Una guerra contra Irán bien podría cobrarse una víctima mucho más importante que una batería de misiles, una base aérea o un petrolero: el sistema del petrodólar. Durante más de 50 años, la protección brindada por Estados Unidos a las monarquías del Golfo ha contribuido a sostener la demanda mundial de dólares y de deuda pública estadounidense. Es posible que ese acuerdo esté empezando a tambalearse.
El concepto es sencillo. Estados Unidos ofrece protección militar a países como Arabia Saudita, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Qatar.
A cambio, estos países fijan el precio de gran parte de su petróleo en dólares estadounidenses, y reinvierten parte considerable de sus ingresos petroleros en activos financieros de EE.UU., incluidos los bonos del Tesoro.
Llámelo alianza. Llámelo asociación estratégica. Yo prefiero llamarlo sistema de extorsión bajo la apariencia de protección –mafia.
Independientemente del nombre que le sea dado, este acuerdo ha servido de gran apoyo para el dólar desde que en 1971 Nixon rompió el último vínculo que unía la moneda estadounidense con el oro.
El petróleo se sitúa en el centro de la economía mundial; todas las economías industriales lo necesitan. Si los países requieren dólares para participar en el comercio mundial de petróleo, tienen una razón de peso para poseerlos. Ésto genera una demanda de la divisa que no tiene nada que ver con la compra de bienes o servicios estadounidenses. También genera demanda de activos financieros de Estados Unidos.
Los países exportadores de petróleo obtienen dólares y necesitan un lugar donde invertirlos. Durante décadas, una gran parte de esos fondos ha regresado a los bancos estadounidenses y a los bonos del Tesoro. Ésto ha ayudado a profundizar el mercado de deuda pública, respaldar al dólar, mantener bajos los costos de endeudamiento de EE.UU., y financiar deficits que ningún otro país podría sostener.
Pero todo sistema de extorsión bajo apariencia de protección depende de una sola condición: el protector debe, efectivamente, brindar protección. Una guerra contra Irán pone en peligro esa premisa.
Si las monarquías del Golfo llegan a la conclusión de que Estados Unidos no puede proteger su infraestructura petrolera, sus rutas marítimas, sus ciudades y sus regímenes frente a Irán, ¿por qué habrían de seguir cumpliendo su parte del trato?
Esa interrogante podría transformar el sistema monetario internacional. Y, hace casi exactamente 20 años, una persona advirtió sobre la señal que nos indicaría que este cambio había comenzado.
Ron Paul lo previó hace 20 años
El 15 de Febrero de 2006, el congresista Ron Paul pronunció un discurso poco conocido pero profético en la Cámara de Representantes, titulado “El fin de la hegemonía del dólar”. Especificí la señal a la que los inversores deberían prestar atención:
“El caos que algún día derivará de nuestro experimento de 35 años con el dinero fiduciario a escala mundial, exigirá un retorno a una moneda de valor real. Sabremos que ese día se acerca cuando los países productores de petróleo exijan oro, o su equivalente, a cambio de su petróleo, en lugar de dólares o euros. Cuanto antes, mejor”.
Hace años hablé sobre este asunto con Ron Paul en una conferencia sobre inversiones. Paul reafirmó esa valoración. Su planteamiento era sencillo. Presten atención a los productores de petróleo. El día en que comiencen a alejarse del dólar y a acercarse al oro –o a un sistema monetario que les dé acceso al oro–, los cimientos del sistema financiero basado en el dólar empezarán a resquebrajarse. Es posible que nos estemos acercando a ese punto.
Por qué los estados del Golfo podrían mirar hacia Oriente
El Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) incluye a Arabia Saudita, Kuwait, Qatar, Bahrein, Omán y los Emiratos Árabes Unidos. En conjunto, estos países figuran entre los exportadores de petróleo más importantes del mundo.
China se sitúa en el otro extremo de esa relación comercial. Es el mayor importador de petróleo del mundo y el principal socio comercial del CCG. Ésto genera una relación natural: China necesita enormes cantidades de energía, y los estados del Golfo necesitan mercados enormes para su petróleo.
Durante años, China y los estados del Golfo han debatido formas de realizar más intercambios comerciales al margen del sistema del dólar. Sin embargo, las monarquías del Golfo se enfrentaban a una limitación. Dependían del paraguas de seguridad de Estados Unidos. Acercarse demasiado a China conllevaba el riesgo de enemistarse con el país del que dependían para su protección.
La guerra contra Irán altera ese cálculo. Si los Estados del Golfo llegan a la conclusión de que Washington ya no puede protegerlos de Irán –y que la presencia militar estadounidense puede convertir a sus países en objetivos–, el valor de esa garantía de seguridad disminuye. En ese caso, tendrían un poderoso incentivo para llegar a un entendimiento con Irán y, al mismo tiempo, estrechar sus lazos económicos con China. Eso debilitaría uno de los pilares políticos que sostienen el petrodólar. Y China lleva años construyendo una alternativa.
Del petrodólar al petroyuan … y al oro
China comprende cuál es el mayor problema de pedir a un productor de petróleo que acepte yuanes. ¿Por qué querrían Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos u otro exportador acumular grandes cantidades de moneda china?
Peking lleva años desarrollando una respuesta. En 2018, la Bolsa Internacional de Energía de Shanghai lanzó un contrato de futuros de petróleo crudo denominado en yuanes. Ésto ofreció a los productores de petróleo otro mecanismo para fijar precios y comercializar crudo al margen del dólar.
Pero China también ha creado algo que hace que el yuan sea mucho más útil para los exportadores de materias primas: una vía para convertir yuanes en oro físico. Un productor de petróleo puede vender crudo en el mercado chino, recibir yuanes, gastarlos en bienes chinos o utilizar la infraestructura financiera y el mercado del oro de China para convertir el excedente de yuanes en lingotes físicos.
Ésto cambia el planteamiento. El exportador no tiene que elegir entre mantener dólares o acumular grandes cantidades de yuanes. Puede transformar parte de su superavit comercial en un activo que no tiene emisor ni contraparte, y en el que ningún gobierno extranjero se interpone entre el propietario y su riqueza.
Reflexione sobre la diferencia. Bajo el sistema basado en el dólar, un país exportador de petróleo vende un recurso natural finito y, a cambio, recibe activos financieros emitidos por el gobierno de Estados Unidos. Dichos activos conllevan un riesgo político. Washington puso de manifiesto este riesgo al congelar las reservas de Rusia tras la invasión de Ucrania.
El oro no conlleva ese tipo de riesgo de contraparte. Nadie puede imprimirlo. Nadie puede incurrir en impago con él. Y, una vez que un productor de petróleo toma posesión física del oro, ningún gobierno extranjero puede congelarlo con solo pulsar una tecla. Desde la perspectiva de un país que busca reducir su exposición a Washington, ésto resulta claramente atractivo.
Un curso viable –que va del petróleo al yuan y, finalmente, al oro físico– ofrece a los productores del Golfo una forma de disminuir su dependencia del dólar sin necesidad de acumular grandes reservas de moneda china. Si un conflicto contra Irán debilitara la confianza en la protección ofrecida por Estados Unidos, la infraestructura financiera necesaria para alejarse del petrodólar ya está disponible.
Los estados del Golfo disponen de una ruta –del petróleo al oro– que evita el uso del dólar. Pero, ¿qué ocurriría con su patrimonio si se les fuera arrebatado?
Una caída en la demanda de dólares y de deuda estadounidense podría erosionar su poder adquisitivo y sacudir sus inversiones. El momento de prepararse es antes de que este cambio cobre fuerza.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko








