
Como anarquista libertario y economista de la escuela austriaca, me interesaba seguir la elección del primer presidente del mundo que decía compartir mis ideas. En televisión decía muchas cosas acertadas, y sus políticas radicales parecían similares a las que yo desearía que fuesen implementadas. Tras 30 meses de atenta observación, puedo afirmar con seguridad que las políticas de Javier Milei no se parecen en nada a lo que haría un economista austriaco, y que ha utilizado la economía austriaca como pretexto para dirigir una de las presidencias más inflacionarias de la ya de por sí inflacionaria historia de Argentina. Como era de esperar, y a la luz de los datos más recientes sobre inflación y crecimiento, ahora se puede afirmar con seguridad que la presidencia de Milei ha sido un fracaso en todos los aspectos importantes. Ignorando la retórica vacía, Milei no ha sido más que otro demagogo inflacionario latinoamericano, vendiendo a sus ciudadanos ilusiones financiadas mediante la inflación y la deuda, que los empobrecerán y los perjudicarán durante generaciones. En el trigésimo mes de su presidencia, cuando la semilla de la recuperación económica sembrada al inicio de su mandato debería estar dando frutos, los precios siguen subiendo, la actividad económica se contrae, y la insostenible deuda pública ‒un esquema Ponzi‒ es mayor que nunca, lo que presagia un futuro aún más difícil.
La inflación interminable
La mayor promesa incumplida por Milei fue la de cerrar el banco central, lo que durante su campaña electoral afirmó que era innegociable y que coincide con la postura de la Escuela Austriaca. Tenía un claro mandato de sus votantes para hacerlo, pero optó por no hacerlo y se decantó por absurdas ideas keynesianas de Chicago sobre la gestión de la oferta monetaria y la reactivación del peso.
Milei había prometido dolarizar la economía, lo que habría sido una gran medida para Argentina ya que, por muy malo que sea el dólar, es superior a cualquier moneda emitida por un banco central argentino. La promesa de dolarización también fue incumplida en favor de lo que Milei denominó libre competencia cambiaria, una idea absurda cuando el banco central aún mantiene el monopolio de las licencias bancarias, y obliga a los bancos a usar el peso y poseer bonos del gobierno. Al mantener el banco central y su monopolio sobre la emisión de moneda y las licencias bancarias, Milei garantizó la continuación de la inflación del peso, empobreciendo forzosamente a Argentina.
La prueba está a la vista: el índice de precios al consumidor de Marzo subió 3,4%, una tasa anualizada de 49%, y eso utilizando la obsoleta canasta del gobierno. Este fue el décimo mes consecutivo en que la tasa de inflación de precios ha aumentado, lo que convierte a Argentina en el cuarto país con la tasa de inflación más alta del mundo, sólo por detrás de Venezuela, Sudán del Sur e Irán.
Tras dos años y medio en el cargo, ésta es la inflación de Milei, y es absurdo culpar a sus predecesores. Los precios no son una máquina de movimiento perpetuo que no puede ser detenida una vez que es puesta en marcha. El aumento de precios es consecuencia del incremento de la oferta monetaria, y si el banco central deja rápidamente de aumentarla, el aumento sostenido de precios se vuelve imposible. Tras la dolarización de Ecuador y El Salvador en 2000 y 2001, respectivamente, la elevada inflación de los precios al consumidor prácticamente dejó de ser un problema: actualmente se sitúa en el mismo rango que la de Estados Unidos, en cifras de un sólo dígito anual ‒lejos de ser ideal, pero mucho más alejada de las tasas habituales en América Latina que Argentina sigue padeciendo.
Si Milei hubiera llevado a cabo la dolarización o la liberalización del banco central, la inflación ya sería parte de la historia de Argentina. Al mantener el monopolio del banco central y no dolarizar, Milei se ha asegurado de que siga siendo parte del futuro argentino. La excusa de que la moneda y el sistema bancario estaban en mal estado y que la dolarización habría sido demasiado dolorosa, suena especialmente vacía después de dos años y medio de inflación continua y deterioro económico que no muestra signos de disminuir. Si bien la inflación de El Salvador era baja antes de la dolarización y su transición fue fluida, la dolarización de Ecuador se produjo tras un colapso monetario y bancario, por lo que es más relevante para Argentina. Después de los calamitosos colapsos monetarios y bancarios de Ecuador, y tras un período de ajuste a la dolarización y los controles de precios, la alta inflación fue eliminada después de dos años y medio. Sin una moneda nacional, el banco central ecuatoriano no podría generar hiperinflación aunque lo hubiera querido. Con toda probabilidad, cualquier dificultad que la dolarización hubiera implicado para Argentina, ya habría terminado, y los beneficios de eliminar la inflación serían evidentes. Pero el camino que eligió Milei lleva dos años y medio causando sufrimiento, y promete causar mucho más. De forma inquietante, cuando el IPC mensual de Abril se situó en 2,6% (31% anualizado), Milei tuiteó triunfalmente que se trataba de un “regreso a la normalidad”. Dado que hace un año celebraba que la tasa cayera por debajo de 2%, parece estar condicionando a la gente a considerar que el aumento permanente de los precios, de alrededor de 20% anual, es la nueva normalidad. Teniendo en cuenta lo que ha hecho con la oferta monetaria, 20% parece una cifra demasiado optimista.
Cuadruplicando la oferta monetaria
La inflación de precios es sencillamente la manifestación de la inflación que perciben quienes desconocen la economía. Quienes entienden de economía saben que la inflación es generada en el banco central, no en el supermercado. La creación de dinero por parte de Milei ha sido evidente desde sus primeros meses en el cargo, periodo en el que se produjo un crecimiento de la oferta monetaria demasiado grande como para ser creíble, incluso para los elevados standards de Argentina. Tras 30 meses en el cargo, éstos son los incrementos totales en los agregados de la oferta monetaria, junto con sus tasas de crecimiento mensual y anual compuestas, así como la variación del índice de precios al consumidor.

La masa monetaria se ha cuadruplicado o triplicado en apenas 29 meses, con una tasa de crecimiento mensual compuesta de alrededor de 5%, logro asombroso para cualquier defensor de la inflación, y más aún para alguien que se autoproclama seguidor de Rothbard. Los precios al consumidor también se han triplicado durante el mismo período, con un aumento mensual compuesto de 5%.
Tanto si son analizados los indicadores de la masa monetaria como el aumento de los precios, la presidencia de Milei ha destacado hasta ahora por su política inflacionaria, incluso para los standards argentinos. Milei ha logrado hasta el momento una tasa de crecimiento anual de la base monetaria superior a la de sus cuatro predecesores, y una tasa de crecimiento anual del índice de precios al consumidor superior a la de tres de ellos.

La nueva deuda de U$S 71.000 millones
Milei había prometido combatir el endeudamiento crónico de Argentina, pero en cambio lo ha incrementado, convirtiendo a Argentina en el principal prestatario del FMI, que representa alrededor de 35% del total de su cartera de préstamos, y expandiendo la deuda local a niveles sin precedentes. Cuando asumió el cargo, Argentina tenía una enorme carga de deuda de U$S 423.000 millones de dólares, cifra que aumentó en U$S 71.000 millones, alcanzando los U$S 494.000 millones a finales del mes pasado. Tras 29 meses, Milei ha incrementado la deuda total argentina en 17%, a pesar de que la moneda se ha devaluado cerca de 70% desde que asumió el poder. En otras palabras, con tan sólo devaluar la moneda, Milei redujo en 70% el valor en dólares de la deuda en pesos que heredó, de aproximadamente U$S 159.000 millones a unos U$S 47.000 millones. Sin embargo, al seguir emitiendo más deuda en pesos con elevados intereses, el valor total en dólares de dicha deuda ha alcanzado los U$S 233.000 millones, lo que significa que Milei ha presidido un aumento de aproximadamente U$S 185.000 millones en la deuda en pesos con elevados intereses en tan sólo dos años y medio. Éste es el motor del carry trade argentino, el cáncer que está matando a Argentina.

La mayor victoria que los partidarios de Milei siguen proclamando es el supuesto equilibrio presupuestario del gobierno, pero ésto parece ser producto de la contabilidad creativa, ya que la deuda nacional continúa aumentando. La solución más obvia a esta paradoja reside en reconocer que los exorbitantes intereses que el gobierno paga por las LECAP no son contabilizados como parte del gasto público. Al ignorar la carga de intereses y el riesgo de refinanciamiento de la compleja deuda en pesos, el superavit fiscal pierde relevancia.
Además, un enfoque de libre mercado para el gasto público no se limita a equilibrar el presupuesto por el mero hecho de hacerlo; también implica liberar la economía de las ataduras de los monopolios estatales y de a las instituciones clave del control estatal, que les impide operar de manera productiva y rentable para servir a la ciudadanía. El régimen de Milei continúa imponiendo monopolios estatales en educación, sanidad e infraestructura, pero ahora los priva de financiamiento, lo que provoca la destrucción de instituciones esenciales y el continuo deterioro del país. Desde una perspectiva libertaria y austriaca, la opción correcta sería liberalizar estas instituciones y permitirles valerse por sí mismas sin la protección del gobierno. Las partes productivas de estas instituciones serían recompensadas en el mercado, mientras que las improductivas desaparecerían. Al recortar el gasto en infraestructura crítica que no puede demostrar su valía en el libre mercado competitivo, mientras siguen siendo pagadas decenas de miles de millones de dólares anuales en intereses a los banqueros y fondos de cobertura que participan en el carry trade argentino, Milei está enseñando a una generación de personas en todo el mundo que el libertarismo consiste en degradar la infraestructura y las instituciones críticas de las que depende la gran mayoría de la sociedad, en favor de enriquecer a los más ricos que pueden permitirse participar en el esquema Ponzi del gobierno.
El esquema Ponzi del Carry Trade de un cuarto de billón de dólares
Como expliqué en un artículo anterior, el carry trade no es simplemente un inconveniente o un problema menor que enriquece a unos pocos argentinos a expensas de la mayoría. Esta ruleta rusa monetaria se ha convertido prácticamente en la principal industria de Argentina, y su continua supervivencia absorbe cada vez más capital argentino, desviándolo de las actividades productivas.
En un país cuya capitalización bursátil total ronda los U$S 90.000 millones, la operación de carry trade representa una inversión de aproximadamente U$S 233.000 millones, destinados en su totalidad a la compra de bonos piramidales del gobierno a exorbitantes tasas de interés, que el gobierno sólo puede pagar imprimiendo cantidades obscenas de pesos. En menos de dos años y medio en el cargo, Milei ha inyectado en el esquema piramidal de bonos del gobierno, capital equivalente a más de dos bolsas argentinas completas el cual, si sobrevive unos meses más ‒aunque es una gran incógnita‒, debería alcanzar el hito del cuarto de billón de dólares. Esta operación de carry trade terminará en un doloroso colapso para muchos inversores tardíos y tenedores de bonos de largo plazo, pero el hecho de que genere un mal resultado a largo plazo no significa que exista alguna ventaja a corto plazo. A corto plazo, el carry trade ha vaciado la economía argentina de capital productivo, provocando el cierre de un gran número de empresas y la destrucción de empleos, mientras que la bolsa argentina es una de las de peor desempeño en la región y en el mundo. ¿Para qué invertir en negocios realmente productivos cuando Ud. puede simplemente apostar en el carry trade y obtener una rentabilidad de entre 2% y 3% mensual?
En dos años, la producción industrial ha caído 7,9%, y el sector industrial opera a 53,6% de su capacidad instalada, lo que es comprensible si se considera que muy pocas industrias pueden competir con la rentabilidad de invertir en el esquema Ponzi de bonos de carry trade. Tan sólo en Febrero, la economía argentina se contrajo un increíble 2,6%. El desempleo alcanzó 7,5%, 1,1% más que cuando Milei asumió el cargo. Si hubiera implementado reformas reales, el sufrimiento a corto plazo ya habría disminuido, la inflación habría cesado, y el crecimiento estaría en auge. En cambio, parece que el sufrimiento no tiene fin, ya que el carry trade lo está absorbiendo todo.
Cuanto más se prolongue esta situación, más empresas productivas perderá Argentina, desarraigándose de una economía moderna e industrializada, para convertirse en una economía empobrecida y primitiva, en la que sólo los especuladores financieros con contactos pueden vivir bien, mientras que el resto lucha por sobrevivir. Cuanto antes colapse el carry trade, mejor. Si el problema del socialismo es que, tarde o temprano, se queda sin dinero ajeno, el problema del mileísmo es que no, ya que siempre encuentra más prestamistas que lo fomentan y lo magnifican.
El carry trade se ha visto impulsado hasta ahora por decenas de miles de millones de dólares provenientes del FMI, el BID, el Banco Mundial y, más recientemente, del Tesoro estadounidense, que directamente compró pesos para apuntalar el tipo de cambio y “rescatar” a los argentinos de la esclavitud de la deuda del carry trade, que les cuesta decenas de miles de millones de dólares al año. Al mantener el peso artificialmente alto, los rescates aseguran la continuidad del carry trade, canalizando más capital hacia el gobierno, privando de capital al sector privado productivo y destruyendo empleos. También requerirá más creación de dinero para pagar los bonos, lo que inevitablemente conducirá a una mayor inflación. El rescate sí salvó a los fondos de cobertura parásitos que obtenían ganancias absurdas debido a la esclavitud de Argentina con su deuda.
Al justificar el apoyo desmedido de Milei a Israel y su genocidio y secuestro de los gentiles a quienes gobierna y considera infrahumanos, algunos de sus seguidores reconocen la criminalidad, pero invocan la necesidad: al congraciarse con el genocida régimen sionista y sus títeres estadounidenses, Milei puede obtener acuerdos favorables de Estados Unidos e instituciones financieras internacionales para ayudar a la recuperación de Argentina. Esta es una catástrofe tan grave desde el punto de vista financiero como moral. Mientras los extranjeros rescaten el esquema Ponzi de Milei, el capital argentino seguirá fluyendo hacia los bonos del gobierno, y el capital físico, humano e intelectual real se irá o será destruido, a medida que el país se desindustrializa y descapitaliza.
$Libra × 1.000
Milei también basó su campaña en la lucha contra la corrupta clase dirigente argentina, y en el fin de su corrupción y el saqueo de fondos. En cambio, ha presidido una larga serie de escándalos que lo implican a él, a su hermana y a sus allegados en una amplia variedad de esquemas de corrupción, especialmente el caso de la fraudulenta criptomoneda Libra, que sirve como un perfecto microcosmos de la estafa que representa la presidencia de Milei.
Milei promocionó $Libra en Twitter, afirmando que impulsaría el crecimiento de la economía argentina, así como el de los emprendedores y las pequeñas empresas. Mientras los seguidores de Milei la compraban, los estafadores detrás de Libra crearon una cantidad masiva de monedas, inundaron en mercado, destruyendo el valor de la criptomoneda, estafando a los incautos que la compraron, embolsándose decenas de millones de dólares y, supuestamente, pagando a Milei una cuantiosa comisión.
De manera similar, Milei promovió su presidencia como una forma de impulsar el crecimiento de Argentina y salvarla de la inflación y del socialismo. Mientras los seguidores de Milei se dejaban engañar por su plan, los estafadores detrás del peso crearon una cantidad masiva de éstos, inundaron el mercado para financiar su estafa de carry trade, destruyendo la economía argentina, explotando al pueblo argentino y embolsándose decenas de miles de millones de dólares. Aún está por verse si Milei recibirá una jugosa comisión o si simplemente hace todo ésto por el placer de ser llamado presidente.
La economía austriaca y el libertarismo son para el peso lo que la “descentralización” y las “pequeñas empresas” son para $Libra: la estrategia de marketing utilizada para atraer a incautos a la estafa de la afinidad. La estafa del peso es aproximadamente 1.000 veces mayor que la de $Libra, y sus víctimas son el 95% más pobre de los argentinos, no sólo especuladores con criptomonedas. Mientras el peso continúa devaluándose para mantener a flote a un gobierno en bancarrota, toda la economía argentina se está destruyendo. Si los rescates internacionales permiten que este robo continúe durante algunos años más, los bonos del gobierno y la ayuda exterior serán las únicas dos industrias que sobrevivirán en Argentina.
La estafa austriaca
La presidencia de Milei dejará a los argentinos un legado catastrófico de inflación y una enorme carga de deuda que deberán soportar durante generaciones. A nosotros, economistas de la escuela austriaca y libertarios, nos dejará una deuda reputacional devastadora para las generaciones venideras. Lo que empeora aún más la situación es cómo muchos de los nombres más destacados en los círculos económicos austriacos han suspendido por completo su capacidad crítica, ignorando la flagrante realidad económica, creyendo en la manía demagógica y aplaudiéndola. El Mises Institute ha roto su vínculo con el profesor Hans-Hermann Hoppe, el economista austriaco vivo más importante y heredero intelectual de Murray Newton Rothbard, en lo que parece estar relacionado con sus abiertas críticas hacia la estafa de Milei. Mientras tanto, el Mises Institute ha publicado un flujo constante de propaganda a favor de Milei, ignorando las cuestiones cruciales de la inflación y la deuda, y elogiando discursos y retórica como si fueran logros reales. Alinearse con Milei destruirá el historial, por lo demás estelar, del gran Instituto en materia de pacifismo y lucha contra el estado, convirtiéndolo en un simple centro de estudios de centroderecha que utiliza slogans sobre la libertad para elegir a neoconservadores que luchen más guerras por Israel; una versión ligeramente menos estúpida de Fox News.
En lugar de escribir más homenajes a Milei y asistir a otra lacrimógena ceremonia de premios, sugiero humildemente que el Mises Institute y los austriacos mileistas proporcionen la rigurosa evaluación austriaca sobre los argumentos a favor, y las repercusiones de cuadruplicar la oferta monetaria, endeudarse por U$S 70.000 millones y realizar una operación de arbitraje de U$S 250.000 millones en dos años y medio. ¿Podrían estos factores estar relacionados con el persistente aumento de los precios y el bajo crecimiento en Argentina? ¿Está justificado que el gobierno endeude aún más a sus ciudadanos porque apoyar al régimen genocida sionista puede significar tasas de interés ligeramente menos abusivas del FMI?
Los economistas austriacos deben comprender ahora que la fama y el reconocimiento que el ascenso de Milei aporta a la economía austriaca forman parte de un pacto fáustico, cuyo precio es la destrucción de la reputación de la escuela cuando el fracaso de su presidencia ya no pueda ser negado. La economía austriaca y el libertarismo serán vistos como la ideología de la inflación, el endeudamiento masivo con los banqueros, y la destrucción de instituciones e infraestructuras esenciales en países no judíos, mientras son fortalecidas las instituciones del régimen genocida sionista para el asesinato en masa por motivos raciales y el robo de tierras.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko









