
“La política en todas sus variantes, en particular la política de los partidos políticos, es la principal enemiga de la libertad, la prosperidad y la paz. Sin embargo, por doquier se recurre a más gobierno como solución”. –Antony P. Mueller, “¿Es viable el anarcocapitalismo?”
Suponemos que las personas deben mantener eterna vigilancia para preservar su libertad. ¿Cómo puede ser mantenida tal vigilancia, cuando la entidad en cuestión puede hacer prácticamente lo que quiera, y respaldar sus acciones con una fuerza superior? ¿Cómo puede ser mantenida la vigilancia, cuando la naturaleza exige que uno dedique su tiempo a mantener su propia vida y la de aquellos a quienes elige apoyar? ¿Cómo puede ser defendida la libertad, cuando la mayoría prefiere hoy ser súbdita de un estado, antes que ser libre? Es una tarea formidable, con un futuro poco prometedor.
Imaginen cómo es la vida para las personas en Ucrania, Gaza, Irán o cualquier otro lugar donde caen bombas o misiles. Inspirándonos en Hobbes, podríamos describir sus vidas como “solitarias, pobres, desagradables, brutales y cortas”, pero nos enfrentaríamos inmediatamente con otro problema. Hobbes describía cómo sería la vida en ausencia de un estado. Quienes sufren las consecuencias de la guerra, las sufren a manos de los estados.
¿Es la vida una vasta contradicción que sólo puede ser resuelta con la muerte? ¿O es posible que quienes aún viven en la Tierra encuentren la manera de convivir pacíficamente sin un estado?
Si es posible, cualquiera que intente convencer a otros de esta postura, encontrará resistencia por doquier. Y no sólo por parte de los belicistas.
Las posturas más moderadas sobre la necesidad del estado provienen de pensadores que se identifican como libertarios, quienes promueven la paz, la prosperidad y la libertad, pero también afirman que nada de ésto es posible sin una autoridad soberana que establezca y haga cumplir las leyes. Abogan por un gobierno limitado: mantener al estado, pero limitar sus funciones a las necesarias para proteger los derechos inalienables.
Resulta intelectualmente fácil criticar al estado tal como existe hoy, en lugar de la misma idea del estado, entendida aquí en el sentido de Oppenheimer como depredador de la clase productora. Los impuestos son robo; la inflación, estafa; el servicio militar obligatorio, secuestro; todas estas son posturas libertarias establecidas y atribuibles al objetivo del estado de aumentar su poder. Si eliminamos éstas y otras, como un ejército permanente, llegaremos a una versión del estado que satisface a los libertarios, porque es lo mejor a lo que podemos aspirar. Su axioma: “Siempre habrá estados”. Los libertarios los quieren lo más pequeños posible.
Pero esta versión también es ajena a la realidad. La naturaleza del estado es crecer. Su propósito es proporcionar seguridad. Siempre hay más y mejores maneras de garantizarla. Para el estado, la seguridad tiene un costo: imponer restricciones a la libertad. La gente puede recurrir a empresas de seguridad privada, pero éstas operan bajo la autorización del estado y tienen fuertes restricciones. Si la seguridad buscada es la que suministra una moneda sólida, todo el mundo industrializado se opone a ella. El dinero fiduciario, falsificación legalizada del dinero, hace crecer al estado, no la moneda sólida.
¿Qué franquea el camino para el crecimiento del estado? La respuesta a una crisis. ¿Para qué sirve el gobierno si no es para solucionar o aliviar las crisis? ¿Acaso no es así como es entendida la seguridad? Ésto requerirá una expansión del gobierno, pero la mayoría de la gente lo acepta como que vale la pena. Además, bajo un régimen monetario fiduciario, como el que tienen la mayoría de los estados, el impacto en el patrimonio neto de sus ciudadanos permanecerá oculto hasta mucho después, como resultado del efecto Hume-Cantillon, momento en el que los agentes del mercado aparecerán como responsables, no el gobierno.
En lugar de exigir una suma fija inmediata, como impone un impuesto sobre las ventas, el estado tiene un ingenioso plan de pagos a plazos que la mayoría desconoce. El Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal tiene como política un objetivo aparentemente inocente de una tasa de inflación de 2%, lo que significa la disminución de 2% del poder adquisitivo del dólar, lograda mediante la creación de dinero ex nihilo ‒de la nada‒, como un niño jugando a la fantasía. Sólo que estos niños son considerados los mejores y más brillantes, por lo que se ven obligados a hacerlo de una manera muy indirecta ajustando la llamada tasa de fondos federales. La inflación monetaria de la Reserva Federal se ve con frecuencia incrementada por impuestos más altos a los ricos, que repercuten en las clases medias y bajas, quienes en su mayoría se muestran desconcertadas por este resultado. En cuanto a los beneficios de la expansión estatal, la combinación de asistencia social y guerra siempre ha funcionado.
En cuanto a los beneficios de la expansión estatal, la combinación de bienestar y guerra ha funcionado siempre. En el ámbito nacional, ayuda a los “necesitados”, a menudo en función de su apoyo al régimen actual. En el extranjero, devasta vidas y destruye infraestructura crítica, para imponer ideales políticos a quienes no los desean, siempre con la amenaza de represalias.
Así es como el estado brinda protección para garantizar la libertad y el bienestar de sus ciudadanos. Para esta difícil tarea, reclama el monopolio legal del uso de la fuerza. Definición de monopolio:
Situación, por privilegio legal u otro acuerdo, en la que una sola parte (empresa, cartel, etc.) proporciona con exclusividad un producto o servicio específico, dominando ese mercado y ejerciendo, en general, un control poderoso sobre él.
El “producto o servicio específico” que supuestamente proporciona el estado es la protección de nuestra condición de seres humanos. ¿Votó usted a favor de vivir bajo el gobierno de un estado? No. ¿Votó usted a favor del estado constitucional vigente? No, lo hicieron sus antepasados. Los Estados Unidos constitucionales reemplazaron a los Estados Unidos de los Artículos de la Confederación mediante un golpe de estado silencioso. Los delegados proconstitucionales de 1787 argumentaron que su propósito era “adaptar la constitución federal a las exigencias del gobierno y a la preservación de la Unión [es decir, el estado]” lo que, según ellos, justificaba el abandono de los Artículos de la Confederación. En su opinión, un gobierno adecuado requería un estado central monopólico, con poder para recaudar impuestos.
Los estadounidenses siempre se han manifestado en contra de los monopolios, generalmente sin distinguir entre monopolios coercitivos y no coercitivos. Los problemas surgen cuando los monopolios coercitivos cuentan con el respaldo de la ley.
A finales del siglo XIX, por ejemplo, los acuerdos voluntarios de cartel no lograron establecer el control de mercado que las grandes empresas deseaban, por lo que recurrieron al estado, la madre de todos los monopolios coercitivos, para obtener las ventajas legales que buscaban.
El establecimiento legal de monopolios ‒que comenzó con la creación del gobierno federal‒ fue siempre realizado bajo el pretexto moral del interés público. El preámbulo de la Constitución lo deja claro: fue creado por “Nosotros el Pueblo … para promover el bienestar general …”. Una persona genuinamente preocupada por el bienestar general del país, no aceptaría encomendar esa tarea al estado, cuyo historial demuestra que dista mucho de ser un promotor del bienestar de sus ciudadanos.
La idea de la vigilancia constante sugiere la tarea de mantener al estado bajo control, de impedir que sobrepase sus límites. Pero pregúntese: ¿qué límites tiene hoy una superpotencia nuclear? Seríamos mucho más eficaces si analizáramos la esencia misma de cualquier estado, y la amenaza que representa no sólo para nuestra libertad, sino también para nuestras vidas.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko








