El problema económico

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    El punto de partida para comprender la ciencia económica ‒o, mejor dicho, el fundamento mismo de la ciencia económica‒ es el reconocimiento de la escasez.

    En la naturaleza no existe nada que pueda ser llamado libertad. La naturaleza es necesidad inexorable. —Ludwig von Mises

    En la naturaleza no existe nada que pueda ser llamado libertad; sólo existe la regularidad de las leyes naturales, a las que los seres humanos deben obedecer para obtener algo. —Ludwig von Mises

    La mejor manera de comprender el fenómeno omnipresente de la escasez en el mundo físico-material, es imaginarse náufrago en una isla tropical paradisíaca y desierta.

    Se encuentras sólo en esta espléndida, maravillosa y exuberante isla. Se da cuenta de que sólo tienes la ropa que lleva puesta. Incluso puede pasar un tiempo sin beber agua ni comer, simplemente contemplando la inmensa belleza natural que le rodea. Sin embargo, si quiere sobrevivir, deberá hacer algo. No puede permanecer inactivo para siempre, comportándose como una planta (la que, mediante la fotosíntesis, produce su propio alimento, necesitando sólo agua y luz). Deberá encontrar una fuente de agua potable (por ejemplo, un pequeño lago en la isla) y alimento (por ejemplo, un árbol frutal). Deberá recolectar agua y comida. Según la visión predominante en la ciencia nutricional, también deberá cazar o pescar para obtener proteínas, las que ‒según esta perspectiva‒ son esenciales para mantener la estructura corporal. Necesitará recoger leña para hacer fuego y asar la carne. En resumen, tendrá que usar su cuerpo para obtener los recursos necesarios para sobrevivir. Dependiendo del clima (por ejemplo, temperaturas excesivamente altas; a menos que se trate de una isla tropical paradisíaca: frío, lluvias torrenciales y constantes, nieve) y de los peligros ambientales (por ejemplo, animales feroces), también necesitará encontrar o construir refugio, incluyendo protección contra la intensa radiación solar. Por lo tanto, descubrirá que los recursos no surgen de la nada; comprenderá que hay que encontrarlos, recolectarlos, modificarlos, trabajarlos y producirlos. En resumen: comprenderá que los recursos son escasos.

    El problema económico es, en esencia, el problema de la supervivencia, de la preservación de la vida. Nuestra estructura biológica ‒material, “animalística”‒ requiere de la adquisición de recursos escasos los que, obviamente, son tangibles y físicos. La realidad de la escasez es una realidad puramente material, impuesta por la naturaleza, por el mundo físico-natural.

    Ud., el distinguido náufrago de nuestro ejercicio de imaginación, especialmente si enferma (es decir, si no puede usar su cuerpo), se dará cuenta de que su cuerpo también constituye un recurso escaso. ¿Cómo obtendrá agua y comida si no puede usar su cuerpo para este propósito? Imagine que no puede usar sus piernas, quedándose sin poder caminar (desafortunadamente, los humanos no poseemos la capacidad de volar como las aves; de hecho, si fuera posible, simplemente Ud. escaparía volando de la isla desierta; además, no es nada usual ver a personas demostrando el poder de mover objetos con la fuerza de su mente, o “telequinesis”). Su supervivencia en esta paradisíaca isla tropical desierta se volverá prácticamente imposible. No tiene otro cuerpo para obtener los recursos necesarios. Ante tal situación, se dará cuenta del impacto de la ausencia de otros seres humanos cerca, lo que podrían ayudarle en la lucha por la supervivencia. A cambio, si ellos ‒estos hipotéticos compañeros de naufragio‒ desearan una compensación, les daría lo que pudiera producir con sus propias manos. En resumen: incluso estando solo y con un cuerpo perfectamente sano, la ausencia de la división del trabajo se siente con mucha fuerza.

    La naturaleza ‒el mundo físico-natural‒ es, en efecto, implacable y cruel. Obliga a los seres vivos a un esfuerzo constante y perpetuo para mantener activo su proceso de supervivencia. O sobrevive y gana, o pierde y muere.

    La escasez implica que los recursos son limitados, que los bienes existen en una cantidad constantemente restringida, y que deben ser continuamente renovados y producidos. El envase de helado sólo contiene medio kilo. El paquete de galletitas sólo contiene cien gramos. La cuenta bancaria sólo tiene $ 100.000. Ese estadio de fútbol sólo tiene 70.000 butacas. La capacidad de ese depósito de agua es de solo 50 m3. La batería de este portátil sólo dura 3 hrs con un uso completo, y la capacidad del disco duro es de sólo 2 Tb. El cargador del rifle sólo contiene 30 municiones. El tanque de aire comprimido para buceo tiene una capacidad de sólo 12 ltrs. El día tiene sólo 24 hrs. La vejiga y el intestino grueso sólo pueden contener una cantidad limitada de orina y heces; en algún momento, será necesario ir al sanitario (y el inodoro es sólo para una persona a la vez; por cierto, en el caso de su imaginario naufragio en la paradisíaca isla tropical desierta, recuerde que no hay sanitario con agua corriente para sus necesidades básicas). En la biblioteca de la escuela o universidad, sólo hay cuatro copias de esa obra esencial para esta inútil investigación que toda la clase se ve obligada a realizar.

    La escasez implica la existencia de costos. Posee una cantidad X de dinero ‒que te costó un cierto período de trabajo y esfuerzo‒ y desea adquirir el bien A y el bien B. Pero esta cantidad X no le permite adquirir ambos bienes. Debe elegir entre el bien A y el bien B. El bien al que renuncia representa el costo de oportunidad del bien adquirido (no confundamos costo con precio; el precio es simplemente una cantidad monetaria intercambiada por un bien; el costo de oportunidad es todo aquel costo en el que se incurre ‒por ejemplo, el tiempo dedicado al análisis y al trabajo‒ para obtener esa cantidad de dinero). La lógica de la economía abarca las decisiones individuales bajo la influencia de la escasez.

    Los precios ‒los tienen su origen en la interacción (compra, venta, alquiler) entre los propietarios de recursos económicos (bienes de producción, bienes de consumo, bienes monetarios)‒ son, ante todo, indicadores de la escasez de un bien determinado; no son meras cifras arbitrarias producto del capricho de alguien. En realidad, los precios constituyen el sustrato que posibilita el cálculo económico; y este cálculo, a su vez, es lo que permite la distribución adecuada de numerosos bienes en toda la economía. Los trabajadores poseen el recurso llamado “trabajo”; los capitalistas poseen el recurso llamado “bienes de capital” (“bienes de producción”).

    La vida en sociedad (una agrupación de seres humanos conectados por la división del trabajo) ‒especialmente en una sociedad económicamente próspera‒ tiende a hacernos olvidar la escasez debido a su menor gravedad, lo que incluso lleva a algunos a afirmar que vivimos en un mundo “post-escasez”, en el que la abundancia es la “regla” (al vivir en sociedad, el ser humano se especializa en una rama productiva particular, obtiene su dinero, y lo intercambia por los frutos del trabajo de todos los demás seres humanos). Y es precisamente en esta trampa donde cae la gran mayoría de los autoproclamados expertos en economía: los “economistas” de la variante convencional (o corriente dominante). Creen sinceramente que el problema económico ‒el problema de la oferta de bienes (productos y servicios)‒ ya no existe, quedando sólo el problema de cómo “redistribuir” estos bienes entre los “miembros de la comunidad” mediante una herramienta específica: la coerción, la violencia de la burocracia gubernamental; un instrumento que, por lo tanto, materializará los supuestos “derechos sociales”.

    Por cierto, si vivieran en el contexto de una economía libre pura ‒es decir, sin la interferencia violenta y coercitiva del aparato estatal‒, estos supuestos economistas convencionales jamás encontrarían aplicación práctica para sus planes intervencionistas/socialistas y sus modelos de ingeniería social. Lo que es enseñado en las facultades de economía se enmarca dentro de lo que podría ser denominado “manipulación de la economía”, y está completamente fuera de lo que realmente sería “ciencia económica”: el estudio de los fenómenos económicos, sus causas y sus efectos. En el contexto de una economía libre pura, las actividades profesionales de un verdadero economista ‒auténtico estudioso de la ciencia económica‒ serían las de escritor, profesor y conferenciante.

    El problema económico es el “problema de la producción”. Siempre habrá necesidades que satisfacer. En cuanto a los recursos escasos, podemos decir que las necesidades son infinitas. La vida misma implica la incesante repetición de la satisfacción de necesidades. La ingesta de agua y alimentos, por ejemplo, debe ser constantemente reiterada. La idea de que es esencial “estimular el consumo” (es decir, la concepción de que el problema económico es el “problema del consumo”) mediante la coerción estatal, debe ser considerado como un absurdo absoluto. La producción siempre precede al consumo; ésto, por cierto, es pura lógica. Quienes producen algo que nadie más desea adquirir, formando stocks que nunca serán voluntariamente agotados, hacen predicciones erróneas sobre el comportamiento de la demanda. Estos productores no tienen derecho a obligar a nadie a adquirir sus productos. Deben asumir sus pérdidas y procurar producir bienes según la cantidad y calidad que los consumidores requieren.

    El problema económico es el problema de la creación de riqueza. Cuantos más bienes (productos y servicios) estén disponibles, mayor será la riqueza existente. El dinero es simplemente un medio indirecto de intercambio; el medio monetario sólo facilita las transacciones voluntarias de bienes entre seres humanos (el trueque requiere una coincidencia de necesidades, algo extremadamente difícil de lograr). El dinero surgió de forma natural y espontánea en el proceso de mercado; emergió como el bien económico más comercializable o líquido entre otros bienes económicos; el oro y la plata, en el contexto del dinero mercancía bajo el patrón metálico, terminaron siendo seleccionados como el mejor medio monetario. La gran mayoría de los autoproclamados economistas creen, en realidad, que el problema económico radica en la creación de dinero (actualmente, bajo el sistema fiduciario ‒de billetes de papel de colores sin respaldo‒, la creación de dinero puede ocurrir mediante la simple impresión de billetes por la Casa de la Moneda del estado ‒inflación de dinero‒ o mediante la expansión artificial del crédito. En este caso, el sistema bancario de reserva fraccionaria, cartelizado y administrado por el banco central del estado, crea dinero de la nada mediante la emisión de medios fiduciarios: sustitutos monetarios que, sin embargo, carecen de los correspondientes fondos).

    Imagínese de nuevo en una paradisíaca isla tropical desierta. ¿Preferiría tener una bolsa llena de dinero ‒digamos, U$S 5 millones‒ o una mochila repleta de utensilios para sobrevivir: un arma de fuego, una caña y una red de pesca, una tienda inflable, un libro con información sobre diversos asuntos, una linterna, un encendedor, fósforos, una navaja, un machete, un hacha, medicamentos y vendas? Una bolsa llena de dinero sería inútil, ya que no hay con quién comerciar.

    La primera lección de economía es la escasez: nunca hay suficiente de nada para satisfacer a todos los que lo desean. La primera lección de política es ignorar la primera lección de economía. — Thomas Sowell

    El hecho más importante en la historia intelectual de los últimos cien años es la lucha contra la economía. Los defensores de la omnipotencia gubernamental no debatieron sobre los problemas que ésta implicaba. Denigraron a los economistas y pusieron en duda sus motivos; los ridiculizaron y maldijeron. — Ludwig von Mises

    La división del trabajo implica la creciente y continua fragmentación de las actividades económicas entre especialistas. En la práctica, ésto no es más que el fenómeno de la subcontratación. La división del trabajo permite la creación de riqueza ‒oferta de bienes (productos y servicios)‒ que un sólo ser humano jamás podría lograr, ni siquiera siendo el mayor genio productivo de la historia. La acumulación de capital ‒resultado del proceso de ahorro e inversión que aumenta, mejora y repone la cantidad disponible de bienes de producción‒ es la única manera de garantizar que los seres humanos tengan acceso a una cantidad cada vez mayor de bienes de consumo.

    Imaginemos un ejemplo sencillo y efectivo para visualizar la acumulación de capital. Un náufrago en una paradisíaca isla tropical desierta se da cuenta de que pescar con las manos desnudas es muy difícil. Si tuviera una red de pesca (un medio de producción), todo sería más fácil. Sin embargo, para construirla necesita dos días de arduo trabajo, dedicados exclusivamente a su fabricación. Y, para sobrevivir esos dos días, necesita acumular provisiones. Este acopio sólo es posible si se abstiene de consumir una parte de los alimentos que utiliza a diario; esta acumulación sólo se puede formar si el náufrago ahorra (sacrifica su consumo presente en aras de mayor consumo futuro; reduce su preferencia temporal; pospone la gratificación). Tan pronto como la red esté lista, su capacidad productiva aumentará drásticamente. Podrá pescar fácilmente una cantidad mucho mayor de peces (bienes de consumo). Tu nivel de vida material aumenta gracias a la creación de un medio de producción (también llamado, en jerga técnica, “bien de capital”), posible gracias a ahorros previos y que permite mayor consumo posterior.

    La creación de bienes de capital (“bienes de orden superior”) implica, en otras palabras, el establecimiento de procesos de producción cada vez más indirectos, es decir, cada vez más alejados, tanto en tiempo como en espacio, del consumo/uso final. Son utilizados cada vez más pasos para lograr el único objetivo de la producción: la aparición de bienes de consumo (“bienes de primer orden”, que son los bienes que satisfacen directamente las necesidades y los deseos, y que determinan el valor de los medios de producción. La acumulación de capital está referida a todos los bienes utilizados para apoyar el esfuerzo humano y maximizar su productividad, lo que resulta en la mayor disponibilidad de bienes de consumo (y, por lo tanto, en el aumento del nivel de vida material). Algunos ejemplos son: maquinaria, equipos y herramientas de trabajo; medios de transporte y comunicación; instalaciones industriales (fábricas), así como edificios (propiedades) para diversos fines (almacenes, tiendas, oficinas). Minas, granjas e instalaciones agrícolas; equipos informáticos; inventarios de diversos contenidos. Finalmente, es importante destacar que los bienes de capital también sufren desgaste, requiriendo reparaciones y reemplazos, lo cual sólo es posible si existe continuidad en el proceso de ahorro e inversión.

    Con la ayuda de mejores herramientas y máquinas, la cantidad de productos aumenta y su calidad mejora. Así, el empleador podrá obtener de los consumidores un mayor valor que el que el empleado consumió en una hora de trabajo. Sólo de esta manera el empleador podrá y, debido a la competencia con otros empleadores, se verá obligado a pagar salarios más altos por el trabajo de su empleado. —Ludwig von Mises

    El ahorro se produce al reducir la preferencia temporal ‒al renunciar a la gratificación inmediata para obtener un futuro mejor a cambio‒; al adoptar una visión de largo plazo, orientada al futuro, y al posibilitar la inversión (la aplicación de los recursos ahorrados), lo que conduce a la acumulación de capital. El interés surge de un principio básico de la acción humana: la preferencia temporal. Esta preferencia se traduce en la idea de que las personas prefieren disfrutar de un bien en el presente (en un futuro cercano) en lugar de disfrutarlo en el futuro (más adelante). En otras palabras: los bienes presentes tienen valor superior ‒prima‒ en comparación con los bienes futuros; los seres humanos prefieren una determinada cantidad de un bien en el presente, a la misma cantidad en el futuro. En resumen, la preferencia temporal implica que, ante la imposibilidad de posponer indefinidamente el consumo o el disfrute, el individuo siempre tiene en cuenta el tiempo necesario para alcanzar un objetivo específico.

    La escasez ‒el problema económico‒ siempre existirá en el mundo físico-material. Sólo podremos afrontar esta situación con tranquilidad si mantenemos y ampliamos la división del trabajo y la acumulación de capital, aumentando así nuestra capacidad de generar riqueza (es decir, cantidades cada vez mayores y mejores de medios de producción y bienes de consumo). Para lograrlo, es necesaria una amplia libertad económica (derechos de propiedad claramente definidos; seguridad jurídica; escasa confiscación estatal bajo la forma de impuestos, regulación/burocratización e inflación monetaria).

    Ante todo, debemos evitar prestar atención a las extravagantes declaraciones que efectúa y defiende la gran mayoría de los autoproclamados economistas. Estos “economistas” de la corriente dominante creen que la escasez ya no existe, o que puede ser sorteada simplemente creando dinero (mediante inflación primaria o secundaria ‒expansión artificial del crédito) o manipulando las estadísticas.

    Los seres humanos no comen “PBI”, que es una métrica falaz, según la cual que el gasto público es considerado verdadera creación de riqueza [y no lo que realmente es: consumo y desperdicio de riqueza]. Los seres humanos arroz, porotos, maíz, carne, frutas, verduras, pan, pasteles, sandwiches; repito: no comen “PBI”. Además, los agregados estadísticos simplemente ignoran las realidades absolutamente heterogéneas del vasto mundo en el que viven los seres humanos: en una muestra compuesta por sólo dos individuos, la primera persona gana $ 2 millones al mes, y la otra, $ 10 millones al mes; en conjunto, ambas recibirían un total de $ 12 millones al mes y, por lo tanto, el “salario promedio” sería de $ 6 millones al mes. Pero el monto de $ 6 millones al mes per capita no se corresponde con la realidad de cada persona en esta muestra (la pobre persona de la muestra en cuestión encontraría la idea de ganar seis veces más que extremadamente ridícula y absurda).

    Espero que el ejercicio imaginario de ser un náufrago en una paradisíaca isla tropical desierta le haya sido muy útil para comprender la esencia del problema económico. Es común escuchar a mucha gente decir que le encantaría pasar sus vacaciones en lugares fantásticos como las Antillas del Caribe (antes llamadas “Indias Occidentales”), las Bahamas (vecinas de las Antillas, pero ya en el océano Atlántico), las islas Seychelles (al este de África), las Maldivas (cerca del sur de la India) o la Polinesia Francesa (al noreste de New Zealand). Pero estos lugares son estupendos precisamente porque ya cuentan con la infraestructura para recibir visitantes y brindarles momentos agradables de ocio y descanso: hoteles, restaurantes, paseos marítimos, acceso pavimentado a lugares de difícil acceso, automóviles, buses, transporte y barcos turísticos, además de elementos obvios como electricidad, agua potable, alcantarillado, puertos y aeropuertos, carreteras, etc. A pesar de su exuberante belleza natural, si estas idílicas islas tropicales fueran un terreno desolado y salvaje, serían … lugares terriblemente horribles para cualquiera que naufrague en su sproximidades.

     

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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