Esta semana, Estados Unidos alcanzó un preocupante hito, al anunciar que su deuda nacional ha superado los U$S 40 billones. Ningún otro país se acerca a este absoluto nivel de endeudamiento financiero.
No se trata simplemente de una bancarrota financiera fuera de control. Es una señal ominosa de un imperio desquiciado, que intenta desesperadamente enmendar su fracaso histórico mediante tácticas de tierra arrasada y guerras interminables.
El mundo está siendo rehén de un sistema patológico que ya no es tolerable por el bien de la humanidad, el desarrollo y la paz.
Por astronómico que sea el monto, quizás más significativo que éste sea el ritmo acelerado de crecimiento de la deuda estadounidense. Desde 2016, montos se han duplicado, pasando de U$S 20 billones. Se prevé que en la próxima década la deuda nacional de Estados Unidos ascienda a U$S 64 billones.
En el año 2000, la deuda estadounidense era de tan sólo U$S 6 billones. En el último cuarto de siglo, la deuda acumulada por guerras interminables y gasto militar irresponsable se ha vuelto irreversible bajo las políticas vigentes.
El pago de intereses sobre la deuda asciende ahora a U$S 1 billón anual, y representa uno de los mayores gastos del presupuesto federal. Ésto significa que Estados Unidos está atrapado en una espiral de deuda de la que no puede salir. Se está hundiendo cada vez más.
Ésto tiene profundas implicancias para la sociedad estadounidense. Como señaló Robert Reich, ex secretario de Trabajo, el pago de una deuda descontrolada significa menos dinero para “escuelas, sanidad, carreteras, puentes y redes de protección social”. Ésto augura empobrecimiento y colapso social.
Además, existen consecuencias negativas de gran alcance para la economía estadounidense y mundial. Incluso los analistas más reconocidos advierten sobre una crisis fiscal histórica que se avecina para Estados Unidos, debido al vertiginoso aumento de los tipos de interés y la hiperinflación. Ésto, a su vez, será transmitido al resto del mundo, especialmente a aquellos países con grandes cantidades de deuda estadounidense.
Pero el excepcional desastre financiero de Estados Unidos no es sólo una cuestión económica. Es un asunto urgente de paz y seguridad global.
Existen varias causas para el creciente endeudamiento estadounidense. Sin embargo, el principal motor, con diferencia, es la implacable beligerancia y militarismo de la nación, como han sostenido durante mucho tiempo el economista Jeffrey Sachs y otros analistas. Es un problema sistémico y crónico.
Este año, Estados Unidos celebró el 250 aniversario de su fundación como estado moderno. Aproximadamente 95% de ese tiempo, Estados Unidos ha estado en guerra, ya sea por conquista o subterfugio, según sus propios registros del Congreso, y eminentes historiadores como David Vine.
Ninguna otra nación moderna se acerca a esta conducta belicosa, y esa es una razón por la que ninguna otra nación se acerca al nivel de deuda financiera de Estados Unidos.
En resumen, guerra y deuda están estrechamente correlacionadas como causa y efecto.
Lo preocupante para el mundo es que, a medida que la deuda estadounidense se dispara a un ritmo acelerado, la consecuencia obvia es que los conflictos y las guerras también se manifiestan con mayor frecuencia.
Hoy en día, son pocas las personas que no se preocupan por la percepción de la intensificación de las tensiones, la violencia y las amenazas a la paz mundial. Vivimos en una época en la que se habla de una Tercera Guerra Mundial y una conflagración nuclear como una posibilidad inminente. Si bien los medios corporativos occidentales tienden a ocultar lo evidente, las encuestas muestran que un número creciente de personas en todo el mundo considera a Estados Unidos como la principal amenaza para la paz y la seguridad globales.
Las guerras actuales en Oriente Medio y Ucrania, así como las tensiones con China, tienen su origen en las políticas exteriores de Washington.
La administración Trump ha bombardeado al menos siete países, y amenaza con atacar a otros. Esta misma semana, Trump sonó como un capo de la mafia al decir que bombardearía Omán sin piedad por una supuesta ofensa. El desprecio de Estados Unidos por el derecho internacional siempre ha sido una constante, aunque no muy conocida, pero últimamente se ha vuelto flagrante.
Este presidente estadounidense ha insinuado en numerosas ocasiones el uso de armas nucleares para aniquilar a Irán, dado el rotundo fracaso de su criminal guerra de agresión contra ese país. Tan sólo la guerra contra Irán ha añadido otros U$S 100.000 millones –monto que sigue aumentando– a la deuda nacional estadounidense en apenas seis meses. George D. O’Neill Jr. escribe en The American Conservative:
Las guerras actuales han puesto al descubierto las deficiencias de nuestro ejército, que cuesta casi U$S 1 billón, y sus sistemas de armamento multimillonarios … Después de años de que nos dijeran que poseemos el ejército más poderoso de la historia, los estadounidenses están empezando a darse cuenta de que es una fantasía.
En efecto, es una fantasía cruel. Estados Unidos no es una nación excepcional y virtuosa, como afirma su propaganda; es un imperio excepcionalmente violento y criminal, que ha acumulado una deuda monstruosa a través de pruebas que lo incriminan.
El verdadero peligro reside en que el imperio se está desmoronando rápidamente tras décadas de abusos y corrupción. Para posponer esta crisis, la clase dirigente estadounidense está intensificando la guerra y el militarismo en un intento desesperado por crear un nuevo orden mundial, apostando a que de alguna manera beneficiará al capitalismo estadounidense.
No tiene por qué ser así. Si Estados Unidos realmente atendiera las necesidades de su gente, en lugar de las de la oligarquía y el complejo militar-industrial, controlaría el gasto militar y las guerras. Es decir, si Estados Unidos funcionara como una nación normal y respetuosa de la ley, podría evitar la crisis fiscal y relacionarse pacíficamente con el resto del mundo.
Pero el capitalismo estadounidense no funciona así. Es un sistema de suma cero, impulsado por ambiciones de dominación mundial que engendran guerras, agresión imperialista y deuda.
La crisis de la deuda estadounidense es un legado de guerras interminables. También es un presagio de futuras guerras. A menos que el sistema estadounidense sea sistemáticamente transformado de alguna manera a través de una revolución o un colapso total.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko









