Todos hemos escuchado el argumento durante la mayor parte de nuestras vidas: “La cultura blanca no existe”. Es quizás el estribillo racial más común porque es el más socialmente aceptable de repetir. Si alguien dijera: “La cultura negra no existe porque todos los negros provienen de tribus diferentes …”, esa persona sería tachada de intolerante por la turba progresista. Cuando se trata de la cultura blanca, tales afirmaciones son aplaudidas.
La pregunta es: ¿por qué está bien menospreciar o denigrar la cultura blanca, mientras son veneradas todas las demás culturas? Además, si la cultura blanca no existe, ¿por qué los grupos minoritarios progresistas intentan constantemente apropiarse de la historia y los logros blancos?
Quiero explorar este asunto con mayor profundidad, principalmente debido al ataque constante contra la civilización occidental a través de la deconstrucción izquierdista de nuestras figuras y mitologías más populares. Esta vez, las élites de Hollywood han elegido La Odisea de Homero, antiguo clásico griego profundamente arraigado en la historia occidental (la historia blanca), como su víctima.
Hollywood ha puesto toda la carne en el asador con esta película, y sospecho que es porque están desesperados. Desesperados por una victoria políticamente correcta. Han tenido cientos de fracasos tanto en cine como en televisión en los últimos años, y parece que la frase “Si te vuelves políticamente correcto, te arruinas” se está convirtiendo en la fuerza dominante del discurso popular. Los izquierdistas no lo soportan.
En respuesta, Hollywood ha manipulado la situación: contrataron a Christopher Nolan, uno de los pocos directores que quedan en la industria con un público fiel, que irá a ver sus películas sin importar su calidad. Los distribuidores se han centrado en la venta de entradas IMAX para un público más adinerado, inflando artificialmente la recaudación total en taquilla.
Los medios de comunicación han estado interfiriendo sin cesar, promocionando la película intensamente con meses de antelación. También hay indicios de que Rotten Tomatoes está manipulando una vez más la puntuación del público para esta película, rechazando la mayoría de las críticas negativas (lo han hecho con varias superproducciones políticamente correctas a lo largo de los años).
Resulta hilarante que algunos periodistas ya estén declarando que La Odisea es la “prueba” de que la frase “Si te vuelves políticamente correcto, te arruinas” es una falacia. Mientras escribo ésto, la película aún no ha generado ni un centavo de ganancia. Sin embargo, lo que me parece más interesante es que estos periodistas activistas utilizan precisamente esa frase. Es una admisión indirecta de su agenda.
Nos citan específicamente como enemigos y nos declaran “derrotados” porque prevén que La Odisea sea un éxito de taquilla. Por defecto, admiten que somos una amenaza para ellos, y que La Odisea es un proyecto progresista diseñado para “silenciarnos”. Pero, ¿por qué importa esto?
Es importante entender que la izquierda piensa como niños. Creen que tener una “mayoría” es lo mismo que tener razón. Para ellos, tener una mayoría es lo mismo que tener poder. Si La Odisea es un éxito de taquilla, creen que ésto demuestra que son el movimiento político dominante.
No les importa si su supuesta mayoría es en realidad una farsa. Si logran engañar al público haciéndole creer que la izquierda política tiene un mandato social, conseguirán controlar la cultura. En otras palabras, intentan fabricar un consenso.
La película La Odisea es un claro ataque directo a los conservadores y a la historia occidental. Es una parodia multicultural, una película ridícula, plagada de inexactitudes históricas, y basada en una traducción deconstructivista escrita por una académica feminista de Oxford (Emily Wilson). La película socava explícitamente el heroísmo de la historia, y convierte a Odiseo en un hombre destrozado, que sufre de “trauma” y trastorno de stress postraumático debido al remordimiento que siente por la guerra y su comportamiento “colonial”.
Pero las adiciones espurias a la mitología me resultan menos interesantes que las razones por las que fueron incluidas.
La deconstrucción de Odiseo me recuerda a lo que Kathleen Kennedy y sus amigos de Disney hicieron con Luke Skywalker en “Los últimos Jedi”. Tomaron a un hombre brillante, valiente y moral, y lo convirtieron en un ser despreciable, amargado y nihilista, completamente opuesto a su personalidad original. Ésto no fue un error, fue deliberado.
A los blancos no se nos permite tener héroes audaces, sabios y seguros de nosotros mismos. Se supone que debemos lamentar nuestra historia y nuestros logros. No se supone que celebremos tales cosas, porque eso podría inspirarnos a ser audaces, sabios y seguros de nosotros mismos hoy.
El reparto de La Odisea, con actores negros, hispanos, asiáticos y otras personas (incluida una Ellen Page transgénero interpretando a un guerrero griego), que jamás habrían habitado la época de Homero, es el argumento habitual del Hollywood progresista, pero no es el único. Si el protagonista principal es blanco, como en la película de Nolan, debe ser derribado y debilitado. Debe ser retratado como avergonzado y desesperado por la redención, que, por supuesto, sólo obtendrá abrazando ideales progresistas.
Lo último que Hollywood quiere es retratar a un héroe blanco que no se disculpe por sus acciones ni por sus valores.
Éste es el mensaje subyacente de la corrección política que realmente envenena la película La Odisea. Los actores pertenecientes a minorías sirven principalmente como escudo contra las críticas. Si alguien se queja de la presencia de actores africanos, hispanos o asiáticos en una epopeya griega, los medios pueden recurrir al argumento del “racismo” y desestimar el problema por completo. Afirman que simplemente odiamos ver minorías en las películas.
Pero el problema no son las minorías en las películas, sino la inyección de propaganda progresista. Ese es el verdadero crimen. Si Christopher Nolan hiciera una película basada en la “Epopeya de Liyongo” africana del siglo IX, y reemplazara a los personajes suahili con actores blancos para apropiarse de la historia africana, la izquierda se indignaría y gritaría “apropiación cultural”. El doble rasero es evidente.
¿Obtendrá ganancias La Odisea? Posiblemente. La película tuvo un gran fin de semana de estreno, pero ajustada a la inflación, ni siquiera entró en el top 50 de la taquilla de fin de semana de estreno. La película necesita recaudar alrededor de U$S 700 millones para recuperar la inversión, sin contar el 20% de la recaudación bruta que le corresponde a Christopher Nolan según su contrato.
Dudo que el estudio gane mucho dinero con esta película, pero Hollywood la declarará un éxito de todos modos. Primero, porque ninguna película con “conciencia social” ha tenido un impulso similar en años. Y segundo, porque la izquierda política está en decadencia y necesita una victoria pública para justificar su costumbre de aferrarse al fracaso.
Cualquier persona sensata e inteligente señalaría que una película “exitosa” no compensa el cementerio de fracasos de taquilla con “conciencia social”. Ésto no le importa a la turba activista. Creen que una victoria borrará todas sus pérdidas anteriores.
Además, La Odisea pretende ser una continuación de la larga marcha marxista hacia un Occidente multicultural, y el fin de la historia blanca tal como la conocemos.
El poema épico de Homero fue compuesto hace unos 2.800 años, y es una de las obras literarias más antiguas que se conservan en la historia de la humanidad. Constituye un testimonio de los increíbles logros del mundo occidental; parte de la fuente de la que surgió el Occidente moderno.
En la época en que fue escrita La Odisea, el Mediterráneo era predominantemente caucásico, según los registros genéticos. Ésto incluye el norte de África, que era mayoritariamente caucásico y, según los standards modernos, en gran medida “blanco”. Cabe señalar que los africanos subsaharianos no existieron en cantidades significativas en el norte de África ni en el Mediterráneo hasta muchos siglos después, ya que los viajes a través de los desiertos de África central impidieron su migración hacia el norte durante miles de años.
Los árabes también eran escasos, y no ocuparon la región en gran número hasta la invasión de las hordas musulmanas, mucho después de la época de Homero.
Numerosas imágenes de los antiguos griegos y macedonios, incluyendo cerámica, murales y otras obras de arte que han sobrevivido, representan personas de piel clara, a menudo con ojos azules y, en algunos casos, cabello rubio, etc. En otras palabras, eran blancos: de distintos tonos de blanco, pero blancos al fin y al cabo.
El simple hecho de señalar este hecho histórico y científico, provocará de inmediato la reacción de la multitud progresista y sus aliados académicos. Te verás inundado de excepciones y de tediosas contorsiones mentales sobre por qué la gente de estas civilizaciones antiguas no era realmente “blanca”. Recuerde: “la cultura blanca no existe”, sólo existen otras culturas.
Demasiados críticos y fanáticos de las teorías conspirativas históricas creen que la demografía del norte de África y el Mediterráneo en la época de Homero era la misma que la actual. Desconocen por completo los grandes cambios migratorios de la Edad Media o la invasión musulmana. No se puede tener un diálogo constructivo con estas personas, ya que su punto de vista se basa en la pura ignorancia.
Más allá de eso, existe otro subgrupo de personas deshonestas (izquierdistas progresistas) que consideran su deber socavar la historia blanca y reescribirla como si nunca hubiera existido. A menudo alimentan los complejos de inferioridad de los grupos minoritarios al afirmar que la historia blanca es, en realidad, SU historia. Los blancos simplemente “robaron” logros de otras civilizaciones y los reemplazaron con el tiempo.
Ésto forma parte de la narrativa que motiva el debate sobre la lamentable versión cinematográfica de La Odisea de Christopher Nolan. Es un tratado progresista, un talismán mágico diseñado para blanquear y feminizar otra pieza más del patrimonio occidental. Forma parte de una agenda más amplia para hacer que los blancos olvidemos quiénes somos, o al menos, que nos avergoncemos de nuestra identidad.
¿El objetivo final? Como ya dije, se trata de la toma del poder multicultural en el mundo occidental. Todo parte de este plan. Los reboots [relanzamientos] progresistas de Hollywood tienen sus raíces en este plan. Las políticas de inmigración masiva de los gobiernos de izquierda impulsan esta agenda. La deconstrucción de nuestra historia en las escuelas y universidades públicas está diseñada para adoctrinar a los niños y que nunca aprendan la verdad.
Hasta que un día, miramos a nuestro alrededor y todo lo que nos define ha desaparecido: desde la meritocracia hasta el republicanismo, desde el cristianismo hasta el pensamiento crítico, desde la innovación hasta el emprendimiento, desde la libertad individual hasta los mercados libres, desde la propiedad hasta la responsabilidad, y sí, el colonialismo (el acto de mejorar los infiernos del tercer mundo donde la gente es incapaz de mejorar su propio entorno para que no se conviertan en saqueadores que intenten invadir nuestros países).
Todo reemplazado por un purgatorio socialista en el que todos son igualmente patéticos, desesperanzados e inútiles.
Toda la conspiración se ha vuelto bastante transparente y terriblemente aburrida. Por suerte, una película de mala calidad no va a cambiar la tendencia generalizada: el lento pero constante declive de la locura de izquierda. No se nos escapa nada de lo que hacen. Lo vemos todo, y a la larga, van a perder. Es inevitable.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko









