Murray N. Rothbard es sin duda uno de los grandes de todos los tiempos en la economía austriaca y el libertarismo. Al estudiar su obra y comprender el sistema integral que construyó, uno reconoce de inmediato que Rothbard es, en efecto, un gigante sobre cuyos hombros los estudiosos del libre mercado deberían aspirar a apoyarse.
La mayoría de los académicos aspiran a producir investigaciones significativas que respondan a alguna pregunta teórica o empírica específica. Muchos escritores populares anhelan publicar un artículo o libro aclamado en algún momento de su carrera. Lo que hace a Rothbard tan extraordinario es que logró ambas cosas y en múltiples disciplinas. El prolífico Rothbard produjo obras pioneras y de amplia difusión en teoría económica, filosofía, ciencia política, historia económica, historia del pensamiento económico, historia pura, estrategia política y actualidad. Su razonamiento sistemático y lógico ha animado a innumerables lectores a pensar sobre el mundo de una manera tan profundamente diferente, que sienten como si acabaran de descubrir la clave que revela los secretos del universo.
El principio unificador de los escritos de Rothbard es “Libertarismo: la disciplina de la libertad”. Rothbard creía estar construyendo una auténtica ciencia de la libertad, nutrida por múltiples áreas del estudio de la acción humana: economía, filosofía, teoría política, historia e incluso –y no menos importante– biología. Todas ellas proporcionan, de diversas maneras, las bases, la elaboración y la aplicación del libertarismo. Rothbard integró cada uno de estos campos en una estructura lógicamente coherente, demostración irrefutable de que la condición esencial para el florecimiento humano es la libertad individual, mientras que el eterno obstáculo para el progreso de la humanidad es la intervención gubernamental. La ciencia de la libertad de Rothbard es, en verdad, la clave. Es la solución definitiva.
Muchos celebrarán el año 2026 como el 250° aniversario de la fundación de los EE.UU. Si bien la firma de la Declaración de Independencia es sin duda un acontecimiento digno de elogio, no debemos olvidar que este año también se conmemora el centenario del nacimiento de Murray N. Rothbard, quien tanto escribió sobre los ideales estadounidenses de libertad, independencia, derecho a la autodeterminación y secesión. También merece ser reconocido. Sus ideas siguen siendo relevantes para la década de 2020 y más allá, al igual que los principios fundacionales de Estados Unidos. Su obra ofrece valiosas perspectivas para estudiantes, público general, escritores populares, personas influyentes en redes sociales, académicos, emprendedores, activistas y políticos. Por ello, el Mises Institute se enorgullece en anunciar el 2026 como el Año de Rothbard.
Este artículo presenta una selección de ideas de la ciencia de la libertad de Rothbard, y explica su relevancia para el siglo XXI. Esperamos que sea un análisis informativo y conciso de los aspectos más relevantes. En primer lugar, abordaremos la economía de Rothbard, y por qué sus análisis de los empresarios capitalistas y la concesión de privilegios monopólicos son cruciales para comprender el funcionamiento de la economía moderna.
El Edificio Económico Rothbardiano
Ante todo, Rothbard fue Economista, y se doctoró en Economía por la Universidad de Columbia en 1956. Pocos años después publicó Man, Economy and State, obra monumental que, junto con Human Action de Ludwig von Mises, se erige como uno de los dos libros más importantes de la tradición austriaca. La teoría económica de Rothbard es un componente esencial de su ciencia de la libertad, por lo que resulta apropiado comenzar con la economía.
En el corazón de la economía rothbardiana reside la explicación exhaustiva del funcionamiento de la economía de mercado. Partiendo del elemento fundamental de la acción humana, Rothbard deduce paso a paso las leyes económicas inmutables que explican la formación de precios, las decisiones de producción, y la asignación y reasignación de recursos escasos. En verdad, “la explicación del sistema económico libre constituye un gran edificio arquitectónico”. Igualmente importante es lo que sigue: una visión general exhaustiva de las leyes económicas que demuestra cómo el gobierno y sus políticas interfieren y distorsionan el orden del mercado. Sus leyes económicas son válidas para toda la sociedad humana, independientemente del tiempo o el lugar y, por lo tanto, son cruciales para comprender cómo funciona el mundo moderno.
Rothbard nos enseña que debemos comprender la economía como una gran estructura de producción, con todos los mercados interconectados. Rothbard subraya que siempre debemos recordar que la producción es “una estructura de etapas, una red que va desde los procesos de producción más indirectos –las etapas más alejadas de los consumidores– hasta los procesos más cercanos y, finalmente, hasta la producción y venta de bienes y servicios a los consumidores finales”. Ésto es cierto tanto si analizamos el proceso de producción de la última herramienta de inteligencia artificial, el coche autónomo, o el cohete espacial. La producción de un automóvil avanzado comienza con la extracción de diversos metales y minerales de la tierra, seguida de su uso en la fabricación de chips informáticos y otros componentes. Sólo después de un periodo considerable de tiempo y el ensamble de cada componente del vehículo a lo largo de varias etapas, el automóvil está terminado y listo para su compra por el consumidor.
Los principales actores en la estructura productiva son los empresarios capitalistas, aquellos individuos que ahorran e invierten en empresas, ya sea reinvirtiendo sus ahorros en sus propios negocios o sociedades, comprando acciones de una corporación, o prestando dinero a empresas. Destinan sus ahorros a la producción de recursos que, a su vez, generan los bienes de consumo que, según sus estimaciones, la gente deseará con mayor urgencia.
Rothbard revela brillantemente cómo, ante probabilidades aparentemente imposibles, las decisiones individuales de innumerables empresarios capitalistas dan como resultado un orden armonioso. ¿Cómo funciona todo ésto? Dada la multitud de planes descoordinados ideados por seres humanos imperfectos, ¿cómo logran los empresarios capitalistas distribuir adecuadamente sus ahorros en la estructura productiva para que sean producidos los bienes de consumo que la gente desea? La razón es que las ganancias y las pérdidas, junto con la presión constante de los empresarios rivales, garantizan la eficiencia. Las buenas previsiones generan ganancias para el empresario capitalista, y estas ganancias a su vez generan otros emprendedores prometedores en ese sector. Ésto conlleva que sean destinados más ahorros a la producción de los bienes que los consumidores desean, lo que a su vez genera aumento de la oferta, mejora de la calidad, y disminución de los precios. Las malas previsiones provocan pérdidas, lo que impulsa la reasignación de los ahorros hacia la producción de bienes de consumo más demandados. Si los empresarios capitalistas que sufren pérdidas no ajustan su comportamiento, quebrarán.
El mecanismo competitivo de ganancias y pérdidas da lugar a una de las leyes económicas más importantes del mercado: “La tendencia del mercado es hacia una alta concordancia entre la anticipación y la realidad, y hacia la inversión mínimamente errónea”. Los mercados tenderán a producir lo que la gente quiere, y los consumidores tenderán a estar satisfechos. Esta ley económica siempre está en funcionamiento. Cuando observamos una mejora en la calidad de vida, como la que es producida con los nuevos teléfonos inteligentes, la mayor rapidez en la entrega de pedidos en línea, y la bajada de precios de televisores y aparatos electrónicos, el razonamiento de Rothbard proporciona la explicación definitiva.
Mucha gente pone los ojos en blanco al escuchar esta explicación del libre mercado. Creen que este razonamiento no es aplicable a los bienes X, Y y Z, porque sus precios siguen siendo altos y su calidad deficiente, mientras que las empresas que los venden continúan obteniendo grandes beneficios. Por ejemplo, todos hemos sufrido interminables retrasos en los vuelos y la carga adicional del cuestionable servicio al cliente de las líneas aéreas. ¿Acaso no estamos sujetos a un cartel de mercado y a todos sus efectos perjudiciales? ¿No necesitamos que el gobierno intervenga y garantice el orden?
Lo que hace que la economía de Rothbard sea tan relevante en situaciones como ésta es su demostración de que la situación es precisamente la opuesta: la intervención gubernamental está obstaculizando el mecanismo competitivo de ganancias y pérdidas. Si analizamos un ejemplo con detenimiento, inevitablemente encontraremos lo que Rothbard denomina “concesión de privilegios monopólicos”. Ya sea mediante licencias, standards de calidad y seguridad, o algún otro decreto regulatorio, las concesiones de privilegios monopólicos elevan el costo de la competencia y desalientan (o directamente prohíben) que nuevos emprendedores capitalistas entren en ciertos sectores de producción. El resultado es que las ganancias no reflejan la satisfacción del consumidor, porque la entrada y la eficiencia se ven desalentadas por la fuerza. La cantidad y la calidad son menores, y los precios son más altos que en el libre mercado. Que las subvenciones monopólicas tengan consecuencias restrictivas, es una de las leyes económicas más cruciales de la intervención gubernamental.
A pesar de las consecuencias negativas que generan, las subvenciones monopólicas proliferan en nuestra economía porque, en la actualidad, es mucho más probable que sean ocultas o indirectas, disfrazadas como penalización para la competencia, y presentadas como beneficiosas para el “bienestar general”. Ésto dificulta enormemente su detección por parte del público. En el caso del sector aéreo, la competencia de las líneas aéreas extranjeras está restringida. Con el pretexto de la seguridad nacional, las líneas aéreas con más de 25% de participación extranjera tienen prohibido ofrecer vuelos entre aeropuertos estadounidenses. Ésto ha dado lugar a un cartel de líneas aéreas nacionales patrocinado por el gobierno. En contraste, en la Unión Europea, la restricción es menos severa y las empresas que desean ofrecer vuelos entre países europeos pueden tener hasta 49% de participación extranjera. ¿Acaso sorprende que las líneas aéreas de la UE ofrezcan a menudo precios más bajos y mejor servicio que sus competidoras estadounidenses?
Las implicancias de la economía de Rothbard son evidentes. Los frutos de la economía que a menudo damos por sentados –mejoras en cantidad, calidad, variedad y asequibilidad– se deben al esfuerzo incesante de los empresarios capitalistas que operan en toda la estructura productiva bajo el marco disciplinario de ganancias, pérdidas y competencia. En contraste, las ineficiencias persistentes y las frustraciones resultantes que muchos experimentamos al adquirir bienes y servicios comunes, se deben a privilegios especiales otorgados por el gobierno. Que quienes se esfuerzan por construir un futuro mejor reconozcan estas verdades económicas.
Filosofía Política de Rothbard
Además de su trabajo sobre teoría económica, Rothbard escribió extensamente sobre filosofía política. Ésto fue muy apropiado, ya que un análisis sólido del intercambio requiere una teoría de los contratos y de lo que constituye una violación de dichos contratos. Rothbard escribió muchas obras influyentes sobre teoría política que son leídos aún hoy en día –For a New Liberty defendió de manera definitiva el anarcocapitalismo y la provisión privada de ley y orden, y The Anatomy of the State expuso a los gobiernos tal como son en realidad. De hecho, un enlace de mises.org a este último fue tuiteado por el CEO de Twitter, Jack Dorsey, en 2021.
Al igual que la economía rothbardiana, su filosofía política es reveladora. Nadie –y repito, nadie– explica la esencia y la naturaleza del gobierno como Rothbard. Desde los imperios antiguos hasta las democracias constitucionales modernas, la teoría integral de Rothbard sobre el origen y el funcionamiento del gobierno constituye la lente analítica esencial.
Al estudiar las interacciones sociales entre individuos y los intercambios de bienes que realizan, Rothbard subraya que nunca debe ser perdido de vista que “lo que realmente es intercambiado es el título de propiedad de cada uno de estos bienes”. Un componente central de la ciencia de la libertad de Rothbard es la elaboración del concepto de títulos de propiedad, y la distinción entre intercambio voluntario y transferencia forzada.
La mayoría de la gente piensa que el gobierno es indispensable para definir y hacer cumplir los títulos de propiedad. Puede que se quejen de la injerencia del gobierno en sus vidas, y protesten por tener que pagar impuestos. Pero desde sus primeros años en la escuela primaria hasta las noticias de esta mañana, han sido adoctrinados con que el gobierno es el precio necesario para el mantenimiento de la civilización. Si no les gusta cómo se hacen las cosas, lo mejor que pueden hacer es votar por otro candidato en las próximas elecciones. No hay otra opción.
Con su habitual lucidez y perspicacia, Rothbard expone el error de este razonamiento. Utilizando tanto la teoría como la evidencia empírica, Rothbard demuestra que el estado no es simplemente otro negocio al que la gente elige apoyar. No es una heladería ni una empresa de seguridad privada. Es, de hecho, una organización criminal legalizada. El estado es “aquella organización en la sociedad que intenta mantener el monopolio del uso de la fuerza y la violencia en un territorio determinado; en particular, es la única organización en la sociedad que obtiene sus ingresos no mediante contribuciones voluntarias o el pago por servicios prestados, sino mediante la coacción”. Los estados surgen a través de la conquista y el sometimiento de la población. Los ciudadanos no pueden elegir entre diferentes proveedores de seguridad pública como lo hacen con otros bienes y servicios: deben pagar impuestos al gobierno que gobierna el territorio donde viven, o ir a la cárcel.
Además, el gobierno no funciona como las empresas en el mercado, donde los hábiles capitalistas-empresarios que satisfacen los deseos de los consumidores obtienen ganancias, mientras que los menos eficientes sufren pérdidas. En cambio, sólo existe la casta dominante de explotadores: “los reyes, políticos y burócratas que dirigen el estado, y los grupos de interés que han maniobrado para obtener privilegios, subsidios y beneficios estatales”. Estos individuos ganan dinero según la eficacia con la que ejercen el poder y su habilidad para ejercer presión (o ayudar a quienes la ejercen) para obtener privilegios monopólicos y otros favores. La casta dominante obtiene su riqueza mediante la “poderosa y terrible alianza entre el jefe guerrero y el curandero, entre el trono y el altar”. A cambio de su parte del pastel, los intelectuales de la corte convencen al público de que debe aceptar la autoridad de los gobernantes y no cuestionar sus decisiones.
Algunos responderían afirmando que, si bien el concepto de estado de Rothbard describe con precisión a los gobiernos de la antigüedad o a regímenes autoritarios modernos como Rusia, China, Irán y Corea del Norte, no aclara el funcionamiento de las democracias occidentales como Estados Unidos. Nuestras fuerzas armadas existen para defender a la ciudadanía y combatir a los terroristas en el extranjero. Nuestro gobierno está dirigido por políticos elegidos democráticamente que operan bajo el imperio de la ley. Nuestro gobierno está defendido por expertos ilustrados que velan por el interés público.
Se equivocan de principio a fin. La esencia de las democracias y las autocracias es la misma. De hecho, nuestro propio gobierno nació de la conquista. Fue un golpe de estado incruento. El gobierno consagrado en la Constitución de Estados Unidos sólo surgió porque los federalistas, mediante propaganda, artimañas, fraude, distribución desproporcionada de delegados, amenazas de secesión y extorsión, e incluso leyes coercitivas, lograron mantener suficientes delegados para desafiar la voluntad de la mayoría del pueblo estadounidense y crear una nueva Constitución. Si bien es mejor que muchas alternativas, el gobierno estadounidense aún se rige por la coerción. Discrepar con la policía conlleva la cárcel, o algo peor. Discrepar con el ejército implica bombardeos, sanciones o invasiones al país. El único conjunto de normas internacionales que sigue Estados Unidos es que todo lo que hace es correcto, y que los demás países deben acatar lo que el gobierno estadounidense considera aceptable.
Cada elección en Estados Unidos implica elegir entre dos partidos políticos que abogan por otorgar diferentes privilegios a distintos intereses particulares: 49% de la población se ve obligado a aceptar al candidato elegido por el otro 51%. Además, este 51% que elige al ganador, lo hace con la errónea creencia de que el político implementará políticas que los beneficien a ellos y no a los intereses particulares que donaron grandes sumas a sus campañas. El público queda atrapado en esta elección y obligado a sufrir las consecuencias. Si bien es cierto que las personas tienen la opción de mudarse a otro estado o país, incluso esta decisión es tomada bajo coacción, ya que se ven obligadas a vender sus propiedades. No pueden separar el territorio de un gobierno para unirse a otro estado o fundar un nuevo país. Estados Unidos proyecta a sus ciudadanos la ilusión de libertad de elección, mientras viola uno de los principios fundacionales más importantes del país: el derecho a la autodeterminación.
Los intelectuales de la corte conocen el funcionamiento del sistema y lo defienden. Los economistas, historiadores, expertos en política exterior y otros funcionarios acreditados en oficinas gubernamentales, universidades estatales y centros de estudios, son los “gurúes” de la medicina moderna. A cambio de subsidios con los fondos de los pagadores netos de impuestos, justifican las intervenciones gubernamentales X, Y y Z en nombre de la seguridad nacional y de un mayor PBI.
Los políticos van y vienen, pero Washington D.C. funciona de manera muy similar a las ciudades imperiales de antaño. Es ejercida la coerción, son otorgados cargos públicos privilegiados, y son vendidos privilegios especiales. El resultado es que, de los diez condados más ricos de Estados Unidos según el ingreso familiar medio, no menos de cinco se encuentran en el área metropolitana de Washington D.C. Los condados y sus clasificaciones son los siguientes: Loudoun (primero), Falls Church (segundo), Fairfax (quinto), Howard (sexto) y Arlington (séptimo). ¿Acaso alguien puede afirmar honestamente que ésto es el resultado de las decisiones consensuadas del pueblo?
La filosofía política de Rothbard ofrece perspectivas profundas sobre cómo comprender Estados Unidos. Nuestros gobernantes pretenden ser vistos como líderes que dirigen un club vecinal amigable que vela por el bienestar de todos. En realidad, sólo buscan mantener al público ocupado, mientras despojan a unos para vestir a otros. Cuando la gente escucha un anuncio de noticias de un político, ve el discurso del Estado de la Unión del presidente, lee un artículo de un experto en seguridad nacional o vota, debería recordar la verdadera naturaleza de su gobierno.
Análisis Empírico Rothbardiano
Murray N. Rothbard no era un teórico de sillón que rehuía la investigación empírica. Al contrario, Rothbard estudiaba a individuos reales, de carne y hueso, y escribía sobre economía, ideas, política y cultura. De hecho, sus escritos sobre episodios históricos y acontecimientos actuales constituyen la mayor parte de su obra, más que su trabajo teórico. Realizó estudios reveladores de estos fenómenos sintetizando una inmensa cantidad de datos e interpretándolos con las teorías pertinentes. Sirvan de ejemplo sus escritos divulgativos sobre política y economía en The Libertarian Forum, y sus tratados históricos Conceived in Liberty y An Austrian Perspective on the History of Economic Thought. En cada uno de ellos, Rothbard ofreció profundas reflexiones sobre las personas, sus ideas y las consecuencias de sus decisiones.
Los estudios empíricos de Rothbard, como los que analizan a un gobernador colonial en el siglo XVII, el fracaso del movimiento de fusiones y adquisiciones a principios del siglo XX, o al presidente Richard Nixon a principios de la década de 1970, son importantes no sólo por la valiosa información que proporcionan sobre individuos, empresas y políticas gubernamentales específicas. Fundamentalmente, tienen perdurable relevancia porque son demostraciones expertas del método adecuado para explicar con precisión las causas de las decisiones humanas y por qué actuaron de maneras específicas. El marco interpretativo de Rothbard es una herramienta indispensable para cualquiera que desee comprender el mundo real de 2026 y más allá.
Al estudiar los acontecimientos humanos –pasados, presentes y futuros– es necesario recopilar e interpretar datos sobre los individuos y sus acciones. La naturaleza subjetiva de este proceso implica que cualquier narrativa coherente requiere que sea incluida cierta información y sean omitidos otros detalles. En todos sus escritos empíricos, Rothbard siempre buscó estructurar sus estudios de caso en torno de la pregunta: ¿Cui bono? ¿Quién se beneficia con esta medida? Más precisamente, ¿por qué hicieron lo que hicieron? Si un empresario le dice a un entrevistador que creó el producto X por Dios y la patria, ¿dice la verdad? ¿Podría su principal motivación haber sido, en realidad, ganar mucho dinero? Si un reformador social del siglo XIX abogó por prohibir el consumo de alcohol, ¿lo hizo para ayudar a los demás, o para salvarse a sí mismo estableciendo el Reino de Dios en la tierra? Si un contratista de defensa militar aboga por subsidios para su industria en nombre de la defensa nacional, ¿podría ser que la verdadera razón es que le interesa obtener ganancias a costa del contribuyente? Por supuesto, la plausibilidad de estas motivaciones no significa que sean necesariamente ciertas. Son sólo hipótesis, y el historiador o el periodista de investigación deben indagar más a fondo y examinar la correspondencia personal, los discursos, las evaluaciones contemporáneas, las transacciones comerciales, etc., para determinar los motivos de una figura histórica.
El enfoque de Rothbard es especialmente crucial para comprender las acciones de los funcionarios gubernamentales. En la medida en que los autores convencionales intentan analizar sus motivaciones, a menudo parten de la premisa de que los políticos están motivados por el bienestar público. Ésto se debe a que, como Rothbard explicó a sus alumnos, cuando tratan con funcionarios gubernamentales –presidentes, secretarios de estado, secretarios del Tesoro, etc.– hablan de ellos como si hubieran llegado del espacio exterior. No se preguntan: “¿Quiénes eran estas personas? ¿Qué hacían antes de ser presidentes? ¿Qué hicieron después?” Tienen una vida, antes y después. Si sus vidas son examinadas antes y después, se encuentran aspectos interesantes que conectan y explican las motivaciones de muchas de las acciones que emprendieron en el cargo. De hecho, una comprensión adecuada de los funcionarios gubernamentales requiere intentar descifrar sus motivaciones descubriendo conexiones entre sus acciones y sus antecedentes, relaciones y aspiraciones. Estas conexiones pueden conducir, y a menudo conducen, a explicaciones convincentes.
Rothbard realizaba con frecuencia este tipo de investigación, especialmente sobre el prohibido asunto de los funcionarios de la Reserva Federal. Demostró que el primer gobernador del Banco de la Reserva Federal de New York, Benjamin Strong, fue presidente de Bankers Trust Company, institución financiera vinculada con J. P. Morgan & Co., y que esta conexión ayuda a explicar muchas de las políticas favorables a Wall Street que implementó en las décadas de 1910 y 1920. Rothbard también recalcó que no era casualidad que Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal entre 1987 y 2006, quien impulsó políticas monetarias expansivas que favorecieron desproporcionadamente a Wall Street, fuera director de J. P. Morgan & Co. y Morgan Guaranty Trust.
Aunque brevemente, podemos aplicar la perspectiva de Rothbard al anerior presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, y a su sucesor, Kevin Warsh. Powell, ex socio de la firma de capital privado Carlyle Group, dejó un legado de manipulación de los mercados financieros. Kevin Warsh fue director ejecutivo de Morgan Stanley. Posteriormente, se unió a la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal y colaboró estrechamente con Wall Street durante la crisis financiera de 2008. ¿Acaso sorprende que los mercados financieros hayan celebrado la nominación de Warsh para la presidencia de la Reserva Federal? Son necesarias más pruebas, pero el panorama no es alentador para quienes afirman que los líderes de la Reserva Federal son apolíticos y no están influenciados por intereses particulares.
El enfoque de Rothbard, basado en el principio de “¿a quién beneficia?”, y el análisis exhaustivo de los antecedentes y de las conexiones de las personas, resulta fundamental para comprender el mundo en que vivimos. Las motivaciones declaradas de las personas no pueden ser dadas por sentadas, y lo que hacen antes y después de emprender una acción específica es crucial para comprender por qué actuaron de esa manera.
La Ciencia de la Libertad
A lo largo de su prodigiosa trayectoria, Rothbard realizó avances revolucionarios en múltiples disciplinas. De este modo, demostró que el libertarismo es una poderosa arquitectura, construida a partir de teorías lógicas sólidas y estudios de caso detallados. La ciencia de la libertad muestra, entre otras cosas, que (1) el libre mercado es una estructura interconectada cuyo mecanismo fomenta la abundancia, mientras que las restricciones gubernamentales producen lo contrario; (2) el gobierno es incompatible con el mercado, y está basado en la fuerza y el engaño de la población; y (3) los acontecimientos humanos deben ser entendidos como consecuencias de actores con sus propios motivos. Todas estas ideas apuntan a la conclusión del libertarismo, y la refuerzan: la libertad humana conduce a la prosperidad La coerción gubernamental conduce al retroceso.
Rothbard no vivió en la década de 2020, y mucho menos en el siglo XXI. Nunca conoceremos su singular análisis de los avances tecnológicos, la situación política actual, los confinamientos con la excusa del covid, ni la nueva guerra contra Irán. Pero podemos usar su ciencia de la libertad para explicar estos acontecimientos y mucho más. Por eso Rothbard sigue siendo tan relevante como siempre, y por eso 2026 es el Año de Rothbard.
Traducido por: Ms. Lic. Cristian Vasylenko








