El Lunes pasado, un día antes de que la Cámara de Representantes, controlada por los republicanos, aprobara una resolución condenando al socialismo, la Oficina de Capital Estratégico del Pentágono anunció la adquisición de una participación de 35% en North American Blue Energy Partners, una de las mayores productoras privadas de petróleo de Venezuela.
En el acuerdo, el gobierno venezolano otorga a la empresa un contrato de arrendamiento por 100 años para algunos yacimientos petrolíferos. El acuerdo también otorga al gobierno estadounidense poder de veto sobre los nombramientos del consejo de administración de la empresa. Este poder de veto le confiere al gobierno estadounidense el control sobre la compañía.
Este acuerdo convierte a Estados Unidos en socio del mismo gobierno venezolano cuyo presidente, Nicolás Maduro, fue derrocado por el ejército estadounidense en Enero. Es también el mismo gobierno que ha sido denunciado como socialista por políticos estadounidenses de ambos partidos, y que ha sido blanco de operaciones de cambio de régimen impulsadas por Estados Unidos desde que el fallecido Hugo Chávez asumió la presidencia en 1999. Uno de esos intentos fallidos de cambio de régimen tuvo lugar durante el primer mandato del presidente Trump.
Algunos podrían encontrar irónico que la administración Trump se asocie con un gobierno socialista, cuando el presidente Trump advierte regularmente sobre la amenaza del socialismo que representa el ala socialista –cada vez más influyente– del Partido Demócrata. Si bien el presidente Trump puede oponerse sinceramente a ciertas formas de socialismo, es un ferviente promotor del corporativismo. El corporativismo es una variante del socialismo, variante en la que las empresas son nominalmente privadas, pero están controladas por el gobierno.
Desde que el presidente Trump regresó al poder en 2025, el gobierno estadounidense ha “invertido” en más de 30 empresas privadas. El gasto gubernamental en empresas privadas distorsiona el mercado, ya que obliga a los dueños y gerentes de empresas a tomar decisiones (o a que sean tomadas decisiones por ellos) en función de lo que complacerá a políticos y burócratas, en lugar de a los consumidores. También incentiva a otras empresas a desviar recursos para atraer gasto gubernamental, en lugar de atraer consumidores e inversores del sector privado. El corporativismo también puede llevar a políticos y burócratas a basar sus decisiones en lo que genere el mayor “retorno” del gasto público.
Combinar el corporativismo con el intervencionismo extranjero es una política particularmente perjudicial. Ésto queda ilustrado en la nueva alianza del gobierno estadounidense con el gobierno venezolano. Muchos ciudadanos venezolanos se oponen al acuerdo. Si el gobierno actual fuera reemplazado, el nuevo gobierno podría intentar anular el acuerdo o, al menos, renegociarlo. Por lo tanto, el gobierno estadounidense tiene ahora interés en asegurar que los herederos de Hugo Chávez permanezcan en el poder. La próxima vez que el ejército estadounidense intervenga en Venezuela, podría ser para defender a los socialistas.
Si el gobierno estadounidense continúa realizando acuerdos de “inversión” con gobiernos extranjeros, la necesidad de proteger dichas “inversiones” podría convertirse en un motivo para el despliegue de tropas estadounidenses en el extranjero. El gobierno estadounidense incluso podría usar al ejército para “convencer” a otros países de hacer negocios con el gobierno estadounidense.
La fusión corporativista del presidente Trump entre el gran gobierno y las grandes empresas, enriquece a los ricos y a los que tienen contactos, a expensas del resto de la población. La combinación de corporativismo con intervencionismo extranjero enriquece a líderes extranjeros corruptos y autoritarios, al tiempo que impulsa el complejo militar-industrial. Dado que el corporativismo mantiene la apariencia de capitalismo, y que muchos de sus defensores fomentan esta confusión, a los socialistas les resulta fácil culpar al libre mercado por sus fracasos. Los partidarios del libre mercado deben oponerse al corporativismo republicano con la misma vehemencia con la que se oponen al socialismo democrático.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko








