Para poner fin a la guerra en Ucrania, expóngase su mentira fundamental

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El argumento esencial utilizado para evitar la negociación y continuar apoyando la guerra en Ucrania, se basa en una falsedad. Esa falsedad, repetida por el presidente Joe Biden, es que cuando Vladimir Putin decidió invadir, pretendía conquistar toda Ucrania y “aniquilarla”.

Su falsedad ha sido expuesta múltiples veces por expertos militares, quienes han señalado –tanto antes como después de la invasión– que Rusia no podría haber tenido la intención de conquistar toda Ucrania, porque no invadió con fuerzas suficientes como para hacerlo. De hecho, esta fue una razón clave por la que altos funcionarios ucranianos –e incluso el propio presidente Volodymyr Zelensky– argumentaron apenas unos días antes de la invasión que la misma no ocurriría.

El error que cometieron la mayoría de los analistas de la época (incluidos estos autores), fue suponer que, dado que las tropas movilizadas por Rusia no eran suficientes para una ocupación a gran escala de Ucrania, no se vislumbraba ninguna operación militar, ni siquiera limitada. Sólo más tarde los líderes políticos occidentales aprovecharon este error en beneficio propagandístico, al insistir en que Rusia siempre había tenido la intención de tomar primero Kiev, luego toda Ucrania y, en última instancia, incluso atacar a la OTAN.

Pero si se tiene en cuenta la lógica militar básica, el hecho de que Putin comprometiera sólo entre 120.000 y 190.000 hombres para su campaña, y no movilizara más recursos hasta meses después, cuando Kiev rechazara el acuerdo de paz de Estambul, indica que sus objetivos en Ucrania eran limitados y giraba en torno de garantizar la seguridad de las poblaciones de Donbass y Crimea frente a los ataques ucranianos, y de Rusia frente a la expansión de la OTAN. Dado que Ucrania había cortado el agua y la electricidad de Crimea años antes, ésta requería un puente terrestre hacia la región; de ahí las anexiones de las regiones de Kherson y Zaporozhye.

Tenemos también una confirmación indirecta de que el territorio no era su objetivo, procedente de una fuente intachable: el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, quien afirmó que Putin invadió Ucrania para impedir la expansión de la OTAN. Ésto explicaría por qué, tan pronto como estos objetivos estuvieron a su alcance, cuando los funcionarios ucranianos rubricaron el borrador del Acuerdo de Estambul en Marzo de 2022, Putin detuvo su asalto y retiró las fuerzas rusas de Kiev, en lugar de avanzar más en el interior de Ucrania.

Estos antecedentes son importantes, porque el argumento a favor de aumentar el apoyo militar occidental a Ucrania, se basa en gran medida en la afirmación de que Rusia siempre tuvo la intención de expandirse aún más, atacar a la OTAN, y restablecer el imperio ruso.

Pero, como ha señalado el destacado académico John Mearsheimer, “no hay evidencia en el registro público de que Putin estuviera contemplando –y mucho menos intentando– poner fin a Ucrania como estado independiente y convertirla en parte de la gran Rusia, cuando envió sus tropas a Ucrania el 24 de Febrero”. Nunca fue uno de los objetivos declarados de Putin, ni los dirigentes ucranianos lo tomaron en serio. David Arakhamia, jefe del equipo negociador de Ucrania en Bielorrusia y Estambul, reveló recientemente que el “punto clave” para Rusia era que Ucrania no se uniera a la OTAN, y que “todo lo demás era simplemente retórica y ‘condimento’ político”.

El propio Putin ha dicho constantemente que “este conflicto no tiene que ver con el territorio … [sino que] tiene que ver con los principios que subyacen al nuevo orden internacional”. No deberíamos tomarle la palabra, pero aun así vale la pena preguntarnos: si las ambiciones de Putin hubieran sido territoriales, ¿habría esperado hasta 2014 para anexarse Crimea? ¿Habría rescindido la cámara alta del parlamento ruso la autoridad temporal de Putin para utilizar tropas en Ucrania en Junio de 2015? ¿Se habría opuesto a los referendos de independencia de 2014 en Donetsk y Lugansk?

Mirando aún más atrás, si Putin realmente hubiera querido incorporar partes de la ex Unión Soviética, tuvo una oportunidad ideal para hacerlo en Agosto de 2008, cuando las tropas rusas estaban a sólo una hora en coche de la capital georgiana de Tbilisi. Podría simplemente haber reconocido la independencia de Abjasia y Osetia del Sur, y luego anexarlas a Rusia, pero no lo hizo. Por lo tanto, al revisar el comportamiento actual de Putin, el ex subsecretario adjunto de Defensa de Estados Unidos, Stephen Bryen, concluye que “Rusia no tiene intención de expandirse fuera del área de conflicto de Ucrania”.

La falsa narrativa sobre las intenciones rusas ha cumplido su propósito esencial de unir a los países occidentales detrás de Ucrania. Sin embargo, seguir insistiendo en ello implica ahora el riesgo de involucrar directamente a la OTAN en el conflicto, y amenaza la supervivencia misma de Ucrania.

Si el desafío que enfrenta Occidente en este conflicto es definido como “existencial”, ¿qué opción tiene entonces la OTAN, sino enviar sus propias fuerzas militares para evitar la derrota de Ucrania? El presidente Biden lo dio a entender cuando dijo: “Si Putin toma Ucrania, no se detendrá allí. Es importante ver el largo plazo aquí. Él va a seguir adelante … Entonces tendremos algo que no buscamos y que no tenemos hoy: tropas estadounidenses luchando contra tropas rusas”.

En algún momento habrá que tomar la decisión de ampliar en gran medida el compromiso de Occidente, o abandonar a Ucrania a su suerte. Desgraciadamente, la solicitud del presidente Biden de U$S 61.000 millones en financiamiento adicional para 2024, no cumple con ninguna de las dos cosas, ya que Ucrania necesita al menos cinco veces esa cantidad para ganar, según su máximo comandante militar. Ahora que la contraofensiva ucraniana ya está perdiendo fuerza debido a la falta de financiamientp, a la falta de armamento y a las pérdidas insostenibles, es probable que Ucrania pronto se enfrente a una contraofensiva rusa.

Sin embargo, antes de tal ataque Rusia podría ofrecer a Ucrania nuevos términos de paz, aunque mucho menos ventajosos que los que le ofreció en Marzo de 2022. Si Ucrania se resiste, Rusia aprovechará su abrumadora ventaja y tomará más territorio, lo que en realidad no quiere (para una buena explicación de por qué, véase al ex diplomático ucraniano Rostislav Ishchenko), para obligar a Ucrania a sentarse a la mesa de negociaciones.

En ese momento, Occidente se enfrentará a una elección fatídica: aceptar la rendición de Ucrania o enviar tropas de la OTAN. Es probable que cualquiera de los escenarios conduzca a profundas divisiones en la alianza de la OTAN, ya que Hungría, Eslovaquia y Turquía han indicado que quieren una resolución pacífica del conflicto, no una escalada.

Sin embargo, lo único que esa escalada no puede garantizar es la derrota de Rusia. Ésto se debe a que, al confirmar la narrativa de Putin de que la OTAN tiene la intención de destruir a Rusia, su apoyo tanto dentro de Rusia como en todo el mundo, posiblemente se dispararía. Un Occidente más dividido se enfrentaría así a una Rusia más unida, esta vez apoyada abiertamente por los BRICS, así como por muchos otros importantes actores internacionales que actualmente se encuentran al margen. Ésto efectivamente cambiaría la estrategia de Estados Unidos de utilizar a Ucrania para contener las ambiciones globales de China. En cambio, ahora serían Rusia y sus aliados los que utilizarían a Ucrania para contener las ambiciones globales de Estados Unidos.

Fue, en gran parte, la falsa narrativa original de Occidente sobre los objetivos de Rusia en Ucrania lo que nos ha llevado a este deprimente resultado; la seguridad europea debilitada, el espectro de una guerra nuclear, Ucrania destruida, y la posición global de Estados Unidos socavada. Ya fue utilizada una vez para echar por tierra el Acuerdo de Estambul, que podría haber puesto fin a la guerra antes de que murieran cientos de miles de personas. Para que las negociaciones de paz se conviertan en una alternativa aceptable a la aniquilación mutua, esta falsedad debe ser expuesta y descartada.

 

 

 

Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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