9 de Septiembre: Día Internacional de los Falsamente Acusados

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    El 13 de Octubre de 2023, Owen Poirier, de 15 años, viajaba en un autobús escolar con otros cuatro estudiantes –dos chicas y dos chicos–, quienes participaban en lo que fue descripto como “conversar, tomarse fotos y … juegos inofensivos, aunque caóticos”. Varias horas después, una de las chicas acusó a Poirier de haberle tocado la entrepierna, afirmación que la cámara de vigilancia no pareció corroborar. Sin permitirle defenderse ni llamar a sus padres, la escuela interrogó al joven y lo suspendió; algunas versiones indican que las autoridades lo expulsaron.

    “Yo no hice eso”, les dijo a sus padres. Sin embargo, ante la perspectiva de una investigación penal, un angustiado Poirier se suicidó. Según una noticia: “Tras la muerte de Poirier, el superintendente escolar escribió en un correo electrónico que la institución educativa ‘inequívocamente’ no había hallado pruebas de agresión sexual, tal como alegó la familia Poirier en documentos judiciales”.

    La historia de Owen Poirier es típica en varios aspectos. A la persona que acusa, generalmente una mujer, se le cree automáticamente, incluso sin pruebas reales. Una “investigación” superficial ofrece pocas garantías del debido proceso –o ninguna– al acusado. Las consecuencias para el acusado son devastadoras y destruyen su vida. Su familia queda destrozada y nunca se recupera.

    El Día Internacional de las Personas Falsamente Acusadas (IFAD) es una jornada anual de concientización que pone de relieve el impacto devastador de las falsas acusaciones en quienes las sufren, incluso si finalmente son exonerados. A menudo, las personas pierden a sus hijos, sus empleos y su reputación, y pueden llegar al suicidio. La desolación es especialmente absoluta en casos de acusaciones de abuso infantil, sexual o doméstico. Y afecta con especial dureza a los hombres, ya que ellos suelen ser los acusados.

    Nuestra sociedad, obsesionada con las víctimas, hace la vista gorda ante este tipo concreto de sufrimiento, tal vez porque la mayoría de las víctimas son hombres. Queremos creer a la “víctima”, pero a menudo es asumido de antemano que la víctima es mujer. Se requieren esfuerzos hercúleos para que el profundo dolor de quienes son falsamente acusados ​​sea reconocido al mismo nivel que el dolor de las mujeres víctimas de abuso sexual.

    La exprofesora Lyn Crabtree impulsó el IFAD –entonces llamado Día Nacional de la Falsa Acusación– en el Reino Unido en 2020, después de que su vida y la de su marido quedaran destrozadas por acusaciones que más tarde resultaron ser infundadas. Fueron sacados de la cama de madrugada durante una redada policial y detenidos en repetidas ocasiones posteriormente; sus reputaciones y carreras quedaron destrozadas. No existe registro oficial alguno que indique que la policía o la prensa ofrecieran disculpas o se retractaran cuando los Crabtree fueron exonerados. Lo que permanece en el dominio público son las acusaciones.

    Fue elegido el 9 de Septiembre como el Día Internacional de las Personas Falsamente Acusadas (IFAD) para honrar a Simon Warr, ex profesor y locutor de la BBC, quien acaparó los titulares en 2012 tras ser acusado de conducta sexual indebida con tres antiguos alumnos varones. El 9 de Septiembre es el día de su cumpleaños. Los cargos eran tan endebles y contradictorios que el jurado del juicio emitió un veredicto unánime de inocencia tras apenas unos minutos de deliberación.

    Para entonces, sin embargo, Warr había pasado dos años bajo “libertad condicional policial”; es decir, había sido puesto en libertad pero seguía bajo investigación policial activa y con restricciones en su libertad. Una vez demostrada su inocencia, se convirtió en un ferviente activista en defensa de otras personas falsamente acusadas. El título de uno de sus artículos resume el mensaje de Warr: “Quienes son falsamente acusados ​​nunca pueden recuperar sus vidas. Los falsos acusadores reciben generosas compensaciones, mientras que sus víctimas no obtienen nada”. La compensación que reciben los acusadores incluye atención, simpatía, venganza y reparaciones económicas.

    Los días 8 y 9 de Septiembre de 2023, el IFAD adquirió carácter internacional. Fueron celebradas manifestaciones en el Reino Unido, Estados Unidos y otros 13 países. El evento abarca ahora más de 20 naciones y una coalición de grupos activistas, entre ellos Falsely Accused Network (Red de Personas Falsamente Acusadas) del Reino Unido, y Domestic Abuse and Violence International Alliance (Alianza Internacional contra el Abuso y la Violencia Doméstica), con sede en Estados Unidos. El movimiento ha crecido sin financiamiento gubernamental y con escaso apoyo mediático: un auténtico movimiento de base surgido en respuesta a una injusticia global ignorada.

    En el pasado, académicos, medios de comunicación, activistas, políticos y sistemas judiciales restaron importancia a las falsas acusaciones, considerándolas un problema inexistente, o tan poco frecuente que no merecía atención. Sin embargo, la cuestión persiste. En 2023, la Coalition to End Domestic Violence (Coalición para Acabar con la Violencia Doméstica) publicó un estudio titulado “Las falsas acusaciones de abuso son un problema global; las mujeres son quienes más a menudo actúan como acusadoras”. Una encuesta realizada en ocho países reveló que el porcentaje de personas que afirmaron haber sido víctimas de falsas acusaciones oscilaba entre 19% en India y 4% en Polonia, situándose Estados Unidos en un punto intermedio con 10%.

    Por supuesto, estos datos son difíciles de ser cuantificados, pero los indicios que ofrecen tampoco deberían ser pasados por alto. En una encuesta internacional sobre falsas acusaciones realizada por YouGov en 2025, a más de 5.000 hombres y mujeres de Argentina, Australia, el Reino Unido y Estados Unidos les fue preguntado si alguna vez habían sido acusados ​​falsamente de abusos, obteniéndose cifras igualmente elevadas.

    Dada la atención constante que recibe este asunto, la respuesta ante las acusaciones falsas ha evolucionado. En un extremo es mantenida la postura original de restar importancia al asunto, mientras que en el otro el problema es reconocido, pero exigen que quienes presentan falsas acusaciones no sean penalmente procesadas. La organización feminista End Violence Against Women International publicó un documento titulado “Violada y luego encarcelada: los riesgos de ser procesada por denunciar falsamente una agresión sexual”.

    Afirman: “En Estados Unidos, los fiscales tienen la responsabilidad ética de presentar cargos sólo cuando (1) existen pruebas que los respalden y (2) el procesamiento redunda en beneficio de la comunidad a la que sirven”. El documento plantea luego la siguiente pregunta sobre quienes presentan acusaciones falsas: “¿Es apropiado procesarlas penalmente?” La respuesta general sugiere que dicho procesamiento no responde al interés público. Por el contrario, quienes defienden a las víctimas de falsas acusaciones, abogan por el endurecimiento de las penas.

    No obstante, es importante evitar que el debate se centre en detalles legislativos en lugar de en cuestiones fundamentales, como el sesgo a favor de las denunciantes, lo que ha llevado a un sistema disfuncional de justicia. Los movimientos #MeToo y Always Believe the Woman (Créale siempre a la mujer) han intentado transformar la justicia estadounidense para adaptarla a sus fines ideológicos, logrando cierto éxito; en este contexto, la cuestión de las falsas acusaciones ha ocupado un lugar central.

    Ésto tiene sentido. Las falsas acusaciones son un elemento clave de la civilización occidental porque, sin ellas, la jurisprudencia occidental tal como la conocemos
    –una institución definitoria de nuestra sociedad– no existiría. La jurisprudencia occidental se basa en el hecho de que las personas mienten (falsa acusación) y a menudo se equivocan (acusación infundada). Si quienes acusan nunca mintieran ni se equivocaran, no habría necesidad de juicios penales, salvo quizás para la imposición de la pena. Si los acusadores nunca mintieran ni se equivocaran, toda acusación conllevaría automáticamente un veredicto de culpabilidad para el acusado.

    Sin embargo, la realidad es que las personas mienten y se equivocan con frecuencia. Para lograr justicia en los procesos penales, se requiere un número ingente de salvaguardias frente a las acusaciones falsas. Estas salvaguardias constituyen los rasgos más característicos de la jurisprudencia occidental. No es exagerado afirmar que la justicia penal se organiza en torno a la omnipresencia de las acusaciones falsas. Entre dichas salvaguardias son incluidas:

    • presunción de inocencia, por la cual se considera que el acusado no es culpable, lo que lógicamente se traduce en una presunción de duda respecto del acusador;
    • prueba más allá de toda duda razonable –el standard probatorio jurídico más elevado–, lo que significa que no queda ninguna incertidumbre lógica (en términos coloquiales, un nivel de probabilidad de 90 a 99%);
    • testimonio bajo juramento, con la amenaza de incurrir en perjurio y sufrir penas de prisión por mentir, para evitar que los testigos presten juramento a la ligera;
    • derecho del acusado a interrogar a los testigos para poner a prueba la veracidad y fiabilidad de sus declaraciones;
    • derecho a contar con representación legal para garantizar interrogatorios eficaces y una valoración experta de las pruebas;
    • derecho del acusado a guardar silencio, aspecto sobre el cual el juez instruye al jurado para que no interprete esto como admisión de culpabilidad;
    • derecho a un juicio público con registro escrito (transcripción), de modo que los observadores o las pruebas futuras puedan sacar a la luz mentiras o errores;
    • jurado compuesto por pares del acusado, capaces de evaluar la credibilidad de los testigos y de las pruebas.

    Las falsas acusaciones producidas fuera del ámbito de los tribunales penales –por ejemplo, en los medios de comunicación– carecen de salvaguardas similares. Tales acusaciones arruinan vidas. Ésto pone de manifiesto la importancia de adoptar un enfoque justo y equilibrado, en lugar del enfoque sensacionalista que es empleado con tanta frecuencia. Lamentablemente, sin embargo, este tipo de acusaciones falsas son juzgadas bajo criterios que son la antítesis de un procedimiento judicial justo. Entre éstos figuran:

    • presunción de culpabilidad según la cual el acusado debe demostrar su inocencia, algo que puede resultar imposible; salvo que haya sido filmado desde su nacimiento, un hombre no puede probar que jamás haya acosado sexualmente a una mujer;
    • standard probatorio tan bajo, que la acusación es considerada cierta por el mero hecho de ser formulada;
    • ausencia de testimonio jurado por parte del acusador, y ausencia de repercusiones legales por mentir;
    • inexistencia del derecho del acusado a interrogar a la otra parte;
    • ausencia del derecho a refutar la acusación en un foro público;
    • el silencio y la negación equivalen a la admisión de culpabilidad;
    • ausencia de derecho a la defensa pública; además, lo difundido por los medios u otras fuentes rara vez es rectificado, aunque sea demostrado que es incorrecto;
    • ausencia de un “jurado” compuesto por pares del acusador; en su lugar, se cuenta con partidarios del mismo.

    La jurisprudencia occidental tradicional protege frente a las falsas acusaciones sin renunciar a la búsqueda de la verdad; la cultura occidental moderna, en cambio, se centra en la víctima y fomenta las falsas acusaciones, tal vez de manera involuntaria. Si se permite que la “justicia centrada en la víctima” impregne el sistema jurídico, las salvaguardas tradicionales desaparecerán y el sistema se asemejará cada vez más a los métodos empleados por los medios de comunicación. No debemos permitir que ésto suceda. Aspectos definitorios de la justicia, como el debido proceso, no deben ser sustituidos por un modelo jurídico “centrado en la víctima”, en el que la presunción de inocencia se vea reemplazada por la presunción de culpabilidad.

    La mejor barrera de protección es la concientización. Eso es precisamente lo que ofrece el Día Internacional de las Personas Falsamente Acusadas: concientización. Y también esperanza. Las mentiras y los errores en la administración de justicia perjudican a hombres, mujeres y niños, los que merecen crecer en una sociedad justa. Este 9 de Septiembre, celebremos el futuro mejor que nos esperanza el Día Internacional de las Personas Falsamente Acusadas.

     

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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