La administración Trump sostiene que jamás se le puede permitir al gobierno de Irán desarrollar una bomba nuclear. ¿La razón? Que los líderes de ese país son supuestamente dementes. La principal preocupación parece ser que las facciones disidentes patrocinadas por Irán ‒incluidos Hezbollah, Hamas y los Houthi‒ podrían causar una incalculable devastación si tuvieran acceso a tales armas de destrucción masiva (WMD).
En realidad, el único gobierno que ha amenazado de forma explícita y creíble con usar WMD contra poblaciones enteras, en su mayoría inocentes, es el de Estados Unidos. El gobierno estadounidense no sólo utilizó bombas atómicas para arrasar las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en Japón en Agosto de 1945, sino que el presidente Donald Trump ha amenazado repetidamente con destruir la infraestructura civil de Irán, como en este mensaje del Domingo de Pascua (5 de Abril de 2026):
“El martes será el Día de la Central Eléctrica y el Día del Puente, todo en uno, en Irán. ¡No habrá nada igual! ¡Abran el maldito estrecho, malditos locos, o vivirán en el infierno! ¡Ya verán! Alabado sea Alá. Presidente DONALD J. TRUMP.”
También a principios de Abril de 2026, durante una conferencia de prensa Trump observó con naturalidad:
“Todo el país [Irán] podría ser destruido en una noche, y esa noche podría ser mañana mismo.”
En otra publicación en redes sociales, Trump amenazó explícitamente con el genocidio total del pueblo iraní:
“Esta noche morirá toda una civilización, para no volver jamás. No quiero que eso suceda, pero posiblemente ocurrirá … Lo descubriremos esta noche, en uno de los momentos más importantes de la larga y compleja historia del mundo. 47 años de extorsión, corrupción y muerte llegarán a su fin. ¡Dios bendiga al gran pueblo de Irán!”
El 17 de Mayo de 2026, la cuenta oficial de la Casa Blanca compartió esta publicación de Trump Truth Social en X:
“Para Irán, el tiempo se acaba, y más les vale actuar, ¡RÁPIDO!, o no quedará nada de ellos. ¡EL TIEMPO ES CRUCIAL! Presidente DJT”
Este tipo de retórica incendiaria podría ser ignorada si no fuera porque quien profiere las amenazas tiene la capacidad de cumplirlas. Estos amenazantes mensajes plantean, una vez más, una pregunta que ha estado latente en la política exterior estadounidense durante décadas, pero especialmente desde el 11 de Septiembre de 2001: ¿qué es el terrorismo?
Aterrorizar a los seres humanos es infundirles temor constante por su seguridad o por su vida. Los estadounidenses fueron aterrorizados por lo ocurrido el 11 de Septiembre, porque durante meses temieron ser las próximas víctimas de un ataque sorpresa de Al Qaeda. La definición más simple y neutral de terrorismo es la amenaza arbitraria de muerte contra personas inocentes. El terrorismo político, entonces, sería la amenaza arbitraria de muerte contra personas inocentes al servicio de fines políticos. El terrorismo, así definido, sea político o no, no es una actividad intrínsecamente ligada a ninguna persona o grupo en particular. Que alguien sea o no terrorista depende únicamente de sus acciones.
El terrorismo faccional perpetrado por grupos como Al Qaeda y Hamas es llevado a cabo por actores no estatales, los que se alían con disidentes indignados para contrarrestar a quienes consideran terroristas de estado, aquéllos que utilizan los recursos de la ciudadanía para perpetrar homicidios masivos en nombre de la defensa nacional, desestimando con indiferencia a las víctimas colaterales de sus misiones. Desde esta perspectiva, el ciclo de homicidios masivos presenciado a lo largo del siglo XXI, con los gobiernos estadounidense e israelí respondiendo con represalias a masacres perpetradas por grupos más pequeños, incluyendo los crímenes del 11 de Septiembre de 2001 y del 7 de Octubre de 2023, ha confirmado trágicamente una vez más que “la violencia engendra violencia”.
Los asesinos políticos interpretan sus propias actividades homicidas como permisibles, pero las de sus adversarios como criminales. Lo que el gobierno estadounidense califica como el patrocinio estatal de Irán a grupos terroristas, es considerado por los líderes iraníes como el apoyo a los movimientos de liberación. El dicho “Lo que para uno es un terrorista, para otro es un luchador por la libertad”, surgió del reconocimiento de que tanto grupos informales y subnacionales como gobiernos formales, pueden emprender misiones homicidas, generalmente en lo que es considerado como un ataque de venganza, o lo que los propios perpetradores perciben o presentan como actos de autodefensa. Matar o morir.
Durante la Guerra Global contra el Terrorismo, el gobierno estadounidense desarrolló diversas tácticas antiterroristas. Sin embargo, el uso de ataques con drones fuera de las zonas de hostilidades activas, es decir, donde no hay tropas aliadas sobre el terreno, constituye terrorismo, ya que la población de esos lugares, incluidas las Áreas Tribales Administradas Federalmente (FATA) en Pakistán, por ejemplo, vivía bajo la constante amenaza de muerte por parte de las ominosas máquinas que sobrevolaban sobre sus cabezas. Fue informada una gran angustia psicológica entre estas poblaciones, pues sabían que los drones a veces lanzaban misiles que destruían viviendas cercanas, acabando con la vida de personas que sus vecinos consideraban inocentes. Dado que nadie recibía aviso previo, siempre existía la posibilidad de que alguien que viera u oyera los drones en el cielo se convirtiera en la próxima víctima, tras haber sido identificado por un grupo de analistas invisibles y anónimos como merecedor de la muerte.
Un segundo claro ejemplo de terrorismo de estado se observa en el uso de drones para hundir embarcaciones frente a las costas de Venezuela y en otras zonas del Mar Caribe y el Océano Pacífico, práctica llevada a cabo desde el 2 de Septiembre de 2025. La razón por la que estos ataques con drones constituyen terrorismo es que, como han lamentado muchos críticos en la región, ningún pescador que intente realizar su trabajo, por inocente que sea, puede estar seguro al ver u oír un drone sobrevolando su cabeza. Consciente de los efectos psicológicos de los bombardeos en serie, el vicepresidente J. D. Vance expresó en estos términos lo racional que se ha vuelto el temor de los pescadores a una muerte inminente: “¡Ni hablar! Yo no iría a pescar ahora mismo a esa zona del mundo”. Una semana antes, el 6 de Septiembre de 2025, Brian Krassenstein interpeló a Vance con la siguiente observación en X:
“Matar a ciudadanos de otra nación, civiles, sin el debido proceso, ses considerado un crimen de guerra”.
La descarada respuesta de Vance fue:
“Me importa una mier … cómo lo llames”.
Incluso dejando de lado el flagrante terrorismo que implican estos casos, no está claro que tales “audaces” actos de homicidio perpetrado por el estado puedan disminuir eficazmente la entrada de drogas al territorio estadounidense, por la sencilla razón de que el narcotráfico se rige por el mercado. ¿Acaso bombardear embarcaciones aparentemente elegidas al azar, presuntamente cargadas de contrabando, impide seriamente el suministro de drogas a alguien en Estados Unidos? Lo más probable es que disuada considerablemente a los narcotraficantes de transportar ellos mismos la fuente de su riqueza. En cambio, es mucho más probable que busquen la ayuda de personas cada vez más desesperadas, dispuestas a arriesgar sus vidas porque, de todos modos, no tienen otras opciones viables. Mientras haya compradores, habrá vendedores, quienes idearán los medios necesarios para entregar sus productos a consumidores dispuestos a pagar incluso precios elevados por lo que desean.
La gratuidad de la Operación Lanza del Sur se hace innegable a la luz del problema más obvio y real de la ejecución extrajudicial de personas sospechosas de narcotráfico por parte de la administración Trump: el fentanilo que mata a personas en Estados Unidos no proviene de Venezuela. Tampoco hay que olvidar que el narcotráfico no es un delito capital en ningún estado de EE.UU., lo que significa que la comisión de homicidio por parte del gobierno federal en estas circunstancias equivale, en todos los casos, a asesinato. A medida que los criterios para determinar quiénes merecen ser ejecutados, siguen siendo rebajados por quienes se benefician con sus muertes, las listas de objetivos se alargan y se multiplican, lo que explica por qué pescadores venezolanos civiles, desarmados e inofensivos, temen ahora por sus vidas. Proclamar obstinadamente que todas las víctimas de los ataques a embarcaciones son “narcoterroristas”, no legitima la ejecución sumaria por parte del ejército, y algunos familiares de las víctimas han presentado demandas contra el gobierno estadounidense en respuesta.
Mucho antes de los ataques a barcos en el Caribe, estaba bien documentado que los ataques con drones estadounidenses habían matado a muchas personas inocentes, como ocurrió en Kabul el 29 de Agosto de 2021, cuando Zemari Ahmadi y otras nueve personas fueron asesinadas porque la “inteligencia” identificó erróneamente a un trabajador humanitario que conducía un Toyota Corolla blanco, como un terrorista que se preparaba para colocar explosivos el aeropuerto durante la retirada del ejército estadounidense de Afghanistan. El director ejecutivo de Palantir, Alex Karp, se jactó de que su empresa fue fundamental para la misión de retirada. Más recientemente, la administración Trump recurrió a algunos de los mismos actores en el lucrativo negocio de la logística de asesinatos por control remoto (en particular, Palantir y su “Sistema Inteligente Maven”) para seleccionar la escuela primaria Shajareh Tayyebeh, en Minjab, Irán, para su destrucción, donde 156 personas inocentes, incluidos 120 niñas, perecieron el 28 de Febrero de 2026, como resultado de múltiples ataques con misiles.
En las últimas décadas, una larga serie de atroces homicidios masivos han sido perpetrados por ciudadanos, posiblemente desequilibrados, en escuelas de Irán, pero el gobierno estadounidense ostenta ahora la dudosa distinción de haber perpetrado la mayor masacre escolar de la historia. Sabiendo que el gobierno estadounidense ha arrasado incluso escuelas, ya sea intencionalmente o por error, ningún padre en Irán puede estar seguro de que sus hijos están a salvo. Es este conocimiento, el de que personas completamente inocentes siguen siendo aniquiladas por misiles estadounidenses lejos de cualquier campo de batalla, lo que convierte el ataque contra estructuras civiles en Irán en un acto de terrorismo tan grave como la destrucción de las Torres Gemelas en Nueva York el 11 de Septiembre de 2001.
Los únicos resultados garantizados de la intervención militar son el asesinato de personas y la destrucción sus bienes, y el terrorismo inherente a los bombardeos. Debido al inevitable daño colateral que producen, las campañas de bombardeos también dan lugar a un aumento del terrorismo de facciones, razón por la cual la Guerra Global contra el Terrorismo se prolongó tanto tiempo. Retrospectivamente, cabe preguntarse: ¿Están mejor los sobrevivientes de la debacle de dos décadas en Afghanistan bajo el nuevo régimen talibán, ahora más fuertemente armado (conocido oficialmente como el Emirato Islámico de Afghanistan), que antes? ¿Está mejor ahora el pueblo libio que bajo su antiguo líder, Mu‘ammar al-Qaḏḏāfī, sobre quien la secretaria de Estado Hillary Clinton y otros convencieron al presidente Barack Obama de que debía ser derrocado? Desde cualquier punto de vista racional, no. Pero al menos se puede decir que, en esos casos, algunos afghanos y libios sobrevivieron. Hasta ahora, los funcionarios del gobierno estadounidense se han basado retóricamente en una suposición, aunque errónea, sobre lo mucho mejor que sería la situación de los sobrevivientes tras la guerra.
A diferencia de George W. Bush, Barack Obama o Joe Biden, Donald Trump ha manifestado su disposición a erradicar por completo la civilización iraní, lo que suena más descabellado que cualquier cosa que haya hecho jamás el gobierno de Irán. Con acceso a los códigos del “maletín nuclear”, el presidente Trump tiene los medios para aniquilar a toda la civilización iraní, con el pretexto de eliminar a su liderazgo. Esto, a pesar de que es de conocimiento público que, como bajo cualquier régimen dictatorial, la mayoría de la población que vive en la zona potencialmente afectada no tiene ninguna responsabilidad por las acciones de sus líderes. O bien los ciudadanos no tuvieron opción ‒los gobernantes les fueron tiránicamente impuestos‒, o bien simularon “elegir” a sus líderes, pero fueron coaccionados a aceptar el gobierno que les impusieron, tras haber presenciado el trato (en algunos casos, la ejecución) de los disidentes que se atrevieron a desafiar al régimen en el pasado.
En cualquier caso, aniquilar a toda una población, incluso bajo un gobierno manifiestamente tiránico, no sería ningún favor para ellos, y usar armas nucleares para lograrlo envenenaría también a todos los demás habitantes de la región. Las armas nucleares son inherentemente indiscriminatoras, razón por la cual las amenazas de la administración Trump de usarlas han llevado el terrorismo a un nivel completamente nuevo, nunca antes visto en la historia. La amenaza del uso de armas nucleares en Irán es peligrosa no sólo para el liderazgo iraní, sino también para toda la población de Irán y de la región, dados los efectos nefastos y de gran alcance de la radiación.
Lejos de ser rechazado como un paria internacional por sus volátiles amenazas, Trump sigue siendo tolerado, y su comportamiento, por lo tanto, normalizado. Además de amenazar a Irán con la aniquilación total, Trump ha expresado repetidamente su deseo de anexar otras naciones soberanas, como Cuba, Venezuela, Canadá y Groenlandia, todas las cuales parecen ser candidatas en su mente para convertirse en el estado número 51 de EE.UU. Resulta desconcertante que un número considerable de sus seguidores siga actuando como si su comportamiento cada vez más errático e inestable, fuera de alguna manera aceptable. Lamentablemente, salvo raras excepciones, los líderes mundiales también han actuado como si este tipo de comportamiento por parte de un presidente estadounidense fuera algo habitual. Quizás se trate simplemente de una medida pragmática para evitar que su país se convierta en objetivo de Trump.
Por supuesto, todos deberían sentirse aliviados de que el gobierno chino recibiera recientemente al presidente estadounidense para una reunión con Xi Jinping, el líder supremo de China, disipando así algunos temores de que la Tercera Guerra Mundial fuera inminente. Sin embargo, cualquier análisis objetivo debe concluir que el presidente Trump, al amenazar repetidamente al pueblo iraní con la aniquilación, ha demostrado ser el principal terrorista de estado del mundo. Que el gobierno estadounidense siga calificando a Irán como el principal patrocinador del terrorismo mundial es, cuanto menos, irónico, porque al amenazar de forma creíble a millones de personas inocentes con el fin no sólo de sus vidas, sino también de su legado y del futuro mismo de su civilización, el actual comandante en jefe de Estados Unidos se ha convertido no sólo en el principal patrocinador, sino en el principal perpetrador del terrorismo de estado, superando en este sentido incluso la nefasta conducta del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.
Los defensores de Israel insisten en que Irán desea aniquilar a Israel, pero lo cierto es que Israel, con la ayuda del gobierno estadounidense, ha destruido la vida de muchos más palestinos e iraníes, que el número de no iraníes asesinados por el gobierno iraní. ¿Qué lunáticos son peores? Quizás haya llegado el momento de retirar el apoyo a todos los políticos desquiciados, dondequiera que residan. Financiar a un gobierno que amenaza abiertamente con borrar por completo a otras civilizaciones, no debe ser apoyado por personas racionales y conscientes, y hacerlo a sabiendas, incluso bajo coacción (mediante la amenaza de sanciones económicas o incluso el encarcelamiento), es ser cómplice de sus crímenes. Sin los medios financieros para perpetrar asesinatos en masa y terrorismo nuclear, el máximo dirigente del gobierno estadounidense sería simplemente otro lunático inepto gritando furiosamente al vacío.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko









