El rothbardianismo en el centenario de Rothbard

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    [Este artículo es la introducción al libro Rothbard at 100: A Tribute and Assessment]

    Cuando Gülçin y yo, en mayo de 2006, inauguramos el Karia Princess para la primera reunión de la Property and Freedom Society (PFS), aún teníamos muchas preguntas sin resolver, tanto organizativas como de fondo. Fueron años de experimentación y aprendizaje: de definir, refinar y perfeccionar el producto mismo que ahora es la PFS y su salón anual.[1]

    Sin embargo, a pesar de todos los cambios ocurridos durante los últimos 20 años de su existencia, la PFS se ha mantenido firme en su compromiso con lo que hoy es ampliamente conocido como “Austrolibertarismo”, la filosofía social desarrollada y representada en el siglo XX principalmente por Murray N. Rothbard. En el siguiente capítulo, relataré mi relación personal con Rothbard durante la última década de su vida, de 1985 a 1995, en New York y Las Vegas. Baste decir que aprendí de primera mano del ejemplo personal de Rothbard lo que luego se convertiría en el ethos y el sello distintivo de la PFS: radicalismo intelectual inflexible e interdisciplinario: la búsqueda intrépida de la verdad, la justicia y la belleza.

    Hoy, 2 de Marzo de 2026, Rothbard habría celebrado su centenario. Dada su condición de santo patrono de la PFS, consideramos apropiado, incluso obligatorio, rendir homenaje a este gran hombre y a su obra, con un pequeño libro en su honor, publicado por antiguos alumnos, colegas y miembros de la PFS que conocen de cerca su obra.

    En el siguiente capítulo me he referido a Rothbard como el más grande de todos los teóricos sociales, sin duda del siglo XX. En nuestra era de fama instantánea y celebridades fugaces, esta afirmación podría requerir alguna explicación. Pero es fácil de explicar. Como economista ‒su profesión de base‒ Rothbard sólo está por debajo de su propio maestro, Ludwig von Mises, posiblemente el mejor economista de todos los tiempos. Pero Rothbard no es un economista-economista. En marcado contraste con algunos contendientes contemporáneos, y advenedizos que ahora reclaman su manto, la voluminosa obra de Rothbard abarca todo el campo de las ciencias sociales. Se ubica entre los filósofos políticos más destacados del siglo XX, aventurándose incluso en el campo de la epistemología. Como sociólogo, ha contribuido enormemente al estudio y análisis de las élites de poder en la tradición de Gaetano Mosca, Vilfredo Pareto y Robert Michels. Como historiador, Rothbard es uno de los principales expertos en la América colonial, así como en la historia económica y financiera de Estados Unidos. Por último, pero no menos importante, con su última obra, lamentablemente incompleta, sus dos volúmenes sobre la historia del pensamiento económico,[2] Rothbard no sólo se ha establecido como un maestro de la historia del pensamiento ‒de Ideengeschichte‒ sino también, de manera más general, como un importante contribuyente al género intelectual de la historia universal. Finalmente, para colmo, Rothbard logró integrar y sistematizar todo ésto: su amplio programa de investigación interdisciplinaria dentro de una gran narrativa de la historia humana como una lucha eterna y continua entre el poder y el mercado, el expolio y la producción, la agresión y la coerción versus la libertad.

    Naturalmente, un hombre que ha comentado sobre casi todo lo imaginable, es también blanco fácil para el conocido “intelectual quisquilloso”: el tipo de persona que se obsesiona o incluso se enfurece por una declaración o comentario en particular y, en consecuencia, rechaza y condena rotundamente todo lo que dice o hace esa persona. Rothbard tuvo un buen número de críticos presuntuosos, que lo desestimaron sin tener la más mínima idea ni familiaridad con su enorme obra intelectual, y probablemente sin la capacidad intelectual para comprenderla realmente, ni siquiera si lo intentaran.

    Afortunadamente, Rothbard cuenta también con una creciente comunidad mundial de seguidores y amigos: lectores, estudiantes y académicos de diversos campos intelectuales y orígenes que siguen sus pasos, intentando preservar, representar, popularizar, pulir, mejorar y ampliar el edificio austrolibertario que nos legó. Este libro presenta sólo una pequeña muestra de estas personas.

    Por supuesto, Rothbard y su obra han recibido serias críticas, incluso entre los colaboradores de este pequeño libro. Von Mises, por ejemplo, su venerado maestro, defendió el modelo liberal clásico del estado “minimalista” frente al anarquismo de Rothbard. La teoría pura de la preferencia temporal del interés de Rothbard (y de von Mises) ha sido objeto de escrutinio, al igual que algunos aspectos de su teoría del contrato y sus opiniones sobre la propiedad intelectual y los derechos de autor. Asimismo, las cuestiones del aborto y los derechos del niño han seguido siendo polémicas. Algunos críticos consideraron su tratamiento de Adam Smith excesivamente negativo. He criticado a Rothbard por su tratamiento excesivamente desfavorable de la Edad Media feudal, y su crítica comparativamente moderada de la democracia.[3] Pero estas críticas, incluida la de von Mises, han sido esencialmente amistosas. Ninguna pretendía distraer la grandeza de Rothbard ni menospreciar su excepcional estatura y prestigio intelectual.

    Aun así: hasta la fecha, Rothbard nunca ha alcanzado el reconocimiento público que se le debe a uno de los grandes genios del siglo XX. Debo especular un poco, pero no es demasiado difícil encontrar explicaciones y razones plausibles, o incluso obvias, para este fenómeno.

    Rothbard es anarquista, y no un izquierdista confuso: un anarquista socialista o sindicalista al estilo de Noam Chomsky, que sueña con la propiedad colectiva y un orden social sin jerarquías. Más bien, Rothbard es un anarquista derechista de línea dura: defensor del anarcocapitalismo, respectivamente de una sociedad de derecho privado, basada directamente en la institución de la propiedad privada y su adquisición mediante la apropiación original (homesteading) o el contrato voluntario, y de una sociedad caracterizada por la división del trabajo y las jerarquías sociales naturales.[4]

    Obviamente, desde el principio ésto lo sitúa en completa oposición a la religión secular casi universalmente compartida de la época actual: el estatismo (etatismus), es decir, la creencia en la necesidad y la función benéfica de la institución de un estado como monopolista territorial de la violencia. Más específicamente, sin estado no existe un sistema educativo público financiado con impuestos: no hay escuelas ni universidades públicas. ¿Dónde, sin ésto, encontrarían empleo seguro las hordas actuales de supuestos intelectuales, especialmente en campos como la educación, el periodismo, las ciencias sociales y las humanidades? La mayoría no podría ni querría y, por lo tanto, la mayoría de los intelectuales posiblemente se opondrán rotundamente a tal idea. Como señaló Upton Sinclair: “Es difícil lograr que alguien entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda”.

    Además, sin estado tampoco existirían bancos centrales con el monopolio de la emisión de monedas fiduciarias. Sin embargo, los bancos centrales e instituciones como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco de Pagos Internacionales, son los principales empleadores de economistas en el mundo actual. Naturalmente, los economistas en particular son también abrumadoramente hostiles hacia las ideas rothbardianas. Asimismo, sin un estado financiado con impuestos y un banco central, puede que existan milicias armadas, pero no habrá un ejército permanente ni un complejo militar-industrial que promueva conflictos y guerras internacionales. Por lo tanto, las grandes industrias, así como todos los chauvinistas, belicistas e imperialistas, se oponen a la idea de la anarquía y de una sociedad de derecho privado, tal como la concibió Rothbard.

    Y es sobre todo aquí, entonces: en conexión con la estricta e inquebrantable oposición de Rothbard a la guerra, al complejo militar-industrial, al estado guerrillero y a la política exterior intervencionista de los Estados Unidos, donde puede ser encontrada la razón última ‒y sin embargo menos comentada‒ de su desprecio público y su falta de reconocimiento académico.

    Los judíos no representan más de 2 o 3% de la población estadounidense, pero como todos saben allí, y sin embargo se les aconseja no decirlo, el mundo académico y los medios de comunicación tradicionales (y muchos más, como veremos) están dominados por judíos (en su mayoría laicos). Rothbard también era un judío laico. Por lo tanto, independientemente de sus opiniones: su anarquismo, su “racismo” (reseñaba favorablemente The Bell Curve de Richard Herrnstein y Charles Murray, y Race, Evolution, and Behavior de Philippe Rushton)[5] o lo que fuera, un hombre de su talento podría y debería haber ascendido a las más altas esferas académicas, gracias a la enorme influencia y la extraordinaria (aunque también innombrable) solidaridad intragrupal de sus correligionarios. Que ésto no sucediera en su caso y, en cambio, se convirtiera en persona non grata en gran parte de la sociedad educada, se debe a dos razones íntimamente relacionadas: las opiniones de Rothbard sobre el judaísmo y sobre Israel.

    Aunque agnóstico, Rothbard sentía un profundo interés por la historia y la sociología de la religión, y consideraba al judaísmo, en particular el judaísmo rabínico tal como es descripto en el Talmud, como una religión tribal primitiva. En marcado contraste con los apologistas y la apologética judía moderna, y en gran concordancia con la obra revisionista de Israel Shahak Jewish History, Jewish Religion: The Weight of Three Thousand Years.[6] Rothbard veía al judaísmo como una doctrina particularista, etnocéntrica y supremacista, según la cual la vida judía es considerada inherentemente superior y más valiosa que la de los gentiles o goys. Es significativo que en el Talmud Jesús sea descripto en términos exclusivamente negativos: como un bastardo ilegítimo nacido de una adúltera, un hechicero y un hereje criminal, condenado a hervir en sus propios excrementos.

    En consecuencia, que Rothbard divague una y otra vez, casi ritualmente hoy en día, sobre el judeocristianismo como fundamento intelectual de Occidente y de los llamados valores occidentales, es un completo disparate, una distorsión fundamental de la historia y una muestra de ignorancia. De hecho, en contraste con la abierta hostilidad hacia el cristianismo expresada en el Talmud, es en realidad el tan difamado Corán el que se muestra bastante favorable a Jesús y a la Virgen María (por cierto, al preguntarle qué religión adoptaría Rothbard si se viera obligado a hacerlo, su respuesta fue: el catolicismo, como religión decididamente universalista).

    En cuanto a Israel, las opiniones de Rothbard también contradecían la opinión general o, mejor dicho, el adoctrinamiento público. Israel no es simplemente un estado, y un estado socialista sin propiedad privada de la tierra (toda la tierra pertenece a la Autoridad de Tierras de Israel o al Fondo Nacional Judío). Más bien, a diferencia del caso típico actual, Israel es un estado que no surgió de forma endógena, a partir de una población indígena, sino que es el resultado de la violenta conquista extranjera: la confiscación, expulsión y genocidio de la población indígena por parte de invasores y ocupantes extranjeros. Con el apoyo de Gran Bretaña y Estados Unidos, judíos de todo el mundo, especialmente de ideología sionista, se trasladaron a Palestina, desplazaron a la población indígena, mayoritariamente árabe, mediante el terrorismo y, en 1948, establecieron un estado judío.

    Además, como estado judío, y en total consonancia con la ya mencionada reivindicación de superioridad judía, Israel practicó desde el principio, y aún practica, un estricto régimen de apartheid, por el que todo no judío es y nunca puede ser más que un ciudadano de segunda clase, y aplicó, y aún aplica, una política exterior agresiva y expansionista a expensas de sus vecinos supuestamente inferiores, para restablecer el Israel moderno en su pretendida gloria y generosidad territorial de antaño. Rothbard consideró falsa la excusa esgrimida para todo ésto ‒la persecución previa de los judíos en Alemania y Europa del Este. En primer lugar, porque no todos los judíos reunidos en Israel habían sido víctimas y, en cualquier caso, la población indígena de Palestina que entonces y ahora tenía que sufrir la invasión y ocupación judías, no tenía nada que ver con ningún crimen previo cometido contra los judíos en otros lugares. Eran inocentes en todos los aspectos y, por lo tanto, no debían ninguna restitución.

    Consideradas de forma aislada, estas dos afirmaciones quizá no coincidan exactamente con la visión dominante y oficial del asunto, pero no resultan escandalosas. Lo que convirtió a Rothbard en persona non grata en los círculos del establishment y lo convirtió en un escándalo, fue combinar ambas afirmaciones y señalar que la política exterior estadounidense se ha visto cada vez más influenciada por los llamados neoconservadores o “neocons”, como Irving Kristol y Norman Podhoretz y sus seguidores. Mayoritariamente de ascendencia judía, y a menudo antiguos izquierdistas (en particular de la rama trotskista) que se habían vuelto “conservadores” en reacción a los violentos brotes del llamado movimiento por los “derechos civiles” y la legislación de la década de 1960, los neoconservadores representaban todo lo contrario de la vieja derecha estadounidense tradicional. La Vieja Derecha, que había sido el hogar intelectual de Rothbard, defendía la descentralización interna, abogaba por una política exterior estrictamente no intervencionista, y advertía contra cualquier enredo y alianza con el extranjero. En marcado contraste, los neoconservadores, que cada vez dominarían más la política exterior estadounidense, tanto bajo administraciones republicanas como demócratas, apoyaron no sólo a un poderoso estado de bienestar centralizado, sino también, en particular, una política exterior intervencionista basada en la fuerza militar estadounidense y motivada por ambiciones imperialistas. Para que el mundo fuera seguro para la democracia liberal, Estados Unidos, como nación excepcional, debía establecerse como la potencia dominante mundial, por todos los medios necesarios, ya fueran militares, financieros o económicos. Y era precisamente Israel el que desempeñaría el papel central en estos planes neoconservadores. Neoconservador significaba esencialmente sionista y sionismo. Israel es considerado su aliado estratégico y moral más preciado: el único bastión de la civilización occidental en Oriente Próximo y Medio, rodeado por un mar de vecinos árabes y musulmanes hostiles, atrasados ​​y primitivos.

    En consecuencia, hiciera o haga Israel, hiciera lo que hiciera, merecía el apoyo incondicional del todopoderoso Estados Unidos. Recibió y sigue recibiendo miles de millones de dólares en ayuda militar estadounidense año tras año, y disfruta de la más estrecha cooperación y asistencia de las agencias y servicios de inteligencia estadounidenses. Ya sea Egipto, Jordania, Líbano, Siria, Irak, Libia, Irán o Yemen, quienquiera que se interpusiera o se interponga en el camino de las ambiciones expansionistas y supremacistas de Israel, y fuera o sea considerado enemigo de Israel, es en ese momento también enemigo de Estados Unidos y, por lo tanto, requiere, hasta el día de hoy, la constante intervención e intervención de Estados Unidos en los asuntos de Oriente Próximo y Medio.

    Rothbard fue vehemente crítico de los neoconservadores y de la política exterior intervencionista estadounidense en general. Es inmoral, un despilfarro económico, y fuente constante de conflicto y tensión internacionales (en lugar de paz). Pero fue especialmente crítico y franco con la política sionista y de “Israel primero” promovida por los neoconservadores. Porque lo que los neoconservadores querían en última instancia, y en gran medida han logrado hasta hoy, es que los intereses estadounidenses se subordinen a los intereses de Israel. Es decir, que para cualquier decisión de política exterior, Estados Unidos debe consultar y solicitar la aprobación de Israel. Rothbard consideró esta situación “monstruosa”, por usar una de sus palabras favoritas en este contexto. Dado el origen y la ubicación del estado de Israel y su naturaleza de estado judío, explícita y exclusivamente, Rothbard predijo que Oriente Próximo y Medio se convertiría en un polvorín: una zona de peligro permanente, marcada y desfigurada por conflictos y guerras interminables, y que Estados Unidos, en particular, antes excepcional, se convertiría progresivamente (o más bien regresivamente) en la mayor maquinaria de guerra del mundo, y en una amenaza para la paz mundial. Rothbard acertó con esta predicción, por supuesto, como es aún más evidente ahora que hace 20 años, al momento de su muerte. Sin embargo, para el más poderoso de todos los grupos de presión en Estados Unidos, el lobby judío, representado prominentemente, por ejemplo, por el Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (AIPAC), el Comité Judío Estadounidense (AJC) o la Liga Antidifamación (ADL), las críticas de Rothbard y su llamado a la retirada y desvinculación de Estados Unidos respecto de Israel, constituyeron la máxima traición y pecado de “antisemitismo”. Si no era posible silenciarlo por completo, debía ser ignorado o menospreciado. Y eso fue lo que hicieron; y fueron sobre todo ellos, los neoconservadores y el lobby judío, quienes negaron a Rothbard el estrellato intelectual que merecía.

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    Noticia de última hora: Recientemente, desde la elección de Javier Milei como presidente de Argentina en 2023, el nombre de Rothbard ha sido mencionado con frecuencia también en algunos medios de comunicación tradicionales. La razón: Milei se declaró ‒”filosóficamente”‒ anarcocapitalista, y citó a Rothbard repetidamente como su principal fuente de inspiración. Muchos libertarios declarados, especialmente en el mundo hispanohablante, han celebrado ésto como un gran avance para y a favor de “nuestras” ideas. Ésto requiere un breve comentario crítico, ya que la “resurrección” de Rothbard a través de Milei representa, en el mejor de los casos, un arma de doble filo y, de hecho, es más probable que perjudique gravemente al movimiento libertario en el largo plazo. Además, en cualquier caso, implica una grave tergiversación y “falsificación” del verdadero Rothbard.[7]

    Ciertamente, Milei ha leído algo de Rothbard, pero su conocimiento de la obra de Rothbard es bastante limitado y superficial.[8] También ha introducido algunas reformas económicas de “libre mercado” en Argentina, inspiradas por los “austriacos”. Pero no ha hecho nada verdaderamente radical que merezca el elogio de cualquier anarcocapitalista. No ha cerrado el banco central, como prometió originalmente, y no hay indicios de que ésto vaya a suceder pronto. Ha reducido el alza de precios al consumidor, de 300% a aproximadamente 30% (¡increíble!), pero la oferta monetaria (de todos los agregados monetarios) ha seguido creciendo rápidamente (incluso más que bajo varios de sus predecesores). Ha centralizado el poder gubernamental en lugar de descentralizarlo, y se ha declarado abiertamente opuesto a la secesión. Además de asumir (en lugar de repudiar, como habría recomendado Rothbard)[9] la deuda pública existente con el FMI, de unos U$S 40.000 millones, cargó al pueblo argentino con otros U$S 42.000 millones, solicitados al FMI, el Banco Mundial [BM] y el Banco Interamericano de Desarrollo [BID]. Para evitar la insolvencia justo antes de las elecciones legislativas argentinas de mitad de mandato, en Octubre de 2025, exigió además un paquete de rescate de unos U$S 20.000 millones a su querido amigo Donald Trump.

    Y con la entrada de Donald Trump en escena, surge un Milei completamente nuevo y diferente, generalmente ignorado o menospreciado por sus fervientes seguidores libertarios.

    Por pura casualidad, Trump pudo haber oído el nombre de Rothbard, pero ciertamente nunca leyó una sola palabra suya. De hecho, es dudoso que Trump haya leído un libro serio en toda su vida, y en lo que respecta a la economía en particular, debe ser considerado esencialmente analfabeto.[10] El gasto público (especialmente en las fuerzas armadas y en las llamadas medidas de seguridad nacional) y la deuda pública han aumentado bajo su dirección. Es un proteccionista convencido, como lo demuestran sus políticas arancelarias erráticas y punitivas, y en general persigue una agenda económica que tiene más en común con las políticas intervencionistas implementadas bajo el fascismo o el nacionalsocialismo, que con cualquier cosa que se asemeje a una economía de libre mercado.

    Más importante aún en el contexto actual, de todos los presidentes estadounidenses anteriores, Trump es el sionista más ferviente y defensor del “Israel-Firster” de la historia (al tiempo que se proclama un “America-Firster”). Nunca antes Israel había recibido tanta ayuda y apoyo militar y financiero, incluso mientras perpetraba atrocidades en la Franja de Gaza y Cisjordania, como bajo el mandato de Trump. Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, criminal de guerra de primer grado, hombre sin escrúpulos en admitir sus propias intenciones genocidas contra la población palestina (a la que compara con los amalecitas del Antiguo Testamento y la Torah, a los que hay que vencer y erradicar), es el “mejor amigo” de Trump e invitado siempre bienvenido en la Casa Blanca o Mar-a-Lago. En nombre de Israel, y por consejo (¿o por orden?) de Netanyahu, Trump incluso participa directamente en la guerra contra Irán y Yemen, países que no representan ninguna amenaza para Estados Unidos.

    Y por si fuera poco, y como señal inequívoca de la megalomanía de Trump, profiere continuamente amenazas, con aires de matón, contra cualquiera que al que considere desobediente, especialmente contra Rusia y China, como los dos principales obstáculos restantes en el camino hacia la dominación global estadounidense. Aunque se presenta como pacificador, sigue apoyando a Volodymyr Zelenskyy, el hombre fuerte judío de Ucrania y correligionario sionista, en su guerra perdida contra Rusia, inicialmente provocada y diseñada por Estados Unidos para debilitar y doblegar a Rusia. Envía armamento a Taiwán para provocar a China continental, secuestra al presidente venezolano Nicolás Maduro para tomar el control de las enormes reservas petroleras del país, y se dedica a la abierta piratería confiscando o hundiendo buques o petroleros extranjeros en aguas internacionales y ordenando el asesinato de sus capitanes y tripulaciones.

    Milei, el autoproclamado anarcocapitalista es, pues, el mejor amigo de este tal Trump. Una y otra vez, lo ha aclamado como defensor de la libertad y de la llamada civilización y los valores occidentales. Los Estados Unidos de Trump, según Milei, representan el epítome del capitalismo de libre mercado. Y no sólo es amigo de Trump, pues su nombre y el de Trump son mencionados a menudo juntos como estrechamente asociados; Milei también es el mejor amigo de Netanyahu, el mejor amigo de Trump. En su opinión, Israel no puede hacer nada malo, y todo lo que pueda parecer como atrocidades descaradas, asesinatos en masa y destrucción gratuita para el observador externo, no es en realidad más que justificada defensa, según él. Por esta abierta solidaridad y alabanza de Israel como bastión de la libertad y de la civilización, Milei recibió de manos de Netanyahu el premio Génesis, conocido también como el “Premio Nobel Judío”, dotado con U$S 1 millón, que Milei se comprometió a utilizar para celebrar a Israel y combatir el “antisemitismo” en toda Argentina y en otras partes de Latinoamérica. Y no sólo los nombres de Trump y Netanyahu están estrechamente asociados con el de Milei, sino que Milei también mantiene una estrecha relación con Zelenskyy.

    Surgen entonces tres preguntas interconectadas: ¿Cómo explicar este romance entre Milei, Trump, Netanyahu y Zelenskyy? ¿Qué consecuencias tiene ésto para el nombre del libertarismo, es decir, para su reputación y reconocimiento público? ¿Y cómo encaja Rothbard en todo ésto?

    La primera pregunta tiene fácil respuesta. Lo que los cuatro tienen en común es su sionismo y la postura de “Israel primero”, tal como la proponen y defienden los neoconservadores. En teoría, Milei no es judío, pero ha considerado la idea de convertirse al judaísmo. Varios oligarcas judíos, como la familia Werthein, han contribuido enormemente a su carrera, y cuenta con el acompañamiento y asesoramiento constante de su rabino personal. Trump tampoco es judío en teoría (aunque varios miembros de su familia sí lo son), pero ha disfrutado de la generosidad de numerosos oligarcas judíos, como Sheldon y Miriam Adelson, y ha afirmado repetidamente ser el presidente más proisraelí de la historia de Estados Unidos y el mejor amigo que Israel haya tenido jamás. Zelenskyy es judío y debe toda su carrera a varios oligarcas judíos ucranianos, como Ihor Kolomoyskyi, y Netanyahu, por supuesto, es el mismísimo super-judío y sionista (otro punto en común: los cuatro son conocidos por su talento como payasos, y por la vulgaridad y blasfemia de sus discursos públicos).

    Hay una respuesta rápida a la segunda pregunta. La esencia del libertarismo es el reconocimiento de la propiedad privada y del principio de no agresión. ¿Cómo puede alguien creer seriamente que la imagen pública del libertarismo se verá favorecida y mejorada por alguien como Milei, quien está íntimamente asociado y en estrecha colaboración con un grupo de estatistas, supremacistas, imperialistas, belicistas y criminales asesinos que defienden el bienestar social?

    Y finalmente, en cuanto a la tercera pregunta sobre Rothbard: ¿Cómo puede alguien creer seriamente que Rothbard estaría encantado de ver su nombre, a través de Milei, conectado y asociado con los de Trump, Netanyahu y Zelenskyy? “¡Monstruoso!”, esa sería la reacción de Rothbard.

     

     

    Hans-Hermann Hoppe

    Estambul, Febrero de 2026

     

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    [1]  Puede encontrarse más información sobre el origen de la PFS en Property and Freedom Society, “History and Principles”  (propertyandfreedom.org/about) y Property and Freedom Society, “Press & Offsite Material (propertyandfreedom.org/press), incluyendo Hans-Hermann Hoppe, “My Life on the Right,” The Great Fiction: Property, Economy, Society, and the Politics of Decline, 2a ed (Auburn, Ala.: Mises Institute, 2021) (basado en “The Property And Freedom Society—Reflections After Five Years,” Property and Freedom Society 2010 Annual Meeting, Bodrum, Turkey (June 4, 2010)); idem, “This Crazy World,” en The Great Fiction (basado en “The Role of the Property and Freedom Society in a Crazy World,” Property and Freedom Society 2009 Annual Meeting, Bodrum, Turkey (May 22, 2009)); Hans-Hermann Hoppe y Gülcin Imre Hoppe, “2006–2015: PFS, Now and Then,” Property and Freedom Society 2015 Annual Meeting, Bodrum, Turkey (Sept. 11, 2015), disponible en Stephan Kinsella, “PFP133 | Hans-Hermann Hoppe & Gülcin Imre Hoppe, “2006–2015: PFS, Now and Then” (PFS 2015),” Property and Freedom Podcast (May 26, 2022); y Tom Woods, “Interview with Hans Hoppe,” Tom Woods Elite Letter, Issue #18 (Summer 2025).

    [2]  Murray N. Rothbard, An Austrian Perspective on the History of Economic Thought (Auburn, Ala.: Mises Institute, 2006). Véase también Stephan Kinsella, “Volume 3 of Rothbard’s History of Economic Thought,” StephanKinsella.com (Sept. 1, 2009).

    [3]  Véase, e.g., Hoppe, “Introduction,” en Democracy: God that Failed (New Brunswick and London: Transaction Publishers, 2001) (“aunque conscientes de las deficiencias económicas y éticas de la democracia, tanto von Mises como Rothbard tenían debilidad por la democracia, y tendían a ver la transición de la monarquía a la democracia como un progreso”.); idem, “The Libertarian Quest for a Grand Historical Narrative,” en The Great Fiction; Robert A. Nisbet, The Quest for Community: A Study in the Ethics of Order and Freedom (Wilmington, Del.: ISI Books, 2010 [1953]).

    [4]  Véase Hoppe, “A Realistic Libertarianism,” LewRockwell.com (Sept. 30, 2013). Para una posible explicación del tratamiento tan diferente de Chomsky vs. Rothbard, véase Jose Alberto Niño, “How Noam Chomsky Became the Establishment’s Favorite Radical,” The Unz Review (Feb. 7, 2026). De la misma manera, para mi análisis de por qué el “libertarismo de Nozick” y su “deslumbramiento metodológicamente no comprometido” “fueron considerados respetables por las masas académicas”, en comparación con el vergonzoso trato que la academia dió a Rothbard, véase mi “Murray N. Rothbard and the Ethics of Liberty,” en Murray N. Rothbard, The Ethics of Liberty (New York: New York University Press, 1998).

    [5]  Murray N. Rothbard, “Race! That Murray Book (December 1994),” The Irrepressible Rothbard: The Rothbard-Rockwell Report Essays of Murray N. Rothbard (Center for Libertarian Studies, 2000).

    [6] Israel Shahak, Jewish History, Jewish Religion: The Weight of Three Thousand Years, New Edition (Pluto Press, 2008 [1994]; pdf; pdf2).

    [7]  Véase Hans-Hermann Hoppe, “PFP280 | Special: Hans-Hermann Hoppe, “Javier Milei” (PFS 2024),” Property and Freedom Podcast (Dec. 23, 2024); idem, “Resignation from the Scientific Advisory Board of the Ludwig von Mises Institute Germany,” HansHoppe.com (Aug. 18, 2025); idem, “PFP290 | Hoppe: Considerations and Reflections of a Veteran Reactionary Libertarian (AERC 2025),” Property and Freedom Podcast (March 23, 2025); idem, “A ‘Great Thinker’ at Work”, Power & Market (June 19, 2025); Kristoffer Mousten Hansen, “PFP306 | Kristoffer Mousten Hansen: Mileinomics (PFS 2025),” (Jan. 12, 2026).

    [8]  Véase, e.g., Javier Milei, Capitalismo, Socialismo y la Trampa Neoclásica: De la Teoría Económica a la Acción Política (Planeta, 2024); idem, “Capitalism, Socialism, and the Neoclassical Trap,” in The Emergence of a Tradition: Essays in Honor of Jesús Huerta de Soto, Volume II: Philosophy and Political Economy, David Howden and Philipp Bagus, eds. (Palgrave Macmillan, 2023) (libro que también incluye mi ensayo “The Ultra-Reactionary as a Radical Libertarian: Carl Ludwig von Haller (1768–1854) on the Private Law Society“). Respecto de Milei y el (no)cierre del Banco Central de la República Argentina, véase idem, “A ‘Great Thinker’ at Work,” y el reciente intercambio entre Philipp Bagus y Jörg Guido Hülsmann, comenzando por Philipp Bagus, “Credit Money, Pesos, Dollars and Argentina,” Power & Market (Oct. 20, 2025), publicado primero en alemán, como Philipp Bagus, “Kreditgeld, Pesos, Dollars und Argentinien,” Ludwig von Mises Institut Deutschland (Oct. 20, 2025). El artículo de Power & Market contiene links a otros para el intercambio.

    [9]  Véase, e.g., Man, Economy, and State, with Power and Market, Scholar’s ed., 2a ed. (Auburn, Ala.: Mises Institute, 2009), p. 1028 (“Por lo tanto, la utilidad social no puede ser mejorada mediante la reducción de la deuda, excepto mediante el método del repudio, la única forma de reducir la deuda pública sin el aumento concomitante de la coerción fiscal. El repudio también tendría el mérito adicional (desde la perspectiva del libre mercado) de oscurecer todo el crédito gubernamental futuro, de modo que el gobierno ya no podría desviar tan fácilmente el ahorro hacia fines gubernamentales.”.); idem, “Frank Chodorov: R.I.P.”, Left and Right: A Journal of Libertarian Thought (Winter 1967): 3–8, p. 5 (Chodorov “fue el único entre la multitud de supuestos creyentes en la economía de libre mercado de este país, que pidió el repudio total de la deuda pública, y vió que tal repudio es infinitamente más libertario y menos criminal que saquear a los contribuyentes para redimir esa deuda”.); idem, “Repudiating the National Debt”, Chronicles (June 1992; Mises Daily version): 49–52.

    [10] Para mi valoración negativa de Trump, véase Woods, “Interview with Hans Hoppe”.

     

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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