Por qué los políticos matan por el poder

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    En The Dictator’s Handbook (El manual del dictador), subtitulado “Por qué el mal comportamiento es casi siempre buena política”, los profesores Bruce Bueno de Mesquita y Alastair Smith analizan ejemplos tanto históricos como modernos, y concluyen que los políticos exitosos no llegan al poder ayudando al “pueblo”, sino sabiendo cómo conseguirlo y mantenerlo. Ésto es logrado principalmente mediante el apoyo a la coalición adecuada de partidarios. Para conservar el poder, deben utilizar los fondos a los que el gobierno les da acceso, y repartirlos entre los seguidores que los llevaron al poder y que los mantendrán en el mismo. Aquellos con las carreras más largas y “exitosas”, están dispuestos a otorgar beneficios y participar en actos de corrupción. Por tanto, quienes se ven frenados por escrúpulos morales, quedan en desventaja frente a aquéllos que no cuentan con tales restricciones. La falta de escrúpulos es la mejor estrategia.

    Al igual que un banco es un objetivo para los ladrones, el poder y el dinero convierten al gobierno en un blanco para las burocracias, las corporaciones y los partidos nacionales. Estos grupos de interés buscan políticos que se plieguen a su voluntad, otorgándoles acceso a dicho poder y a los fondos públicos. Así, los políticos dispuestos a darles lo que desean, son quienes tienen su posición más asegurada. Como afirman los autores: “el poder conduce a la corrupción, y la corrupción conduce al poder”.

    Mesquita y Smith identifican un patrón común entre quienes lograban mantenerse en el poder. Para triunfar en el gobierno, son utilizados regalos, privilegios, ayudas sociales o subsidios, con el fin de hacer que un porcentaje de la población dependa de que uno permanezca en el poder. Es por ésto que ciertas acciones y políticas económicas aparentemente absurdas adoptadas por nuestros gobernantes, cobran perfecto sentido cuando la prioridad no es el pueblo, sino el círculo íntimo de partidarios y amigos de los gobernantes. El objetivo no es mejorar la situación de todos, sino beneficiar a la coalición que ostenta el poder. Al referirse a este tipo de políticas, Mesquita y Smith escribieron: “Puede que sea una locura económica, pero es también una genialidad política”. Además, los líderes exitosos castigan a sus enemigos –como la base de seguidores del partido opositor–, aumentándoles los impuestos; en cambio, otorgan beneficios y subsidios a quienes son leales y están dispuestos a cambiar de bando, o simplemente a seguir las reglas del juego. Los políticos utilizan su control sobre las finanzas públicas tanto para librar una guerra económica contra la oposición, como para generar y mantener el apoyo de sus partidarios leales. Al igual que son suministradas sus dosis a los drogadictos, cedemos el poder a quienes más lo ansían. Tal como ocurre con las consecuencias negativas del consumo de drogas, tanto quien ejerce ese poder como los pagadores netos de impuestos de quienes abusan, sufren las repercusiones. Muchos creen que todos los psicópatas se convierten en asesinos. Pero la mayoría son, en realidad, individuos altamente funcionales; dado su deseo de controlar a los demás, a menudo se transforman en empresarios y políticos exitosos. Además, sus rasgos les otorgan ventaja sobre la competencia, permitiéndoles prosperar en dichos ámbitos.

    James Silver señala que los rasgos que caracterizan a los políticos exitosos son los mismos que “definen la psicopatía clínica”: “falta de remordimiento y empatía, sentido de grandiosidad, encanto superficial, comportamiento astuto y manipulador, y negativa a asumir la responsabilidad de sus propios actos”. Silver cita a Robert Hare, un destacado experto, quien descubrió que “los psicópatas suelen tener una necesidad acentuada de poder y prestigio; precisamente el tipo de impulsos que hacen de la política una vocación atractiva”. A los psicópatas les va muy bien en política porque causan excelentes primeras impresiones, se desenvuelven bien bajo presión, carecen de miedo, son altamente competitivos y mantienen la calma en situaciones de stress.

    En un artículo para Scientific American, Scott Lilienfeld y Hal Arkowitz describieron a los psicópatas como personas de “encanto superficial”; tienden a causar una buena primera impresión y, a menudo, parecen individuos notablemente normales ante los ojos de los demás. Sin embargo, son egocéntricos, deshonestos y carecen prácticamente de sentido de culpa. Los psicópatas suelen justificar sus acciones temerarias –y a menudo indignantes– culpando a otros en lugar de a sí mismos. Ésto recuerda inevitablemente a los políticos que promueven leyes para beneficiarse a título personal, o para favorecer a su partido y a grupos de interés específicos, sin mostrar preocupación alguna por el daño que inevitablemente causan a la economía. Además, siempre es posible atribuir la culpa de los perjuicios resultantes a terceros: tal vez a los supremacistas blancos, a los homosexuales, a los cristianos, a los capitalistas, etcétera –cualquier cosa menos admitir su propia responsabilidad.

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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    Jeb Smith
    é autor de quatro livros, sendo o mais recente "Monarquia Perdida: Corrigindo Equívocos Sobre a Idade Média, Realeza Medieval, Democracia e Liberdade". Smith é autor de mais de cem artigos em várias publicações, incluindo a revista History is Now, a revista Medieval, a História Medieval, o Instituto Cristão Libertário, a Revista Postil, o Vermont Daily Chronicle, The Rutland Herald e Fellowship & Fairydust Magazine.

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