Tiranía en Nürnberg

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    El juicio espectáculo contra un grupo de 21 sobrevivientes nazis –seleccionados de manera algo arbitraria– celebrado en Nürnberg entre 1945 y 1946 fue obra del magistrado del Tribunal Supremo de EE.UU. Robert Jackson. Jackson actuó como fiscal jefe. Como admirador de Jackson desde hace mucho tiempo, siempre supuse que había realizado un buen trabajo.

    Mi admiración por Jackson nace de su defensa de la ley como escudo del pueblo –y no como arma en manos del gobierno–, y de su defensa del principio jurídico conocido como mens rea. Es decir, que para que exista delito, debe haber intención. A menudo cito a Jackson por su defensa de estos principios jurídicos, que constituyen el fundamento mismo de la libertad. Su defensa de la ley como freno al poder gubernamental, desempeña un papel central en el libro que escribí junto con Lawrence Stratton: The Tyranny of Good Intentions (La tiranía de las buenas intenciones).

    En 1940, Jackson ocupaba el cargo de Fiscal General de los Estados Unidos. En una intervención ante fiscales federales, les advirtió que no debían “elegir a un individuo para luego poner a los investigadores a trabajar con el fin de atribuirle algún delito. Es en este ámbito –donde el fiscal elige a una persona que le desagrada o a la que desea avergonzar, o selecciona a un grupo de personas impopulares, para luego buscar un delito– donde reside el mayor peligro de abuso del poder fiscal. Aquí es donde la actuación de la justicia se vuelve personal, y el verdadero delito pasa a ser el hecho de resultar impopular ante el grupo dominante o gobernante, de sostener opiniones políticas equivocadas, o de resultar personalmente detestable para el propio fiscal –o de estorbarle”.

    Más tarde, ya como magistrado del Tribunal Supremo, Jackson anuló la condena dictada por un tribunal inferior contra una persona que no tenía conocimiento alguno ni motivo para creerque hubiera cometido delito alguno.

    Tras haber terminado de leer el libro Nürnberg (1996) de David Irving, me siento desolado al descubrir que, en su afán por defender otro principio, Jackson vulneró en Nürnberg todos aquellos principios jurídicos por los que tanto tiempo le había admirado. Para ser exactos, en Nürnberg, Jackson perseguía a los nazis, pero su condena era el medio para alcanzar su objetivo final: establecer el principio jurídico internacional según el cual iniciar una guerra –cometer una agresión militar– constituye delito.

    El principal problema de estos juicios radica en que la Segunda Guerra Mundial fue iniciada por los británicos con su declaración de guerra contra Alemania, y no por Alemania. Otro problema radica en que, en Nürnberg, las personas fueron juzgadas con base en leyes ex post facto: normas que no existían en el momento en que fueron cometidos los actos por los que fueron condenadas.

    Además, la sentencia –muerte en la horca– fue decidia antes del juicio y antes incluso de seleccionar a los acusados.

    Asimismo, primero fueron elegidos los acusados, ​​y luego fue construido el caso en su contra.

    Fueron ocultadas pruebas exculpatorias. Los cargos por los que los acusados ​​fueron condenados resultaron ser falsos.

    Los juicios estaban tan sesgados a favor de la fiscalía, que la defensa fue meramente formal.

    Los acusados ​​sufrieron malos tratos, y algunos fueron torturados.

    Los acusados fueron instados ​​a testificar falsamente unos contra otros; la mayoría se negó a hacerlo, a excepción de Albert Speer, quien accedió voluntariamente. Su recompensa fue pena de prisión en lugar de muerte.

    Las esposas y los hijos de los acusados ​​fueron detenidos y encarcelados. Cabe reconocer que ésto indignó a Jackson.

    El presidente Franklin D. Roosevelt, el general Dwight Eisenhower y Winston Churchill opinaban que los nazis sobrevivientes debían ser fusilados sin juicio previo. Roosevelt bromeaba sobre la idea de liquidar a 50.000 oficiales militares alemanes. Eisenhower comentó a Lord Halifax que los líderes nazis debían ser abatidos mientras intentaban escapar, habitual eufemismo para referirse al asesinato. Los rusos hablaban de castrar a los hombres alemanes y utilizar a las mujeres alemanas para la reproducción, con el fin de aniquilar a la raza alemana. El secretario del Tesoro de EE.UU., Henry Morgenthau, quería reducir a Alemania a una sociedad agraria y enviar a los alemanes físicamente aptos a África como esclavos, para trabajar en “algún gran proyecto tipo TVA”.[*]

    Robert Jackson veía en estas intenciones no sólo criminalidad flagrante por parte de los líderes aliados, sino también una oportunidad perdida para establecer el principio jurídico que criminalizaría la guerra, eliminando así el desastre bélico de la historia futura. El objetivo de Jackson era admirable, pero los medios para lograrlo requerían eludir los principios jurídicos angloamericanos.

    Jackson tuvo su oportunidad, tal vez porque Iosif Stalin vetó la ejecución sin juicio. Primero un juicio público –dijo Stalin– para demostrar su culpabilidad, y evitar así convertir a los nazis en mártires.

    ¿A quiénes seleccionar para la lista de las 21 o 22 personas que serían acusadas? Bueno, ¿a quiénes tenían bajo custodia los aliados? No a todos los que deseaban. Contaban con el Reichsmarschall Hermann Göring, quien había dirigido la fuerza aérea alemana. Cualesquiera que fueran los cargos legítimos contra Göring, no fue considerado que se vieran atenuados por el hecho de que, bajo su mando, la fuerza aérea alemana fuera principalmente empleada contra formaciones enemigas en el campo de batalla –y no, como hicieron las fuerzas aéreas de Estados Unidos y Gran Bretaña, en bombardeos de saturación destinados a aterrorizar a la población civil de ciudades como Dresden, Hamburg, Tokio, Hiroshima y Nagasaki–, ni tampoco por el hecho de que, en sus últimos días, Hitler destituyera a Göring de todos sus cargos, lo expulsara del partido, y ordenara su arresto.

    Los juicios de Nürnberg resultan paradójicos, dado que la norma jurídica que Jackson pretendía establecer era aplicable a todos los países, y no sólo a Alemania. La ley con carácter retroactivo (ex post facto) bajo la cual los alemanes fueron condenados a muerte y a prisión, también tipificaba como delito los bombardeos de terror perpetrados por las fuerzas aéreas británicas y estadounidenses contra ciudades alemanas y japonesas. Sin embargo, dicha norma sólo fue aplicada a los alemanes que ocupaban el banquillo de los acusados. En su libro Apocalypse 1945: The Destruction of Dresden (1995), Irving cita la postura discrepante del general de la fuerza aérea estadounidense George C. McDonald respecto de la orden de bombardear ciudades habitadas por civiles, como Dresden y Hamburgo. El general McDonald calificó la directriz como una “exterminación de poblaciones y arrasamiento de ciudades”, actos que constituyeron crímenes de guerra según los criterios establecidos en Nürnberg.

    Tenían al ministro de Asuntos Exteriores, Joachim von Ribbentrop. Tenían a los mariscales de campo Wilhelm Keitel y Alfred Jodl, y a los grandes almirantes Erich Raeder y Karl Dönitz. Tenían a un banquero alemán, quien se libró de la condena gracias a la intervención del Banco de Inglaterra. Tenían a un periodista. Tenían a Rudolf Hess, que llevaba encarcelado en Gran Bretaña desde 1941, año en que voló al país en una misión de paz para poner fin a la guerra. Querían a un industrial, pero Gustav Krupp era demasiado anciano y estaba enfermo; carecía de la imagen de maldad siniestra que buscaban. La lista puede ser consultada en el libro de Irving.

    Göring supo desde el principio que el juicio era una farsa y que su condena a muerte ya estaba decidida. Durante todo su cautiverio dispuso de los medios (una cápsula de veneno) para suicidarse y privar así a sus captores de la humillación que habían planeado infligirle. En lugar de ello, mantuvo la cohesión del grupo de alemanes, quienes se mantuvieron firmes. Dotado de un elevado coeficiente intelectual –138 puntos, según las mediciones realizadas por los estadounidenses en Nürnberg–, dejó en ridículo a sus captores en repetidas ocasiones. Durante el juicio, ridiculizó a Robert Jackson de tal manera que toda la sala estalló en carcajadas. Jackson nunca logró superar el hecho de haber sido superado dialécticamente por Göring en la sala del tribunal.

    Pero Göring no había terminado de dejar en evidencia la incompetencia y el ridículo de sus captores. Tanto él como los mariscales de campo y el gran almirante solicitaron ser ejecutados por un pelotón de fusilamiento, conforme con la tradición militar. Sin embargo, la mezquindad del Tribunal quiso que murieran ahorcados como perros. Göring dijo a sus captores que permitiría que le fusilaran, pero no que le ahorcaran. Pocos minutos antes de ser conducido a la horca ante la prensa y las cámaras congregadas, ingirió la cápsula de veneno, sumiendo en el caos el espectáculo propagandístico de la ejecución. Para colmo de males, dejó una nota al comandante de la prisión, el coronel estadounidense Burton Andrus, informándole que había dispuesto de tres cápsulas: una la había dejado para que los estadounidenses la encontraran, haciéndoles creer así que se había quedado sin medios para escapar de ellos; otra la había ingerido minutos antes de su ejecución pública; y en la nota indicaba dónde hallar la tercera. Había logrado burlar fácilmente las constantes y exhaustivas inspecciones a las que fue sometido por el temor de que se suicidara y frustrara el uso propagandístico que pretendían hacer de su ejecución.

    Hubo una época en el sistema jurídico angloamericano en la que las irregularidades de los juicios de Nürnberg habrían provocado la anulación de las causas y la puesta en libertad de los acusados. Incluso bajo la legislación ex post facto y los términos extrajudiciales y extralegales en que fueron juzgados, al menos dos de los condenados merecían ser absueltos.

    No está claro por qué el almirante Dönitz fue condenado a diez años de prisión. El juez estadounidense principal del Tribunal, Francis Biddle, declaró: “En mi opinión, resulta ofensivo para nuestro concepto de justicia castigar a un hombre por hacer exactamente lo mismo que uno ha hecho”. “Los alemanes libraron una guerra en el mar mucho más limpia que nosotros”.

    Jodl, quien revocó numerosas órdenes nazis, fue condenado a muerte. La injusticia de la sentencia quedó patente cuando, en 1953, un tribunal alemán absolvió a Jodl de todos los cargos de Nürnberg y lo rehabilitó a título póstumo.

    El juez francés del Tribunal de Nürnberg declaró en su momento que la condena de Jodl carecía de fundamento y constituía un error judicial.

    Todo el proceso de Nürnberg desprende un repugnante hedor. Los procesados fueron acusados ​​de agresión por la invasión alemana de Noruega. Durante el juicio fue ocultado el hecho de que los británicos también estaban a punto de invadir Noruega y que los alemanes, más eficientes, se enteraron de ello y lograron invadir el país primero.

    Los procesados fueron acusados ​​de utilizar mano de obra esclava, lo cual resulta paradójico, dada la propia práctica de los soviéticos al respecto. Además, mientras se desarrollaban los juicios, los soviéticos aparentemente reclutaban a alemanes aptos físicamente para emplearlos como mano de obra esclava en la reconstrucción de su economía devastada por la guerra.

    Los acusados ​​fueron señalados por ejecuciones masivas, a pesar de que los rusos –quienes participaban en la acusación y el enjuiciamiento de los mismos– habían ejecutado a entre 15.000 y 20.000 oficiales polacos, y los habían enterrado en una fosa común. De hecho, los rusos insistieron en atribuir a los alemanes procesados ​​la responsabilidad de la masacre del bosque de Katyn.

    Los acusados ​​fueron procesados ​​por la agresión contra Polonia, pero a von Ribbentrop no le fue permitido mencionar en su defensa el Pacto Ribbentrop-Molotov –que dividió a Polonia entre Alemania y la Unión Soviética, y sin el cual Alemania no habría podido atacar dicho país. Durante el proceso fue omitido el hecho de que los propios soviéticos –quienes participaban en Nürnberg juzgando a los alemanes– también habían invadido Polonia.

    La lista de agravios continúa interminablemente. Los Juicios de Nürnberg representan la mayor injusticia en la historia judicial de Occidente. Sirvieron para encubrir los crímenes de guerra de los Aliados, y para magnificar desmesuradamente los de Alemania.

     

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    [*]  Programa educativo y de apoyo orientado a la Transición a la Vida Adulta para jóvenes con discapacidad intelectual.

     

     

     

    Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko

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