Un principio fundamental del mercado natural, de la naturaleza social, de la naturaleza misma, es que las personas se comprometen con quienes las financian. Dicho de otro modo, nadie financiaría a otra persona sin recibir algo a cambio.
De lo contrario, el mercado –las sociedades– no podría existir. Por ejemplo, si los empleados no respondieran ante sus jefes, o si los proveedores no entregaran los bienes a quienes se los pagan. Como ya he dicho, es una ley natural y espontánea; por lo tanto, no puede ser alterada, y quien lo intente, simplemente va en contra del orden natural y, por consiguiente, fracasará. Sería como intentar desafiar la ley de la gravedad.
Por cierto, es una falacia afirmar que los bancos centrales se “autofinancian”. Es como decir que un empleado recibe su salario de las comisiones que gana para la empresa; en ese caso, evidentemente, no se autofinancia, ya que estas comisiones son el resultado de su trabajo dentro de la empresa. Los ingresos de los bancos centrales son posibles porque el estado les otorga un monopolio monetario; por lo tanto, el verdadero propietario de estos ingresos es el estado.
Louis Juricic informa que Trump habló por teléfono con el presidente de la Reserva Federal (Fed), Kevin Warsh, en varias ocasiones, según confirmó Bloomberg en un informe exclusivo publicado inicialmente por The Wall Street Journal.
Ambos informes coinciden en la premisa básica, pero la presentan de manera diferente. The Wall Street Journal, que dio la noticia, informó que Trump “buscó la opinión” de Warsh, quien frecuentemente le ofreció al presidente una visión positiva de la economía. El informe de Bloomberg hizo mayor hincapié en la ambición de Trump, describiendo el contacto como parte de la “intervención más enérgica en la política monetaria del banco central en décadas”.
Un análisis interesante, aunque no del todo preciso, sobre este tema puede ser encontrado en el artículo “No, la Fed NO es independiente: es una creación del Congreso”, de Yeva Nersisyan y L. Randall Wray.
Entonces, si la Fed no es verdaderamente independiente, ¿qué se puede esperar de las demás agencias estatales, especialmente en países con altos índices de corrupción? Desde una perspectiva metafísica –la ciencia que estudia el desarrollo del cosmos y sus leyes–, el problema comienza con la coerción. Todos los seres humanos –al menos personalmente no he conocido a nadie que piense lo contrario– creen en la violencia y, por supuesto, con la excepción de los criminales declarados, todos afirman actuar en legítima defensa.
El problema de la violencia radica en que es ejercida de forma arbitraria y unilateral ya que, precisamente, una persona la utiliza contra la voluntad de otra. Por muchas leyes, protocolos o justificaciones “morales” o “legales” que sean invocadas, la verdad es que, en última instancia, quien decide aplicarla lo hace arbitrariamente, según su interpretación, en ese momento, de alguna norma inventada. El problema es que ésto necesariamente obstaculiza a la sociedad, porque la eficiencia, en todos los ámbitos y actividades humanas, tanto personales como sociales, se produce cuando las personas interactúan libremente, eligiendo cada una lo que mejor se adapta a su propio desarrollo.
Ahora bien, el estado –el que puede ser definido como el monopolio de la violencia– dejaría de existir sin su violencia, puesto que ni siquiera podría recaudar impuestos. Por lo tanto, es necesariamente ineficiente y arbitrario. Así, el estado no puede tener órganos independientes –y, en consecuencia, la sociedad en general no puede ser independiente– porque el estado es el que los financia, y porque, con su monopolio arbitrario de la violencia, nunca correrá el riesgo de desaparecer; es decir, siempre, en última instancia, impondrá su voluntad.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko









