A principios de Septiembre de 2026, Ansar Allah –más conocidos en Occidente como los Houthi– lanzó su ofensiva más trascendental en años. El 3 de Septiembre, el movimiento inició ataques de distracción contra las fuerzas gubernamentales. Para el 10 de Septiembre, sus combatientes habían tomado Moca, la histórica ciudad portuaria del mar Rojo situada a unos 80 kilómetros al norte del estrecho de Bab el-Mandeb. Al día siguiente, en lo que Euronews describió como una ofensiva relámpago de 18 horas, las fuerzas de Ansar Allah avanzaron rápidamente por Dhubab y tomaron la isla de Perim –situada en el mismo estrecho, al que divide en dos canales de navegación–, y posteriormente se apoderaron de las islas Hanish, un archipiélago ubicado en el Mar Rojo a unos 150 kms al norte de Perim. A mediados de Septiembre, las fuerzas de Ansar Allah controlaban toda la costa yemení del mar Rojo, la isla de Perim y las islas Hanish, abarcando aproximadamente 5.400 kms2 de territorio recién conquistado.
Estas victorias otorgaron al movimiento posiciones estratégicas dominantes sobre Bab el-Mandeb, el estrecho paso por el que transita cerca de 12% del comercio mundial, y que sirve como principal vía de exportación de petróleo para Arabia Saudita desde que Irán cerró el estrecho de Hormuz. Ansar Allah sigue siendo la autoridad de facto en Sanaá y en gran parte de la poblada región occidental, mientras que el gobierno reconocido internacionalmente administra nominalmente otras zonas.
El avance aumentó la capacidad del movimiento para amenazar a los buques con armas de menor alcance, minas, drones y equipos de abordaje, además de poner de manifiesto la fragilidad de la posición militar del gobierno internacionalmente reconocido. El príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, instó personalmente al presidente Donald Trump a ordenar ataques militares estadounidenses contra las posiciones de Ansar Allah mientras estas se acercaban a Moca; petición que Trump rechazó, según informaron diversos medios de comunicación de Estados Unidos.
Detrás de los sorprendentes logros geopolíticos de Ansar Allah subyace una antigua tradición religiosa. El zaidismo es una de las tres ramas principales del islam chií que han perdurado hasta la actualidad, junto con el duodecimano y el ismailí. El duodecimanismo –rama dominante que abarca a la mayoría de los musulmanes chiitas en todo el mundo, y constituye la religión oficial de Irán– sostiene que la autoridad fue transmitida a través de una línea de doce imanes designados por vía divina; el último de ellos entró en ocultación en el año 874 D.C., y se espera que regrese como figura mesiánica al final de los tiempos. El ismailismo, a veces denominado chiismo septimano, se escindió de la línea duodecimana debido a la disputa sobre cuál de los hijos del sexto imán era el sucesor legítimo. Su rama sobreviviente más destacada hoy en día reconoce al Aga Khan como el imán vivo.
El zaidismo toma su nombre de Zayd ibn Ali, tataranieto del profeta Mahoma a través de Ali y Fátima, así como de Husayn ibn Ali. Mientras que los duodecimanos creen que el imán debe ser designado por Dios, y los ismailíes siguen a un imán vivo hereditario, los zaidíes sostienen que cualquier descendiente instruido de Ali puede ejercer el liderazgo alzándose en armas contra la tiranía.
Zayd puso este principio en práctica cuando se rebeló contra el califa omeya Hisham ibn Abd al-Malik en Kufa, el 6 de Enero de 740 D,C. Zayd resultó herido durante el segundo día de combates y falleció poco después. Incluso Abu Hanifa, fundador de la escuela de jurisprudencia suní más importante, brindó apoyo financiero a la revuelta e instó a otros a unirse a la misma; ésto demuestra el gran respeto que despertaba la causa de Zayd contra la opresión omeya, trascendiendo las divisiones sectarias.
El zaidismo no surgió plenamente constituido a raíz de aquel martirio. Fue cobrando forma gradualmente, a lo largo de siglos de refinamiento teológico. Al-Qasim al-Rassi (785-860 D.C.) dotó al movimiento de una teología y una jurisprudencia sistemáticas durante el siglo IX. Su nieto, al-Hadi ila al-Haqq Yahya, trasladó ese legado al ámbito del gobierno: atendió la invitación de las tribus de las tierras altas de Yemen, y estableció un imanato zaidí en Saada en el año 897. Él fue quien configuró la escuela doctrinal y jurídica hadawí, que se convirtió en la expresión dominante del zaidismo yemení, y que sus descendientes –la dinastía rasí– mantuvieron de forma intermitente durante más de 1.000 años.
También surgieron estados zaidíes en torno del mar Caspio durante esa misma época; sin embargo, dichas comunidades acabaron siendo absorbidas por el chiismo duodecimano, lo que dejó a Yemen como el principal bastión sobreviviente de esta tradición. Hoy en día, los zaidíes siguen concentrados en las tierras altas del norte y noroeste, en la franja que se extiende desde Dhamar pasando por Sanaá, Amrán, Hajjah y al-Jawf hasta llegar a Saada; precisamente el corazón geográfico donde Ansar Allah cuenta con sus apoyos más sólidos.
Durante siglos, los imanes zaidíes gobernaron partes del norte de Yemen mediante alianzas cambiantes con las tribus; su autoridad se expandía o contraía a medida que los pretendientes rivales y las intervenciones otomanas desestabilizaban el estado una y otra vez. Cuando el Imperio otomano se derrumbó al finalizar la Primera Guerra Mundial, el imán Yahya Muhammad Hamid al-Din actuó con rapidez para llenar el vacío de poder. Entró en Sanaá en Noviembre de 1918, consolidó su control sobre las tierras altas del norte, proclamó el Reino Mutawakkilita de Yemen hacia 1920, y obtuvo el reconocimiento internacional mediante el Tratado de Hodeida en 1926, convirtiéndolo en el primer estado árabe independiente de la era moderna.
El reino pasó de Yahya –asesinado en 1948– a su hijo Ahmad bin Yahya, quien gobernó hasta su muerte el 19 de Septiembre de 1962. Le sucedió su hijo Muhammad al-Badr, pero éste apenas retuvo el poder durante ocho días: oficiales republicanos, inspirados por el nacionalismo árabe de Gamal Abdel Nasser, protagonizaron un golpe de estado los días 26 y 27 de Septiembre de 1962, derrocaron al último imán, y proclamaron la República Árabe de Yemen. El golpe desencadenó una guerra civil entre republicanos apoyados por Egipto, y realistas respaldados por Arabia Saudí, conflicto que se prolongó hasta que la República Árabe de Yemen obtuvo reconocimiento internacional en 1970. No se trató de una simple revuelta suní contra el zaidismo, ya que las redes tribales y zaidíes del norte conservaron su influencia durante la etapa republicana.
Lo que siguió fue un lento resurgimiento. La unificación de Yemen en Mayo de 1990 unió el norte de influencia zaidí con el sur predominantemente shafií; el pluralismo político resultante abrió un espacio legal para un resurgimiento zaidí. Simultáneamente, instituciones salafíes respaldadas por Arabia Saudita penetraron en Saada y comenzaron a desplazar las costumbres religiosas locales, acelerando así dicho proceso. En respuesta, activistas zaidíes crearon partidos, escuelas y campamentos de verano; de este entorno surgió Hussein Badr al-Din al-Houthi, primero como el representante parlamentario más destacado del partido Al-Haqq entre 1993 y 1997, y posteriormente como fundador de la Juventud Creyente (Believing Youth), red diseñada explícitamente como contrapeso zaidí a las organizaciones juveniles wahabíes.
Cuando el presidente Ali Abdullah Saleh se alineó con Washington tras los atentados del 11 de Septiembre, Hussein consideró dicha alianza como una traición civilizacional hacia el norte. El gobierno yemení acabó con su vida en Septiembre de 2004, desencadenando la primera de seis rondas de enfrentamientos entre su movimiento y el estado: las guerras de Saada, libradas entre 2004 y 2010. Cada ronda que el gobierno no logró ganar, dejó a los Houthi más fuertes y mejor armados. Sus familiares y lugartenientes sobrevivieron a los seis conflictos, se sumaron al levantamiento popular de 2011, y entraron en Sanaá en Septiembre de 2014, consolidando la autoridad que hoy gobierna la mayor parte del norte de Yemen y controla los estrechos que conectan el Mar Rojo con el resto del mundo.
Aunque los Houthi siguen siendo un movimiento de raíces zaidíes, han construido una coalición más amplia que trasciende las divisiones sectarias. Su ideología combina el renacimiento jarudí, el nacionalismo yemení, la política tribal y el simbolismo revolucionario. El jarudismo es la rama del zaidismo más cercana al chiismo duodecimano; rechaza a los tres primeros califas. y sostiene que la sucesión de Alí fue designada por mandato divino. Aunque reivindican una relación privilegiada con la familia del Profeta en su calidad de sayyids, han reclutado a suníes de la escuela shafií y han colocado a políticos suníes del sur en cargos civiles visibles, al tiempo que apelan a las comunidades suníes mediante mensajes centrados en la soberanía, la lucha contra la corrupción, el rechazo a la injerencia extranjera y la solidaridad con Palestina. Los comandantes zaidíes y hachemitas conservan el control de la inteligencia, el armamento y las decisiones estratégicas. Por su parte, los funcionarios suníes gestionan los asuntos civiles bajo una red paralela de supervisores Houthi.
Contrariamente a la opinión predominante entre los sectores más beligerantes respecto de Irán en Washington y Tel Aviv, Ansar Allah no es un mero instrumento interpuesto de Irán. La revolución de 1979 ofreció a los partidarios del renacimiento zaidí un ejemplo de levantamiento islámico exitoso contra la monarquía y el poder occidental. Hussein admiraba la resistencia del Ayatollah Khomeini, adoptó elementos de la gestión estatal iraní, y tomó a Hezbollah como modelo organizativo. La asistencia iraní aumentó drásticamente tras la intervención saudí de 2015; el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) suministró tecnología armamentística, formación, inteligencia y apoyo diplomático. Por ejemplo, una sola incautación realizada en Julio de 2025 permitió interceptar unas 750 toneladas de munición iraní –incluidos componentes de drones, ojivas de misiles y sistemas de radar– destinadas al movimiento.
Sin embargo, la relación desafía la etiqueta como “representante” (proxy). Irán no creó a Ansar Allah, y ambos siguen ramas distintas del islam: el ya mencionado chiismo duodecimano en Teherán, y el zaidismo en Saada. El propio enviado de Irán a Yemen, Amir-Saeid Iravani, declaró públicamente a Al Jazeera que el grupo “no opera como un representante en ningún sentido operativo o de mando significativo”. El Middle East Council on Global Affairs documenta que, al estallar la guerra de Irán de 2026, Ansar Allah ejerció una contención calculada, en lugar de una escalada total, optando por preservar su capacidad operativa y su influencia en el Mar Rojo como elemento disuasorio de último recurso, en vez de agotarlas siguiendo los plazos iraníes.
Aun así, el grupo proyecta una herencia que es, en parte, iraní. El lema de Ansar Allah revela tanto una inspiración iraní como un proyecto ideológico distintivamente Houthi. Ansar Allah proclama: “Alá es grande, muerte a Estados Unidos, muerte a Israel, maldición a los judíos, victoria para el islam”, posicionándose como uno de los movimientos políticos más vocales en su confrontación con el judaísmo mundial y sus representantes árabes en Oriente Medio.
Este antisemitismo moderno tiene raíces antiguas en el gobierno zaidí. La ley clásica zaidí de la dhimma exigía a los judíos pagar un impuesto especial (jizya) y someterse a restricciones en cuanto a vestimenta, altura de las viviendas, monta a caballo y conducta pública. Ciertos gobernantes fueron mucho más allá de esas condiciones. El imán al-Mutawakkil Isma’il (1644-1676) intensificó la persecución tras el movimiento sabateo de 1666; en aquel entonces, el fervor mesiánico masivo en torno a un autoproclamado redentor judío llevó a los eruditos zaidíes a cuestionar si los judíos aún cumplían los requisitos para gozar de la protección dhimmi. Las acusaciones de que las comunidades judías habían ayudado al Imperio otomano durante la revuelta qasimí, también contribuyeron al creciente recelo hacia los judíos. El imán consultó a los fuqaha (juristas islámicos) zaidíes sobre si el mandato atribuido a Mahoma contra la coexistencia de dos religiones en Arabia era aplicable a Yemen; tras recibir un dictamen afirmativo, exigió la conversión de los judíos. Cuando la mayoría de ellos se negó a convertirse, el imán sometió a los líderes de la comunidad a humillaciones públicas. Cayó enfermo antes de completar la expulsión que había ordenado, y encargó a su sucesor que la llevara a cabo.
En 1679, el imán al-Mahdi Ahmad (1676-1681) demolió sinagogas en todo Yemen, confiscó propiedades y expulsó a toda la población judía a Mawza, en lo que sigue siendo el episodio más notorio de la historia de los judíos yemeníes.
El “Decreto de los Huérfanos” añadió una forma singularmente íntima de medida punitiva contra la población judía. Se basaba en una fatwa zaidí del siglo XVIII que recurría al hadiz profético: “Toda persona nace en la religión natural del Islam, y sólo sus padres hacen de ella un judío o un cristiano”. El decreto obligaba al estado zaidí yemení a asumir la custodia de los niños judíos huérfanos de padre y madre, y a criarlos como musulmanes. Investigadores de Cambridge han señalado que esta medida “no tiene parangón en otros países”. Su aplicación variaba según el gobernante y la región, pero el decreto fue ejecutado con mayor agresividad durante el reinado del imán Yahya (1918-1948), periodo en el que se registraron la mayoría de los casos. Las familias respondieron concertando matrimonios tempranos para sacar a los niños de la condición de huérfanos, ocultándolos en barrios judíos urbanos muy cohesionados y, en los casos más desesperados, emprendiendo el arduo viaje para abandonar Yemen por completo.
Entre Junio de 1949 y Septiembre de 1950, la Operación Alfombra Mágica –formalmente denominada Operación Sobre Alas de Águilas– trasladó por vía aérea a unos 49.000 judíos yemeníes al recién fundado estado de Israel, después de que el imán de Yemen accediera a permitir la salida de la mayor parte de la comunidad. La operación puso fin a una presencia judía en Yemen que se había prolongado durante más de 2.500 años. Un pequeño grupo permaneció en el país, pero bajo el dominio de Ansar Allah esa continuidad milenaria se rompió definitivamente. En Marzo de 2021, los Houthi expulsaron de Sanaá a 13 miembros de las tres últimas familias judías.
Una vez que se marcharon las últimas familias judías, Ansar Allah trasladó al extranjero su guerra contra Israel. Desde 2023, los Houthi han atacado barcos y lanzado armamento hacia Israel, alegando que defienden a Gaza. Sus acciones despertaron la admiración de muchos árabes que veían pocas medidas significativas por parte de sus propios gobiernos.
Al fundamentar su moderna campaña militar en los sólidos cimientos del histórico antiimperialismo zaidí y de la gobernanza religiosa, Ansar Allah ha demostrado que el desafío sostenido a Israel y a sus valedores internacionales no depende del consenso diplomático moderno, sino de un compromiso inquebrantable con la identidad civilizacional y la lucha armada contra el judaísmo mundial.
Los gentiles de Occidente podrían aprender un par de cosas de los valerosos guerreros de Ansar Allah.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko








