Una disección hoppeana de Javier Milei

    0
    Tempo estimado de leitura: 19 minutos

    Introducción

    En su libro Monarquía, democracia y orden natural, Hans-Hermann Hoppe habla del movimiento neoconservador que surgió en Estados Unidos a fines de los años 1960 y principios de los 1970, cuando la izquierda se involucró cada vez más con el Poder Negro, la acción afirmativa, el proarabismo y la contracultura de aquellos tiempos. En oposición a todo esto,

    muchos intelectuales de la izquierda tradicional, constituida normalmente por ex-trotskystas, y «Liberales» de la guerra fría, liderados por Irving Kristol y Norman Podhoretz, rompieron con sus antiguos aliados y se pasaron al Partido Republicano, abandonando el refugio proverbial de la izquierda política, el Partido Demócrata. Desde entonces, los neoconservadores (…) han ejercido una indiscutible influencia en la política norteamericana, promoviendo un Estado de bienestar «moderado» («capitalismo democrático»), el «conservadurismo cultural» y los «valores familiares», y una política exterior intervencionista («activista») y sionista (proisraelí).

    El actual presidente de Argentina, Javier Milei, es un fenómeno mundial conocido como un héroe libertario. Incluso como presidente ha dicho que el Estado es una organización criminal y que los impuestos son robo. Como un libertario defiende sus ideales como justos y dignos para todos los pueblos del mundo, uno pensaría que un hombre así se enfrentaría radicalmente al statu quo estatista no sólo a nivel nacional, sino también a nivel internacional. Ciertamente, Milei puede ser mejor que la mayoría de los presidentes a los que estamos acostumbrados, pero no es tan bueno ni tan libertario como mucha gente cree.

    Milei, la derecha y el aborto

    Aunque los llamados neoconservadores no están realmente preocupados por las cuestiones culturales, reconocen la necesidad de jugar la carta del conservadurismo cultural para ganar el poder. La mayor parte del apoyo a Milei en Argentina proviene de los antiizquierdistas (que generalmente incluyen a los libertarios) y de los conservadores provida. Milei no es exactamente el tipo de conservador cultural que uno podría esperar, dados sus feroces seguidores fuera de la esfera libertaria. Este hombre soltero y sin hijos, que considera «aberrante» la institución social del matrimonio, ha ganado apoyo debido a su notable retórica antiizquierdista, antisocialista y antiestatista, y su postura sobre el aborto, en un país infestado de estatismo e izquierdismo cultural financiado con impuestos. Aparte de esto, la ayuda de intelectuales famosos de la derecha argentina, como Agustín Laje, ha favorecido a Milei con un apoyo importante para asegurar aún más su lugar dominante en la derecha. Sin embargo, el problema con la derecha en general —que frecuentemente sostiene muchas ideas libertarias y de libre mercado, ya sea en Argentina o en el extranjero— es el hecho de que su principal deseo es el reemplazo de cualquier élite progresista de izquierda a cargo del Estado, por otra elite que represente mejor los intereses de la derecha. Esto se ve a menudo claramente con las guerras culturales. Podríamos preguntarnos en qué momento todas estas personas finalmente se darán cuenta de que estas odiosas guerras culturales no tendrán fin si no se acaba con el Estado. En cualquier caso, siempre seguirán siendo un gran problema, a menos que logremos sacar al Estado del panorama tanto como sea posible; por ejemplo, sacándolo completamente de la educación.

    Desafortunadamente, muchos de los derechistas actuales no están realmente interesados ​​en protegerse del poder del Estado, sino más bien en poner un máximo de poder en manos de sus líderes; para ellos, se trata más de controlar el poder que de reducirlo. Según Robert Nisbet, desde Auguste Comte había una convicción conservadora de que la forma más segura de debilitar a la familia es que el gobierno asumiera las funciones históricas de la familia. No obstante, la continuación y expansión de los programas de bienestar social de Milei asumen precisamente funciones familiares y no son nada favorables al conservadurismo cultural; mucho menos al libertarismo. Además de esto, respecto al aborto, desde el punto de vista de un conservador tradicional, Nisbet dijo que «es una impertinencia usar la familia —tal como hacen regularmente los cruzados evangelistas— como justificación de sus incansables cruzadas para suprimir categóricamente el aborto». La cruzada provida de Milei—vía referendo—implica centralización política antes que descentralización. Y aunque el aumento del aborto en nuestros tiempos debería verse como una mayor degeneración moral, de ello no se sigue que debamos darle al Estado y a la centralización política el poder de intervenir en este asunto privado. Como diría Hoppe sobre esto:

    En vez de reconocer que nadie, salvo el cabeza de familia, puede ocuparse de los asuntos familiares (incluido el aborto), los agentes del monopolio jurisdiccional establecido por el gobierno se afanarán por ampliar sus funciones judiciales y de arbitraje sobre todos los asuntos familiares, erigiéndose en última instancia.

    Milei y su presidencia hasta el momento

    A nivel nacional, la presidencia de Milei ha sido una mezcla de buenas y malas acciones. Veamos ambas.

    Lo bueno: Recortó el gasto en algunos subsidios, cerró algunas agencias gubernamentales y dejó de financiar en gran medida la obra pública. Desreguló la economía hasta cierto punto y planea desregularla mucho más, incluyendo privatizaciones de la llamada propiedad pública y más. La eliminación de diversos controles de precios ha tenido algunos resultados positivos en algunos mercados, pero los beneficios generales de tales medidas (así como el recorte de algunos subsidios) todavía son limitados en una economía altamente cartelizada y llena de regulaciones impuestas por el Estado. Redujo algunos aranceles y bajó los impuestos a los concesionarios de automóviles. Además, sigue dando discursos sobre ideas libertarias y ciencia económica sólida en general, y se ha opuesto a la izquierda cultural en términos mayoritariamente buenos y correctos.

    Lo malo: En lugar de repudiar la deuda estatal, acudió al FMI y decidió dejar que los sufridos argentinos pagaran por los inversores y fondos de inversión extranjeros que habían sido lo suficientemente estúpidos como para comprar obligaciones de deuda emitidas por administraciones anteriores del gobierno argentino. En lugar de recortar los impuestos en todos los aspectos como prometió, y permitir que la economía se recupere por sí sola, ha aumentado varios impuestos (como los de los combustibles y las compras en moneda extranjera), e incluso planea restaurar una categoría de impuesto a la renta. En lugar de abolir el banco central y permitir la libre elección del dinero como prometió, intenta mantener vivo el peso —que de otro modo sería rápidamente superado y reemplazado por el dólar estadounidense (y posiblemente, más adelante, por monedas más sólidas)— mediante bonos especiales a corto plazo, manipulación de las tasas de interés, leyes de curso legal y tipos de cambio fijados artificialmente. En lugar de recortar drásticamente los programas de bienestar, ha ampliado el Estado de bienestar, incluidos los pesos multiplicados (en términos reales) para programas especialmente perniciosos para el tejido social de una buena sociedad, como transferencias a mujeres embarazadas y familias por cada hijo dependiente. En lugar de poner fin a la guerra contra las drogas, ha intensificado esta abominación e incluso se ha burlado de los críticos al respecto. En lugar de equilibrar el presupuesto gastando menos solamente, lo equilibra con más impuestos en lugar de con más recortes del gasto, favoreciendo las cuentas del Estado sobre las de la población productiva de Argentina. Y en lugar de promover y permitir la secesión y la descentralización política radical, ha estado intentando fortalecer el poder del gobierno central.

    La política exterior de Milei, la guerra y la perspectiva libertaria

    Por otro lado, como si su presidencia no estuviera ya significativamente marcada por errores para un supuesto libertario, a nivel internacional, es decir, en política exterior, Milei es todo menos un libertario. Apoya con vehemencia la narrativa imperialista de Washington (pro-OTAN, pro-Ucrania y pro-Israel), es decir, no es un antiglobalista consistente, ni un no intervencionista en lo más mínimo. De hecho, su política exterior, tal como la anunció previamente y la llevó a cabo desde que asumió la presidencia, es más característica de un neoconservador que de un libertario.

    Empecemos por la guerra entre Rusia y Ucrania: en febrero de 2022, el diputado Milei fue muy claro. Tras denunciar en televisión la «vocación totalitaria de Putin», se pronunció a favor del «mundo libre» y en contra de quienes están en contra de la libertad. Criticó al gobierno argentino por no aprovechar la oportunidad para condenar la invasión rusa a Ucrania, y por su «falta de comprensión de cómo funciona el mundo», y continuó diciendo: «No hago tratos con asesinos, dije que no a China, no a Corea del Norte, no a Rusia, no a cualquiera que no respete el mundo libre». Ahora bien, desde un punto de vista libertario, es ciertamente legítimo llamar a Putin, Kim y Xi malvados delincuentes, gangsters, asesinos, etc., pero luego continuar, como hace Milei, aclamando a personas como Trump, Zelenskyy y Netanyahu como campeones de la libertad o del capitalismo de libre mercado, en lugar de simplemente otro grupo de delincuentes, gangsters y asesinos malvados, es simplemente alucinante. Decir eso lo descalifica totalmente como libertario, y lo revela como un neoconservador más. De hecho, al considerar seriamente prestar apoyo financiero y militar al régimen de Zelenskyy, como hizo Milei en abril de 2024, está a punto de unirse él mismo a las filas de esas criaturas malvadas.

    Milei luego continuó su discurso de ese día en TV con «una cuestión moral» sobre la guerra: «Cuando lo que está pasando está mal, no puedes adoptar una posición neutral, porque eres cómplice; o sea, si ves (…) que Tato le estuviera pegando a Florencia, vos tenés que salir a defender a Florencia, porque sabes que eso está mal». Es cierto, pero sólo si ayudas a Florencia con tus propios medios personales, y si estás seguro de que Tato no estaba simplemente reaccionando a una agresión previa de Florencia contra él.

    También en febrero de 2022, hablando del conflicto Rusia-Ucrania, Milei publicó un mensaje en su cuenta de Twitter (ahora X), refiriéndose al «Concierto de Naciones democráticas del Mundo», amenazado por el avance militar del «autoritarismo colectivista», y continuó:

    Aquellos que defendemos sin titubeos un modelo de Sociedad Abierta y Libre debemos unir fuerzas en favor de una estrategia efectiva para enfrentar a los enemigos de la Libertad (…) No hay margen para que los Líderes del Mundo Libre se detengan en debates estériles y paralizantes (…).

    Sin embargo, la perspectiva libertaria sobre cualquier conflicto de esta naturaleza es bastante diferente: El típico rechazo del punto de vista libertario no intervencionista por parte de muchas personas de la derecha —y quizás por parte de Milei— puede atribuirse a una falta de comprensión o adopción del libertarismo. ¿Cómo es eso? En resumen, por el simple hecho de ignorar la naturaleza misma del Estado, la de una banda criminal, un negocio de protección que cobra impuestos o estafa a personas productivas para su propio beneficio, y el de sus miembros, amigos y partidarios. Esta idea fundamental aclara cualquier confusión no sólo respecto al mismo Estado, sino también en particular respecto a las guerras entre Estados, revelándolas como guerras entre bandas rivales.

    Estas guerras suelen involucrar cuestiones territoriales, y siempre son dirigidas por líderes de bandas a expensas de otras personas (dinero, recursos y fuerza de trabajo). Ya sean ofensivas o defensivas, los costos de la guerra son socializados y los posibles beneficios son privatizados, lo que hace que las guerras sean más probables, prolongadas y agresivas. En el caso de las preocupaciones de Milei sobre Putin, la banda de Zelenskyy había provocado continuamente a la banda de Putin, y sus provocaciones fueron alentadas y apoyadas por la banda estadounidense (ayudada por sus vasallos de la OTAN en Europa), que ve a la banda de Putin como el enemigo y uno de los dos únicos obstáculos que quedan en el camino hacia la hegemonía global y la dominación mundial.

    Basándose sólo en sus propios poderes y recursos relativos, la banda de Putin habría derrotado a la banda de Zelenskyy hace mucho tiempo. Pero la guerra sigue prolongándose, desperdiciando miles de vidas y provocando destrucción y millones de refugiados, debido a la ayuda financiera, logística y militar brindada a la banda de Zelenskyy por la banda estadounidense y sus bandas subordinadas en Europa. En términos generales, los segundos son los que financian, y la primera es la que lucha en una guerra conjunta contra la banda de Putin.

    Frente a las guerras entre Estados, los libertarios deben permanecer neutrales. Fuera de la zona de guerra, la neutralidad significa no brindar apoyo material a ninguna de las bandas en guerra. Los libertarios no deben ayudar a ninguna banda, y deben oponerse estrictamente a que su propia banda gobernante nacional use impuestos y bienes públicos para apuntalar a otras bandas o ayudar a acomodar a los refugiados de las guerras. De hecho, cuanto más se convierta esta oposición en una barrera para las bandas gobernantes en guerra, más positiva será como contribución al objetivo final de la paz. Sin embargo, favorecer lo contrario reduce los costos de la guerra a favor de las bandas en guerra. De esa manera, la banda de Zelenskyy ha externalizado la mayoría de los costos de la guerra, y en consecuencia la guerra se ha prolongado; promoviendo por lo tanto más sufrimiento, muerte y destrucción.

    Por supuesto, los libertarios pueden participar en esfuerzos privados, humanitarios y caritativos en apoyo de los refugiados de guerra. Por su cuenta y riesgo, y con sus propios medios, a los libertarios se les permite ayudar a las personas a escapar o enfrentar la guerra para evadir o minimizar la agresión frente a la confiscación, la depredación y la destrucción en la guerra en curso, independientemente de la naturaleza «defensiva» u «ofensiva» de ambos lados. Aunque es una cosa más difícil de hacer, dado que su vida y su propiedad están realmente amenazadas por ambas bandas en guerra, incluso los libertarios que residen dentro de la zona de guerra deben permanecer, o tratar de permanecer, neutrales, en la medida y el tiempo que las circunstancias lo permitan. Pueden ser reclutados o asesinados, sus propiedades pueden ser confiscadas o destruidas, sus cuentas bancarias pueden ser congeladas o utilizadas; prácticamente todo puede suceder en nombre de la guerra. Pero la protección de la propia vida, propiedad y bienestar, y la de la familia y amigos, es algo diferente del interés de los líderes de las bandas en la protección o liberación de su territorio nacional. Ambos intereses pueden ser contrarios y estar destinados a chocar. De hecho, como diría Hoppe, la seguridad colectiva de la defensa nacional es en realidad incompatible con la seguridad privada y la defensa privada, y en realidad contraria a ellas.

    Frente al problema de la seguridad colectiva, los libertarios deberían tratar de mantenerse equidistantes de ambas partes (para evitar provocar a cualquiera de ellas). Deberían escuchar y estar siempre abiertos al diálogo con ambas partes. Y, en la medida de lo posible, deberían promover la descentralización de la toma de decisiones para delimitar la guerra y reducir sus costos. Los libertarios deberían abogar por que todas las decisiones relativas a la guerra sean un asunto cada vez más local y, en última instancia, privado. Si nada de esto sucede, si no hay descentralización en la estructura de mando y, en consecuencia, no hay iniciativas de paz regionales o locales, entonces no se puede promover activamente una delimitación progresiva y fragmentada de la guerra real.

    Sin embargo, Milei se desvía de un individualismo metodológico hacia un holismo metodológico o colectivismo. No existe Ucrania ni Rusia, sino bandas, mafias de protección, que gobiernan estos países y personas que residen en territorios controlados por estas bandas. Por lo tanto, pedir a las bandas que los dirigen que envíen dinero o material a la zona de guerra no es libertario, porque estas bandas no son los propietarios legítimos de lo que envían; y sería aún peor si esa ayuda fuera directamente a la banda que gobierna el país, en lugar de a la gente que lo habita.

    Una banda que gobierna y controla un territorio es algo completamente diferente de la gente que reside en el territorio. Los libertarios no pueden apoyar que se dé a los líderes nacionales de bandas aún más poder que el que ya tienen. Pero esto es precisamente a lo que contribuye Milei, al expresar sus puntos de vista y difundir propaganda de guerra. En consecuencia, las bandas se vuelven más agresivas y opresivas. Entonces, para evitar que la propaganda de guerra se difunda más, sea aceptada y promovida por el público, los libertarios deberían contrarrestarla con la verdad. Los libertarios deberían hacer saber al mundo que las bandas en guerra no son buenas ni nobles, y que no merecen ningún apoyo. Además, los libertarios deberían hacer lo mismo con el hecho de que el mayor daño siempre se hace a la población civil sujeta al gobierno de las bandas en guerra.

    Pero Milei nunca le dirá al mundo que a la banda estadounidense no le importan los ucranianos ni la batalla contra el mal, sino que más bien persigue su propio objetivo de hegemonía global y la supremacía del dólar estadounidense como moneda de reserva global. La guerra en Ucrania, entonces, es más una guerra entre la banda estadounidense y la banda de Putin. Es decir, el pueblo y su banda gobernante en Ucrania sólo están desempeñando un papel instrumental. Pero como la banda de Putin es también una potencia nuclear, lo más sensato es derrotarla llevándola a la ruina económica. La guerra y las diversas sanciones económicas dirigidas contra Rusia tenían como objetivo debilitar a la banda de Putin, pero también perjudicaban a la población civil. Y si esta guerra, o cualquier guerra, requiere asesinatos y destrucción en masa, que así sea. Para la banda estadounidense, el fin justifica los medios.

    Para los libertarios, las opiniones simplistas y colectivistas como las de Milei deberían ser descartadas por completo, porque aplican la distinción fundamental entre el pueblo y el Estado en todas partes. Además de esto, las posiciones de Milei no sirven en absoluto para contrarrestar los efectos inmediatos de la guerra, que hacen que todos los negocios sean más riesgosos, disminuyen el nivel general de producción, obstaculizan el comercio, y hacen que las inversiones sean prácticamente imposibles. Es decir, los mercados libres requieren paz. Por lo tanto, el deseo imperativo de los libertarios es que se ponga fin a cualquier guerra y, si es posible, que no se inicie ninguna guerra. Un llamado generalizado a la paz debería ser siempre la actitud general de los libertarios.

    Como la opinión pública puede tener efectos profundos, los libertarios deberían alinearse con las voces que piden conversaciones de paz inmediatas y abogan por la secesión regional como una forma de lograr la paz. Sólo los colectivistas se oponen a la secesión. Puede haber regiones a cuyos habitantes no les importe si están gobernados por una u otra banda, personas que incluso preferirían la banda extranjera y estarían dispuestas a rendirse pacíficamente. ¿Por qué no? Lo que habitualmente se conoce como traición es sólo un delito para los apologistas del poder del Estado. De hecho, dado el estatus actual de la mayoría de los gobiernos en todo el mundo, a los libertarios les resultaría difícil imaginar cómo podrían empeorar las cosas. Algunas invasiones pueden incluso traer mejoras para algunas personas. Frente a una fuerza superior y preocupados por la protección de todo lo que les es querido, bien puede ser más prudente para los libertarios rendirse pacíficamente ante un invasor en lugar de luchar en una guerra colectiva contra una banda extranjera. De esa manera, se podrán salvar y proteger vidas y bienes que de otro modo podrían haber sido destruidos.

    Sea como fuere, en cuanto a la nueva política exterior argentina, en menos de seis meses, la Argentina de Milei adquirió veinticuatro aviones F-16 para su fuerza aérea, anunció una base naval conjunta con Estados Unidos, solicitó ingresar a la OTAN como socio global y organizó ejercicios navales con la flota estadounidense.

    El sionismo de Milei y la perspectiva libertaria

    La piedra angular del libertarismo es la idea, el reconocimiento y la defensa de los derechos de propiedad privada. Ya sea sobre la tierra o cualquier otra cosa, tales derechos (exclusivos) son justamente asignados a ciertas personas basándose en la apropiación original o la transferencia voluntaria de propiedad. Por el contrario: todas las reclamaciones de propiedad que no se basen en estos principios, son injustas. En cuanto al Estado de Israel, establecido en 1948 por judíos en su mayoría europeos de persuasión sionista, es evidente que no se cumplen estos requisitos de justicia. Sólo alrededor de 7% del Israel actual podría decirse que fue adquirido justamente por judíos antes de 1948 y, por tanto, ser reclamado como propiedad legítima. Desde entonces hasta ahora, el establecimiento y la continua expansión de Israel son abrumadoramente el resultado de la expropiación, la intimidación, el terrorismo, la guerra y la conquista contra los entonces residentes presentes, en su mayoría árabes, de la región de Palestina y los actuales residentes árabes de las regiones de la Franja de Gaza y Cisjordania. Y como ha dicho Hoppe:

    La pretensión de los judíos actuales de tener una patria en Palestina, por tanto, tan solo puede hacerse si abandonas el individualismo metodológico subyacente y característico de todo el pensamiento libertario: la noción de persona individual, propiedad privada, producto y logro privados, crimen privado y culpa privada. En su lugar, debes adoptar alguna forma de colectivismo que permita nociones como la propiedad o los derechos de propiedad grupales o tribales, la responsabilidad colectiva y la culpa colectiva.

    Las opiniones de Milei sobre Israel y el conflicto en curso son, entonces, sionistas: Demostró su compromiso con Israel cuando menos tan temprano como en junio de 2022, cuando prometió trasladar la embajada a Jerusalén si ganaba. Durante su visita a Israel como presidente, Netanyahu consideró a Milei «un gran amigo del Estado judío», y se mostró encantado con su decisión sobre Jerusalén. Netanyahu dijo que ambos «defienden» los mercados libres, pero debe haber olvidado que Israel no permite la propiedad privada de la tierra (toda la tierra es de dominio público), y que el gobierno israelí interfiere en todo el comercio con y dentro de Cisjordania y la Franja de Gaza (a menudo denominada como el mayor campo de concentración al aire libre del mundo). Aunque el «anticomunista» Milei debería denunciar al Estado de Israel por emular el manifiesto comunista sobre la prohibición de la propiedad privada de la tierra, y criticar la construcción de asentamientos judíos en Cisjordania, que han transformado a Cisjordania en prisiones al aire libre no contiguas controladas también por Israel, en realidad ha prestado apoyo irrestricto a un Estado que ha oprimido a los palestinos de casi todas las formas imaginables durante décadas.

    Cuando en octubre de 2023 miembros de Hamas, que entonces dirigía la Franja de Gaza, atacaron, mataron y secuestraron a varios cientos de soldados y civiles israelíes —aunque una parte de las víctimas fueron el resultado del «fuego amigo» de las Fuerzas de Defensa de Israel— entonces, cualquier libertario que se precie, ciertamente habría condenado de inmediato tales atrocidades, pero también habría reconocido y admitido de inmediato que el ataque de Hamas no fue menos provocado que el ataque ruso a Ucrania. Ambos fueron definitivamente provocados por la conducta de los líderes políticos israelíes y rusos, respectivamente. Y en ambos casos, sus provocaciones fueron alentadas, respaldadas y apoyadas por los líderes de las bandas neoconservadoras predominantemente judías en Estados Unidos. Aún más importante, todo libertario comprometido con el principio de no agresión, como una de las piedras angulares del libertarismo, también habría condenado en términos muy claros la reacción de Israel al ataque de Hamas, entonces, como una respuesta tremendamente desproporcionada y una atrocidad sin igual en su magnitud y crueldad en la historia reciente.

    Para los libertarios, tanto Hamás como el Estado de Israel son bandas criminales. La primera es una banda pequeña y de bajo presupuesto, con armas en su mayoría de baja calidad; el segundo es una banda grande y de alto presupuesto, fuertemente subsidiada por Estados Unidos, con un gran ejército y las armas más sofisticadas y destructivas disponibles (incluidas armas nucleares). Hamas es un grupo formado como reacción a las décadas de toma y ocupación sionista de Palestina. Ante este panorama, los libertarios querrían desear lo peor a los líderes de ambas bandas y a todos los líderes de bandas de Estados extranjeros que prestan apoyo a cualquiera de las bandas en guerra. Además, como en la guerra entre Rusia y Ucrania, los libertarios deberían alzar la voz a favor de la paz y las negociaciones. Los líderes de las bandas deberían ser acusados ​​por sus crímenes, y presionados a través de la opinión pública para que acepten una tregua inmediata, y debería evitarse cualquier escalada del conflicto armado.

    Sin embargo, como se indicó, esto no fue lo que sucedió. Israel, ayudado por Estados Unidos y una avalancha continua de fondos, armas y municiones estadounidenses, tomó represalias con todo lo que consiguió. Casi toda la Franja de Gaza quedó reducida a escombros, y decenas de miles de civiles palestinos inocentes murieron mediante bombardeos, artillería y tanques invasores, con el pretexto de defender a Israel de un grupo terrorista, incluidos miles de niños que son no combatientes por definición. Y todo esto continúa hasta el día de hoy, destruyendo las vidas de cientos de miles de civiles.

    ¿Y qué hay de la reacción de Milei ante todo esto? En marzo de 2024 Milei defendió todo esto como «el derecho de Israel a la legítima defensa», y dijo que el ataque de Hamas requiere «respuestas ejemplificadoras», afirmando también que Israel «no está cometiendo ni un solo exceso, pese a los excesos cometidos por los terroristas de Hamás». En abril de 2024, tras la respuesta iraní a la política exterior israelí, Milei volvió a expresar su «solidaridad y compromiso inclaudicable con el Estado de Israel, frente a los ataques iniciados por la República Islámica de Irán». El gobierno argentino apoya al Estado de Israel «en la defensa de su soberanía, en especial contra regímenes que promocionan el terror y buscan la destrucción de la civilización occidental». Argentina ha adoptado una nueva política exterior basada «en la defensa de los valores de Occidente y una visión común del mundo en defensa de la vida, la libertad y la propiedad privada». Para la nueva administración, el Estado de Israel «es un baluarte de los valores occidentales en Medio Oriente y la República Argentina siempre estará de su lado frente a quienes pretenden su exterminio». Más tarde, cuando en mayo de 2024 se le preguntó sobre las protestas en las universidades estadounidenses a favor de Palestina (ya que los principales medios de comunicación no suelen presentar las protestas como antibelicistas o antigenocidas), Milei redobló la apuesta diciendo que está en «el lado correcto de la historia» (de Estados Unidos, Israel y Occidente), y que ellos utilizarán «todos los recursos» para defenderse de los terroristas.

    Incluso después de todo este tiempo, Milei ha demostrado ser incapaz de reconocer los impulsos genocidas de varios líderes del Estado de Israel. Es escandaloso que, si bien considera el asesinato de los no nacidos como una aberración, los asesinatos en masa de niños plenamente formados no parecen preocuparle; no es sorprendente que el famoso experto sionista neoconservador Ben Shapiro lo adore.

    Milei y la narrativa libertaria

    Siguiendo a Hoppe, la historia sólo puede ser contada correctamente si se escribe esencialmente como «la historia de las victorias y derrotas de los gobernantes en su intento por maximizar el ingreso apropiado de manera explotadora, y de los gobernados en sus intentos por resistir y revertir esta tendencia». Para explicarlo con más detalle, «la historia debe ser contada en términos de libertad y explotación, parasitismo y empobrecimiento económico, propiedad privada y su destrucción». Sin embargo, Milei incluso admira a criminales de guerra y gobernantes explotadores como Ronald Reagan, y su política exterior y desregulación en Argentina se parecen a un ejemplo de desregulación interna y mayor agresividad externa como el proporcionado por el propio Reagan. En cuya época, el movimiento neoconservador se fusionó y amalgamó con el movimiento conservador convencional. La pasión de Reagan por las cruzadas, morales y militares, no era precisamente conservadora estadounidense, pero era el resultado de un objetivo largamente deseado de justificar los impulsos belicistas del imperialismo estadounidense para servir —por supuesto— a intereses especiales. Desde entonces, las principales figuras del movimiento conservador suelen ser tan neoconservadoras como cualquiera.

    En cualquier caso, los neoconservadores celebran a Reagan, ya que aprovechan su retórica anticomunista y antisocialista para apoyar la hegemonía del imperialismo estadounidense. Milei está tocando la misma canción, en lugar de promover la narrativa libertaria del revisionismo histórico que implica reconocer las palabras del gran maestro de Hoppe, Murray N. Rothbard, sobre el papel de determinados Estados en la escena internacional: el hecho de que «la mayor culpa por la guerra y el imperialismo en el siglo XX recae sobre Estados Unidos y Gran Bretaña», y que el mayor engaño de estos dos Estados es su política exterior supuestamente defensiva y pacifista. Sin embargo, los neoconservadores protegen las narrativas históricas erróneas como verdades establecidas sobre la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial, sobre FDR y Churchill (a quien Milei admira «profundamente»), etc. Y los libertarios ya tienen las herramientas para detectar las narrativas que sean falsas o estén mezcladas con fuertes dosis de ficción.

    Milei y la lucha adecuada contra la izquierda y el estatismo

    ¿Deberían los libertarios aliarse con los neoconservadores para oponerse a la izquierda? En primer lugar, a diferencia de la vieja derecha decididamente no intervencionista, los neoconservadores —principalmente sus líderes, pero también sus seguidores públicos— son gente estatista, nacionalista, pro guerra, pro militarista e imperialista. Basándose únicamente en esto, cualquier alianza general con ellos es simplemente imposible y contraria a los objetivos y principios libertarios. Por lo tanto, los libertarios deberían aliarse con otros no libertarios sólo en lo que respecta a objetivos específicos hacia la libertad. Aunque no necesariamente contraproducentes a corto plazo, las alianzas generales con simpatizantes aparentemente de mentalidad libertaria suelen resultar más beneficiosas para los estatistas de dichas alianzas que para los propios libertarios. Por lo tanto, las prioridades libertarias generalmente deberían recaer en soluciones y propuestas locales y descentralistas, más que nacionales y centralistas.

    En lugar de ver la democracia liberal digna de ser apreciada como lo hace Milei, los libertarios deberían ver la democracia sólo como un medio para propósitos defensivos y libertarios; deberían promover candidatos e ideas antidemocráticos y ayudar a generar electores antidemocráticos para impulsar e implementar políticas hacia el reconocimiento y protección de los derechos de propiedad privada. Junto con esto, los libertarios deberían buscar la secesión y la descentralización política radical, no sólo para reducir la centralización y oponerse al fortalecimiento del poder del Estado, sino también para hacer que la rendición de cuentas de la política sea lo más viable posible para restringir la agresión institucionalizada y el despilfarro económico.

    Conclusiones

    Hasta el día de hoy, Milei ha mostrado una sumisión total e incuestionable a los intereses y ambiciones imperialistas de los neoconservadores estadounidenses y sus amigos sionistas en Israel, y una falta de voluntad igualmente completa e incuestionable para comprender a esas fuerzas en todo el mundo que no están dispuestas a inclinarse y obedecer a sus amos occidentales.

    Las palabras y acciones de Milei han hecho imperativo que los verdaderos libertarios tomen nota de la asociación de su nombre con el libertarismo y el movimiento libertario. Mientras se desvía y cae en múltiples y graves errores, incluidos los esfuerzos propagandísticos más absurdos para bandas gobernantes especialmente asesinas como la de Israel, los libertarios deberían distanciarse públicamente de él para preservar su reputación y la de todo el edificio intelectual libertario.

    Las desviaciones de Milei son, de hecho, renuncias a los principios fundamentales de la única doctrina libertaria consistente sistematizada en la tradición rothbardiana. Por ejemplo, su apoyo irrestricto a Israel es esencialmente el rechazo y la renuncia a las piedras angulares del sistema rothbardiano, como el principio de no agresión que el propio Milei pronuncia tan a menudo. Por lo tanto, creer que Hoppe (o su gran maestro Rothbard) todavía, después y contrariamente a todas las esperanzas y buenos deseos iniciales, respaldaría felizmente el «libertarismo» de Milei, es simplemente ridículo e ignorante. De hecho, seguir llamando libertario a Milei debería ser considerado un error, ya que significa hacer pasar a un neoconservador por libertario.*

     


    * Quiero agradecer a Hans-Hermann Hoppe por su generosa ayuda en la redacción de este artículo.

    Artículo original aquí. Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko.