Por qué para enriquecerse, los jóvenes apuestan

    0

    International Man: Parece que un número creciente de jóvenes ha llegado a la conclusión de que ahorrar, trabajar duro e invertir con prudencia, no les servirá de nada. Por eso recurren a las apuestas deportivas, las acciones de memes, la especulación con criptomonedas y las operaciones al estilo de la lotería. ¿Se trata simplemente de un error de juicio, o es una respuesta racional a un sistema financiero deficiente?

    Doug Casey: Primero, definamos los términos. Es decir, ¿cuál es la diferencia entre ahorrar, invertir, especular y apostar? No cabe duda de que la especulación y las apuestas han aumentado considerablemente. Pero se trata de cuatro cosas muy distintas, aunque a menudo se las confunda.

    Ahorrar consiste en producir más que lo que se consume, y reservar la diferencia. Ésto genera capital, lo que permite invertir. El ahorro es la base para construir riqueza y prosperidad; es indispensable tanto para las personas como para las naciones. Sin embargo, los ahorradores parecen ingenuos cuando los bancos suelen pagar no más de 3%, antes de impuestos, mientras que el nivel general de precios es más que el doble.

    Invertir consiste en tomar ese dinero ahorrado y asignarlo productivamente para que genere más riqueza real y crezca. Pero invertir da frutos sólo después de años de paciencia, siempre y cuando la inversión sea rentable. En un entorno inestable de alta inflación, es difícil encontrar buenas inversiones. Ésto sin mencionar que la persona promedio carece de paciencia y prácticamente desconoce la economía, los negocios o las finanzas.

    Especular consiste en sacar provecho de las distorsiones del mercado. Estas distorsiones suelen surgir de la intervención gubernamental o de la histeria colectiva. Son aliadas del especulador experto, pero venenosas para el ciudadano medio. En una sociedad estable con impuestos bajos, pocas regulaciones y sin inflación, los especuladores estarían crónicamente desempleados, como policías en un monasterio. Pero en la economía actual, los precios suben y bajan como un ascensor con un loco al mando. Por lo tanto, la especulación ofrece grandes oportunidades. El problema es que el público la confunde con el juego, esperando tener suerte con acciones de las que ha oído hablar en las noticias o por algún conocido. Claro que el público sólo se entera de algo cuando está en auge, o cuando ya ha pasado la euforia.

    El juego parece la forma más fácil y rápida de ganar mucho dinero. Y puede ser divertido. Pero el público generalmente desconoce lo mucho que las probabilidades están en su contra. Las loterías estatales, por ejemplo, suelen cobrar una comisión de alrededor de 50%. El juego de “números” [quiniela], controlado por la mafia en las grandes ciudades, resulta mucho más ventajoso, con una comisión de sólo 33%, y sin retención de impuestos en caso de ganar.

    Los jugadores participan en el juego de otro, un juego que está sesgado en su contra. Tras la comisión, el azar domina el resultado, no el conocimiento ni la técnica.

    En resumen, en una economía con alta inflación, todos se ven obligados a deshacerse de su dinero fiduciario lo más rápido posible. Terminan consumiendo sin control porque no hay forma de progresar. Así que, ¿por qué no comer, beber y divertirse, si mañana moriremos de todos modos? O bien, incluso juegan si creen que están especulando. O, si están especialmente mal informados, creen que están invirtiendo.

    International Man: Cuando la gente cree que el juego está amañado, ¿deja de parecer un vicio y se convierte en una de las pocas oportunidades que quedan para escapar?

    Doug Casey: El juego promete la mayor ganancia en el menor tiempo con el mínimo esfuerzo y conocimiento. Los ingenuos y desesperados compran un billete de lotería por un dólar, con la esperanza de ganar un millón, sin considerar que sus probabilidades de ganar son mucho menores que una entre un millón. Ni siquiera es un juego de suma cero, porque, como acabo de decir, la comisión de la casa en una lotería estatal suele rondar 50%. Y eso sin contar el impuesto sobre la renta, que se lleva otro 50%. Peor aún, el jugador normalmente ni siquiera puede deducir sus pérdidas de sus impuestos. Y lo que es peor, termina aportando fondos al gobierno, lo que equivale a financiar su propia condena.

    Podemos esperar más loterías y casinos, ya que son una gran fuente de ingresos para el estado. En principio, no tengo ningún problema con el juego. Disfruto jugando al poker, un juego donde la suerte se ve influenciada por el conocimiento de la psicología práctica y las matemáticas básicas. Pero considero al poker como entretenimiento. Casi nadie vence las probabilidades a largo plazo.

    Un problema de que el gobierno apoye el juego es que lo legitima. El público empieza a verlo como algo saludable, porque el dinero financia parcialmente los “bienes públicos”. Pero el juego es intrínsecamente improductivo y potencialmente adictivo. Es como las drogas. No tengo ningún problema con que la gente consuma lo que quiera. Tu posesión más valiosa es tu propio cuerpo. Pero cuando el gobierno empieza a promoverlo para generar ingresos, es un camino peligroso. Una cosa es tolerar el vicio, considerándolo un asunto privado de cada uno. Otra muy distinta es que el estado lo promueva.

    International Man: El camino tradicional era: conseguir un trabajo, ahorrar, comprar una casa, formar una familia y jubilarse con dignidad.

    Para muchos, ese camino ahora parece imposible. ¿Qué le sucede a una civilización cuando sus jóvenes dejan de creer en el progreso gradual y, en cambio, empiezan a perseguir grandes ganancias?

    Doug Casey: En un tiempo, Estados Unidos era una sociedad de gran confianza. Ahora parece que la mentalidad es tomar el dinero y huir. Antes se animaba a los estadounidenses a posponer la gratificación, a retrasar el consumo hoy, para ser más prósperos mañana. Pero con la creciente devaluación de la moneda, ¿quién quiere esperar? La preferencia temporal se ha acortado a medida que el mundo, y el dólar en particular, se han vuelto más inestables.

    Polymarket, la aplicación de “predicciones”, ha comenzado recientemente a anunciarse en Zero Hedge, uno de los sitios web financieros más grandes. Ésto demuestra la fusión entre el juego y la especulación. Polymarket permite al público apostar sobre cualquier cosa, incluyendo la dirección de las acciones y las materias primas. La diferencia entre un corredor de bolsa y un corredor de apuestas se está desdibujando.

    International Man: Durante décadas, los gobiernos y los bancos centrales han fomentado comportamientos indebidos, castigando a los ahorradores y beneficiando a los deudores, a los directivos y a los propietarios de activos. ¿Hasta qué punto el sistema propició esta mentalidad especulativa?

    Doug Casey: En esencia, todo se reduce a la devaluación de la moneda. En todos los países, la mayoría de la gente sólo puede ahorrar en la moneda nacional. Si la moneda devaluada, ahorrar se vuelve inútil. Si no hay ahorro, significa que no hay capital con el cual construir, ni para un individuo ni para un país.

    Esa es una razón fundamental por la que el gobierno no debería intervenir en el dinero ni en la economía. La coerción y la fuerza son intrínsecamente malas, y deben ser limitadas en una sociedad. Ese es el único propósito moral del gobierno. Ésto implica una fuerza policial para limitar la fuerza dentro del país, un ejército para proteger a los ciudadanos de la fuerza de otros países, y un sistema judicial para dirimir disputas sin recurrir a la fuerza. El gobierno no debería hacer absolutamente nada más.

    Especialmente con el auge de Internet, el ciudadano promedio es más consciente que nunca de cómo el gobierno ‒con las supuestas mejores intenciones‒ fomenta el fraude y la corrupción. Otorga contratos y contrata empleados basándose en conexiones políticas, no en la calidad. Los privilegiados de Washington D.C. y New York se “llenan” con la moneda fiduciaria que fluye a raudales del gobierno, dejando sólo lo que llega a la gente común.

    Ésto genera resentimiento. Cada vez más, la gente común intenta imitar a los peces gordos. La economía se ha vuelto excesivamente financiarizada, girando en torno de activos de papel, no a la producción real. Todo parece una estafa, donde los multimillonarios surgen aparentemente sólo por estar en el lugar y el momento adecuados. Parece una fantasía en movimiento. “¿Hola, New York? ¡Compra! ¿Hola, Chicago? ¡Compra! ¿Hola, Los Ángeles? ¡Vende! New York y Chicago están comprando”.

    International Man: ¿Es el auge del juego un fracaso moral entre los individuos, o es un síntoma de una decadencia cultural y económica más profunda, en la que la gente ya no ve un futuro que merezca la pena construir con paciencia?

    Doug Casey: Desde un punto de vista moral, no hay nada malo en apostar o jugar. El problema surge cuando deja de ser una simple distracción.

    La transformación de los mercados, desde una forma conveniente de obtener capital para la producción, a una especie de casino, es una señal de alerta. Lo mismo ocurre con la participación masiva a través de entidades como Robin Hood, un corredor que democratizó el juego, disfrazándolo como especulación o inversión. Es un indicio de que probablemente estemos en el punto álgido del mercado en general.

    Para evitar los efectos de la devaluación de la moneda, prácticamente nos vemos obligados a estar en el mercado. ¿Pero en qué sector? Sigo convencido de que la minería y la energía no sólo son los sectores más infravalorados, sino también los de mayor potencial. Encontrará recomendaciones específicas en Contrarian Insider, la carta que escribo con David Stockman, y en Crisis Investing con Matt Smith.

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

    LEAVE A REPLY

    Please enter your comment!
    Please enter your name here