Drante el fin de semana, el Pentágono anunció que 4 soldados estadounidenses más murieron en la guerra del presidente Trump contra Irán. Ésto eleva el total a 17, pero muchos creen que la cifra real de militares estadounidenses fallecidos es mucho mayor. El Pentágono ha afirmado no tener la obligación de revelar cuántos militares han resultado heridos ni muertos, lo que sugiere que la cifra podría ser mucho mayor que la difundida. Muchas de estas lesiones serán terribles y les arruinarán la vida.
El 12 de Abril, el presidente Trump declaró a Fox News: Irán “no tiene recursos. Su armada está destruida. Su fuerza aérea está destruida. Completamente destruida. No tienen nada”. Sin embargo, tres meses después, las bases estadounidenses en la región siguen siendo atacadas con éxito, sigue siendo destruido equipo militar estadounidense por valor de miles de millones de dólares, y los militares estadounidenses siguen muriendo y resultando heridos.
Esta guerra fue lanzada por el presidente Trump en Febrero sin la aprobación del Congreso, porque alegó que Irán, a 9.600 kilómetros de distancia, representa una amenaza existencial para Estados Unidos. Al mismo tiempo, creía que el gobierno iraní era tan débil que, tras un par de días de bombardeos, el sistema político colapsaría y podría ser instalado un gobierno afín a Estados Unidos en su lugar.
Ésto carece de sentido. ¿Cómo puede un país ser lo suficientemente fuerte como para amenazar a Estados Unidos, pero a la vez ser tan débil que está a punto de colapsar?
Cinco meses después, seguimos atacando a Irán para reabrir el estrecho de Ormuz –el que estaba abierto antes de la guerra–, y para acabar con su inexistente programa de armas nucleares. Y las clases medias y trabajadoras estadounidenses están pagando un precio por esta guerra sin sentido que podría superar el billón de dólares.
Por eso nuestra Constitución exige que la guerra sea declarada por el Congreso de Estados Unidos tras una amplia deliberación. Los Padres Fundadores querían proteger al nuevo país de los caprichos de un rey Jorge u otro monarca que pudiera llevar al país a la guerra a su antojo. Los patriotas lucharon por la independencia precisamente del sistema político que tenemos hoy, porque comprendían lo destructivas que pueden ser para un país las guerras interminables e insensatas.
Los Padres Fundadores también asumieron que los miembros del Poder Legislativo tendrían la suficiente integridad como para no permitir que el ejecutivo abusara de su poder de esa manera. Les fueron proporcionadas todas las herramientas necesarias para evitarlo, pero hoy los congresistas guardan silencio cómplice, reacios a cumplir con el deber que les corresponde. La mayoría prefiere no cargar con la responsabilidad de declarar la guerra, pues temen que una guerra impopular perjudique sus posibilidades de reelección. Pero tampoco se oponen.
Una encuesta reciente publicada en The Washington Post revela que casi siete de cada diez estadounidenses desaprueban la gestión del presidente Trump en la guerra contra Irán. Junto con la economía, la guerra contra Irán es el asunto más importante que preocupa al pueblo estadounidense en la actualidad.
Durante el fin de semana, el presidente Trump anunció: “Volvimos a atacar a Irán con mucha fuerza … en honor a los tres militares fallecidos en los últimos días”. Pero volver a atacar a Irán no honra la memoria de los militares estadounidenses caídos. Sólo garantiza que más estadounidenses seguirán su terrible camino. Si el presidente realmente quiere honrar a nuestras fuerzas armadas, declarará el fin de esta guerra sin sentido, repatriará a todas nuestras tropas, y anunciará que las bases estadounidenses destruidas no serán reconstruidas. Es hora de acabar con el imperio estadounidense y regresar a casa.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko








