Atrapado en otra desastrosa guerra en Oriente Medio

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    Desafortunadamente el presidente Donald Trump escuchó a los neoconservadores y a Benjamin Netanyahu, en lugar de a su base MAGA y otras voces de cautela, al lanzar un ataque sorpresa contra Irán durante el fin de semana. Por segunda vez en nueve meses, el gobierno estadounidense utilizó las negociaciones con Irán como excusa para lanzar un ataque premeditado contra el mismo Irán.

    Las conversaciones de la semana pasada produjeron “progresos” según todas las partes, con equipos técnicos programados para reunirse esta semana para ultimar los detalles. Sin embargo, el presidente Trump anunció repentinamente su descontento con las conversaciones, porque la parte iraní se negó a pronunciar las “palabras mágicas” de que no buscarían armas nucleares.

    Pero Irán lleva décadas insistiendo en que no tiene interés en producir un arma nuclear, y nuestra propia inteligencia ha confirmado que no lo está haciendo.

    Poco después del anuncio del presidente Trump, Estados Unidos e Israel lanzaron su ataque, asesinando al líder religioso iraní junto con otros 40 líderes políticos y militares en un ataque de “decapitación”.

    Se suponía que sería como la operación en Venezuela: rápida e indolora para Estados Unidos. Si los líderes fueran eliminados el pueblo, que tanto ha sufrido, saldría a las calles y reclamaría su país. Podría ser un buen argumento para una película de Hollywood, pero en la vida real estas operaciones de cambio de régimen nunca han funcionado. Millones de personas salieron a las calles en Irán, pero para lamentar al Ayatollah asesinado y reafirmar su apoyo a su gobierno. Al igual que nosotros nos “unimos en torno de la bandera” tras los atentados del 11-S.

    Rápidamente las represalias iraníes por los atentados comenzaron a pasar factura a los activos estadounidenses e israelíes. Soldados estadounidenses han muerto y aviones de combate estadounidenses han sido derribados. Las bases estadounidenses en la región han sufrido daños o han sido destruidas. Asimismo, las embajadas y consulados estadounidenses han sido objeto de ataques, incluso por parte de iraquíes, los que posiblemente siguen aún furiosos por la destrucción de su país por parte de Estados Unidos hace 20 años.

    Y con la advertencia del Pentágono de que la operación podría durar semanas en lugar de días, nos estamos quedando rápidamente sin misiles.

    Ya han sido gastados diez miles de millones de dólares en este ataque no provocado, y cuando el humo se disipe, si es que se disipa, podríamos ver cientos de miles de millones, o incluso mucho más, desperdiciados en otra guerra en Oriente Medio. Justo lo que el presidente Trump prometió que no haría.

    Los neoconservadores, que defienden la “pausa”, incluyendo a Lindsey Graham y otros, se han equivocado una vez más. Trágicamente, más militares estadounidenses podrían morir mientras los neoconservadores culpan a otros del fiasco que ellos mismos ayudaron a desencadenar.

    El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, declaró sobre el ataque estadounidense/israelí: “Esta combinación de fuerzas nos permite hacer lo que he anhelado durante 40 años …”

    Pero el propósito del ejército estadounidense no es cumplir los deseos de líderes extranjeros por décadas. Hay una buena razón por la que tenemos una Constitución que dice que sólo el Congreso puede declarar la guerra.

    Lanzar un ataque militar durante las negociaciones tendrá efectos negativos duraderos para Estados Unidos. ¿Quién volverá a confiar en la diplomacia estadounidense, si las conversaciones spn utilizadas como distracción para ataques planificados?

    La Administración Trump está haciendo todo lo posible para presentar este desastre como si todo fuera según lo previsto, pero ¿cuál es el plan?¿Lo saben? Nadie lo sabe.

    Aquí tienen un plan: Ponerle fin a ésto hoy mismo. Devolver las destruidas bases estadounidenses a los países donde están ubicadas. Y simplemente volver a casa. Así es como se ve un verdadero movimiento “America First”.

     

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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    Ron Paul
    é médico e ex-congressista republicano do Texas. Foi candidato à presidente dos Estados Unidos em 1988 pelo partido libertário e candidato à nomeação para as eleições presidenciais de 2008 e 2012 pelo partido republicano. É autor de diversos livros sobre a Escola Austríaca de economia e a filosofia política libertária como Mises e a Escola Austríaca: uma visão pessoal, Definindo a liberdade, O Fim do Fed – por que acabar com o Banco Central (2009), The Case for Gold (1982), The Revolution: A Manifesto (2008), Pillars of Prosperity (2008) e A Foreign Policy of Freedom (2007). O doutor Paul foi um dos fundadores do Ludwig von Mises Institute, em 1982, e no ano de 2013 fundou o Ron Paul Institute for Peace and Prosperity e o The Ron Paul Channel.

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