La entidad sionista genocida se enfrenta con una crisis. Trump, su activo extorsionado por la red Epstein, está hundido en las encuestas. Y la guerra de Israel contra Irán, librada utilizando al ejército estadounidense secuestrado para sus fines, se perfila como una derrota catastrófica.
Estados Unidos necesita desesperadamente poner fin a la guerra contra Irán y detener esa hemorragia. Los aliados de Estados Unidos son las mayores víctimas del desastre económico gradual provocado por el bloqueo del Eje de la Resistencia a las exportaciones de petróleo y fertilizantes de Asia Occidental.
En el Lejano Oriente, Japón, Corea del Sur y Taiwán han agotado casi por completo sus reservas estratégicas de energía. Y en Europa, cuya economía industrial quedó paralizada por la destrucción del gasoducto Nord Stream a manos de Estados Unidos, las crisis de suministro energético derivadas del cierre del estrecho de Hormuz están agravando aún más la situación. Europa empieza a sufrir una escasez creciente de diesel, combustible para aeronaves y combustible para calefacción.
Los vasallos de Estados Unidos en Asia Occidental se encuentran en una situación igualmente crítica. Las frágiles economías de Jordania y Egipto se han visto golpeadas por la escasez de fertilizantes y el aumento desorbitado del costo de la energía. Y, por supuesto, los esclavos del petrodólar –Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Bahrein, Saudi Arabia y Qatar– están siendo estrangulados económicamente por el control que el Eje de la Resistencia ejerce sobre Hormuz y Bab el-Mandeb.
Si esos países, cada vez más desesperados, intentan sobrevivir recurriendo a sus ahorros y liquidando sus bonos estadounidenses, el mercado de bonos colapsará. La burbuja de la IA –basada en enormes inversiones de muy baja rentabilidad– estallará. Se desencadenará un Armageddon económico.
A ésto se suma la cuestión del petrodólar. Las bases estadounidenses en esos países han sido devastadas por los ataques iraníes con drones y cohetes, y la mayoría han quedado prácticamente abandonadas. Si Estados Unidos no hace dolorosas concesiones a Irán, será expulsado por completo de la región. Ésto amenaza al petrodólar y, con él, a la red mundial de bases estadounidenses, financiada gracias al “exorbitante privilegio” que permite a los oligarcas de EE.UU. imprimir moneda ilimitada y obligar al mundo a aceptarla.
Así pues, Estados Unidos se enfrenta con una elección: rendirse ante Irán y limitar los daños a su imperio, o escalar el conflicto hacia una destrucción apocalíptica. Rendirse proclamando la victoria es, claramente, la mejor opción desde la perspectiva estadounidense.
Pero los israelíes ven las cosas de otra manera. Para ellos, la guerra contra Irán es una cuestión de supervivencia. Si Estados Unidos se rinde e Irán emerge más fuerte que nunca, surgirá un Eje de la Resistencia revitalizado justo cuando la opinión pública mundial y estadounidense se vuelve decisivamente en contra de la Entidad Genocida. Ésto no sólo pondrá fin al expansionismo interminable del proyecto del “gran Israel”, sino que posiblemente conducirá a la liberación de toda la Palestina ocupada.
Históricamente, cuando “Israel” percibe una amenaza existencial y a Estados Unidos no le importa, suceden cosas terribles. En 1963, el presidente estadounidense Kennedy juró desmantelar el programa de armas nucleares de Israel. El padre fundador de Israel, Ben Gurión, indignado por la intransigencia de Kennedy, dimitió como primer ministro en Junio de 1963 y prácticamente desapareció de la vida pública. Fuentes controladas por el sionismo, como Gemini, afirman que Ben Gurión se dedicó “a una vida tranquila centrada en el estudio y la escritura”. Sin embargo, muchos historiadores, siguiendo a Michael Collins Piper y Laurent Guyénot, creen que Ben Gurión “se ocultó” para dedicarse a orquestar el asesinato de Kennedy. Tras el golpe de Estado contra JFK, Lyndon Johnson –un activo al servicio de Israel– dio luz verde al programa nuclear sionista, a la guerra de expansión de 1967, e incluso al intento de asesinato masivo de 293 marineros estadounidenses a bordo del USS Liberty.
Cosas aún más terribles ocurrieron en 2001, cuando la indiferencia estadounidense hacia el proyecto del “gran Israel” permitía que la entidad sionista se encaminara hacia el desastre. La economía “israelí” estaba estancada debido al colapso de las empresas “puntocom”, los colonos emigraban en lugar de inmigrar, y un flujo constante de combatientes de la Resistencia y mártires, hacía insoportable la vida de aquellos colonos que decidían quedarse. Las previsiones demográficas sugerían que el sionismo estaba condenado al fracaso, mientras la región se unía cada vez más contra la Entidad Genocida, en parte debido al creciente fervor y solidaridad islámicos.
“Israel” respondió orquestando el ataque de falsa bandera del 11 de Septiembre contra Estados Unidos. Atribuida falsamente a los musulmanes, la masacre del World Trade Center y del Pentágono arrastró a Estados Unidos a una guerra diseñada para destruir “siete países en cinco años”: concretamente, los siete países que Israel consideraba sus enemigos. También desató una ola multigeneracional de “islamofobia permanente” al servicio de los intereses de largo plazo de Israel. Los golpes de estado relacionados con el asesinato de JFK y los atentados del 11 de Septiembre ilustran la disposición de Israel a emplear violencia espectacular contra Estados Unidos para conjurar lo que percibe como crisis existenciales. Hoy en día, la inminente derrota en la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán representa, para Israel, la madre de todas las crisis existenciales. Un ataque extremadamente sangriento en suelo estadounidense, atribuido a Irán, podría precipitar a Estados Unidos hacia el tipo de escalada que Israel desea desesperadamente. ¿Magnicidio de Trump?
Israel podría asesinar a Trump y culpar a Irán. El clamor mediático –“debemos terminar la tarea que nuestro mártir, el presidente Trump, comenzó”– podría, teóricamente, inclinar a la opinión pública estadounidense a favor de una invasión terrestre de Irán.
Israel ha estado allanando claramente el camino hacia este escenario. Netanyahu ha aterrorizado constantemente a Trump afirmando que los iraníes acechan tras cada arbusto, esperando para matarlo. Más recientemente, la falsa afirmación de Israel de que Irán planeaba derribar el Air Force One convenció a Trump de salir a escondidas del avión dentro de un contenedor de catering, dejando a sus asesores y a la prensa a bordo del jet como cebo para los misiles antiaéreos.
El cobarde presidente estadounidense ha amenazado repetidamente con que, si Irán lo mata, el país será “borrado de la faz de la Tierra”, “volado por los aires” o “diezmado y destruido”. En un tuit especialmente desquiciado, Trump despotricó:
“Hay 1.000 misiles listos para el disparo y apuntando a la República Islámica de Irán, seguidos inmediatamente por miles más, en caso de que el gobierno iraní lleve a cabo su amenaza –pronunciada en muchos rincones del globo– de asesinar, o intentar asesinar, al presidente en ejercicio de los Estados Unidos de América; en este caso, ¡A MÍ! Ya han sido dadas las órdenes, y el ejército de EE.UU. está listo, dispuesto y capacitado –por un periodo de un año, prorrogable– para diezmar y destruir por completo todas las zonas de Irán. ¡ALABADO SEA ALLAH!”
En éstas y muchas otras declaraciones similares, ¡Trump parece estar prácticamente rogando a los israelíes que lo asesinen y culpen a Irán! ¿Es realmente tan estúpido el presidente de EE.UU.?
Sostengo que Trump parece padecer una variedad peculiar del síndrome de Stockholm, un diagnóstico psiquiátrico que describe la situación en la que un cautivo o víctima de abusos desarrolla un vínculo de lealtad o afecto irracional y servil hacia su captor o agresor. En este caso, el captor abusivo es Israel, que posee material comprometedor (kompromat) sobre Trump al estilo Epstein. Pero va más allá de la extorsión: Trump ha pasado toda su carrera actuando como testaferro del crimen organizado judío. Sus hoteles y casinos servían para el blanqueo de capitales, así como para esquemas de manipulación bursátil (pump-and-dump) y quiebras fraudulentas planificadas (bust-outs). Sus programas de televisión, incluidos los certámenes Miss Teen USA, Miss USA y Miss Universe, contaron con mafiosos judíos de la talla de Epstein como productores. Hay una razón por la que los capos de la “Kosher Nostra“, Jared Kushner y Steve Witkoff, actúan como los controladores de Trump. Y hay una razón por la que Netanyahu tiene las llaves de la Casa Blanca y puede irrumpir en ella y desencadenar guerras cuando le plazca.
Trump se siente tan temeroso e indefenso en manos de Israel y su mafia judía, que compensa en exceso despotricando sobre cómo Irán quiere matarlo, cuando en realidad sabe –a un nivel profundo y tal vez no del todo consciente– que es Israel quien puede, y muy posiblemente lo hará, asesinarlo en cualquier momento que desee. Al despotricar sobre asesinos iraníes imaginarios, Trump, que padece el síndrome de Stockholm, imagina que complacerá a sus captores israelíes y tal vez se ganará su clemencia.
El control de Israel sobre Trump, y su capacidad para asesinarlo a voluntad, ha quedado demostrado no sólo por el asesinato –a manos de sionistas– de Charlie Kirk (quien estaba fuertemente protegido por los propios sionistas), sino también por al menos dos de los tres supuestos intentos de asesinato contra el “babuino naranja”. Es probable que elementos leales a Israel dentro del equipo de seguridad de Trump estuvieran involucrados en los dos ataques flagrantemente falsos contra él: el roce en la oreja en Butler, Pennsylvania –que resonó en todo el mundo–, y la farsa de la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca. Dado que el espacio no permite un análisis detallado aquí, por favor vean los documentales de John Hankey: Trump in the Crosshairs (sobre Butler) y Hoax: The White House Correspondent’s Dinner.
Spoiler: Resulta abrumadoramente obvio que Trump había ensayado cuidadosamente su actuación en Butler, Pennsylvania, y que estaba igualmente bien preparado para el falso tiroteo de la Cena de Corresponsales; permaneció sentado con calma y una sonrisa cómplice mientras otros, incluida su esposa Melania, entraban en pánico. Los elementos del Mossad infiltrados en la seguridad de Trump que organizaron estos eventos, sin duda grabaron a Trump ensayándolos. Si Trump alguna vez los desobedece, podrían filtrar los videos en los que practica cómo tirarse al suelo, activar una cápsula de sangre falsa (típica de la lucha libre profesional) para mancharse la oreja y la cara con vetas rojas, y luego ponerse en pie de un salto
–violando todo protocolo del Servicio Secreto– para agitar el puño frente a la bandera, con fotógrafos cómplices listos para la acción, mientras gritaba “¡lucha, lucha, lucha!”
Pero dado que Trump es un esclavo tan abyecto, mientras que su posible sucesor, J. D. Vance, ve con recelo la guerra contra Irán en favor de Israel, es probable que los israelíes no eliminen al activo más valioso que jamás hayan tenido en Estados Unidos. En su lugar, podrían simular un intento “fallido” de asesinato contra Trump, perpetrado por un “drone iraní”. O bien, podrían lanzar un ciberataque devastador contra la infraestructura estadounidense, provocando tal caos, que los ciudadanos
–confusos, atemorizados e indignados– quedarían vulnerables a la propaganda mediática que culparía a Irán y exigiría su invasión por parte de Estados Unidos. Una combinación de estos elementos –una bomba sucia sumada a un ciberataque y a un falso intento de asesinato de Trump– podría maximizar el desastre y su impacto en la opinión pública estadounidense.
Tal operación podría ser diseñada para crear un estado de emergencia, brindando a Trump un pretexto para cancelar las elecciones y autoproclamarse presidente vitalicio, algo con lo que ha amenazado cada vez con mayor frecuencia. Este escenario encaja a la perfección con el movimiento para “acabar con la democracia” encabezado por el oligarca sionista y tecnofascista Peter Thiel y su principal ideólogo, Curtis Yarvin. Además, resolvería el mayor problema de Trump: cómo sobrevivir a las elecciones de 2026 y evitar un juicio político y la cárcel, a pesar de la enorme impopularidad que arrastran tanto él como su partido.
Pero ¿caerían los estadounidenses en la trampa de otra operación de falsa bandera a gran escala? Comentaristas con audiencias masivas –como Tucker Carlson, Candace Owens y The Young Turks– expresan cada vez más sus sospechas sobre la implicación de Israel en el asesinato de JFK, la operación de falsa bandera del USS Liberty, el 11-S, el tiroteo de Butler y el asesinato de Charlie Kirk. Estas y otras voces claman a los cuatro vientos que Israel es capaz de masacrar a presidentes y a miles de civiles estadounidenses, valiéndose de su control sobre los medios convencionales para arrastrar a la nación a la guerra.
Dada la creciente conciencia pública sobre la participación de Israel en los golpes de estado contra JFK y el 11-S –entre otras atrocidades–, y la enorme impopularidad del genocidio israelí en Gaza, los sionistas se arriesgarían a sufrir una reacción adversa sin precedentes, si perpetraran otro espectacular ataque de falsa bandera contra Estados Unidos. Sin embargo, dado su arrogante desprecio por los goyim y su capacidad, demostrada en repetidas ocasiones, para salir impunes de crímenes colosales, tal escenario no puede ser descartado.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko









