Un “experimento” con el socialismo

    0

    Publicado originalmente en la revista Chronicles, Agosto de 1993.

    El reciente “experimento” socialista de Europa del Este ilustra algunos principios útiles sobre la esclavitud. Generalmente se reconoce que el trabajo esclavo es menos productivo que el trabajo libre, y con el colapso del Imperio Soviético se ha hecho evidente que la propiedad colectiva (socialismo) es menos productiva que la propiedad privada (capitalismo). De estas premisas se derivan varias conclusiones: no sólo que el trabajo libre y la propiedad privada representan el mejor de los mundos posibles, sino que un sistema que combine esclavitud y socialismo debe ser el peor; que si uno no tuviera más remedio que ser esclavo, la esclavitud privada, como la que existía en la América anterior a la Guerra Civil, sería preferible al tipo de propiedad colectiva de esclavos que Europa del Este experimentó recientemente.

     

    El fracaso de este “experimento” socialista en Europa del Este respalda esta conclusión. Así como los esclavos de propiedad privada eran amenazados con castigo si intentaban escapar, en toda la Europa del Este socialista la emigración estaba prohibida y era castigaba como delito, llegando incluso a fusilar a quienes intentaban huir. Además, en toda Europa del Este existían leyes contra la holgazanería, y los gobiernos podían asignar a cualquier ciudadano cualquier tarea, con todas las recompensas y castigos. De ahí la clasificación del sistema soviético como esclavitud. Sin embargo, a diferencia de un propietario privado de esclavos, los esclavistas de Europa del Este –desde Lenin hasta Gorbachov– no podían vender ni alquilar a sus súbditos en el mercado laboral, ni apropiarse privadamente de los ingresos procedentes de la venta o el alquiler de su “capital humano”. De ahí la clasificación del sistema como esclavitud socialista.

    Sin embargo, sin mercados para los esclavos y el trabajo esclavo, la situación del esclavo inevitablemente empeora, no mejora. Porque sin precios para los esclavos y su trabajo, un esclavista ya no puede asignar racionalmente su “capital humano”. No puede determinar el valor de escasez de sus diversas y heterogéneas piezas de capital humano, ni el costo de oportunidad de utilizar este capital en un empleo determinado, ni compararlo con los ingresos correspondientes. En consecuencia, son efectuadas asignaciones ineficientes, desperdicio y “consumo” permanentes de capital humano.

    La evidencia empírica así lo indica. Si bien era raro que un propietario privado matara a su esclavo –el máximo “consumo” de capital humano–, la esclavitud socialista de Europa del Este resultó en millones de civiles asesinados. Bajo la propiedad privada de esclavos, la salud y la esperanza de vida de estos generalmente aumentaban. En el Imperio Soviético, los standards de atención médica se deterioraron progresivamente, y la esperanza de vida disminuyó en las últimas décadas. El nivel de formación práctica y educación de los esclavos privados generalmente aumentaba, mientras que el de los esclavos socialistas disminuía. La tasa de reproducción entre los esclavos de propiedad privada era positiva, mientras que entre las poblaciones esclavas de Europa del Este era generalmente negativa. Las tasas de suicidio, autoincapacitación, rupturas familiares, promiscuidad, nacimientos “ilegítimos”, defectos congénitos, enfermedades venéreas, abortos, alcoholismo y comportamientos apáticos o brutales entre los esclavos privados eran elevadas. Sin embargo, todas estas tasas de “consumo de capital humano” eran aún mayores para los esclavos socialistas del antiguo Imperio Soviético. De igual modo: si bien tras la emancipación de los esclavos privados se produjeron comportamientos violentos y moralmente insensatos, la brutalización de la vida social tras la abolición de la esclavitud socialista ha sido mucho peor, revelando un grado aún mayor de degeneración moral. Sin duda, mucho más que cualquier destrucción material, esta devastación humana –tanto física como moral– constituye el legado más triste del socialismo.

     

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

    LEAVE A REPLY

    Please enter your comment!
    Please enter your name here