Las mentiras de Anthony Fauci sobre el covid dejan al descubierto que las noticias corporativas son propaganda.

Existe una frustrante contradicción en la forma en que es evaluada la veracidad de la información pública. Durante décadas, los principales medios de comunicación han perdido progresivamente credibilidad. Cada vez menos estadounidenses creen lo que publican The New York Times, CNN, NPR o incluso Associated Press como el registro “objetivo” de la actualidad. Sin embargo, al mismo tiempo las descripciones alternativas y contrapuestas de los acontecimientos son ignoradas casi por completo. Por muy convincente o fundamentada que sea una noticia, es en gran medida desestimada, hasta que los principales medios corporativos estén dispuestos a reconocer su validez.
Esta molesta situación quedó de manifiesto la semana pasada después de que el Dr. Anthony Fauci se negara a testificar ante el Senado. Aunque cuenta con uno de los indultos automáticos otorgados por Joe Biden, Fauci cobardemente invocó en más de cien ocasiones su derecho a no autoincriminarse, amparándose en la Quinta Enmienda. Con un indulto general en mano, el que presumiblemente le permite eludir la justicia por sus criminales actos de asesinato en masa del pasado, sólo podría meterse en problemas legales si no dice la verdad bajo juramento durante la audiencia. Mientras Fauci evite cometer perjurio nuevamente, su libertad no corre peligro. El hecho de que, a pesar de ello, permaneciera en silencio todo el tiempo, reveló una conciencia particularmente culpable: Fauci no soporta la idea de admitir ante el mundo que ha mentido en numerosas ocasiones en el pasado.
Sin duda, las mentiras de Fauci son enormes e imperdonables. Mintió sobre el origen del covid, afirmando que se originó por transmisión interespecífica en un mercado de carne al aire libre, en lugar de provenir de un laboratorio de armas biológicas que modificaba coronavirus genéticamente en Wuhan, China. Mintió sobre no haber financiado parcialmente la investigación sobre coronavirus mortales en ese laboratorio, como parte de una maniobra para eludir las prohibiciones regulatorias estadounidenses contra proyectos tan peligrosos. Mintió sobre la letalidad del covid, especialmente en lo que respecta a personas jóvenes o sanas. Mintió sobre la eficacia de las mascarillas simples para prevenir la transmisión viral. Mintió sobre la necesidad de cerrar escuelas y negocios. Mintió sobre la necesidad de draconianos encierros domiciliarios. Mintió sobre la efectividad de las inyecciones experimentales de ARNm que él llamaba “vacunas”. Mintió sobre la eficacia comprobada de los tratamientos alternativos. Mintió sobre la efectividad de la inmunidad natural.
Fauci vs Fauci: Recopilación de innumerables mentiras y contradicciones sobre ganancia de función, fuga de laboratorio, mascarillas, confinamientos y efectos secundarios de las vacunas. pic.twitter.com/DVZXxeR5Ce
— Kevin Bass (@kevinnbass) 8 de Enero de 2024
Sus mentiras fueron profundas, y dado que los principales medios de comunicación se negaron a cuestionar nada de lo que decía, sus mentiras fueron la única “información” cuya circulación fue permitida en la esfera pública. Los supuestos “periodistas” no sólo repitieron palabra por palabra lo que el principal funcionario médico del gobierno afirmaba que era cierto, sino que también aplaudieron a las plataformas de redes sociales por censurar puntos de vista diferentes. Los “periodistas” que trabajaban para The New York Times y CNN estaban fascinados por el supuesto prestigio profesional y la autoridad institucional de Fauci. Eso, porque están enamorados de su propio prestigio profesional y autoridad institucional. Adoran la gloria y los elogios; son esclavos de las apelaciones a la autoridad; no les importa en absoluto la búsqueda de la verdad.
Si se pregunta por qué Fauci siempre estaba tan ansioso por salir en televisión, este montaje puede servirle para refrescar la memoria. pic.twitter.com/pvjAc86rNn
— Tom Elliott (@tomselliott) 26 de Julio de 2026
Por eso, tantos “periodistas” salieron en defensa del honor de Fauci tras su vergonzosa negativa a decir la verdad. Lawrence O’Donnell, de MSNOW, insistió en que el deshonroso doctor había “hecho más por este país que … todo el Senado de los Estados Unidos junto”. Jake Tapper, de CNN, fingió no estar cenando con Fauci mientras el resto de Estados Unidos permanecía confinado y aislado. Y el “analista de medios” de CNN, Brian Stelter, siguió ignorando cómo Jake Tapper y Dana Bash desarrollaron relaciones personales poco éticas con Fauci, mientras que los “periodistas” de CNN presentaban las mentiras del burócrata de la salud como “verdades” incuestionables.
Por asi fuera necesario un recordatorio de cuán hipócritas y autoritarios fueron los portavoces de los principales medios de comunicación durante el reinado de la tiranía del covid, véase este videomontaje de Jake Tapper y otros alarmistas histéricos, exigiendo que los estadounidenses se sometieran al estado policial del covid e hicieran todo lo que Fauci les ordenaba. En ese video, Fauci les dice amenazadoramente a los estadounidenses: “Ahora es el momento de hacer lo que se les dice”. Por esas fechas, la supuesta experta médica de CNN, la Dra. Leana Wen, argumentó que a los “no vacunados” no debería serles “permitido” salir de sus casas.
Casi un año después de que Fauci admitiera en privado en su diario que el covid no había surgido de un mercado de animales vivos, NPR difundía esta propaganda en sus redes sociales:
“Una nueva encuesta revela que 40% de los encuestados cree en una teoría conspirativa infundada, según la cual el coronavirus fue creado en un laboratorio en China. No existe ninguna evidencia de ello. Los científicos afirman que el virus se transmitió a los humanos desde otra especie”.
NPR mintió. El origen del covid en un laboratorio no fue una “teoría conspirativa infundada”. A finales de 2019 y principios de 2020, existía abundante evidencia que respaldaba la teoría de que el virus había escapado (inadvertida o intencionadamente, aún no lo sabemos) de un laboratorio de patógenos chino. La frase “los científicos dicen” es sólo un recurso retórico sobre-simplificador que los periodistas serios no utilizan como muleta intelectual.
Pero NPR es un medio de propaganda. Su personal es incapaz de presentar argumentos respaldados por evidencia razonable. Después de todo, ésta es la misma institución que encubrió la historia de la incriminatoria notebook de Hunter Biden durante las elecciones presidenciales de 2020, mintiendo: “No queremos perder el tiempo con historias que no son realmente historias, ni queremos hacer perder el tiempo a nuestros oyentes y lectores con historias que son meras distracciones”. En cambio, NPR repitió las mentiras de cincuenta y un propagandistas de la inteligencia del estado profundo que socavaron las elecciones, atribuyendo falsamente la notebook de Biden a la “desinformación rusa”. NPR tampoco dejó de promover la farsa de la colusión rusa.
Respecto del covid, los supuestos “expertos” y los “periodistas” de la corriente dominante nos mintieron en todo. Sin embargo, con una asombrosa mezcla de pseudociencia, extorsión moral y descarada hipocresía, exigieron arrogantemente que los estadounidenses creyeran todo lo que decían. Seis años después, incluso después de que Fauci fuera desenmascarado como impostor asesino, los mismos “expertos” y “periodistas” se niegan a admitir su culpabilidad por justificar crímenes de lesa humanidad y desechar las protecciones de la Declaración de Derechos para las libertades personales de los estadounidenses. Y debido a que no cejan en su empeño por defender sus mentiras del pasado, no podemos superar adecuadamente los crímenes perpetrados contra nosotros durante la decretada pandemia. Nuestra sociedad está estancada, envuelta en una narrativa desacreditada que nuestras “prestigiosas instituciones” se niegan a corregir.
Sin embargo, la campaña de desinformación sobre el covid de los medios de comunicación de la corriente dominante, es sólo un ejemplo de guerra informativa en múltiples frentes contra la ciudadanía. Los principales medios corporativos de noticias han demostrado estrepitosamente ser incapaces de decir la verdad respecto de todas las noticias importantes y trascendentales.
Estos mismos propagandistas pasaron años diciéndonos que el presidente Trump era un espía ruso, y que el presidente ruso Vladimir Putin manipuló las elecciones de 2016. A pesar de la cobertura sensacionalista que ocasionalmente se repite hasta el día de hoy, ninguna de las dos noticias era cierta. Mientras los principales medios de comunicación hipnotizaban al público con mentiras, encubrieron tres historias trascendentales: (1) La campaña de Hillary Clinton financió el Dossier Steele, que incriminaba a Donald Trump como agente ruso. (2) La comunidad de inteligencia estadounidense utilizó el fraudulento dossier de Clinton como pretexto para espiar a Donald Trump. (3) Además, la administración Obama había estado espiando a todos los candidatos republicanos antes de la nominación de Trump. La prensa institucional –los autodenominados “guardianes de la Primera Enmienda”– ignoró los mayores escándalos políticos de nuestra época. ¿Por qué? Porque apoyan incondicionalmente a Clinton y Obama, y harán lo que sea para destruir al presidente Trump. Eso no es “periodismo”: eso es guerra de información.
La farsa de la colusión rusa y la tiranía del covid, demostraron la monstruosa deshonestidad de los supuestos periodistas de la corriente dominante. No hay nada demasiado absurdo que no puedan presentar como “verdad”, si eso favorece a su narrativa política. Siendo así, una persona razonable debe asumir que todo lo que dice un acreditado miembro de la prensa es mentira. Curiosamente, algunos de los nombres más importantes del periodismo aún parecen creer que tienen credibilidad. Sinceramente, no logro discernir si los “periodistas” sufren más de arrogancia o de incurable idiotez.
Traducción: Ms. Lic. Cristian Vasylenko









