Si bien este es un extenso asunto y no podemos abordarlo en su totalidad, es necesario comprender la historia de la imposición para entender la naturaleza de los impuestos y del estado.
De forma necesariamente simplificada, la imposición tuvo a menudo origen en sistemas de guerra, conquista y tributo, y con el tiempo fue institucionalizada dentro de los estados que reclamaban el monopolio de la fuerza, evolucionando hacia sistemas más complejos, los que combinan la coerción con diversos grados de legitimidad legal y provisión pública.
Conquista y tributo
La extracción de recursos de las poblaciones locales siempre ha sido la función crucial y central de todo estado a lo largo de la historia. De hecho, es de este proceso que surgen los estados. Inicialmente, esta extracción era efectuada mediante la conquista directa: guerreros y gobernantes se apoderaban por la fuerza de lo que querían. Ésto evolucionó hacia sistemas de tributo, por los que los pueblos conquistados pagaban cantidades regulares a sus conquistadores para evitar más violencia. Extorsión mafiosa en toda regla.
La transición de la conquista al tributo representó el primer paso hacia la regularización. En lugar de saquear y robar repetidamente, los conquistadores consideraron más eficiente dejar poblaciones productivas en sus lugares y exigirles pagos regulares. Ésto permitió a los pueblos conquistados seguir produciendo riqueza, la que luego podía ser sistemáticamente extraída.
Frank Chodorov, en La imposición es robo, afirma:
A modo de introducción, podríamos examinar el origen de la tributación, partiendo de la teoría de que los comienzos dan forma a los fines, y allí encontramos un cúmulo de iniquidad. Un estudio histórico de la tributación conduce inevitablemente al saqueo, el tributo y el rescate: los propósitos económicos de la conquista.
Si bien podría parecer una exageración, es cierto que la tributación moderna se remonta a las incursiones, la conquista y el tributo. Franz Oppenheimer, autor de El Estado: su historia y desarrollo desde una perspectiva sociológica, identificó seis etapas en la creación de los estados:
- Saqueo/incursiones ‒Grupos nómadas o belicosos asaltaban comunidades agrícolas sedentarias, en busca de alimentos y bienes; depredación ocasional; violencia intermitente, no institucionalizada (no es un estado).
- Incursiones/treguas regularizadas ‒Incursiones más predecibles y sistemáticas; los agresores se dan cuenta de que la extracción repetida es más rentable que la destrucción; la víctima deja de resistir y acepta las extracciones; movimiento temprano hacia la explotación económica, en lugar de la aniquilación.
- Extracción de tributos ‒En lugar de asesinar o dispersar a la población, los conquistadores exigen tributos regulares; transición clave del caos hacia la dominación estructurada.
- Dominación permanente ‒El grupo conquistador se asienta entre la población conquistada o por encima de ella; emerge una clase dominante; la sociedad se estratifica políticamente por castas: gobernantes contra productores; nacimiento real de la estructura estatal.
- Organización administrativa ‒La clase dominante desarrolla sistemas para gestionar y estabilizar la extracción; los sistemas tributarios reemplazan el tributo ad hoc.
- Estado territorial (estado maduro/moderno) ‒El sistema es convertido en una entidad política estable con territorio definido; es consolidado el monopolio de la fuerza; la tributación es normalizada, legalizada y justificada (ley, religión, ideología). El estado es presentado como protector, proveedor y benefactor (a menudo mediante un supuesto contrato social con los ciudadanos), no como mero extractor coactivo. Es decir, instalación del Sindrome de Stockholm.
Como elemento clave de su análisis, Oppenheimer cita a Friedrich Ratzel (1844-1904), geógrafo y etnógrafo alemán que escribió sobre geografía política e intentó explicar el estado como un organismo. Oppenheimer cita a Ratzel sobre el origen de los estados:
Cabe recordar que los nómadas no siempre destruyen la civilización opuesta de los pueblos sedentarios. Ésto es aplicable no sólo a las tribus, sino también a los estados, incluso a los de cierto poder. El carácter belicoso de los nómadas es un factor importante en la creación de los estados.
Ésto ocurre de acuerdo con una ley que permite que surjan formaciones estatales ventajosas en tierras campesinas fértiles colindantes con una extensa pradera, donde una elevada cultura material de los pueblos sedentarios se ve violentamente subyugada al servicio de los habitantes de la pradera, quienes poseen energía, capacidad bélica y ansias de gobierno y control.
Es importante señalar que los estados y lo que conocemos como impuestos, surgieron gradualmente mediante la guerra, la conquista, el saqueo y el tributo. Si bien la organización ha cambiado y ha sido formalizada con el tiempo, los estados y los impuestos no han perdido su carácter coercitivo.
Oppenheimer resumió los orígenes de los estados y de la tributación de la siguiente manera: “El campesino está apegado a su tierra y está acostumbrado al trabajo regular. Permanece, se somete y paga tributo a su conquistador; esa es la génesis de los estados territoriales”.
La formalización en la imposición moderna
Lo que reconocemos como tributación moderna surgió cuando los estados buscaron legitimar y sistematizar estas relaciones extractivas. Al igual que con la conquista y el tributo, su naturaleza fundamental sigue siendo coercitiva.
El estado tributario moderno, particularmente tal como fue desarrollado en los últimos siglos, representa una evolución sofisticada de estas antiguas prácticas. En lugar de la fuerza bruta, los estados ahora emplean complejos marcos legalizados, burocracias y justificaciones ideológicas para lograr lo que antes conseguían mediante la simple conquista. El rápido aumento de la tributación en los últimos siglos ha posibilitado la construcción del estado administrativo moderno, pero la dinámica subyacente permanece inalterada: los recursos son extraídos de los individuos productivos mediante la amenaza de la fuerza.
Basándose en La crisis del estado tributario (1918) de Schumpeter, Ryan McMaken describe las características de los estados tributarios modernos:
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Centralización: los gravámenes son impuestos directamente por el gobierno central. El gobierno central no depende de los gobiernos regionales o locales para recaudar impuestos ni para hacer cumplir sus leyes tributarias (ésto no impide que los gobiernos regionales o locales impongan sus propios impuestos).
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Poder unilateral: el gobierno central puede aumentar los impuestos unilateralmente. El poder legislativo o ejecutivo del gobierno central tiene la prerrogativa de aumentar los impuestos por su propia autoridad, sin el permiso de ningún otro soberano dentro del territorio del estado. Dicho de otro modo: ningún gobierno regional o local tiene la capacidad de vetar un aumento de impuestos ni de impedir legalmente su implementación.
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El gobierno central decide libremente cómo son gastados los ingresos. Una vez recaudados los ingresos fiscales, el gobierno central los gasta según lo determine el poder legislativo del estado.
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Los impuestos no son tasas ni pagos por ningún servicio. Estrictamente hablando, una tasa es un pago destinado a financiar un servicio específico, y sólo es pagada por quienes resultarían beneficiados. En cambio, los impuestos no están vinculados con ningún servicio en particular. Los estados tributarios no tienen ninguna obligación legal de gastar los ingresos fiscales de manera que beneficien a quienes los pagan.
Ryan McMaken añade: “En Occidente, los estados tributarios son instituciones relativamente modernas, que fueron desarrolladas a partir de gobiernos civiles no estatales anteriores, los que no eran financiados principalmente con impuestos”. Ésto distingue a las instituciones de gobierno civil, de los estados-nación modernos. Tal como los conocemos hoy, los impuestos son producto del estado, y tuvieron origen a través de la guerra, el saqueo, la conquista y el tributo.
Debido a las mitologías modernas que rodean a los estados-nación (por ejemplo, el supuesto positivista del contrato social, la teoría de los bienes públicos, etc.), especialmente en Occidente, la organización y el orden de la tributación moderna, y el sesgo del statu quo de la mayoría de quienes viven y siempre han vivido en el contexto de un estado-nación moderno, muchos pasan por alto la naturaleza coercitiva de la tributación, la naturaleza del estado y su oscura historia.
El gran engaño de la época
Frédéric Bastiat describió lo que consideraba el gran engaño de la época: “Enriquecer a todas las clases a costa de cada una de las demás; … generalizar el saqueo bajo el pretexto de organizarlo”. Bastiat también denominó al estado como “la gran entidad ficticia” mediante la cual todos intentan usar el saqueo para vivir a costa de los demás.
Lysander Spooner, abolicionista, abogado y teórico jurídico libertario, contrasta al estado con el salteador de caminos (ladrón), y argumenta que el ladrón es en realidad más caballeroso, porque al final deja en paz a su víctima, y no pretende que sus acciones sean un servicio o por el propio bien de la víctima:
Lo cierto es que el gobierno, como un salteador de caminos, le dice a un hombre: “Tu dinero o tu vida”. Y muchos, si no la mayoría, de los impuestos son pagados bajo la coacción de esa amenaza.
El gobierno, en efecto, no emboscará a un hombre en un lugar solitario, lo atacará de repente desde la cuneta y, apuntándole con una pistola a la cabeza, le robará. Pero no por eso el robo deja de serlo; y es mucho más vil y vergonzoso.
El salteador de caminos asume por completo la responsabilidad, el peligro y lo delictivo de su propio acto. No pretende tener ningún derecho legítimo sobre el dinero de su víctima, ni pretende usarlo para beneficio de su víctima. No pretende ser otra cosa que un ladrón. No ha adquirido la suficiente desfachatez como para pretender ser simplemente un “protector”, y que se apodera del dinero de los hombres contra su voluntad sólo para “proteger” a esos viajeros incautos que se sienten perfectamente capaces de protegerse a sí mismos, o que no aprecian su peculiar sistema de protección. Es un hombre demasiado sensato como para efectuar tales afirmaciones. Además, tras recibir el dinero de su víctima, la deja en paz, tal como su víctima desea. No insiste en seguir a su víctima por el camino contra la voluntad de ésta, asumiendo ser su legítimo “soberano” por la “protección” que le brinda. No la “protege” constantemente, ordenándole que se incline y le sirva, exigiéndole ésto y prohibiéndole aquéllo, robándole más dinero cada vez que la encuentra, para su propio beneficio o placer, y tachándole como rebelde, traidora y enemiga de su país, y fusilándola sin piedad si cuestiona su autoridad o se resiste a sus exigencias. Es demasiado caballero como para ser culpable de tales imposturas, insultos y villanías. En resumen, además de robar a su víctima, no intenta convertirla en su títere ni en su esclava.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko









