El destacado comentarista internacional Saifedean Ammous escribió un artículo muy didáctico en el que afirma que Javier Milei utilizó la economía austriaca como pretexto para dirigir una de las presidencias más inflacionarias en la larga historia de alta inflación en Argentina: “… ahora podemos considerar con seguridad la presidencia de Milei como un fracaso”, especialmente si la comparamos con casos como el de Irlanda.
Ammous escribe: “La mayor promesa incumplida por Milei fue … cerrar el Banco Central lo cual, según él, era innegociable … Tenía un claro mandato de sus votantes para hacerlo, pero … recurrió a disparates keynesianos … para gestionar la oferta monetaria y reactivar el peso”. Ese mismo peso al que denigró cuando habló de dolarización.
Dado que la inflación es emisión monetaria artificial por encima de la demanda del mercado [sobreoferta de dinero], “aquí están los aumentos totales en los agregados de la oferta monetaria, junto con sus tasas de crecimiento mensuales y anuales compuestas, así como la variación del IPC”:

Ammous continúa: “Ya sea analizando las métricas de la oferta monetaria o los aumentos de precios … Milei ha logrado hasta ahora una tasa de crecimiento anual de la base monetaria superior a la de sus cuatro predecesores, y una tasa de crecimiento anual del IPC superior a la de tres de sus cuatro predecesores”.


No se trata sólo de un problema en términos absolutos, sino también de exceso ante una demanda que disminuye debido a la contracción de la actividad, especialmente del consumo. “Parte de la aceleración inflacionaria tuvo que ver con esta caída de la demanda real de dinero”, afirma MegaQM.
Milei había prometido combatir el endeudamiento crónico, pero en cambio lo ha incrementado y, en el proceso, ha convertido al país en el mayor prestatario del FMI, representando cerca de 35% de su cartera total.
Por cierto, como afirman los economistas de la Escuela Austriaca –y el propio Milei antes de ser presidente–, el FMI es un banco multiestatal, que opera en contra del mercado, ya que se dedica a promover el estatismo financiando a gobiernos fallidos que no consiguen financiamiento privado, para que puedan continuar con sus políticas destructivas.
Según Ammous, cuando el actual presidente asumió el cargo, Argentina tenía una descomunal deuda de U$S 423.000 millones, cifra que habría aumentado en U$S 71.000 millones hasta alcanzar U$S 494.000 millones a finales del mes pasado –incremento de 17%–, a pesar de que la moneda se ha devaluado cerca de 70% desde que asumió la presidencia.
En otras palabras, simplemente devaluando la moneda, Milei redujo en 70% en dólares el valor de la deuda en pesos que heredó, de U$S 159.000 millones a U$S 47.000 millones. Sin embargo, al seguir emitiendo más deuda en pesos con altas tasas de interés, el valor total en dólares de la deuda en pesos ha alcanzado los U$S 233.000 millones. Ésto significa que ha logrado un aumento de U$S 85.000 millones en la deuda en pesos en tan solo dos años y medio.

Uno de los mayores logros de los que el partido gobernante sigue presumiendo es el supuesto equilibrio presupuestario fiscal, pero ésto parece ser resultado de la contabilidad creativa. Resulta que los exorbitantes intereses que el gobierno paga por las LECAP no son contabilizados como gasto, por lo que el superavit fiscal tiene poca relevancia.
En cuanto a las inversiones, en 2025 según la OCDE Argentina ocupó el último lugar en el ranking de IED en la región, al recibir tan sólo U$S 3.134 millones.
El gobierno ha minimizado estos resultados asegurando que hay inversiones planeadas por unos U$S 140.000 millones en los próximos años. Sin embargo, como señala el economista Roberto Cachanosky, hasta el momento han sido anunciados proyectos –bajo el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones, RIGI– por U$S 85.000 millones, de los que fueron aprobados proyectos por U$S 25.000 millones. Pero hasta ahora sólo han sido desembolsados U$S 762 millones.
La desregulación ha sido deficiente. Por ejemplo, la reciente propuesta de modificar la ley de sociedades para fomentar las inversiones en inteligencia artificial es poco más que una medida superficial. Una verdadera desregulación debería comenzar por eliminar las leyes estatales de propiedad intelectual.
Las privatizaciones son prácticamente inexistentes y, aunque es muy difícil de evaluar, me atrevería a decir que, por el contrario, el estado se ha capitalizado, no sólo por el aumento de las reservas del banco central, sino también porque, principalmente a través del Fondo de Garantía de la Sostenibilidad (FGS) de la ANSeS, el gobierno ha realizado importantes compras de acciones de empresas.
En cuanto a la famosa “motosierra”, el porcentaje de recortes en el sector público ha sido mucho menor que la pérdida de empleos en el sector privado, lo que genera la paradoja de que hoy hay más empleados públicos que privados, que es lo que realmente importa.
La baja inversión no tiene origen en la falta de ahorro, sino en la persistencia del adverso contexto. Entre otras razones, la presión fiscal sigue siendo alta y, aunque es muy difícil de evaluar, mi impresión es que aumentó drásticamente durante la era Milei. Recordemos que, al eliminar los subsidios a las empresas de servicios públicos, lo que provocó un fuerte aumento de las tasas, el gobierno no eliminó los impuestos con los que dichos subsidios eran financiados, lo que generó un incremento relativo de la carga tributaria sobre la capacidad de pago tras cubrir los gastos fijos personales.
Como bien señala Ammous, la “industria” que florece es el carry trade de esquemas Ponzi, que duplica con creces el tamaño del mercado bursátil argentino. Y no se trata de un problema menor que enriquece a unos pocos a costa del resto, sino que esta ruleta rusa financiera absorbe cada vez más capital, desviándolo de las actividades productivas.
En un país cuya capitalización bursátil total es de U$S 90.000 millones, el carry trade absorbe cerca de U$S 233.000 millones de inversión, todo ello mediante la compra de “bonos Ponzi” del gobierno con tipos de interés exorbitantes, que el gobierno puede pagar sólo imprimiendo obscenas cantidades de dinero.
“En menos de dos años y medio en el cargo, Milei ha añadido capital equivalente a dos bolsas argentinas al esquema Ponzi de bonos del gobierno”, afirma Ammous, descapitalizando al país y provocando el cierre de un gran número de empresas y la destrucción de empleos. “¿Para qué invertir en negocios productivos si con el carry trade se obtiene una rentabilidad mensual del 2-3%?”, pregunta Ammous.
A pesar de todos estos datos, el gobierno insiste en que la economía va por buen camino y –según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC, entidad estatal que elabora las estadísticas– habría crecido 5,5% interanual en Marzo, último dato disponible. Resulta difícil de creer, con sólo recorrer las calles y observar el desánimo de la población, con la morosidad de los hogares en niveles record según datos del banco central, la caída de los salarios y la galopante desinversión productiva.
El EMAE es calculado de forma muy arbitraria; de hecho, este aumento se debe a la ponderación y al cálculo estadístico utilizados, que tienen en cuenta unos pocos sectores (minería, energía, pesca, agricultura, finanzas y actividades estatales) que habrían crecido, en comparación con el resto de la economía, que se contrajo drásticamente. Unos pocos que no logran cambiar el ánimo general, y que no auguran nada bueno para el futuro.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko









