Es posible que los proyectos emprendidos por el gobierno sean de naturaleza cuestionable. El hecho de que no hayan sido emprendidos por el sector privado, indica que no son demandados ni priorizados por los consumidores. Por ejemplo, si el gobierno decide construir una pirámide, es evidente que la mayoría de la gente lo considera un gasto con prioridad baja o nula.
Para completar este proyecto, deben ser adquiridos bienes y mano de obra de la economía privada productiva. El gobierno no es un generador de riqueza, ya que grava con impuestos a quienes la generan, para financiar la construcción de una pirámide. Cuantas más pirámides construya el gobierno, más riqueza le es arrebatada a quienes la generan. Por lo tanto, el nivel de impuestos está directamente determinado por la magnitud de las actividades gubernamentales. Todas las acciones gubernamentales requieren recursos, los que son extraídos de la economía privada.
En una economía monetaria, el gobierno recauda impuestos y transfiere el dinero recaudado a diversas personas empleadas, directa o indirectamente, por el gobierno. Los empleados públicos pueden intercambiar este dinero por diversos bienes y servicios, y consumir riqueza sin haber contribuido a su formación.
El gobierno utiliza diversos métodos para desviar la riqueza de quienes la generan hacia sus propias actividades. Estos métodos incluyen impuestos y gravámenes, directos e indirectos, inflación monetaria como resultado del endeudamiento del gobierno con el banco central, y préstamos del sector privado. El método de desvío de la riqueza es secundario. Lo que importa es que la riqueza es extraída de quienes la generan. Cuanta más riqueza es extraída, mayor es la imposición efectiva sobre el sector privado, único generador de riqueza.
Cuando el gobierno pide prestado al sector privado, no puede devolver la riqueza prestada. Sólo quienes generan riqueza, que se prestan entre sí, están en condiciones de devolverla con su futura producción de riqueza. Lo único que puede hacer el gobierno es devolver la riqueza prestada mediante la creación de dinero nuevo, nuevos impuestos o nueva deuda, empobreciendo aún más a quienes generan riqueza. En resumen, se trata de un proceso en el que el gobierno pide prestado a los ciudadanos para devolverles la deuda con impuestos, deuda e inflación.
De manera similar, cuando el gobierno pide prestado al banco central, en la práctica provoca que éste le entregue dinero recién generado, el que es utilizado para desviar riqueza del sector privado.
En cuanto a los préstamos del gobierno en el extranjero, la carga del servicio de la deuda externa recaerá sobre el sector privado, dado que el gobierno no genera riqueza.
¿Qué es entonces el superavit presupuestario? Significa que los ingresos del gobierno superan sus gastos. La aparición de superavit produce el mismo efecto que cualquier política monetaria restrictiva. Ludwig von Mises escribió:
Ahora bien, la restricción del gasto público puede ser sin duda algo positivo. Sin embargo, no proporciona los fondos que un gobierno necesita para una posterior expansión de su gasto. Un individuo puede gestionar sus asuntos de esta manera: puede acumular ahorros cuando sus ingresos son altos, y gastarlos cuando disminuyen. Pero la situación es diferente para una nación o para todas las naciones en conjunto. El tesoro público puede acumular una parte de los generosos ingresos fiscales, que fluyen al erario público como resultado del auge económico. Mientras mantenga estos fondos fuera de circulación, su política es realmente deflacionaria y contracíclica, y en esta medida puede debilitar el auge generado por la expansión del crédito. Pero cuando estos fondos son nuevamente gastados, alteran la relación monetaria y crean una tendencia, inducida por el efectivo, hacia una disminución del poder adquisitivo de la unidad monetaria. De ninguna manera estos fondos pueden proporcionar los bienes de capital necesarios para la ejecución de las obras públicas paralizadas.
Contrariamente a la opinión generalizada, el superavit presupuestario no genera automáticamente margen para la reducción de impuestos. Los impuestos no pueden ser eficazmente reducidos hasta que sea reducido el gasto público. Sólo un recorte del gasto público resultará en una reducción efectiva de impuestos. Cæteris paribus, una reducción de la alícuota impositiva mientras el gasto público continúa aumentando, llevará al gobierno a imponer mayores cargas a los productores de riqueza mediante mayores préstamos, mayores impuestos directos e indirectos, y mediante la inflación monetaria. La forma de lograr que las reducciones de impuestos sean efectivas, es generarlas con recortes del gasto público.
Un menor gasto público implica que quienes generan riqueza dispondrán ahora de mayor parte de su patrimonio. Sin embargo, si a pesar de los superavits presupuestarios, el gasto público continúa aumentando, no será posible una reducción efectiva de impuestos. Por el contrario, disminuirá la proporción del patrimonio a disposición de quienes lo generan.
Por ejemplo, si el gasto público asciende a U$S 3 billones, y los ingresos públicos a U$S 2 billones, el gobierno tendrá un deficit de U$S 1 billón. Dado que los gastos públicos deben ser financiados, ésto significa que el gobierno tendría que obtener otras fuentes, como préstamos, inflación o nuevas formas de impuestos. El gobierno empleará todo tipo de medios para obtener recursos de los generadores de riqueza y así financiar sus actividades.
Lo importante aquí es que los gastos públicos sean de U$S 3 billones, y no que el deficit sea de U$S 1 billón. Si los ingresos públicos fueran de U$S 3 billones, tendríamos un presupuesto equilibrado. Pero, ¿acaso ésto cambiaría el hecho de que el gobierno sigue obteniendo esos U$S 3 billones de los generadores de riqueza, a los que mutila?
Posiblemente algunos analistas argumentarán que no es posible confiar en el sector privado para construir y mejorar la infraestructura del país. Por ejemplo, Estados Unidos necesita urgentemente la construcción y modernización de puentes y carreteras. Aun así, ¿pueden los estadounidenses costear la mejora de la infraestructura? El árbitro en este caso debiera ser el libre mercado en el que, mediante la compra o la abstención, los individuos deciden el tipo de infraestructura que será desarrollada.
Si el ahorro privado, la riqueza y la preferencia temporal no priorizan una infraestructura específica en un momento determinado, puede ser necesario tiempo para acumular riqueza y así poder asegurar mejor infraestructura. La acumulación de riqueza no puede ser acelerada incrementando el gasto público. Al contrario, el aumento del gasto público debilitará la economía privada.
Si bien el gobierno puede imponer diversos proyectos no elegidos por el mercado, no puede garantizar su viabilidad. Con el tiempo, la carga que estos proyectos impone a la economía a través de impuestos continuos más elevados, socavará el bienestar de los individuos y los convertirá en una carga aún mayor.
¿Qué hay de la reducción de impuestos a las empresas? Sin duda, ésto impulsará la inversión de capital y fortalecerá el proceso de formación de riqueza. Mientras la reducción de impuestos no vaya acompañada de una reducción del gasto público, ésto fomentará una mala asignación de capital y sobrecargará la economía. Los diversos proyectos de inversión que surgen a raíz de estas políticas gubernamentales son como las inútiles pirámides.
La única contribución significativa que el gobierno puede hacer a la generación de riqueza y, por ende, al nivel de vida de la población, es centrarse en la reducción del gasto, independientemente de si existe o no superavit presupuestario. Ésto significa que el gobierno debe abstenerse de las actividades empresariales, y permitir que a ello se dediquen sólo quienes generan riqueza.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko









