Qué es autodeterminación

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Hoy en día la gente habla mucho sobre autodeterminación. Algunos denuncian la negación de la autodeterminación a “los palestinos”. Otros insisten en que sólo “el pueblo judío” puede tener derecho a la autodeterminación entre el río Jordán y el mar Mediterráneo. Israel aprobó una ley que declara ese principio en 2018.

Desafortunadamente, veo muy poca reflexión detrás del término autodeterminación. ¿Qué es? ¿De qué auto estamos hablando? ¿Qué es la determinación?

Éste y el tema relacionado del nacionalismo, son asuntos importantes que, como era de esperar, cuentan una abundante literatura. Me resistiré a hablar de naciones y nacionalismo. Karl Deutsch lo entendió bien: “Una nación … es un grupo de personas unidas por un error común [ficción podría haber sido una mejor palabra] acerca de su ascendencia, y una aversión común hacia sus vecinos”. También aprecio la idea de Ernest Gellner: “El nacionalismo engendra naciones”. No es al revés. Es más: son los individuos –a menudo con agendas de poder– los que engendran el nacionalismo. Finalmente, el nacionalismo engendra más nacionalismo, porque los vecinos que no les agradan pueden sentir la necesidad de responder.

Aquí, sólo quiero ayudar a aclarar los términos. Si hago mi trabajo, estoy seguro de que ofenderé a todos en algunas controversias espinosas.

Empecemos por auto. Sé lo que eso suele significar. Las personas son ellos mismos –las personas no “se tienen” a sí mismas. Todo el mundo sabe lo que significa ser “yo” y ser consciente de sí mismo. Lo evidente no necesita explicación.

Determinación se refiere en un sentido al proceso y resultado de la acción humana. Determinamos lo que sucedería haciendo lo que hicimos. O lo intentamos. Una persona puede determinar un resultado para sí misma (yo determiné que hoy me cortaría el cabello) o para otra persona (determiné que mi hijo se cortaría el cabello hoy). Nos gustaría mencionar sólo el primer ejemplo de autodeterminación. También podríamos llamarlo “propiedad de uno mismo”, frase acertada.

Lo que me angustia como individualista ético y metodológico –libertario– es que no veo que el término se utilice de esta manera. La prioridad es el grupo, la nación, el pueblo y demás. ¿Dónde están las personas?

Un grupo no tiene yo; comprende muchos “yo” –tantos como miembros tiene. Lo que lo convierte en un grupo puede ser una variedad de intereses o rasgos comunes y relaciones continuas; pueden tener costumbres, tradiciones, expectativas, roles, reglas y más. Pero nada de eso impide que el grupo sea una colección de individuos. Cuando un grupo decide, queremos decir que los miembros deciden. El grupo no decide literalmente.

Cuando decimos que un grupo es desposeído de su tierra o sometido a una agresión genocida, los crímenes son perpetrados contra sus individuos. Los individuos no deben ser reducidos a meros miembros, representantes o símbolos. No se trata de minimizar el genocidio. La cuestión es mantener el foco de atención donde corresponde: en los individuos, que pueden vivir o morir, y sin los cuales no existe ningún grupo. Si un grupo es importante, lo es porque importa a los individuos que lo componen. Es posible que consideren que su asociación es crucial para la vida que desean vivir. Pero siguen siendo individuos. Los individuos deciden (a menos que el estado o alguien más interfiera). Ellos valoran. Ellos son el grupo.

 

 

Si los individuos, por muchos que sean, se asocian pacífica, libre y regularmente, estableciendo una cultura, costumbres y reglas de gobierno, podemos decir por conveniencia que el grupo ejerce la autodeterminación. Si son invadidos y luego ahuyentan a los invasores, podemos decir que el grupo ha restaurado su autodeterminación. Pero debemos tener cuidado: un grupo tiranizado por uno de “los suyos”, o por una mayoría democrática, no es más autodeterminado que un grupo tiranizado por un extraño o una mayoría de extraños. Lo que cuenta son los individuos, sus valores y la naturaleza de sus asociaciones.

¡La democracia no es autodeterminación!

De modo que el principio de autodeterminación no puede ser directamente aplicado a naciones o pueblos, como “el pueblo judío”, “el pueblo palestino”, etc. –sino sólo a las personas. A Woodrow Wilson se le asocia mejor con la frase autodeterminación nacional, aunque no la usó en su discurso de los Catorce Puntos durante la Primera Guerra Mundial. No ayudó en nada. Estrictamente hablando, no existe ningún derecho de autodeterminación nacional –y recuerde, la nación es un concepto político, no metafísico. Sólo las personas –no los estados, las naciones o los “pueblos” como tales– tienen derecho a existir.

La necesidad de volver a definir la autodeterminación parece relevante para las controversias actuales. Poner a los individuos primero puede dar lugar a enfoques pasados por alto para lograr soluciones pacíficas.

El individualismo metodológico parece incuestionable –¿qué hay además de las personas, sus propiedades y sus relaciones? La interferencia coactiva del gobierno siembra problemas. Igualmente incuestionable es el individualismo ético. ¿Quién se opondría a sociedades de asociaciones completamente libres y voluntarias, empezando por el respeto a los individuos y sus propiedades? Hable ahora o calle para siempre.

 

 

 

Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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