Por qué posiblemente el Islam gane su eterna guerra contra Occidente

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    Examinemos el Islam y su impacto en Occidente.

    Aquí está la conclusión: el conflicto entre el Islam y Occidente equivale a una guerra eterna, un concepto de la novela de ciencia ficción del mismo nombre de Joe Haldeman. Y es probable que los mahometanos ganen la siguiente etapa.

    La Guerra Eterna comenzó a principios del siglo VII y ha tenido altibajos desde entonces. Ahora se está calentando de nuevo, como lo demuestra el hecho de que las guerras y actividades terroristas más recientes se centran en lugares como Irán, Irak, Somalia, Líbano, Bosnia, Sudán y Afghanistan, y organizaciones con nombres como Hamas, Septiembre Negro y Al-Qaeda.

    ¿Por qué es eso? Los musulmanes consideran que sus tierras y su cultura han estado bajo constante ataque desde las Cruzadas. La imagen romántica de los caballeros con armadura, luchando para liberar Tierra Santa de los infieles, se invierte en sus ojos. Ven hordas de bárbaros europeos que han invadido su patria con un pretexto, con la intención de violar, asesinar y saquear en gran escala [no muy lejos de la más horrenda realidad].

    Durante los últimos dos siglos, los ejércitos europeos –y ahora estadounidenses– han pisoteado a todos los países musulmanes. A los musulmanes no les gustaría más que lo que les gustaría a los estadounidenses si los Houthi estuvieran bombardeando New York, y tuvieran una zona de “prohibición de vuelo” establecida sobre Alabama para proteger un movimiento separatista negro.

    Dejando de lado sus debilidades personales, Saddam Hussein y Moammar Khadafi son vistos como héroes por la mayoría de los musulmanes, por haber luchado contra los cruzados a pesar de enormes dificultades.

    El Islam es posiblemente la mayor religión del mundo, con sus 2.000 millones de seguidores, si se considera el número de creyentes reales, en contraposición con los creyentes sólo nominales. También es la religión de más rápido crecimiento del mundo. Domina por completo una gran parte del mundo con mucha gente pobre, poco capital, poca libertad, y gobiernos uniformemente represivos. ¿Hasta qué punto es ésto culpa del Islam? Yo diría que en gran medida. Pero si ese es el caso, ¿cómo sería posible que los musulmanes ganen la Guerra Eterna? Voy a mostrar por qué posiblemente será así.

    Se nos dice que el profeta (la paz sea con él, frase que los fieles solían añadir a las menciones de su nombre, abreviada como p.b.u.h.) era un comerciante hasta que, a los 40 años, fue visitado por el ángel Gabriel y se convirtió en un señor de la guerra. Gabriel recitó las palabras de Allah (El Compasivo, El Misericordioso –quizás la más común de las muchas descripciones utilizadas por los fieles). Mohammed transcribió esos deseos como el Koran. Para la mayoría de los estudiosos, sin embargo, parecen más bien algunas historias vagamente recordadas que escuchó de los viajeros.

    El Islam atrae a la gente por razones muy comprensibles: ofrece un paquete claro, que explica el significado de la vida y al mismo tiempo promete la bienaventuranza eterna después de la muerte. Tiene algunas características y hace promesas, lo que lo hace especialmente atractivo para los pobres y oprimidos, una de las cuales es una comida diaria si asiste a la mezquita y reza después de realizar sus abluciones. Y eso significa que su mercado potencial es aproximadamente 75% de la población mundial.

    La esencia del Islam

    El Islam tiene varias sectas, pero sólo una pequeña fracción de las que tiene el cristianismo. No servirá de nada entrar en éstas, excepto para observar que la razón del número relativamente pequeño de variaciones (básicamente Sunni y Shia, o sunnies y shiitas) es que es una fe mucho más cohesiva que el cristianismo, al estar basada en un libro bastante breve, promulgado por un hombre, cuyo status es claro; la religión deja relativamente poco abierto a la interpretación. Los pilares básicos del Islam tienden a unificar a los creyentes, cualesquiera que sean las diferencias que puedan tener. La guerra interna entre musulmanes por motivos religiosos ha sido la excepción.

    No está claro qué constituye a un cristiano como “observador”, o quizás “salvo”. Las opiniones difieren ampliamente entre las muchas sectas de esa religión. Sin embargo, no hay duda sobre quién es un musulmán practicante: sólo hay que adherir a sus cinco pilares.

    • La Shahadah o Profesión de Fe. Ésta es la esencia del Islam. Para convertirse en musulmán, uno debe decir en voz alta, sincera y decididamente: “No hay más Dios que Allah, y Mohammed es su profeta”.
    • Oración. Hay que orar, de manera ritualizada, cinco veces al día, en congregación si es posible. Los muezzins [miembro de la mezquita responsable de convocar de viva voz a la oración o adhan] llaman a los fieles a la oración desde los minaretes de las mezquitas a través de altavoces. Los no musulmanes pueden encontrar ésto desafiante, lo cual es intencional.
    • Zakat o diezmo. Uno debe dar un cierto porcentaje de sus activos a los pobres cada año.
    • No se puede comer, beber ni fumar desde el amanecer hasta el anochecer durante el Ramadan, el noveno mes del calendario lunar. Este año, el Ramadan comenzó el 11 de Marzo.
    • Hadj, o peregrinación. Hay que viajar a La Mecca al menos una vez, si es posible.

    Ahí tiene. Y ciertamente parece un pequeño precio a pagar para ganar el Paraíso, donde uno se dedica a los placeres de la carne por la eternidad, rodeado de 72 Houris [bellísima doncella del paraíso] con ojos de gamo. Mientras tanto, los infieles y apóstatas pueden esperar arder en azufre por la eternidad. Como dice el Sagrado Koran en 5:33 –y muchas otras suras–: “Aquellos que hagan la guerra contra Dios y su mensajero, serán asesinados o crucificados, o se les cortarán las manos y los pies en lados opuestos, o serán expulsados de la tierra. Así serán tratados en este mundo, y en el otro tendrán un destino terrible”.

    El Islam también ofrece beneficios aquí y ahora. Cultiva una hermandad de creyentes que traspasa barreras raciales, étnicas y lingüísticas, no sólo en teoría sino también en la práctica. Permite al creyente comunicarse directamente con Allah, prescindiendo de un sacerdocio intermediario. Los mullahs y los imams son eruditos o líderes; el puesto está abierto a cualquiera. Es una religión muy fraternal y democrática.

    Pero no es una religión de paz, al menos no hasta que el mundo sea musulmán. Los musulmanes creen que el mundo está dividido en Darul Islam, la “Casa de la Sumisión” –donde los infieles han sido conquistados o eliminados– y Darul Harb, la “Casa de la Guerra” –donde la guerra establecerá el Islam.

    La palabra Islam significa “sumisión”. Dado que Allah es todopoderoso y omnisciente, significa que cualquier cosa que suceda es la voluntad de Allah, y los fieles hacen bien en aceptarlo. Ésto conduce, por un lado, a una visión de la vida más tranquila y desestresante, lo cual es bueno. Por otro lado, puede conducir a una visión muy fatalista de la vida, en la que el trabajo duro y el esfuerzo pueden resultar inútiles. Ésta es una de las razones del relativo atraso del mundo musulmán. Y el hecho de que muchos o la mayoría de los hombres estén desempleados, especialmente en los países occidentales.

    Sólo en los últimos años se ha convertido en una práctica llamar a esta religión Islam. El mahometanismo solía ser más común, y era aceptado, de la misma manera que los seguidores de Cristo son llamados cristianos y los seguidores de Buddah son budistas. Pero ahora es políticamente correcto decir Islam. Hacer que Occidente reemplace su palabra tradicional por otra que prefieran, es en sí misma una forma de sumisión.

    Si quiere convencer a otros de algo, lo más importante que debe recordar es: “¡Manténgalo simple!” Y el Islam lo hace muy bien. La clave para la salvación es la observancia de los Cinco Pilares.

    El Islam también cultiva la certeza, lo que favorece enormemente su simplicidad. Si se quiere que las masas crean en algo, la certeza –confianza total e inquebrantable en la exactitud de su posición– es muchas veces más eficaz que cualquier grado de intelectualismo. La simplicidad y la certeza son los dos elementos indispensables de una religión de masas exitosa. Con esta base sólida establecida por Allah, a través del Profeta, los primeros y entusiastas seguidores pudieron llevar el espectáculo a la carretera.

    La razón del temprano éxito del Islam

    A menudo surge la pregunta sobre cómo pudo haber caído la civilización islámica, que conquistó gran parte del mundo conocido en los 150 años posteriores a la Hegira (la huida de Mohammed de La Mecca a Medina en 622 D.C.), y luego entró en una Edad de Oro hasta el siglo XIII. ¿Fue porque Allah sonrió a los musulmanes en sus primeros años pero, por alguna razón, los ha visto con malos ojos en siglos más recientes? ¿O podría haber alguna otra fuerza en acción?

    Dos factores fueron importantes para las primeras conquistas del Islam.

    En primer lugar, los bizantinos (y los persas, su enemigo histórico) sufrieron enormemente la plaga de Justiniano del 541 al 549, que probablemente mató a 20% de la población, especialmente en las ciudades. Mientras tanto, los dos imperios libraron guerras constantes y mutuamente devastadoras, que los desmoralizaron y empobrecieron aún más.

    En segundo lugar, los musulmanes desarrollaron una excelente organización militar gracias al fervor religioso. Las grandes conquistas suelen comenzar con una ideología unificadora, generalmente alguna forma de nacionalismo o religión, y cuanto más simple y segura, mejor. Eso es exactamente lo que el Islam les dio a los árabes; tenían a Allah de su lado. Las conquistas condujeron a la riqueza, y la riqueza a la civilización y al progreso.

    Occidente contraatacó con la Reconquista de España y las Cruzadas a partir de 1099. Luego, los musulmanes tomaron Constantinopla en 1453, y casi conquistaron Europa antes de ser rechazados en Viena en 1683. A partir de ahí, debido a los méritos únicos de la civilización occidental, Europa se desarrolló tecnológicamente mucho más rápido, conquistando y colonizando todos y cada uno de los países musulmanes. Pero desde el final de la Segunda Guerra Mundial, todas estas ex colonias se han vuelto independientes, y los musulmanes han estado contraatacando, utilizando un nuevo enfoque militar popularmente denominado “terrorismo”.

    Guerra, riqueza e hipocresía

    Vale la pena examinar la relación entre guerra y riqueza. Después de todo, la mayoría de las guerras tienen raíces económicas. Al menos hasta tiempos muy recientes, la conquista era la clave de la riqueza y el éxito. Perder una guerra significaba pobreza (simplemente porque el enemigo se robaba todo lo que poseía su oponente) y probablemente esclavitud.

    La riqueza que el Islam obtuvo desde el principio condujo a su Edad de Oro, un florecimiento de la medicina, las matemáticas, la filosofía y la ciencia. Aunque la mayoría no lo sepa, los musulmanes no eran entonces –ni son ahora– creyentes agresivos del tipo “¡Conviértete o muere!”. Por un lado, la conversión forzada es Haram –está prohibida en el Koran. Por otro lado, significa que la Ummah (el colectivo de creyentes) recibe menos impuestos. Los Dhimmis (los conquistados no musulmanes) tienen que pagar muchos más impuestos. La Edad de Oro fue el resultado de una conquista bien gestionada. Los Dhimmis conquistados significaban riqueza y ocio.

     

     

    La conquista es lo que se llama simple robo cuando es perpetrada por un grupo grande y bien organizado. Los árabes se hicieron ricos como cualquier otro imperio exitoso. En tiempos pretecnológicos, la conquista era una fórmula para el éxito. Nadie tuvo reparos en ello. La idea de tribunales para crímenes de guerra –de haber existido– habría resultado ridícula en tiempos en que la recompensa standard para los soldados de un ejército conquistador eran tres días de saqueo, violaciones y caos general sin restricciones en una ciudad caída.

    Históricamente, cuando se conquista a un enemigo y se confisca (otra buena palabra para “robar”) sus posesiones, se vuelve más rico. Sin embargo, ésto era mucho más cierto en la época preindustrial, cuando la riqueza era estática (tierra, oro, ganado, etc.). En la economía de alta tecnología actual, el simple robo es mucho menos productivo.

    Hoy en día no se puede robar conocimientos de manera efectiva. Eso es porque es un proceso, no un objeto concreto. Cuanto mayor es el nivel tecnológico de una sociedad, menos sentido tiene el robo. Toda la historia de la civilización gira en torno de la sustitución del robo por la producción. En un mundo de alta tecnología, el robo es en realidad contraproducente, del mismo modo que no se adquiere ningún conocimiento robando las respuestas de un examen. Sin embargo, no era así en el mundo antiguo, cuando Allah dictó el inmutable Koran.

    La conquista permitió a los musulmanes, habitantes de tiendas de campaña que salían del desierto, enriquecerse y mantenerse ricos durante un tiempo. Pero –a pesar de la Edad de Oro, cuando había muchos Dhimmis que les proporcionaban ocio– los musulmanes desconfían del conocimiento secular. Dado que el Koran es la palabra exacta e indiscutible de Allah, es casi una blasfemia leer cualquier otra cosa, aprender sobre cualquier otra cosa, o hacer cualquier cosa que no se relacione directamente con lo que Allah quiere que hagas. Un buen musulmán hace de su religión no sólo el centro de su vida; hace de ello su vida. Ésta es la razón por la que muchos musulmanes saben poco más que lo que aprenden en la Madrassa o las conferencias de su mullah.

    He leído el Koran. Aproximadamente una cuarta parte son efusivas alabanzas a Allah. Una cuarta parte son imprecaciones sobre incrédulos y apóstatas, y descripciones del destino que les espera. Una cuarta parte da a los musulmanes consejos y promesas de cosas buenas por venir. Y aproximadamente una cuarta parte consiste en historias modificadas de la Biblia. Quizás leí una mala traducción, pero el libro carece de la elegancia poética de muchas partes de la Biblia. H. L. Mencken dijo que sonaba como un perro ladrando a cuatro patas. Si estuviera vivo hoy, sin duda se emitiría una fatwah en su contra y su vida estaría en peligro.

    Eso no quiere decir que el Islam no comparta muchos valores morales occidentales. Está absolutamente en contra del robo, la mentira o la hipocresía –pero depende de quién esté involucrado. Allah está en contra del robo, la mentira o la hipocresía cuando se trata con otros miembros de la Ummah. Pero todo es aceptable cuando se trata de Kaffirs (incrédulos) y Darul Harb. Este es un aspecto en el que el Islam es muy diferente del cristianismo, y de casi cualquier otra religión.

    Ésa es una de las razones por las que el Islam tiene tal poder de permanencia, sin cambios en su forma básica. Pero a medida que una mayor parte del mundo conquistado se convertía al Islam a lo largo de los siglos, había más creyentes privilegiados y menos Dhimmis que los apoyaran. Ésa es una razón práctica –además del mandato religioso– por la que el Islam quiere apoderarse de Occidente. Es donde está toda la riqueza y hay muchos Dhimmis a los que gravar, como ocurría en la ya desaparecida Edad de Oro.

    Fundamentalismo

    Sin embargo, lo que realmente debería preocupar a la gente de Occidente no son las ramificaciones económicas, sino las políticas de la religión de Mohammed. Si bien muchas otras religiones, desde el vudú hasta el hinduismo, son extrañas, el Islam es una amenaza. Ésto se debe a lo que se considera el sexto pilar, conocido como Jihad o Guerra Santa, para defender y difundir el Islam.

    Si se investiga el Islam en Internet, se encontrará que sus aspectos violentos o ajenos a la corrección política, son seriamente minimizados. Nadie que recuerde a Salman Rushdie quiere ofender al Islam de ninguna manera, ni siquiera accidentalmente. La intimidación y el engaño son partes intrínsecas de la guerra, y son elogiados en el Hadith –que relata las acciones y palabras de Mohammed y sus colaboradores más cercanos. Quizás por eso el Islam –a pesar de los numerosos actos de violencia cometidos por musulmanes– intenta presentar una cara amistosa y razonable ante los Käfir [no musulmanes] y Darul Harb.

    Pero no es una religión de paz. Aquí hay algunas citas del Koran para darle una idea:

    2:191  – “Mata a los incrédulos dondequiera que los encuentres”.

    3:28   – “Los musulmanes no deben tomar a los infieles como amigos”.

    3:85   – “Cualquier religión que no sea el Islam no es aceptable”.

    8:12   – “Aterrorizar y decapitar a aquellos que creen en otras escrituras distinta del Koran”.

    8:60   – “Los musulmanes deben reunir todas las armas para aterrorizar a los infieles”.

    8:65   – “Los incrédulos son estúpidos; instamos a los musulmanes a luchar contra ellos”.

    9:5     – “Cuando se presente la oportunidad, mata a los infieles dondequiera que los encuentres”.

    9:30   – “Los judíos y los cristianos son pervertidos, lucha contra ellos”.

    9:123  –  “Haz la guerra a los infieles que viven en tu barrio”.

    47:4   – “No anheléis la paz con los infieles; decapítalos cuando los atrapes”.

    Es comprensible que la Jihad asuste a los Käfir. De la misma forma en que escuchar a una congregación cantar “Adelante, marchad soldados cristianos como a la guerra” podría asustar a los musulmanes. Mientras tanto, la Fuerza Aérea de Estados Unidos está atacando a varios países musulmanes. Ésto enfurece a los musulmanes, que buscan consejo en el Koran y los Hadith. Lo que refuerza el fundamentalismo.

    Algunos dicen que el Islam es básicamente una buena religión, una religión de paz, como afirman sus propagandistas. Dicen que el problema es el fundamentalismo, que va en aumento.

    El fundamentalismo equivale a vivir una vida exactamente de acuerdo con El Libro, al menos tal como se lo entiende. Y ésto lleva de nuevo al problema de la hipocresía. Por ejemplo, dado que a través del Profeta, Allah dice que está mal cobrar intereses bajo cualquier circunstancia, ¿cómo se puede racionalizar eso con las prácticas bancarias y la teoría económica modernas, en las que el interés es el valor temporal del dinero? Si Jesús, quien los cristianos creen que es Dios, dice que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre al Cielo, ¿cómo se puede racionalizar el hecho de ser rico?

    Bueno, los bancos musulmanes tienen al menos 18 formas de obtener un rendimiento de los préstamos sin llamarlos intereses (honorarios, regalos de devolución, comisiones, muestras de agradecimiento, porcentaje de beneficio, etc.). En cuanto a cómo los cristianos resuelven el enigma de la riqueza, estoy seguro de que todos hemos escuchado las respuestas en la escuela dominical. Pregunta: ¿Es por eso que los judíos son notoriamente más ricos que los cristianos o los musulmanes?

    En realidad, a pesar de todos los problemas que causan los fundamentalistas de todas las religiones, hay que respetarlos, aunque sólo sea porque no son hipócritas. No se limitan a hablar lo que dicen; ellos caminan el camino. Pero el fundamentalismo está sólo a un paso del fanatismo.

     

     

    El futuro del Islam

    Habiendo repasado brevemente la historia del Islam, exploremos ahora hacia dónde se dirige. ¿Debería considerarse al Islam una amenaza a la “civilización tal como la conocemos”; es decir, a la civilización occidental? Esa pregunta tiene al menos dos respuestas.

    Una respuesta es sí; dado que ambas civilizaciones tienen valores antitéticos, el Islam es una amenaza. Un buen musulmán sabe que tiene que difundir el Darul Islam y conquistar Darul Harb. Actualmente hay 49 países musulmanes, y algunos de ellos tienen ejércitos serios. Numerosos grupos islámicos no sólo se defenderán de los cruzados medievales reinventados como estadounidenses modernos, como los primitivos Houthi en el Mar Rojo. Muchos quieren llevar el espectáculo de gira, y conquistar a los potenciales Dhimmis en Europa desde su interior.

    La Ummah luchará no tanto con aviones y tanques, sino con armas que puedan permitirse, que irónicamente no sólo son mucho más baratas, sino mucho más rentables. Entre otras cosas, utilizarán la demografía y las oleadas de inmigrantes. Sus familias numerosas son financiadas por los países de acogida. No llamaremos a sus guerreros “soldados” o “terroristas”, sino “vecinos”.

    Una de las mayores fortalezas del Islam es también una de sus mayores debilidades: a saber, el hecho de que es más que una religión; es una cosmovisión completa. No sólo prescribe cómo se aborda lo sobrenatural, o incluso simplemente la moralidad, sino que dicta el enfoque que debe adoptarse ante las finanzas, la ciencia, el arte, la política y la vida en general. Ésto tiene cierta utilidad para unir a los pueblos primitivos con el propósito de una conquista militar, utilizando tecnología simple. Si se puede convencer a una horda de que irán al Paraíso si mueren en una Jihad contra el enemigo, se tendrá una fuerza militar formidable de baja tecnología. Pero el pensamiento grupal y otros hábitos islámicos arraigados son muy inútiles en cualquier otra área de la civilización. Por otra parte, ¿quién necesita un misil caro, cuando los adolescentes musulmanes, disponibles en cantidades ilimitadas, pueden lanzar explosivos suicidas con precisión?

    Algunos, especialmente aquéllos en los círculos de Seguridad Nacional, preguntan discretamente qué se debe hacer ante la amenaza musulmana. Mi respuesta es: éste no es un problema militar, y no puede ser resuelto con soluciones militares. Una cosa era cuando el Islam se enfrentaba a un enemigo ideológico igual en la forma del cristianismo medieval –o incluso el cristianismo de hace 100 años. Pero, desafortunadamente para Occidente, su contrafuerza ideológica es ahora esencialmente el wokeismo.

    El wokeismo puede ser vagamente definido mediante conceptos degradados como inter-seccionalidad, lgbtq, DEI, espacios seguros, activación generalizada, complacencia descarada hacia las minorías, políticas de identidad, culpa por los valores de Occidente, y el deseo de abolir las normas y la cultura tradicionales. Y algo llamado islamofobia –es como si se supusiera que Occidente debería darle la bienvenida al Islam. Cuando, en realidad, el Islam es tan pernicioso como el nazismo o el comunismo.

    La Ummah de los musulmanes no sufre nada de ésto. De hecho, es exactamente lo contrario hasta el extremo. Ejemplos aleatorios son la persecución de los Versos Satánicos de Rushdie, los asesinatos de Charlie Hebdo en París, y decenas de asesinatos y violaciones con motivos ideológicos. En toda Europa, una vez que alcanzan una masa crítica, actúan como si ya fueran los gobernantes. No hay resistencia por parte de los débiles y desmoralizados europeos.

    Los musulmanes que conozco son, individualmente, tan decentes como cualquier otra persona. El conflicto surge cuando hay una masa crítica, y empiezan a pensar en sí mismos como parte de la Ummah que conquista Darul Harb.

     

     

    Por otro lado, a largo plazo el Islam no es una amenaza en absoluto. Debido a que los musulmanes toman su religión tan en serio, necesariamente se quedarán atrás en todas las demás áreas del esfuerzo humano. Es poco probable que la creencia servil en un libro que llegó en sus sueños a un señor de la guerra árabe analfabeto a principios del siglo VII, conduzca al éxito en un mundo rico y de alta tecnología. Hay técnicos musulmanes que pueden aprender de memoria. Pero muy pocos científicos musulmanes, porque la ciencia requiere pensamiento independiente. Casi todos los científicos musulmanes, no por casualidad, viven en Occidente. El Islam no puede seguir el ritmo, excepto a través de la fuerza.

    El futuro económico de los países con tradiciones islámicas no será el que podría ser. Los únicos países islámicos a los que les está yendo bien, son los que se encuentran sobre reservorios de petróleo. Sus altos edificios e impresionantes aeropuertos fueron diseñados en Occidente, y construidos con mano de obra importada. La riqueza del Islam sólo está allí debido a un accidente geográfico. Sus masas sólo se mantienen gracias a las tecnologías agrícolas y médicas que Occidente les ha proporcionado.

    Parece probable una continuación de la Guerra Eterna entre el Islam y Occidente. El escenario principal será Europa, como ha sido casi siempre el caso durante los últimos 2000 años. Los europeos perderán debido a su falta de voluntad y a su abrumadora demografía.

    Los seguidores de Jesús y de Mohammed comparten dos características: cada uno afirma ser la única fe verdadera, tal como se la define en un libro sagrado (el Nuevo Testamento y el Koran, respectivamente); y cada uno hace proselitismo (aunque los cristianos han sido mucho más agresivos respecto de la conversión –y eso fue en el pasado). El Islam tiene mucho más que ver con la dominación y la conquista.

    El hecho es que todos los países conquistados por el Islam (a excepción de España) han continuado siendo islámicos. Los cristianos son mucho menos estridentes ahora que en la época medieval, la Reforma y la colonia. De hecho, grandes segmentos de la cristiandad lo son sólo de nombre. Papá Noel y las iglesias vacías son principalmente recordatorios benignos, mientras que las mezquitas que se construyen en toda Europa están llenas. En Europa, el cristianismo es débil e incluso está agonizando. Ésto es cierto, en menor medida, en Estados Unidos. Como observó Napoleón, en la guerra, lo psicológico es a lo físico como tres es a uno.

    El Islam es más que una religión para sus 2.000 millones de creyentes; es una cosmovisión. Necesariamente se entromete en todos los aspectos de la vida –negocios, familia, derecho, gobierno, lo que sea. El Koran está escrito en gran parte en primera persona, como la palabra directa e incontrovertible de Allah mismo. Como religión abrahámica más nueva, el Islam se encuentra en la misma etapa de desarrollo que el cristianismo en la misma época. Tiene un aspecto medieval. ¿Se suavizará? Lo dudo. Ya no sería Islam si no se observaran estrictamente el Koran y los Hadith.

    Aunque la mayoría de las miradas están ahora puestas en el conflicto entre Rusia y la OTAN en Ucrania, o entre Estados Unidos y China, no debe pasarse por alto la guerra eterna con el Islam. Estará ahí mucho después de que se resuelvan los demás. En 1400 años, el Islam nunca ha perdido terreno. Estuvo inactivo hasta 1946, pero ha estado en marcha desde entonces. Al menos en Europa, la perspectiva de una guerra de supervivencia existe por varias razones.

    Los musulmanes nunca se han integrado a otras culturas. No me refiero sólo a las recientes migraciones a Europa, donde universalmente viven en áreas autodesignadas, que son zonas “prohibidas” para los europeos.

    La guerra en la ex Yugoslavia fue más virulenta entre los musulmanes bosnios. El estado separatista de Kosovo es un choque entre musulmanes kosovares y serbios ortodoxos. Estas personas habían vivido juntas durante cientos de años. India puede ser el ejemplo de mayor escala. Pakistán se separó de India por la fuerza en 1947, acompañado de quizás 2.000.000 de asesinatos, y hoy es 98% musulmán. Unos 200 millones de musulmanes permanecen en India, pero todavía tienen serios conflictos con hindúes, cristianos, sijs, budistas, farcis, judíos y jainistas, que viven en paz entre sí.

    La elevada y continua inmigración procedente de África y Asia, agravada por una tasa de natalidad musulmana muy alta, y una tasa de natalidad nativa inferior a la de reemplazo, es un mal augurio para Occidente. Las estimaciones varían, pero el proyecto Pew Research, realizado en 2013, proyectó que para 2050 los musulmanes representarían más de 30% de Suecia, 20% de Alemania y Austria, y entre 15 y 18% de la mayoría de los demás países de Europa occidental.

    Muchos factores podrían alterar esta demografía, pero los mahometanos ya son casi una mayoría en muchas ciudades importantes, incluidas Londres y París. Y es en las grandes ciudades donde se formulan las políticas. La inmigración está aumentando rápidamente, sobre todo porque la UE esencialmente legisla la acogida de los “refugiados”. Se les dará alojamiento, comida, ingresos y un teléfono celular gratis a su llegada y, en la mayoría de los casos, no se lleva a cabo una audiencia sobre su status hasta después de muchos meses. Lo único que produce la mayoría de los países musulmanes, es más musulmanes. Los llamados refugiados desempeñarán un papel importante a la hora de ganar la guerra contra Darul Harb y los Käfir en Europa.

    Además, hay una tendencia creciente de conversión en Occidente, como lo demuestra Andrew Tate –alguien a quien no sigo, pero que ocupó el puesto número uno en visitas a Internet en 2022. Es una tendencia entre muchos atletas negros, en particular Mike Tyson.

    La Guerra Eterna no se librará con ejércitos convencionales, no sólo porque el mundo islámico no tiene la tecnología. Sino porque los ejércitos occidentales son inútiles contra una masa amorfa de millones de personas. Los Houthi, un grupo rebelde en Yemen, están demostrando que los misiles y drones baratos lanzados contra activos marítimos y navales occidentales causan mucho daño. Lanzar armas multimillonarias contra chozas de barro sólo genera más enemigos.

    Entonces, ¿cómo será el conflicto? Amorfo e inconexo, caótico y sin frentes fijos. Con muchos millones de musulmanes en Europa –pakistaníes en el Reino Unido, turcos en Alemania, nordafricanos en Francia y Holanda–, la conquista del mundo por parte de Europa se ha vuelto en su contra. Se acercarán al status de mayoría en los próximos 20 años. No están siendo absorbidos y (comprensiblemente) tratan a los europeos con desprecio. Muchos millones más llegarán como balseros, les guste o no a los europeos, más o menos como lo proyectó Jacques Raspail en su novela El campo de los santos hace 50 años.

    En el pasado, Occidente formuló la pregunta: ¿Qué hace nuestro petróleo bajo su arena? En el futuro, los musulmanes se preguntarán: ¿Cómo podemos deshacernos de estos infieles agresivos de una vez por todas? Entonces Occidente reformulará su pregunta como: ¡Esta gente quiere matarnos! ¿Cómo podemos detenerlos de una vez por todas?

    Muchos piensan que Estados Unidos no puede perder una guerra debido a su ejército de extrema tecnología. Los juguetes caros pueden resultar útiles de vez en cuando; pueden ganar algunas batallas. Pero son básicamente inútiles para ganar la próxima generación de guerras, como la caballería en la Primera Guerra Mundial, o los acorazados en la Segunda Guerra Mundial. Es posible que dentro de 20 años haya algunos portaaviones y F-35. Pero serán rarezas reservadas para propósitos especiales, como máquinas de escribir.

    Además de ganar las guerras demográficas e ideológicas de importancia crítica, por atrasados que estén los musulmanes aún pueden ganar la guerra tecnológica en el corto plazo. Ésto se debe a que todo el mundo puede tener armas inventadas por Occidente –armas nucleares, biológicas y cibernéticas.

     

     

    ¿Deberíamos preocuparnos por la actual etapa de la Guerra Eterna que favorece al Islam? Depende del plazo, supongo. El corto plazo –los próximos 50 a 100 años– parece muy turbulento y sombrío. Más allá de eso, sólo dos cosas son predecibles.

    Primero, muchas personas seguirán produciendo más que lo que consumen, y ahorrarán la diferencia; ésto creará más capital, que es fundamental no sólo para un mayor nivel de vida, sino también para el avance de la tecnología. Es un buen augurio para Occidente. Los musulmanes no son buenos en esas cosas.

    En segundo lugar, dado que hay más científicos e ingenieros vivos que en toda la historia anterior combinada, la tecnología seguirá avanzando. La tecnología es la principal fuerza para mejorar el nivel de vida general. Eso también favorece a Occidente.

    Entonces, soy esencialmente optimista. Esperemos que los ahorradores no desaparezcan, y que los científicos no hagan demasiado trabajo gubernamental.

    La humanidad ha pasado de la subsistencia y la vida en cuevas hace apenas 10.000 años, a alcanzar hoy las estrellas –y el ritmo de progreso se ha ido acelerando. ¿Por qué una guerra cultural más, incluida la Guerra Eterna, con la probable victoria de los mahometanos, debería poner fin a ésto?

    A menos que nos hundamos en una Edad Oscura. Una cosa es segura. Hasta que haya un renacimiento, las cosas que valoramos de nuestra civilización están en proceso de desaparecer.

     

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko