La ciencia económica es una ciencia universal basada en la razón humana

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    En los debates sobre “descolonización”, se suele argumentar que cada cultura debe encontrar su propio camino hacia el progreso económico. En este contexto, la idea de la economía inclusiva es que construir una sociedad diversa, requiere que la economía tenga en cuenta “las relaciones de poder, la opresión, los cambios cualitativos en las relaciones sociales y … lo más importante, el papel del colonialismo y la trata de esclavos”. Se afirma que, a menos que sean considerados esos factores, la economía seguirá estancada en una “comprensión completamente eurocéntrica de las leyes económicas [sobre las que se considera que] operan de manera universal en todo el mundo”.

    Ésto debe ser entendido  en el contexto más amplio del multiculturalismo y la idea de que todas las culturas son iguales: “La premisa central del credo multiculturalista, después de todo, es que todas las culturas son creadas iguales. Juzgar otras culturas según los standards occidentales, es imperdonablemente etnocéntrico”. De ésto, los multiculturalistas deducen que todas las civilizaciones son iguales, y que ningún principio económico es mejor que otro. Por ejemplo, se dice que los economistas del desarrollo, como Peter Bauer, que defienden la propiedad privada y sostienen que ciertas actitudes culturales impiden el progreso económico, no tienen lecciones aplicables al tercer mundo.

    Al suponer que los principios económicos varían de una cultura a otra, los multiculturalistas rechazan la idea de que los principios económicos sean universales. En Human Action, Ludwig von Mises sostiene que la economía debe ser entendida como “una parte, aunque hasta ahora la mejor elaborada, de una ciencia más universal: la praxeología”. Mises afirma que todos los seres humanos están guiados por los mismos motivos humanos; a saber, “luchar con éxito por la supervivencia, y utilizar la razón como arma principal en estos esfuerzos”. Pone el ejemplo de la lucha contra la enfermedad y el sufrimiento: las culturas que carecen de los avances de la medicina occidental, no “renunciarían a la ayuda de un médico europeo porque su mentalidad o su visión del mundo les llevaran a creer que es mejor sufrir que aliviar el dolor”. Si las personas no logran alcanzar sus objetivos –en este ejemplo, donde carecen de avances en medicina–, ese fracaso no significa que tengan motivos diferentes a los de quienes efectuaron esos avances, sino que simplemente indica que no han logrado alcanzar importantes objetivos a los que aspiran. Por lo tanto, Mises ve la praxeología como “una teoría general de la acción humana”, en lugar de ser estrictamente aplicable a ciertas culturas en condiciones históricas y culturales específicas.

    Como señala David Gordon en Hermenéutica versus economía austriaca, esta comprensión de la economía como un conjunto de principios generales universalmente aplicables, no se limita a la economía austriaca: “Pero los austriacos, por supuesto, no son los únicos economistas que creen en el mundo exterior: los neoclásicos, por muy libremente que permitan hipótesis poco realistas, no tienen dudas de que existe un mundo real fuera de sus ecuaciones, contra el cual proponen medir las predicciones resultantes de su versión de la teoría económica”.

    Los errores del polilogismo

    Una de las importancia de considerar que los principios económicos son universalmente aplicables para comprender el mundo externo, reside en evitar los peligros del polilogismo. Pierre Perrin define el polilogismo así: “El polilogismo es una visión epistemológica basada en la proposición de que la estructura lógica de la mente es sustancialmente diferente entre grupos humanos. Por tanto, implica que las leyes lógicas del pensamiento (es decir, la ley de no contradicción, modus ponendo ponens, etc.) son diferentes entre los grupos a los que pertenecen los individuos”.

    Por ejemplo, el polilogismo sostiene que la lógica varía según la raza, el sexo, la cultura o la clase. Trata el razonamiento económico como dependiente de la identidad personal de un pensador, de lo que se deduce que los principios económicos son una cuestión de elección o preferencia que varía de un grupo de identidad a otro. Perrin observa que, si bien los pensadores progresistas pueden no describir explícitamente sus teorías como polilogísticas, adoptan implícitamente esa visión del mundo al tratar las teorías científicas como construidas enteramente social y culturalmente: “La variante relativista implica la imposibilidad de cualquier ciencia social universal (es decir, explicaciones de principios independientemente de circunstancias particulares de tiempo y lugar)”.

    La política de identidad se basa aún más en estas teorías polilogísticas, al insistir en que “tu verdad” difiere de “mi verdad” en función de nuestras identidades personales, y que ésto debería influir en la construcción de economías diversas e inclusivas.

    En defensa de la ciencia

    Las políticas de identidad y el relativismo progresista de que “todas las culturas son iguales”, son parte de una negación más amplia de la naturaleza universal de la ciencia. Actualmente prevalece en los círculos académicos la idea de que las ciencias naturales son eurocéntricas, y deberían ser deconstruidas para permitir “otras formas de conocimiento”. El movimiento “descolonizar el curriculum” niega la existencia de la ciencia como un conjunto de principios o hechos objetivos y universales.

    Por ejemplo, el sexo biológico es ahora tratado como una mera preferencia o creencia filosófica en la que uno puede elegir creer o no. De ahí que las llamadas feministas críticas de género declaren que creen que las mujeres existen. En una encuesta recientemente realizada a doscientos científicos de universidades británicas, 29% “estuvo de acuerdo con la afirmación de que el sexo no es binario” –en una encuesta, eligieron lo que creen que es mejor, en lugar de lo que es científicamente correcto en un sentido objetivo. Eso implica que la existencia de las mujeres no es un hecho objetivo, sino una creencia subjetiva; o, como lo formulan algunas feministas, implica que los “hechos objetivos” son nociones opcionales en las que cualquiera es libre de “creer” o no. Sería el equivalente a decir “creo en la gravedad” o “estoy de acuerdo con la gravedad”, falacia que expone Thomas Sowell en ¿Es opcional la realidad?

    Estos ejemplos ilustran que Mises tiene razón al colocar la negación de la naturaleza universal de la praxeología, la ciencia de la acción humana, en el contexto más amplio de la revuelta contra la ciencia. Ésto significa que la defensa de la praxeología es parte de una defensa filosófica de la ciencia misma. Mises argumenta:

    Tales doctrinas [polilogísticas] van mucho más allá de los límites de la economía. Cuestionan no sólo a la economía y a la praxeología, sino a todos los demás conocimientos humanos y al razonamiento humano en general. Se refieren tanto a las matemáticas y a la física, como a la economía. Parece, por tanto, que la tarea de refutarlos no recae en ninguna rama del conocimiento, sino en la epistemología y en la filosofía.

    Comprender la razón es primordial para comprender la libertad

    Basándose en la Crítica de la razón pura de Immanuel Kant, algunos filósofos han cuestionado la naturaleza y los límites de la razón. En cambio, la razón humana desempeña un papel central en el pensamiento libertario. En el sentido corriente del diccionario, la razón humana significa sencillamente “la capacidad de una mente sana para pensar y emitir juicios, especialmente basados ​​en hechos prácticos”.

    En La acción humana, Ludwig von Mises describe la razón como una cualidad universal común a todos los seres humanos, subrayando que la razón es “la marca que distingue al hombre de los animales, y ha dado lugar a todo lo que es específicamente humano”. Como todos los seres humanos tienen la capacidad de razonar, la lógica humana sólo puede proceder por referencia a la razón. La razón es la única base sobre la que podemos realizar investigaciones y esforzarnos por ampliar las fronteras del conocimiento. Como explica Mises: “Los científicos están obligados a tratar cada doctrina como si sus partidarios no estuvieran inspirados por nada más que la sed de conocimiento”.

    Quienes rechazan la universalidad de la razón humana intentan con ello evitar enfrentarse a sus dictados. Rechazan las conclusiones que se desprenden de “una cadena irrefutable de razonamientos”, y promueven descaradamente sus propias teorías irracionales si consideran que dichas teorías son políticamente convenientes. Por ejemplo, los teóricos críticos de la raza sostienen que la verdad objetiva, la razón y la racionalidad, son simplemente una tapadera para la imposición de valores europeos a personas no blancas y, por lo tanto, deberían ser rechazadas por quienes están a favor del multiculturalismo. Su respuesta a la acusación de que la teoría crítica de la raza es irracional, es que los conceptos mismos de razón y racionalidad son eurocéntricos y, por lo tanto, están justificado su rechazo:

    Como la teoría crítica rechaza la razón, no puede ser cuestionada. Bajo esta rúbrica, dice [Allen C.] Guelzo, el único propósito de las preguntas es servir a los intereses de la clase opresora, y “cualquier respuesta que se te ocurra, que no hable en términos de alguna estructura oculta de opresión, puede simplemente ser descartada como parte de la estructura de opresión”.

    Los teóricos críticos de la raza sostienen que, en lugar de ser universal, la lógica está determinada por características personales, como la raza o el sexo de uno. Por lo tanto adoptan el polilogismo, que Pierre Perrin define como “una visión epistemológica basada en la proposición de que la estructura lógica de la mente es sustancialmente diferente entre los distintos grupos”.

    Mises explica que “el motivo principal para el desarrollo de las doctrinas del polilogismo, el historicismo y el irracionalismo, fue proporcionar una justificación para hacer caso omiso de las enseñanzas de la economía en la determinación de las políticas económicas”. La respuesta de Mises a eso:

    es un pobre recurso improvisado deshacerse de una teoría haciendo referencia a su contexto histórico, al “espíritu” de su tiempo, a las condiciones materiales del país de su origen, y a las cualidades personales de sus autores. Una teoría está sujeta únicamente al tribunal de la razón. El criterio que se debe aplicar es siempre el criterio de la razón.

    Mises demuestra que rechazar la razón humana es incompatible con el florecimiento humano, el progreso económico y la civilización misma.

    Murray Rothbard también sostiene que la razón humana “dicta al hombre sus fines adecuados, así como los medios para alcanzarlos”. Enfatiza la cualidad distintiva de la razón para entender la naturaleza humana: “Y aquí llegamos a una diferencia vital entre las criaturas vivientes inanimadas o incluso no humanas, y el hombre mismo … el hombre, ‘el animal racional’, posee la razón para descubrir tales fines, y el libre albedrío para elegir”. Rothbard fundamenta los principios de la ley natural que sustentan su teoría de la ética, en “la razón y la investigación racional”.

    Mises no vincula la razón de esa manera con los principios de la ley natural, argumentando en cambio que “las enseñanzas de la filosofía utilitarista y la economía clásica no tienen nada que ver con la doctrina del derecho natural. Para ellas, el único punto que importa es la utilidad social”. Desde una perspectiva utilitarista, la razón por la que las personas no deberían optar por emprender una matanza violenta, no es porque viole un supuesto derecho natural a la vida, sino más bien porque esa conducta es contraria a los deseos últimos del hombre: “Si satisfaces tu sed de sangre, debes renunciar a muchos otros deseos. Quieres comer, beber, vivir en buenas casas, vestirte y mil cosas más, que sólo la sociedad puede proporcionar”. Nadie alcanzará sus metas en la vida si todos se atacan unos a otros con impunidad.

    Otros libertarios que no aceptan la filosofía de los derechos naturales, y que se basan en cambio en este tipo de explicaciones consecuencialistas o contractuales para la acción humana, han cuestionado el vínculo establecido por Rothbard entre la razón humana y los principios de la ley natural. Por ejemplo, Butler Shaffer pregunta:

    ¿Cómo se descubre el contenido de estos principios? ¿Cómo distinguimos la identificación de una persona de un “principio moral” trascendente, de la expresión de un prejuicio privado de otra persona? ¿Están haciendo los teóricos de los derechos naturales algo más que proyectar sus preferencias subjetivas en el universo, y luego caracterizarlas como “principios eternos”?

    La respuesta de Rothbard es que el contenido de los derechos naturales se deriva de la razón. En La ética de la libertad, sostiene:

    Una crítica común y repentina de los oponentes de la ley natural es: ¿quién debe establecer las supuestas verdades sobre el hombre? La respuesta no es quién sino qué: la razón del hombre. La razón del hombre es objetiva; es decir, puede ser empleada por todos los hombres para producir verdades sobre el mundo. Preguntar cuál es la naturaleza del hombre es invitar a la respuesta. ¡Ve, estudia y descúbrelo!

    De esta manera, aunque desde diferentes fundamentos filosóficos, tanto los filósofos de los derechos naturales como los utilitaristas defienden la importancia y el carácter indispensable de la razón humana. La razón humana es universal, pero su cualidad universal no significa que todas las personas tengan la misma capacidad de razonamiento –significa que todas las personas pueden razonar. Ésto tampoco significa que las personas sean siempre razonables, o que nunca se dejen influenciar por sus emociones o sentimientos irracionales, o que todas las opiniones razonables deban ser tratadas como objetivas y universales. Además, la afirmación no es que el proceso de razonamiento conducirá a la perfección o la omnisciencia, o que la gente nunca caerá en el error. Errar es humano. Sin embargo, como afirma Mises: “El hombre sólo tiene una herramienta para luchar contra el error: la razón”.

     

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko