“Los ‘buenos’ alumnos esperan a que un profesor les diga qué hacer. Ésta es la lección más importante de todas: debemos esperar a que otras personas, mejor formadas que nosotros, definan el sentido de nuestras vidas. El experto toma todas las decisiones importantes; sólo yo, el profesor, puedo determinar qué deben estudiar mis alumnos –mejor dicho, sólo quienes me pagan pueden tomar esas decisiones, que yo luego me encargo de imponer”. –John Taylor Gatto, Dumbing Us Down: The Hidden Curriculum of Compulsory Schooling (Empobreciéndonos: el curriculum oculto de la escolarización obligatoria)
A menudo me preguntan por qué estamos en este lío demencial, por qué todo se está desmoronando, por qué la moralidad es una causa perdida, por qué hay tanta división y odio, por qué hay tanta violencia y guerra, por qué el globalismo es inminente.
Para que los gobernantes puedan gobernar, para que unos pocos controlen a la mayoría, es necesario hacer que la sociedad en su conjunto se sienta subordinada a ciertos “líderes” y “expertos” –definidos, a su vez, por esos mismos “líderes” y “expertos”–, lo que incluye un sistema de gobierno de autoritarios tecnocráticos que se hacen pasar por “dioses” entre los hombres. Desde la perspectiva del estado, lo más importante es mantener una gran brecha entre la plebe común y los “amos” de la clase dirigente, de modo que la población general actúe como un todo uniforme, sumida en la ignorancia e indiferencia tan profundas, que se conviertan en un obstáculo insalvable para el pensamiento y la acción independientes. Esta condición debe ser inculcada en las personas casi desde el nacimiento. Generación tras generación, el método empleado ha sido el sistema de escolarización “pública” (estatal) obligatoria, el que abandonó la verdadera educación en favor de la homogeneización universal, embruteciendo a la masa hasta crear una subclase sumisa, obediente, dócil y dependiente: una suerte de autómatas incapaces de pensar por sí mismos.
Desde los tiempos de Sócrates hasta la actualidad, la base de este modelo de “escolarización profesional” –bajo la forma de “educación” obligatoria– ha tenido siempre el único propósito de frenar el desarrollo intelectual del ciudadano común, creando así una sociedad de trabajadores y esclavos ignorantes y dependientes, supeditados a un sistema de gobierno corrupto y fraudulento. Horace Mann importó de Alemania las ideas del sistema escolar prusiano y, a mediados del siglo XIX, estableció en Massachusetts la primera escuela estatal financiada mediante impuestos. Desde allí, el modelo se extendió por todo el noreste y, finalmente, por el resto del país. Fue el principio del fin de la verdadera educación en Estados Unidos.
Para comprender mejor el propósito y el alcance de este sistema atroz, basta con examinar los Principles of Secondary Education (Principios de la educación secundaria), publicados en 1918 por Alexander James Inglis, un “educador” que desempeñó un papel fundamental en la promoción del “nuevo” sistema de educación secundaria estadounidense. En este libro, Inglis expuso los “seis propósitos de la escolarización”. Tal como es señalado en el capítulo X de su obra (páginas 367 y 375-384), éstos son:
- Función de ajuste o adaptación: las escuelas deben establecer hábitos fijos de reacción ante la autoridad.
- Función de integración o conformidad: destinada a fomentar una mentalidad uniforme, así como la unidad en el pensamiento y los hábitos.
- Función de diagnóstico y dirección: orientada a etiquetar a los niños para situarlos dentro de la estructura de clases.
- Función de diferenciación: basada en estrategias de “dividir y vencer” para fijar a los individuos en una posición dentro de la estructura social.
- Función de selección: dirigida a preservar las razas “favorecidas” (en referencia a Darwin y la eugenesia).
- Función propedéutica (instrucción introductoria): destinada a preparar a los miembros de las clases superiores para gestionar a las clases inferiores.
Ésta es la esencia del sistema de “escolarización” estadounidense, vigente desde el siglo XIX. Verán, este plan –destinado a embrutecer y destruir el intelecto, a fabricar una clase trabajadora esclava e inferior, y a eliminar al individuo en la sociedad en favor de una masa colectiva de seguidores de mente débil– no puede ser llevado a cabo de la noche a la mañana; requiere un plan de largo plazo que abarque varias generaciones. La aniquilación gradual de las capacidades de pensamiento crítico es indispensable, si unos pocos pretenden controlar a la mayoría. El sistema de “escolarización” de los Estados Unidos es la pieza clave en este esfuerzo por arrasar con el ingenio humano, la individualidad, la superioridad intelectual y con aquellos que se atreverían a cuestionar cualquier “autoridad”. Esta campaña repugnante ha resultado tremendamente exitosa para la clase dominante y sus malvados políticos, a quienes tienen bajo su control.
Este ejercicio de dominación, basado en el daño intelectual deliberadamente infligido a la sociedad, ha conducido al embrutecimiento y a la aceptación voluntaria y masiva de una falsa “autoridad” por parte de casi toda la población. Ésta es la base de la conquista de los ciudadanos a manos del malvado, narcisista y controlador estado. Si las masas no se hubieran sometido al dominio ajeno, nada de lo que ocurre hoy habría sido posible; por tanto, asuman su responsabilidad y digan “no” al gobierno en todos sus niveles.
Como he repetido una y otra vez durante décadas, ningún ser humano tiene derecho alguno a ejercer dominio sobre otro. Por consiguiente, nadie tiene derecho a transferir poder a un tercero (un político) para que éste ejerza autoridad sobre los demás. Es por Ésto que cualquier forma de votación resulta reprobable; el gobierno –independientemente de su naturaleza– es totalmente ilegítimo, inmoral y absolutamente erróneo. La ley natural es la única ley legítima para el ser humano, y es inherente a la propia humanidad. Esta ley sólo exige no dañar a otros, no perjudicar ni robar la propiedad ajena, no invadir la propiedad privada, y no coartar ni obstaculizar la libertad de ningún otro ser humano. Así de sencillo.
Toda “autoridad” sólo puede ser ejercida mediante la fuerza y la violencia; por lo tanto, constituye una atrocidad humana inaceptable. La libertad y la autoridad no pueden coexistir, ya que son polos opuestos. Por esta razón, la libertad jamás ha existido bajo ningún gobierno, independientemente de la existencia de documentos gubernamentales sin valor, constituciones, leyes arbitrarias, legislaciones erróneas, mandamientos, reglamentos o mandatos, todos ajenos a la ley natural. Afirmar ser libre bajo el dominio de cualquier gobierno, es el colmo de la ignorancia y de la apatía; ésto pone de manifiesto, con total claridad, la debilidad y la estupidez mental de un esclavo que no es consciente de su propia condición.
Cualquier persona que crea en la autoridad de un individuo sobre otro, es un alma perdida, alguien que ha sucumbido a una especie de cáncer mental –o, dicho de forma sencilla, alguien que padece un grave retraso. Todo sistema de gobierno está fundamentado, en esencia, en una relación de amo y esclavo, en la que una parte ejerce poder coercitivo y violencia ilegítima sobre la otra. Por tanto, votar a favor de un sistema que pretende transferir –de manera ilegítima– un derecho que uno mismo no posee (bajo la premisa de que un supuesto “representante” puede emplear la fuerza para controlar a otros), constituye un mal evidente y manifiesto. No existe excusa alguna que justifique caer a tal nivel de perversidad. Si estas palabras le resultan ofensivas, madure: comprenda que es responsable de sí mismo, y que no tiene derecho alguno sobre ninguna otra persona en este mundo.
Si desea libertad auténtica, derribe todas las formas de gobierno y autoridad, desmantele cualquier sistema de dominación, y tome las medidas necesarias para eliminar toda amenaza de imposición o control por parte de cualquier otro ser humano. La libertad consiste en la ausencia de coacción, violencia y dominación. La libertad jamás ha existido en un entorno basado en el ejercicio del poder. Si este sistema sobrevive, ¡Ud. no lo hará!
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko









