Otro premio Nobel para la equivocada economía keynesiana

    0

    El Premio Nobel de Economía de 2026 fue otorgado a Robert E. Hall y Michael Woodford. Según el comité del Nobel, los galardonados desarrollaron modelos macroeconómicos que mejoraron significativamente nuestra capacidad para implementar políticas eficaces de estabilización. El comité considera que, basándose en estos modelos, la aplicación oportuna de medidas de política fiscal y monetaria puede atenuar la contracción y la expansión de la economía.

    Los modelos desarrollados por los galardonados están fundamentados en las ideas del economista inglés John Maynard Keynes. En el marco keynesiano, el nivel de producción que una economía puede generar con un conjunto dado de recursos (es decir, mano de obra, herramientas y maquinaria) y un nivel tecnológico determinado –sin provocar inflación– es denominado “producción potencial”. Sin embargo, si por cualquier motivo la demanda de los bienes producidos no es lo suficientemente fuerte, se produce una desaceleración o contracción económica. Una demanda insuficiente de bienes conlleva una utilización sólo parcial de la mano de obra y los bienes de capital existentes. Desde esta perspectiva, corresponde al gobierno y al banco central cerrar la brecha entre la producción potencial y la producción real. Keynes sugirió que la contracción y la expansión pueden ser suavizados incentivando la demanda (acelerándola) cuando es demasiado baja, o moderándola (frenándola) cuando es excesiva.

    Banco central y ciclos de expansión y contracción

    Para los galardonados con el Nobel, al igual que para Keynes, los ciclos económicos de expansión y contracción están relacionados con la fortaleza de la economía. No obstante, en lugar de centrarse en la brecha entre la producción potencial y la real, han recurrido al modelo de ciclos económicos reales (RBC) para explicar estos ciclos. Según este enfoque, una de las principales causas de los ciclos de auge y caída son los “shocks tecnológicos”. Un shock tecnológico positivo implica que, con una dotación dada de capital y mano de obra, la economía puede generar mayor producción (expansión económica). Por el contrario, una recesión es provocada por un shock tecnológico negativo que deriva en una caída de la producción (contracción económica).

    Siguiendo a Ludwig von Mises y Murray N. Rothbard –y en contraposición a lo sostenido por diversos premios Nobel–, “expansión” económica no equivale a prosperidad económica ni a la generación de riqueza; más bien, consiste en el desvío de recursos desde actividades que generan riqueza, hacia otras actividades que consumen riqueza sin producirla –socavan el proceso de creación de riqueza. Si, por alguna razón, este desvío de recursos se detiene, las diversas actividades improductivas que surgieron a raíz de dicho proceso entran en crisis, dando lugar a la contracción o “caída” económica. Por tanto, para determinar cómo son generados los ciclos de expansión y contracción, es necesario identificar la causa que provoca el desvío de recursos desde los sectores generadores de riqueza hacia sectores que no generan riqueza.

    Factor clave tras los ciclos de auge y caída: políticas de los bancos centrales

    En un mercado libre y sin interferencias, la economía podría verse afectada por diversos socks, pero resulta difícil imaginar la existencia de ciclos regulares de expansión y contracción. Según Rothbard:

    Antes de la Revolución Industrial, hacia finales del siglo XVIII, no existían auges ni depresiones que se repitieran de forma regular. Podían producirse crisis económicas repentinas cuando un monarca declaraba la guerra o confiscaba los bienes de sus súbditos; sin embargo, no había rastro de ese fenómeno, característicamente moderno, consistente en oscilaciones generales y bastante regulares en la actividad económica: periodos de expansión seguidos de contracciones.

    El fenómeno de los ciclos de expansión y contracción está, de algún modo, vinculado con el mundo moderno. Un análisis detallado revela que dicho vínculo reside en el actual sistema bancario de banco central con reserva fraccionaria.

    Cuando el banco central adopta una política monetaria expansiva, gracias a esa creación de dinero y crédito adicionales, pone en marcha intercambios en los que es entregado “algo” a cambio de “nada”. Ésto provoca un desplazamiento de riqueza, desde los generadores de riqueza, hacia quienes reciben el dinero recién creado. El surgimiento de actividades impulsadas por esta política monetaria expansiva genera falsa prosperidad económica: la “expansión”. A la larga, esta política monetaria expansiva deriva en el empobrecimiento económico de los productores de riqueza.

    Cuando el banco central decide endurecer su política monetaria –algo que, inevitablemente, debe ocurrir en algún momento–, la expansión artificial se detiene de forma abrupta. Ésto conduce a la desaparición o a una drástica reducción de tales actividades: crisis económica. El núcleo de los ciclos económicos es el proceso inflacionario, que conlleva el desvío de recursos desde actividades generadoras de riqueza, hacia actividades que no generan riqueza. Este proceso viene determinado por las políticas monetarias del banco central.

    La idea de emplear un modelo para establecer políticas destinadas a estabilizar la economía resulta contraproducente. Una política que consiste en intervenir en la economía, debilita el proceso de generación de riqueza y provoca empobrecimiento económico. Las políticas de estabilización prescritas por tales macro-modelos no son más que otra forma de intervención en la economía.

    Importancia del ahorro privado, fondo de subsistencia e inversión de capital

    Lo que impulsa el crecimiento económico no es sólo la base existente de bienes de capital y la fuerza laboral, sino también el fondo de subsistencia que sustenta a los individuos que participan en las diversas etapas de la estructura productiva. Al respecto, Richard von Strigl escribió:

    Supongamos que, en un país determinado, la producción debe ser reconstruida por completo. Los únicos factores de producción de los que dispone la población, además de los trabajadores, son aquéllos que provienen de la naturaleza. Ahora bien, si la producción ha de ser llevada a cabo mediante un método indirecto –supongamos, de un año de duración–, resulta evidente que la producción sólo podrá comenzar si, además de estos factores de producción originarios, la población cuenta con un fondo de subsistencia que garantice su alimentación y cubra sus demás necesidades durante ese año … Cuanto mayor sea este fondo, más prolongado podrá ser el proceso productivo indirecto que sea emprendido, y mayor será el resultado obtenido.

    Irónicamente, la producción de mercado y un fondo de subsistencia en expansión –generado mediante el ahorro privado genuino– sostienen tanto las actividades del gobierno como aquellas que surgieron a raíz de la política monetaria expansiva. Junto con este crecimiento artificial, puede coexistir un crecimiento y una producción genuinos y positivos.

    Sin embargo, si la producción, el ahorro, el fondo de subsistencia y la inversión de capital comienzan a disminuir, o si el crédito se contrae, entonces
    –independientemente de cualquier aumento en el gasto público o de la inflación provocada por el banco central– la actividad económica general no podrá reactivarse. Las políticas fiscales y monetarias expansivas no rescatan a la economía: lo que rescatan son las actividades que la economía no puede permitirse. Tales políticas perpetúan el despilfarro y fomentan la ineficiencia, drenando recursos que, de otro modo, serían destinados al crecimiento y a la eficiencia.

    Dejar que el mercado sea el que asigne los recursos

    Según el pensamiento keynesiano, no es posible confiar en la economía de mercado, a la que considera inherentemente inestable. De ahí que siempre se perciba la necesidad de que los gobiernos y los bancos centrales gestionen la economía. Sin embargo, permitir que el mercado realice la asignación de recursos conduce a mejores resultados. Incluso el fundador de la Unión Soviética, Vladimir Ulianov (a) Lenin, comprendió ésto cuando, en Marzo de 1921, introdujo mecanismos de mercado durante un breve periodo con el fin de restablecer el suministro de bienes y evitar una catástrofe económica.

    La mejor política económica que pueden adoptar el banco central y el gobierno consiste en no intervenir en absoluto. Al abstenerse de interferir en la economía de libre mercado, el gobierno y el banco central permiten que los generadores de riqueza acumulen ahorros, fortaleciendo así el fondo de subsistencia y la inversión de capital. A largo plazo, ésto eleva el nivel de vida.

    Conclusión

    Si bien Robert E. Hall y Michael Woodford fueron galardonados con el Premio Nobel por desarrollar modelos macroeconómicos que han mejorado la capacidad del gobierno y del banco central para manipular la economía, difícilmente pueda ésto ser considerado algo positivo. De hecho, lejos de lograr la estabilización, tales políticas –y los supuestos keynesianos que las sustentan– socavan la estabilidad económica. Estos premios Nobel han pasado por alto el factor determinante de los ciclos de expansión y contracción: las políticas monetarias del banco central. Para eliminar la amenaza que representan los ciclos económicos, el banco central debe dejar de manipular la economía o, mejor aún, dejar de existir.

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

    LEAVE A REPLY

    Please enter your comment!
    Please enter your name here