
[Stephan Kinsella y Hans-Hermann Hoppe se complacen en anunciar la publicación gratuita en línea del libro “Rothbard at 100: A Tribute and Assessment” (Papinian Press y The Saif House, 2026) hoy, 2 de Marzo de 2026, con motivo del centenario de Murray Rothbard. Murray Newton Rothbard (1926-1995) fue uno de los mayores defensores de la libertad humana. En su honor y para conmemorar su centenario el 2 de Marzo de 2026, la Property and Freedom Society (PFS) ha recopilado esta colección de homenajes y comentarios sobre Rothbard y su obra, escritos por miembros de la PFS, entre ellos muchos que lo conocieron personalmente. Este libro es publicado hoy en formato digital, y el artículo que figura a continuación es uno de sus capítulos. Próximamente estarán disponibles las versiones impresas, tanto en rústica como en tapa dura de lujo, y en formato Kindle, Epub y PDF. Para más detalles, consulte la página inicial del libro. Esperamos que todos los admiradores de la libertad y de Rothbard disfruten de este libro, y se unan a nosotros para enviarle deseos de felicidad y gratitud a Murray, dondequiera que se encuentre].
Este año celebramos el centenario de la llegada a este planeta de una mente poderosa, que transformó indeleblemente el mundo de las ideas. El período de 100 años es utilizado para subdividir la Historia en siglos y organizar nuestra comprensión de los acontecimientos a lo largo del tiempo. Este año también cumplo 50 años. Murray Newton Rothbard nació el 2 de Marzo de1926 en New York. Yo nací el 3 de Febrero de1976 en São Paulo. La vida pasa realmente rápido. Al cumplir cincuenta, siento que un siglo ya no es la enorme cantidad de años que me parecía cuando era más joven, y ésto aumenta la sensación de cercanía con el pasado. Si un siglo es poco tiempo, sólo veinte períodos de este tipo nos separan de la plenitud de la época de Jesús, y diez de la época en que la dinastía otoniana gobernó el Sacro Imperio Romano Germánico. Es prácticamente como si fuera ayer.
La huella que Rothbard dejó en la historia del pensamiento debería situarlo como el mayor filósofo político no solo del siglo XX, sino de todos los tiempos. Antes de Rothbard, simplemente no existía una postura política moral y coherente. Existían los anarquistas quienes, ante la inmoralidad del estado, lo rechazaron, pero en su lugar no propusieron nada coherente, y añadieron sus propias inmoralidades. Todas las demás opciones aceptaron la inmoralidad del estado ‒como mal necesario o bien estimado‒, y ninguna logró justificar coherentemente esta depravación. El fundamento más popular entre los teóricos estatistas es también el más incoherente: la absurda teoría del Contrato Social que, irónicamente, se reduce a la inexistencia de cualquier contrato[[1]]. Sin partes involucradas, sin acuerdo de voluntades, sin objetivo, sin pacta sunt servanda. Incluso si, en algún lugar, algún loco hubiera firmado sin cláusula de rescisión un contrato que estableciera un proveedor con la capacidad de decidir cuándo, cómo y qué servicios prestaría, y cuánto tendrían que pagar otros, ese contrato jamás sería vinculante para terceros que no lo firmaran ni para sus descendientes. Ninguna mente sensata es capaz de aceptar semejante absurdo y seguir adelante[[2]]; sin embargo, es sobre esta base tan laxa y endeble que los estatistas han construido sus teorías.
Entre las corrientes estatistas, las principales eran el socialismo, el conservadurismo y el liberalismo[[3]], y antes de Rothbard, cualquiera que rechazara la absurda propuesta anarquista, acababa eligiendo una de aquéllas. El socialismo era la opción más popular entre los jóvenes. Si un aparato de compulsión y coerción es inevitable, que sea usado para el bien, ayudando a los más pobres y necesitados, dice el ingenuo corazón juvenil. Pero quienes tienen más de dos neuronas, se dan rápidamente cuenta de que el estado de bienestar acaba fomentando la ociosidad y desalentando el trabajo, aumentando la pobreza general. A menos que uno sea un sinvergüenza de la clase parásita que se beneficia con el sistema de explotación socialista, nuestro joven acabaría reconociendo su error, volviéndose conservador o liberal.
El conservadurismo no tiene una definición precisa; sin embargo, se puede decir que su esencia es la valorización de instituciones y costumbres que han existido durante mucho tiempo simplemente porque han existido, y ésto es evidentemente absurdo[[4]]. Si los conquistadores hubieran sido conservadores, ante los sacrificios humanos practicados durante siglos por aztecas, mayas e incas, habrían optado por mantener esta atroz costumbre en América, en lugar de, como hicieron, eliminarla de inmediato por considerarla objetivamente incorrecta, contraria a las Leyes de Dios. De la misma manera, un conservador defenderá el mantenimiento de cualquier mal, como el Banco Central o el propio Estado, siempre y cuando ese mal haya estado establecido durante algún tiempo –y ni siquiera necesita ser mucho tiempo.
Los liberales, por otro lado, tuvieron el mérito de reconocer al estado como un mal, pero ilógicamente lo consideraron necesario. Nunca tuvo sentido la idea de un mal necesario: si es malo, no es necesario, porque nadie necesita al mal. Si es necesario, es un bien, no un mal. De hecho, el estado es verdaderamente un mal, y lo necesario es deshacerse del mismo por completo. El error fatal de los liberales fue otorgarle a una institución que viola inherentemente la propiedad privada, la función de protegerla: literalmente pusieron al zorro a cargo del gallinero.
Éste era el atolladero en el que se encontraba la filosofía política. Una persona sensata y moral no tenía adónde recurrir. Entonces entró en escena Rothbard, quien nos presentó la única postura coherente: el libertarismo. Por primera vez en la historia, ya no era necesario pervertir la mente para ostentar una posición política. Al igual que los anarquistas, Rothbard rechazó el innecesario mal del estado, pero en su lugar propuso un orden basado en la propiedad privada, con los servicios necesarios de justicia y seguridad ‒previamente proporcionados por el estado‒ a cargo de mercados completamente libres. Hace veinte años, cuando conocí el libertarismo, era liberal, y las ideas de Rothbard simplemente aniquilaron todas mis justificaciones para la existencia del estado. Al ser expuesta mi contradicción y refutados mis argumentos, no tuve más remedio que convertirme en anarcocapitalista: “Si no puedes con ellos, úneteles”.
Como todo liberal, era una contradicción andante, y sólo me libré de este deplorable estado mental gracias a la innovación revolucionaria de Rothbard. El libertarismo es tan disruptivo, que la historia de la filosofía política debería dividirse en a.R. y d.R. ‒antes y después de Rothbard. Antes de Rothbard, era aceptable defender posturas políticas absurdas e inmorales, porque simplemente no había otra opción. Después de Rothbard, no ser libertario se convirtió en una cuestión de ignorancia, estupidez o mala conducta. El principal mentor de Rothbard, Ludwig von Mises, conoció el anarcocapitalismo al leer el tratado económico de Rothbard Man, Economy and State with Power And Market, en 1962, pero no se convirtió en libertario. En su elogiosa reseña de la obra comentó:
Menos acertadas que sus investigaciones en los campos de la praxeología general y la economía, son las observaciones ocasionales del autor sobre la filosofía del derecho y algunos problemas del código penal. Pero mi desacuerdo con sus opiniones sobre estos temas no me impide calificar la obra de Rothbard como una contribución histórica a la ciencia general de la acción humana.[[5]]
Sin embargo, Rothbard no sólo destruyó el liberalismo en términos de filosofía del derecho, sino que también lo demolió económicamente. Von Mises sabía perfectamente que la teoría económica nos dice que los bienes y servicios proporcionados monopolísticamente, tienden a ser peores y más caros que los del libre mercado. Sin embargo, contradictoriamente defendió la idea de que los servicios de seguridad y justicia deberían ser monopólicos. Von Mises tenía más de 80 años en 1962, y viviría otros 11 hasta su muerte en 1973, como liberal paradójico. Y no era un liberal cualquiera, sino el mayor liberal de la historia, dedicando buena parte de su monumental obra intelectual a la elucidación y defensa del liberalismo. Sin embargo, von Mises no tuvo acceso a la persistente defensa ética del libertarismo que Rothbard realizó, publicada en 1982 en The Ethics of Liberty, en la que además de desmantelar el utilitarismo de von Mises, presenta el libertarismo como una teoría de la justicia.
El libertarismo rothbardiano no es sólo una teoría económica que nos dice cómo satisfacer las demandas de los consumidores de forma más eficiente. Es mucho más que eso. Rothbard nos explica la respuesta a todo lo que podemos y no podemos hacer; es decir, lo que tenemos derecho a hacer, y si no tenemos derecho a hacer algo, la violencia puede ser utilizada en nuestra contra. Nos dice qué es justo y qué es injusto. Sólo entonces Rothbard expone su filosofía del derecho integral, criticada por von Mises en 1962. Por lo tanto, debemos considerar a von Mises como un pensador de la era pre-revolucionaria, y no como los liberales estúpidos, ignorantes o malintencionados de la era post-revolucionaria. De hecho, como bien define el título de la biografía de von Mises escrita por Jörg Guido Hülsmann, von Mises fue el último caballero del liberalismo[[6]]. Y Rothbard es el primer caballero del libertarismo, el pensador ilustrado que liberó a la filosofía política de la oscuridad.
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[[1]] Sobre el contrato social, ver Jean-Jacques Rousseau, Del Contrato Social, ed. G.D.H. Cole [New York: 1950]; John Rawls, Una Teoría de la Justicia (1971); James M. Buchanan y Gordon Tullock, El Cálculo Del Consenso: Fundamentos Lógicos de la Democracia Constitucional (Ann Arbor: University of Michigan Press, 1962); y sobre la idea de un “contrato constitucional”), James M. Buchanan, The Limits of Liberty: Between Anarchy and Leviathan (Chicago: University of Chicago Press, 1975). Para críticas a la teoría del contrato social, ver Murray N. Rothbard, “Buchanan y Tullock – por qué la teoría de la Elección Pública representa un respaldo para el estado”, en Economic Controversies (Auburn, Ala: Mises Institute, 2011); idem, La Ética de la Libertad (New York: New York University Press, 1998 [1982]), pas.; idem, “El estado”, en Por una Nueva Libertad, 2ª ed. (Auburn, Ala.: Mises Institute, 2006); Williamson M. Evers, “Social Contract: A Critique”, J. Libertarian Stud. 1 (Verano de 1977): 187–88; Hans-Hermann Hoppe, “La Ética Rothbardiana”, en La Economía y la Ética de la Propriedad Privada (Auburn, Ala.: Mises Institute, 2006), pas.; idem, “Sobre la democracia, la redistribución y la destrucción de propiedad”, “Sobre los errores del liberalismo clásico y el futuro de la libertad” y “Sobre el gobierno y la provisión privada de seguridad”, en Democracia – el dios que fracasó (Transaction, 2001); idem, “Producción Capitalista y el Problema de los Bienes Públicos”, en Una Teoría del Socialismo y del Capitalismo (Laissez-Faire Books, 2013); idem, “Prefacio”, en Stephan Kinsella, Legal Foundations of a Free Society (Houston, Texas: Papinian Press, 2023); Anthony de Jasay, “Inventando el estado: el contrato social”, en The State (Indianapolis: Liberty Fund, 1998); idem, Against Politics: On Government, Anarchy, and Order (London y New York: Routledge, 1997), Introducción, cap. 1, y siguientes; idem, Social Contract, Free Ride: A Study of the Public Goods Problem (Oxford: Clarendon Press, 1989), Introducción, cap. 4, y siguientes; Stephan Kinsella, “Review of Anthony de Jasay, Against Politics: On Government, Anarchy, and Order”, en Legal Foundations of a Free Society, p. 539.
[[2]] Ver Sheldon Richman, “The Absurdity of Alienable Rights”, Liberty (Enero de 1989): 50–52).
[[3]] Ver el análisis de Hoppe sobre diferentes tipos de socialismo en Una Teoría del Socialismo y del Capitalismo (Laissez Faire Books, 2013), caps. 3–6.
[[4]] Ver además Hans-Hermann Hoppe, “Un libertarianismo realista”, LewRockwell.com (30 de Septiembre de 2013) (caracterizando a la izquierda como esencialmente igualitarista, y a la derecha como esencialmente realista).
[[5]] Ludwig von Mises, “A New Treatise on Economics,” New Individualist Review (Autumn 1962): 21–23; reimpreso en New Individualist Review (volumen ómnibus) (Liberty Fund, 1982), p. 323 y en idem, Economic Freedom and Interventionism (Liberty Fund, 2006).
[[6]] Jörg Guido Hülsmann, Mises: The Last Knight of Liberalism (Auburn, Ala.: Mises Institute, 2007).
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko









