Fauci se rió de la posibilidad de que el covid-19 pudiera haber surgido de aquel laboratorio, calificándolo de “molecularmente imposible”. (El gobierno de los Estados Unidos también colaboró con empresas de redes sociales para censurar a los usuarios que especulaban con que el covid-19 podría haber surgido de ese instituto).

    Según los legisladores del Congreso, ahora Fauci admite que la hipótesis de la fuga del laboratorio no era una teoría conspirativa.

    En resumen, Fauci admitió que impulsó protocolos contra el covid-19 carentes de rigor científico; abogó por políticas coercitivas de vacunas, para alterar la vida de las personas que posiblemente alimentaron las dudas sobre las vacunas; y calificó injustamente a millones de personas como teóricos conspirativos por formular hipótesis sobre el origen del covid-19, sobre lo que ahora el FBI admite que es posible que sea cierto.

     

     

    Estas confesiones son condenatorias y, con suerte, marcan el comienzo de un mea culpa mucho mayor por parte de Fauci y su superior de toda la vida, el Dr. Francis Collins, ex director de los Institutos Nacionales de Salud (NIH).

    En una entrevista que pasó desapercibida el verano pasado, Collins también admitió “errores”, y explicó que en salud pública los funcionarios a menudo adoptan una visión muy estrecha sobre los efectos de las políticas de salud.

    “Se concede un valor infinito a detener la enfermedad y salvar una vida”, dijo Collins. “No se le asigna ningún valor a si ésto altera totalmente la vida de las personas, arruina la economía y mantiene a muchos niños fuera de la escuela, de una manera de la que nunca podrían recuperarse”.

    Collins no se equivoca. Ésta es una de las lecciones más básicas de la economía: no hay soluciones para problemas complejos, sólo compensaciones. Es por eso que los economistas sensatos plantearon objeciones al mantra “si salva sólo una vida” al principio de la pandemia.

    “La gente racional entiende que el mundo no funciona así. Independientemente de si las reconocemos o no, existen compensaciones”, escribieron el politólogo James Harrigan y el economista Antony Davies en Abril de 2020. “Y reconocer las compensaciones es una parte importante de la elaboración de políticas sólidas”.

    Harrigan y Davies no estaban solos. Muchos economistas y funcionarios de salud pública reconocieron esta verdad en 2020. Pero en lugar de escuchar o de abrir un diálogo para elaborar soluciones sensatas, Collins y Fauci planearon “derrotarlas”. No es así como opera la ciencia. Tampoco es como se deben conducir las políticas públicas.

    Ésto me lleva de nuevo al reciente testimonio de Fauci ante el Congreso.

    El hecho de que Fauci finalmente esté comenzando a confesar el papel que desempeñaron sus políticas en uno de los peores desastres de la historia moderna, es una buena noticia. Pero una audiencia de dos días a puertas cerradas no es suficiente para algo de esta magnitud, ni para las acusaciones que enfrenta Fauci, que incluyen un intento por influir en el informe de la CIA sobre los orígenes del covid-19.

    Afortunadamente, se espera que se celebre una audiencia pública en las próximas semanas o meses. Esperemos que los legisladores, tanto demócratas como republicanos, se hayan​ preparado para efectuar preguntas importantes.

     

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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