
El Sábado 11, el presidente Trump tuvo una gran oportunidad para poner fin a su guerra contra Irán. Tras amenazar a Irán con que “toda una civilización morirá esta noche”, Trump logró una pausa de dos semanas en el conflicto, gracias a la intervención del gobierno pakistaní.
Fue abierta una ventana para terminar con esta guerra ilegal. El vicepresidente Vance viajó a Pakistán para negociar con una delegación iraní de alto nivel y, según informes de prensa, fueron logrados avances en muchos asuntos.
Desafortunadamente, después de un mes y medio de guerra, en la que han sido gastados decenas de miles de millones de dólares, todas las bases estadounidenses en la región están dañadas o destruidas, y se han perdido decenas de aviones militares, el presidente Trump no optó por poner fin a la guerra. Pisó el acelerador.
Tras 21 horas de negociaciones, las conversaciones fracasaron, al parecer porque la parte estadounidense insistió nuevamente en que Irán entregara su uranio enriquecido, destruyera sus instalaciones nucleares, y no volviera a enriquecer uranio jamás. Éste es el enfoque “maximalista” que propicia el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, pero no hay razón alguna para que Estados Unidos efectúe tales exigencias.
Por lo tanto, la reunión con Pakistán fue una pérdida de tiempo, y posiblemente todo el alto el fuego fue una estratagema para ganar tiempo y permitir que Estados Unidos e Israel se reagruparan y reabastecieran sus fuerzas.
Inmediatamente después de que las conversaciones fracasaran, un Trump cada vez más volátil intensificó sus amenazas contra Irán. En las últimas semanas, ha alternado entre insistir en que el estrecho de Ormuz no es importante para Estados Unidos, y exigir su apertura inmediata.
A través de sus redes sociales, ayer Trump anunció que el ejército estadounidense comenzaría a bloquear el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz. Cualquier barco que zarpe de un puerto iraní, correría el riesgo de ser abordado, inspeccionado y posiblemente confiscado.
La restricción del tráfico por parte de Irán en el estrecho de Ormuz ha disparado los precios del petróleo, junto con el precio de los fertilizantes y otros productos relacionados. El alza de precios está acelerándose en Estados Unidos. Los mercados globales están tambaleándose. El bloqueo impuesto por Trump, que restringe aún más el tráfico hacia y desde el Golfo Pérsico, sólo acentuará este proceso. Es como intentar apagar un incendio con combustible.
Y si los Houthi en Yemen cierran el Mar Rojo en respuesta al bloqueo de Trump al bloqueo iraní, podríamos incluso presenciar una depresión económica mundial.
Existe la sensación de que el presidente Trump está actuando de forma errática y cada vez más volátil. Esperaba que los europeos, los japoneses y los surcoreanos se unieran a sus esfuerzos para abrir el estrecho, pero en cambio decidieron negociar por su cuenta con Teherán y pagar la tarifa de tránsito. El resto del mundo no quiere la guerra con Irán. Sólo la administración Trump y Netanyahu la desean.
El petrodólar se está devaluando, ya que los pagos por el paso del estrecho de Ormuz son realizados en yuanes chinos. El dólar está siendo desafiado como moneda de reserva mundial, al tiempo que el propio imperio global estadounidense se enfrenta con un desafío en tiempo real.
Es el momento de buscar y aprovechar esa salida. Sin embargo, el presidente estadounidense parece estar tomando la dirección opuesta. Está siendo transportado equipo militar por vía aérea a gran velocidad a Oriente Medio, y otro grupo de portaaviones estadounidense se acerca a la región.
China ha advertido a Estados Unidos que no interfiera en su comercio con Irán. Se avecina una importante escalada, y el Congreso aún no logra pronunciarse al respecto.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko









