Cómo aprendieron los objetivistas a dejar de preocuparse y a amar las guerras sionistas de cambio de régimen

    0

    En 1964, Ayn Rand declaró a la revista Playboy que cualquier nación libre tenía el derecho moral de invadir la Rusia soviética o Cuba. “Correcto. Una dictadura ‒un país que viola los derechos de sus propios ciudadanos‒ es un forajido y no puede reivindicar ningún derecho”. En cambio, prefirió librar una guerra económica contra estos gobiernos rebeldes. “Yo defendería lo que la Unión Soviética teme por encima de todo: el boicot económico. Defendería un bloqueo de Cuba y un boicot económico de la Rusia soviética, y veríamos el colapso de ambos regímenes sin la pérdida de una sola vida estadounidense”.

    Seis décadas después, sus discípulos abogan por una invasión terrestre de Irán, aplastando a la sociedad palestina y sin descartar el uso de armas nucleares para someter a la República Islámica de Irán. Una ideología secular dedicada al capitalismo de laissez faire suena ahora indistinguible de los neoconservadores más radicales, y se alinea con los movimientos nacionalistas religiosos en Israel, los que abiertamente abogan por la expansión territorial y la expulsión de los palestinos.

    De ascendencia judía rusa, Rand marcó la pauta en su aparición en 1979 en el Phil Donahue Show. “¿De qué lado deberíamos estar, de Israel o de los árabes? Sin duda, diría de Israel, porque es el país avanzado, tecnológico y civilizado en medio de un grupo de salvajes casi totalmente primitivos que no han cambiado en años, que son racistas, y que resienten a Israel porque está introduciendo la industria, la inteligencia y la tecnología moderna en su estancamiento”, afirmó Rand.

    Reiteró su postura. “Los árabes son una de las culturas menos desarrolladas. Son típicamente nómadas. Su cultura es primitiva y resienten a Israel porque es la única cabeza de puente de la ciencia y la civilización modernas en su continente. Cuando hay hombres civilizados luchando contra salvajes, los hombres civilizados deben ser apoyados, sin importar quiénes sean”.

    Leonard Peikoff, heredero designado de Rand, también de ascendencia judía rusa, continuó el legado de línea dura de su predecesora. El 2 de Octubre de 2001 publicó un anuncio a página completa en The New York Times: “Cincuenta años de creciente apaciguamiento estadounidense en Oriente Medio han dado lugar a cincuenta años de creciente desprecio por parte del mundo musulmán hacia Estados Unidos. El clímax fue el 11 de Septiembre de 2001”.

    Peikoff identificó a Irán como la principal amenaza. “El primer país en nacionalizar en 1951 el petróleo occidental, fue Irán”. Irán “es el estado que más activamente patrocina el terrorismo, entrenando y armando a grupos de todo Oriente Medio”. Su analogía fue contundente. “Lo que Alemania fue para el nazismo en la década de 1940, Irán lo es para el terrorismo hoy. Por lo tanto, haga lo que haga, sólo eliminando a Irán puede Estados Unidos acabar con los promotores de la jihad”.

    Peikoff exigió una guerra total para abordar el problema de Irán. Eliminar los santuarios terroristas y la capacidad militar de Irán no es suficiente. Debemos hacer el equivalente a desnazificar el país, expulsando a todos los funcionarios y derribando todas las ramas de su gobierno. Este objetivo no puede ser logrado sin dolor, sólo con armamento. Requiere una invasión de tropas terrestres ‒las que correrán un grave riesgo‒, y quizás un período de ocupación.

    La posibilidad de un gran número de víctimas civiles no preocupaba a Peikoff, quien creía firmemente que sólo una fuerza militar plena podría poner a Irán en su lugar. “Una guerra adecuada en defensa propia es aquélla que es librada sin restricciones autodestructivas impuestas a nuestros comandantes en el campo de batalla. Debe ser librada con las armas más efectivas que poseemos [hace unas semanas, Rumsfeld se negó, con razón, a descartar las armas nucleares]. Y debe ser librada de manera que la victoria sea asegurada lo más rápido posible, y con el menor número de bajas estadounidenses, independientemente de las innumerables personas inocentes atrapadas en la línea de fuego”.

    En un podcast de 2006, Peikoff abogó por el uso de armas nucleares contra Irán si fuera necesario. Sobre Israel y Palestina, el ensayo de Peikoff de 1996 desestimó por completo las reivindicaciones territoriales palestinas. “No les fue robada la tierra a las tribus nómadas que vagaban por el territorio, como tampoco los primeros estadounidenses les robaron este país a los indios primitivos y belicosos”. Calificó la propuesta de tierra por paz como “una fórmula repugnante para la autoinmolación de Israel”.

    Yaron Brook, actual presidente de la junta directiva del Instituto Ayn ​​Rand, extendió estos principios sionistas radicales al siglo XXI. Después del 7 de Octubre de 2023, exigió la destrucción total de Hamas. “Israel debe destruir a Hamas, todo lo que lo rodea. Sus líderes políticos, dondequiera que se escondan, deben ser asesinados, toda su infraestructura militar destruida, y sus partidarios, sometidos”.

    En un evento celebrado en Enero de 2024, Brook argumentó que Israel debería ver a “la población palestina en general como un enemigo”, y pidió “un cambio fundamental en la cultura palestina”. Tal escenario sólo es posible cuando los palestinos “han perdido toda esperanza de poder derrotar a Israel”.

    Brook no permitió la entrada de ayuda, electricidad ni Internet a Gaza. Argumentó que Israel muestra una moderación excesiva, a pesar de que el número de asesinados supera los 70.000, incluyendo al menos 20.000 niños. “Muchos soldados israelíes mueren en el campo de batalla porque Israel se abstiene de defenderlos, y prioriza las vidas de los civiles del otro bando sobre las de sus propios soldados”. Describió a Gaza como “una sociedad primitiva” que requiere una transformación fundamental, como la de Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial.

    En cuanto a Irán, Brook abogó por un cambio de régimen como única solución a este dilema geopolítico. “Israel no puede destruir las instalaciones nucleares iraníes. Entonces, ¿cuál es la única otra forma de impedir que los iraníes obtengan una bomba? La única otra forma es un cambio de régimen”. Especificó las soluciones aceptables para Israel en una confrontación contra Irán. “Tiene que optar por una revolución interna en Irán para acabar con los mulahs actuales, ya sea con más moderados comprometidos con la eliminación del programa nuclear, o con una revolución a ultranza, como la de la democracia liberal, o con el regreso del sha”. Tienes razón, hijo del sha, pero tiene que haber un cambio de régimen. Los objetivistas son un grupo peculiar en cuanto a su ideología, que puede parecer crítica con las corrientes políticas dominantes. El ensayo de Brook de 2007, “Política Exterior Neoconservadora: Una Autopsia”, condenó a los neoconservadores por abogar por la promoción de la democracia, en lugar del interés propio racional. Sin embargo, en el caso de Israel e Irán, objetivistas y neoconservadores encuentran puntos en común. Ambos apoyan la acción militar israelí ilimitada, el cambio de régimen iraní, la oposición al estado palestino, y plantean el conflicto como civilización contra barbarie.

    El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, declaró recientemente su apoyo “absoluto” al gran Israel, la soberanía judía desde el río Jordán hasta el Mediterráneo. Esta visión supremacista judía está impregnada de retórica religiosa. A primera vista, uno pensaría que la naturaleza atea del objetivismo desestimaría tales apelaciones religiosas. Pero, una vez más, las posiciones del Instituto Ayn ​​Rand terminan alineándose con el marco del gran Israel, al rechazar al estado palestino y plantear las aspiraciones palestinas como … ilegítimas.

    Los aliados de extrema derecha de Netanyahu, como el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, del sionismo religioso, y Otzma Yehudit (“Poder Judío”), no ocultan su principal objetivo: el control israelí sobre las tierras palestinas, incluyendo el reasentamiento en Gaza, la anexión de Cisjordania y la expulsión de los árabes, haciéndose eco de los llamamientos del rabino Meir Kahane a la imposición de la ley judía y la expulsión de los árabes.

    Muchos observadores se preguntan con asombro ante esta extraña alianza entre el Objetivismo ‒una creencia atea y de libre mercado que Ayn Rand calificó de antimística‒ y los sionistas religiosos que apelan a las promesas bíblicas de tierras. Pero cuando se comprende la cuestión judía y cómo los judíos maniobran políticamente a través de las divisiones, todo se aclara: la voluntad racial judía de poder, impulsa a judíos de todas las tendencias políticas. Objetivistas y sionistas religiosos chocan en cuanto a la fe y a la política interna, pero se unen para subyugar a gentiles como los palestinos y apoderarse de su territorio.

    El Objetivismo predica contra el uso de la fuerza y defiende los derechos individuales, pero Leonard Peikoff impulsa la invasión de Irán, y Yaron Brook llama a pulverizar la sociedad palestina para acabar con su esperanza. Si son eliminadas las elevadas apelaciones a la razón y los derechos, el Objetivismo emerge como camuflaje intelectual para la dominación racial judía ‒un vehículo político que armoniza a los herederos de Rand con los fanáticos de Smotrich, priorizando la desposesión gentil por encima de cualquier coherencia filosófica.

     

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

    LEAVE A REPLY

    Please enter your comment!
    Please enter your name here