El movimiento conservador y el remanente libertario

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    A mediados de la década de 1950, The Freeman había logrado su objetivo de aglutinar a las dispersas fuerzas libertarias –“el Remanente”, como los llamaría Albert Jay Nock. Sin embargo, sus dificultades financieras y organizativas habían abierto el camino a otra publicación periódica no izquierdista, que terminaría consolidando a las fuerzas de la derecha estadounidense desde un punto de vista mucho menos libertario que el de The Freeman.

    National Review irrumpió en la escena estadounidense en el otoño de 1955. Su fuerza impulsora era el joven editor jefe, William F. Buckley Jr., graduado en Yale y con un sólido historial anticomunista: durante sus estudios, había recopilado información para el FBI sobre profesores y compañeros de estudios.[[1]] Buckley absorbió el talento editorial que no había encontrado cabida en The Freeman, en particular a Suzanne LaFollette y William Henry Chamberlin, pero también a figuras como Russell Kirk, Frank Meyer, Max Eastman y Erik von Kuehnelt-Leddihn.

    Cuando Buckley presentó National Review como “francamente conservadora”,[[2]] hombres de la vieja escuela como Ludwig von Mises debieron pensar que, francamente, Buckley no sabía de lo que hablaba. Von Mises llegó a contribuir con algunos textos durante los primeros años de existencia de National Review. Sin embargo, en más de una ocasión subrayó la diferencia entre libertarismo y conservadurismo. En respuesta a las felicitaciones por su cumpleaños en 1957, escribió: “Lamentablemente, ésto no puede ser cambiado. Soy contemporáneo sobreviviente de Karl Marx, Wilhelm I y Horatio Alger; en resumen: un paleoliberal [Paläo-liberaler]”.[3]

    En Octubre de 1954, von Mises rechazó una invitación de Yale University para participar en un ciclo titulado “Conservative Lectures” (Conferencias conservadoras), que eran promocionadas con la promesa “cada conferenciante trabajará conscientemente por la restauración del … poder de la palabra conservador”. Él observó que la palabra “conservador” no tenía raíces políticas en EE.UU., y que en Europa significaba precisamente lo contrario de los principios que EE.UU. representaba:

    “Conservar significa preservar aquello que existe. Es un programa vacío, meramente negativo, que rechaza cualquier cambio. … Conservar aquello que existe equivale, en los EE. UU. de nuestros días, a preservar las leyes e instituciones que el New Deal y el Fair Deal legaron a la nación”.[[4]]

    La repentina aparición de la palabra “conservador” puso de manifiesto un malestar más general entre las fuerzas contrarrevolucionarias de Estados Unidos. Sabían muy bien a qué se oponían: comunismo, fascismo, socialismo, New Deal, Fair Deal, etc. Pero, ¿qué defendían? Lo cierto es que, incluso entre los líderes del nuevo movimiento, escaseaban los conocimientos económicos y las convicciones libertarias firmes. El recurso a términos como “conservadurismo” reflejaba una insatisfacción generalizada ante la adopción de cualquier mensaje positivo claro.

    Resultaba más fácil ser evasivo que afirmar con claridad que el principio de la propiedad privada ocupaba el centro del programa del nuevo movimiento. También empezaron a circular otras expresiones, como “gobierno limitado», “federalismo” y “descentralización”. Cuando von Mises subrayó en un artículo la importancia crucial de un aparato judicial independiente “que proteja al individuo y a su propiedad frente a cualquier infractor, ya sea un rey o un ladrón común”,[[5]] el secretario de Earhart Foundation se preguntó si aquéllo no sería demasiado radical. Al fin y al cabo, en Estados Unidos todos los jueces eran nombrados y remunerados por el gobierno.

    Von Mises respondió que los jueces estadounidenses eran independientes en la medida en que no podían ser destituidos ni procesados, aunque sus decisiones no fueran del agrado del poder ejecutivo. En cambio, la insistencia en un gobierno limitado era, a lo sumo, útil “en la actual lucha estadounidense contra los intentos de convertir al gobierno, paso a paso, en totalitario”. Von Mises continuó:

    “Pero no cabe duda de que, fuera de este ámbito específico, el término carece de significado, pues no indica en qué aspecto debe ser limitado el gobierno. Los dirigentes sindicales podrían, por ejemplo, invocar este lema para justificar la no intervención del gobierno siempre que los huelguistas cometieran actos de violencia, sabotaje, etc.”.

    Era, por tanto, de vital importancia defender claramente la supremacía de la propiedad privada y sus corolarios: el capitalismo y la economía de mercado. La insistencia en el federalismo y la descentralización no bastaría:

    “La descentralización sobre una base federal no ofrece, por sí sola, garantía alguna de que la libertad será preservada. El feudalismo medieval contaba tanto con descentralización como con federalismo; pero sólo los señores eran libres (y estaban exentos de impuestos); los burgueses y campesinos debían soportar incapacidades jurídicas, no participaban en el gobierno, y eran los únicos que pagaban impuestos”.[[6]]

    Existían, pues, razones de peso para no utilizar la etiqueta “conservador” para el nuevo movimiento estadounidense que rechazaba al comunismo, al socialismo, al New Deal y la emergente mentalidad antimercado de una corriente dominante cada vez más estatista. Pero la suerte estaba echada. Cuatro años después de la fundación de National Review, la etiqueta “conservador” dominaba la esfera pública.

    Para entonces, a más tardar, von Mises ya habría perdido el optimismo que había sentido en los inicios de The Freeman. Volvió a la perspectiva pesimista que se había convertido casi en su segunda naturaleza. Cuando su alumno George Reisman le comentó que tenía la impresión de que el número de liberales partidarios del laissez-faire estaba aumentando, von Mises respondió que esa era la impresión natural de alguien que aún estaba conociendo a otros individuos dispersos del “Remanente”. Esa persona podía pensar que cada vez había más individuos que compartían sus opiniones, simplemente porque iba conociendo a más personas de ese tipo. Sin embargo, von Mises creía que el crecimiento se daba únicamente en el número de conocimientos personales y no en términos absolutos. En otra ocasión, comentó que sus escritos eran como los Manuscritos del Mar Muerto, que alguien encontraría dentro de mil años.[[7]]

    Pero el pesimismo no impidió a von Mises librar la buena batalla, ni alentar a otros a mantenerse firmes en la batalla de las ideas. En una carta a Hayek, quien también había rechazado enérgicamente la etiqueta “conservador”, von Mises escribió:

    “Coincido plenamente con su rechazo del conservadurismo. En su libro Up from Liberalism, Buckley –como persona, un hombre refinado y culto– definió claramente su postura: ‘El conservadurismo es el reconocimiento tácito de que todo aquello que es, en última instancia, importante en la experiencia humana, ha quedado atrás; de que las exploraciones cruciales ya han sido realizadas, y de que al hombre le es dado conocer cuáles son las grandes verdades que de ellas surgieron. Todo aquello que está por venir no puede superar, en importancia para el hombre, lo que vino antes’ (p. 154). Orígenes, Agustín y Thomas Aquina dijeron lo mismo con otras palabras. Es una triste verdad que este programa resulte más atractivo que todo lo que ha sido dicho sobre la libertad y sobre los beneficios idealistas y materialistas de la economía libre”.[[8]]

    ¿Cuáles eran las razones de esta triste verdad? Von Mises sintió que había una cuestión que explorar aquí. Continuó diciendo:

    “Supongo que usted, al igual que yo, no escribe para consolarse con el proverbio: Dixi et salvavi animam meam [He hablado y, así, he salvado mi alma]. Por tanto, surge la pregunta: ¿cómo es posible que la élite de nuestros contemporáneos sea completamente ajena a todas estas cuestiones? ¿Cómo se explica, por ejemplo, que la política de precios del azúcar del gobierno estadounidense casi nunca sea cuestionada, a pesar de que, de cada 500 o 1.000 votantes, haya a lo sumo uno que pueda esperar obtener ventajas de un precio del azúcar artificialmente elevado?”

    “El problema que tengo en mente no es el comportamiento de la masa de ‘intelectuales’ y de aquellos que se sitúan entre ellos. Me refiero a aquellos autores, tanto de ficción como de no ficción que, por ejemplo, hablan de abundancia y, simultáneamente, de una superpoblación que acerca a la humanidad al hambre. O a la Civil Liberties Union que, por un lado, mueve cielo y tierra cuando descubre que un club de tenis sólo admite a negros como invitados en sus pistas, pero les niega la condición de socios y que, por otro lado, declara que trabajar sin credencial sindical no constituye un derecho civil”.

    [Este artículo es un extracto de Mises: The Last Knight of Liberalism (2007)].

     

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    Notas

    [[1]] Ver Sigmund Diamond, Compromised Campus: The Collaboration of Universities with the Intelligence Community, 1945–1955 (New York: Oxford University Press, 1992).

    [[2]] Ver a carta de Buckley enviada de forma masiva, fechada el 4 de Noviembre de 1955; Grove City Archive: archivo Buckley. La carta no contiene ninguna definición de “conservadurismo”.

    [[3]] Von Mises a Muthesius, carta fechada el 3 de Octubre de 1957; Grove City Archive: archivos Muthesius.

    [[4]] Carta de von Mises a John Belding Wirt, fechada el 23 de Octubre de 1954; Archivo de Grove City: archivos sobre conservadurismo. Véanse también declaraciones similares en la carta de von Mises a Richard Cornuelle, fechada el 1 de Noviembre de 1965; Archivo de Grove City: archivo de Richard Cornuelle.

    [[5]] Von Mises, “Economic Freedom in the Present World”, Economic Freedom and Interventionism: An Anthology of Articles and Essays (Irvington-on-Hudson, N.Y.: Foundation for Economic Education, 1990), cap. 47. Véase también el llamamiento de Henry Hazlitt a favor de una enmienda a la Constitución de los EE.UU. –calificada como muy “rígida”– en su extensa carta al editor de The New York Times (8 de Febrero de 1942); Archivo Grove City: archivos Hazlitt. Véase también Henry Hazlitt, A New Constitution Now (New York: McGraw Hill, 1942).

    [[6]] Von Mises a Richard Ware, carta fechada el 24 de Octubre de 1957; Grove City Archive: archivos Earhart Foundation.

    [[7]] Jeffrey A. Tucker, “Mises as Mentor: An Interview with George Reisman”, Austrian Economics Newsletter 21, n.º 3 (Otoño, 2001): 4.

    [[8]] Von Mises a Hayek, carta fechada el 18 de Febrero de 1960; Grove City Archive: archivos Hayek. Véase también F. A. Hayek, The Constitution of Liberty (Chicago: University of Chicago Press, 1960), posfacio.

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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